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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

sábado, 13 de noviembre de 2010

Capítulo 8: Fiesta de disfraces.


Capítulo 8: Fiesta de disfraces.

Pov Edward.
Me sentía confuso, realmente confuso. Necesitaba aclarar mis ideas con urgencia, porque sentía que enloquecería de un momento a otro si continuaba como ahora. Estaba actuando sin pensar antes. Solo me dejaba llevar, y esa no era una buena solución. No comprendía que me sucedía con Bella, todo estaba demasiado enrevesado. La conocía hace poco menos de un mes, y ya sentía que no podía separarme de su lado. Era como si algo dentro de ella me llamara, me atrajera como un oso a la miel. No tenía lógica, claro que no la tenía. No podría describir con palabras precisas lo que me pasaba con ella, porque ni yo mismo lo sabía. De un momento a otro me vi queriendo estar junto a ella todo el tiempo posible.
Nos habíamos conocido de una manera totalmente normal. Tan solo debería ser un cliente más de todos los que su famosa clínica poseía. Pero todo se había tornado tan extraño en cuestión de segundos que sentía que mi mente estaba colapsada. Tenía que aclararme, por el bien de mi salud mental.
Me sentía bien estando a su lado. Mi corazón parecía alegrarse cuando la veía, provocando que los estruendosos latidos resonasen en mis oídos. No encontraba la palabra exacta para describir que clase de sentimiento tenía hacia ella. Era una mujer hermosa, divertida y muy atractiva. Pero, ¿era solo eso?, ¿deseo? Al principio creía eso, que tan solo me sentía atraído por ella, pero empezaba a darme cuenta de que no.
Cada día quería verla. Verla para saber un poco más de ella, para saber que hacía a cada momento del día. Necesitaba sentirla a mi lado para poder sonreír abiertamente. Era estúpido, realmente estúpido. No podía haber desarrollado una especie de enamoramiento hacia ella en tan poco tiempo. Atracción y deseo, solo era eso. Debía ser eso.
Su rostro era delicado, su piel cremosa, sus ojos chocolate hipnotizantes, su cuerpo sensual y a la misma vez frágil. Era imposible no desearla. Demonios. Mi mente estallaría en cualquier momento. Solo la conocía desde hace un mes, sí, pero habían ocurrido tantas cosas que parecía toda una vida.
Cuando estaba frente a mí una gran paz me inundaba. Mi sonrisa no desaparecía ni a la fuerza y la sensación de estar en casa me embargaba.
No podría describir la enorme angustia que sentí cuando ella calló a la piscina. Ver que no salía a flote, pensar que tal vez se había golpeado, y que su vida corría peligro encendió todas mis alarmas. No me perdonaría si algo malo le pasaba. Mi lado protector se prendía cuando la veía. Quería protegerla, porque para mí era como un pequeño ser frágil. Anhelaba alguna vez poder pasar mi brazo por sobre sus hombros, rodear su cintura, degustar sus labios. Experimentaba una completa agonía. Sus rojos labios me llamaban, destruyendo mi autocontrol. No podía controlar mis actos cuando ella mordía su labio de esa manera tan jodidamente sensual. Lo único que deseaba era probar su boca y deleitarme con su sabor.
Era enfermizo, realmente algo había mal dentro de mí. Se podría decir que ahora, un mes después, éramos amigos. Conocía su vida, su pasado, aunque sentía que ella ocultaba algo. Me había dado muchas evasivas cuando le pedí que me contara un poco más de ella. No entraba en detalles. Sus relatos duraban cortos minutos de charlas superficiales. No podía asegurarlo, pero estaba casi seguro de que ocultaba más de lo que me había dicho, y si era así estaba dispuesto a averiguarlo. Había visto su mirada triste, sus ojos aguados cuando me contaba algo sobre su adolescencia. No entraba en detalles, tan solo decía que su pasado no era digno de contar. Intentaba conocerla más, pero ella había colocado una barrera, protegiendo sus recuerdos. No podía obligarla, pero lucharía para que ella confiara lo suficientemente en mí y me lo dijera.
Repentinamente me vi caminando como león enjaulado de un lado a otro de mi casa. Quisiera poseer un gran libro de respuestas, para que me dijera que pasaría entre nosotros. Me sentía cobarde, porque no me estaba permitiendo arriesgarme. No quería otra desilusión, porque sentía que esta vez sería mucho más fuerte. Finalmente, después de haberlo pensado más veces de lo normal para mantener mi cordura cuerda, decidí que dejaría las cosas como estaban. No intentaría ir a más con ella. El destino estaba escrito, y aunque no creía en esas cursilerías, se podría decir que ahora dejaría que avanzara su curso establecido. Solo esperaba poder soportar la gran tentación que ella suponía para mí, porque creía que cuando menos lo esperara me lanzaría sobre ella como un león hambriento.
Brinqué en mi sitio cuando la melodía de mi móvil sonó de repente. Con desesperación busqué en el bolsillo de mi pantalón y sonreía como un estúpido enamorado al ver su nombre en la pantalla.
—¿Si?
—Hola Edward. —Todo mi cuerpo pareció relajarse al escuchar su cantarina voz.
—Hola Bella, ¿cómo has estado?
—Lo llevo bien. —Rio con nerviosismo. —¿Y tú?
—Todo perfecto.
—En realidad solo llamaba porque tenía que preguntarte algo… —Titubeó, su voz disminuyendo a cada palabra que pronunciaba.
—¿El qué? —¡Mierda! Soné como un maldito desesperado.
—Bueno… Habrá una fiesta el sábado… Y yo… Em… Me preguntaba si tú... ¿Te gustaría venir conmigo? —Mi voz se cortó ante la sorpresa.
—Yo no sé si… —Quise controlar mi voz. ¿Por qué demonios sentía la necesidad de querer saltar de la alegría?
—Ops… Lo siento. Debí preguntar si tenías algún plan para ese día. —Su voz mostraba total desilusión.
—No es eso, estoy libre ese día.
—¿Entonces es que no quieres venir? —Su voz fue apenas un débil murmullo.
—Claro que quiero…
—¿Pero?
—Nada, olvídalo. ¿A qué hora será? —No es como si quisiera negarme. La idea me fascinaba, solo que no sabía si algo así sería lo correcto. Mierda, sonaba como una maldita niña de quince años. Iría, claro que iría.
—No yo no… No tienes porqué hacerlo si no quieres.
—Deseo ir a esa fiesta contigo.
—Pero… Yo pensé que…
—Solo fue por la sorpresa Bella. Me encanta que me hayas invitado.
—No… Pero… Simplemente… —Tartamudeó con nerviosismo.
—Hey Bella, estoy libre el sábado y quiero ir contigo, ¿hay algún problema?
—No en realidad, pero tal vez ya tenías algo que hacer o con quien salir.
—No conozco a nadie aquí. —Me reí. —Pensaba pasar el sábado viendo la tele y comiendo palomitas. Tu idea es mejor sin duda.
—¿Seguro?
—Al cien por cien. —Suspiró en el teléfono, aceptando mis palabras.
—Bien, entonces… La fiesta es de disfraces.
—No hay problema.
—Será en la playa, en la discoteca que se reinaugurará ese día.
—Sé cual es. —Afirmé sabiendo que la ciudad estaba empapelada con la información de esa reinauguración.
—Estupendo… Han hecho algo así como la noche temática. Han adelantado fechas y han elegido como tema el terror.
—¿Cómo Halloween?
—Exacto. Lo fundamental es ir disfrazado.
—¿Has elegido tú ya algún disfraz?
—Bueno, en realidad toda está idea fue de Alice así que lo ha organizado todo y bueno después de que insistiera mucho me hizo escoger uno que… No sé yo si es muy adecuado…
—¿De qué es?
—De diablesa. —Por un momento mi mente se fue de donde estaba y la imaginé enfundada en un ajustado vestido rojo.
—Oh.
—Es un disfraz totalmente pecaminoso… Pero Alice dijo que… La fiesta era solo de adultos y tenía que reinar lo atrevido. —Sus palabras no ayudaron nada a mis pervertidos pensamientos.
—Pues no tengo algo así. No sé me ocurre nada en este momento.
—Yo… Yo tenía una idea sobre eso…
—Dímela.
—Todos mis amigos irán y bueno… Ellos están emparejados y claro… Se les ocurrió la idea de que cada pareja vaya con el mismo disfraz.
—O sea que la idea sería que yo también debería llevar un disfraz de diablo.
—Yo le dije que era un disparate y tú no tienes porqué aceptar por-porque no…
—Hey, tranquila. Me gusta la idea. —Sonreí pensando en ese plan.
—Pe-pero…
—No, la verdad me parece una idea brillante.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—Po-podemos elegir otro disfraz que tal vez te guste más. Podría ponerme lo que te gustara… —Mierda… Apreté los dientes fuertemente ante sus palabras. Su idea parecía inocente, pero para mí significó algo totalmente diferente.
—Me gustan los diablos… —Reí.
—Bu-bueno…
—Será divertido ir iguales. —Lo medité por unos cortos segundos y me gustó más de lo debido.  
—Sí.
—¿A qué hora es?
—A las once de la noche.
—De acuerdo, si quieres paso por ti.
—Ehh… Bueno, vale gracias.
—De nada. A las diez y media estaré en tu casa.
—Genial. ¿Nos veremos mañana?
—Sí, como todos los días.
—Ok. Ehh… ¿Edward?
—Dime.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por aceptar ir conmigo.
—No se merecen. —Se volvió a despedir y colgó la llamada.
Quedé mirando mi móvil por más tiempo del imaginable. Estaba feliz. Podía sentir la alegría recorrer mis venas. Sin lugar a dudas ir a esa fiesta era un buen plan y quizá deparaba algo más que una simple salida.
Lo primero que debía hacer ahora era buscar alguna tienda donde vendieran el disfraz. No fue difícil encontrarlo. Una cantidad alarmante de tiendas ofrecían un disfraz que me pareció el más adecuado para la ocasión. Lo recibiría en unos días en mi domicilio, por lo que no tenía que preocuparme por nada más.
Esperaba con ansias la llegada del sábado. No veía el momento de ver a Bella con un sexy disfraz de diablesa. Se me hacía la boca agua. Definitivamente no tenía remedio alguno.
El paseo del día siguiente se me hizo realmente corto. El tema principal de nuestra conversación fue la fiesta de disfraces. Ella parecía de lo más emocionada aunque se notaba que no estaba muy de acuerdo en eso de los trajes atrevidos. No quiso darme ninguna pista sobre su disfraz, alegando que era una sorpresa. Ese día no supe porque había llevado una cámara de fotos conmigo, pero insistí para que me dejara hacerle algunas fotos. Quiso negarse, pero finalmente desistió. Nos sentamos en un banco y le pedimos a una señora que pasó por delante de nosotros que nos hiciera el favor. Involuntariamente pasé mi mano por su cintura y la apreté contra mi cuerpo. La foto quedó realmente preciosa y yo la guardaría como un tesoro. Al pasar mi mano por su cuerpo, sintiendo el calor que transmitía, sentí como un avasallamiento de sentimientos que no sabía identificar bien. Solo supe que algo dentro de mí cambió esa tarde.

~.~.~.~.~.~.~.~.~> Sábado <~.~.~.~.~.~.~.~.~

Al fin había llegado el sábado, sentía que estaba más ansioso de lo normal y no era por la fiesta, era por poder ver a Bella. Desea con urgencia verla disfrazada de diablesa porque intuía que iba a estar de lo más apetecible. Sacudí la cabeza ante tal pensamiento. Pero era inevitable, sentía que desde que la conocí no podía disipar los pensamientos pervertidos de mi mente y eso no le hacía nada bien a ciertas partes de mi cuerpo. Busqué algo que hacer para dejar de pensar en ella y lo primero que encontré fue los productos de limpieza para la casa. Después de dos horas y cuando sentí que la casa no podía estar más limpia me dirigí al armario para mirar, otra vez, el disfraz que me había llegado por correo. Abrí la funda en la que estaba empaquetado y lo saqué con cuidado. No pude evitar volver a sorprenderme de su aspecto. Lo tendí en la cama y lo observé un par de minutos. Definitivamente necesitaba una solución. Pensé en como arreglarlo, y rápidamente me puse a trabajar en la idea que había llegado a mí.
A las nueve y media, después de haber tomado una rápida cena, me dirigí a la ducha y dejé que el agua relajara mis músculos.
Cuando salí, con solo una toalla alrededor de mis caderas, volví a mirar el disfraz, y después de suspirar más veces de las necesarias me lo puse sin pensarlo demasiado. No iba a echarme atrás a estas alturas.
Salí de casa a las diez y veinte, porque no tardaría más de diez minutos en llegar a la suya. Siendo absolutamente puntual pulsé el timbre a las diez y media y, esperanzado porqué me abriera ella, me desilusioné al ver que me abrió la puerta su mayordomo.
—Hola, ¿está Bella?
—Buenas noches, sí lo está esperando. Si es tan amable de subir a su dormitorio.
—Sí, muchas gracias. —El hombre asintió con absoluta educación y me dejó pasar. Me explicó donde se situaba y subí sin dudarlo. Respiré varias veces cuando me encontré frente a la puerta cerrada de su habitación. Golpeé la puerta con suavidad.
—Si eres Edward puedes pasar. —Su voz era agitada. Me adentré con paso vacilante a su habitación, sabiendo que me encontraría con mi infierno personal.
—Ho… —¡Putísima madre! Mi mandíbula cayó bruscamente al suelo cuando la vi. Mi sorpresa fue más que notoria, pero no pude evitarlo. Frente a mí tenía a la mujer más sexy que mis mortales ojos pudieron ver alguna vez en su vida. Me quedé totalmente embobado en su imagen. Mi cerebro pareció huir, dejándome como un retrasado mental ante la mujer a la cual solo deseaba agarrar por la cintura, colocarla en mis brazos y lanzarla en la cama que parecía llamarme a gritos para poder hacerla mía sin piedad. Quería poseerla durante toda la noche y
demostrarle que era la causante de los muy dolorosos problemas en mi entrepierna.
Como imaginé el disfraz no deja nada a la imaginación. Tan solo consistía en un corto vestido de un llamativo rojo, formado a base de un corsé que se cerraba en su cuello y que tenía unas tiras de fina seda negra que se cruzaban entre sí y que recorrían desde sus pechos hasta su cintura. El pequeño conjunto no pasaba de debajo de sus glúteos y terminaba en una diminuta falda, con encaje rojo y tul negro. Poseía un escote lo suficientemente pronunciado como para poder observar claramente sus deliciosos y firmes montes. Parecía que se había colocado una segunda piel a presión. Sus pechos quedaban extremadamente ceñidos en ese vestido y parecían querer escapar de esa cárcel de cuero en la que ella estaba metida. Su pelo caía en una cascada castaña hasta la mitad de su espalda, formando pequeños ricitos ondulantes. En su cabeza llevaba una diadema con unos cuernos rojos y unos tacones negros de infarto.
“Relájate Edward, relájate” Me dije a mí mismo y me obligué a pensar en cualquier cosa no relacionada con Bella y su disfraz. Si no lo hacía jamás podría detener la notoria tienda de campaña que se empezaba a formar en mis pantalones y que sería muy difícil de ocultar.
—¿No te gusta verdad? —Parpadeé fuertemente ante su desesperada voz. —Me veo horrible. —¿Cómo podía decir algo así? Si por poco me da una combustión espontánea cuando la vi.
—Por Dios Edward, ¿tan mal se me ve? —Prácticamente lloriqueó y se miró nuevamente en el espejo.
—No-no es-estás genial. —¡Mierda! ¿Por qué tenía que hablar tartamudeando?
—Te has quedado mudo, eso no es una buena señal. —Mordisqueó sus labios con nerviosismo.
—Me has sorprendido.
—Sabía que esto saldría mal. No debí aceptar ir vestida así. —Llevó sus manos hacia su rostro.
Shhh... —Me acerqué a ella y quité sus manos de su cara lentamente. La miré y sonreí en el acto. —¿Por qué dices una cosa así?
—Por-porque todo el mundo se verá genial y yo no… No encajo en un lugar así.
—Estás preciosa Bella. —Besé su mejilla en un acto totalmente impulsivo.
—Pero…
—Nada de peros. —Le dije colocando un dedo en sus labios. Me miró fijamente y sentí mi cuerpo estremecerse de puro placer.
—No estoy muy segura de querer ir a esa fiesta.
—Claro que irás Bella, o tendré que obligarte. Iremos, la pasaremos en grande, beberos y disfrutaremos de esta noche. —Me sonrió.
—Eres genial… —Susurró acariciando mi mejilla. —Gracias. —Negué con la cabeza.
—Enséñame tu disfraz. —Me dijo con una pícara sonrisa. Me derretí. Intenté pensar en otra cosa y desabroché la fina chaqueta que llevaba. En cuanto me la saqué y vi su rostro no me sorprendí, me esperaba una reacción así. Abrió sus ojos de par en par y recorrió mi anatomía entera. Carraspeé nervioso cuando vi que sus ojos se centraron, por un cortísimo periodo de tiempo, en mi entrepierna.
—Ohh vaya… Es-estás…
—Me parece que exageré. —Dije con timidez y sonriendo incómodamente. El disfraz consistía en un corto short muy similar a un bóxer, de una tela parecida al cuero, negro y con algunas partes rojas. Una simple capa roja tapaba la parte superior del cuerpo, pero yo sabía que no podía llevar solo eso. Así que a mi gusto me puse una camiseta negra de manga corta a la cual hice unos cuantos cortes para darle un toque más gótico y escribí en letras rojas “Devil”. Me sentía un poco ridículo con aquellos cuernos sobre mi cabeza. En fin, a estas alturas ya nada importaba.
—¡No! —Casi gritó. —Estás impresionante. —Mordisqueó sus labios, haciendo que un ardiente calor atravesara mis venas.
—Me veo un poco ridículo. —Reí.
—Estás perfecto… —Susurró sin apartar los ojos de mi cuerpo.
—No más que tú.
—No diré nada ante eso. Ya sabes lo que pienso y si seguimos así no llegaremos nunca. ¿Nos vamos?
—Sí.
Se colocó una chaqueta de cuero negro sobre el disfraz, solo dejando que se viera la falda de tul. No sabía por qué estaba tan avergonzada. Se veía tremendamente sexy y hermosa. Solo sabía que esta noche habría un único problema: la mirada de los morbosos.
No dejaría que nadie se le acercara, la protegería de todo aquel que quisiera sobrepasarse lo más mínimo con ella. Sabía que estaba tremendamente provocadora, pero iba conmigo y por esta noche ella era completamente mía.
Nos montamos en mi volvo y conduje hacia la playa en la que se situaba la discoteca. El tiempo se pasó veloz mientras hablábamos de temas triviales. Media hora después llegamos a la playa y era imposible de perderse. Un gran cartel estaba colocado en la acera anunciando la reinauguración de la discoteca. Bajamos lentamente y nos dirigimos hacia la entrada por el camino de madera que había sobre la arena de la playa. El sonido de las olas del mar al chocar era relajante. Por un momento quise acercarme y admirar el agua salada. Lo haría más adelante. Ahora no era el momento.
Paramos cerca de la puerta de entrada. La discoteca consistía en una gran cabaña de madera, con muchos carteles de luces de neón y grandes ventanales de cristales de diferentes colores. La música parecía chocar contra los cristales, haciendo que estos vibraran. Se escuchaban voces de personas y una gran cantidad de risas histéricas.
—Esperemos aquí. —Me dijo Bella antes de llegar a la puerta principal. Asentí. Varias personas pasaron al lado de nosotros, también disfrazadas, y con grandes sonrisas en sus caras. Cada vez que la puerta era abierta la música sonaba más potente.
—Parece que toda la ciudad se enteró de esta fiesta.
—Sí, no quiero imaginarme cuando entremos. Vamos a parecer sardinas enlatadas. —Bella rio por lo que acababa de decir.
—Esto es bastante amplio.
—Lo han agrandado. Antes era mucho más pequeño. Más bien parecía un bar de copas. —Quise hablar pero un sonido me calló.
—Las manos arriba pequeña ladronzuela. —Ambos nos giramos ante aquella voz. No pude evitar reír al ver a Alice, simulando una pistola con sus manos, y apuntando a Bella. —Quedas detenida. —Dijo antes de soplar la punta de sus dedos y de fingir guardar el arma en su bolsillo.
—Te falta algo aquí. —Le dijo Bella riendo mientras señalaba su cabeza con su dedo índice.
—Estoy espectacular. —Habló Alice, ignorando las palabras de Bella y posando para mostrar su disfraz desde todos los ángulos.
—Bájate de la nube enana. —Bella se rio cuando Alice frunció el ceño.
—¡¿Qué haces así?! —Prácticamente gritó, sobresaltándonos.
—¿Có-cómo? —Miré absorto como Alice se acercaba a ella y en un solo movimiento bajaba la cremallera de su chaqueta y se la quitaba casi a tirones.
—¡Alice!
—Por Dios Bella, deja de ser tan santa. Así estás mejor, ¿verdad Edward? —Me miró maliciosamente y yo solo pude tragar saliva.
—¿Te gusta? —Le preguntó Alice a Bella con una gran sonrisa. Mostró su disfraz de policía mientras rodaba las esposas en uno de sus dedos.
—Claro que sí enana. Estás increíble. —Alice dio un pequeño brinquito.
—Te dije que esta fiesta no tenía nada se casto. —Alice tomó la mano de Bella y la hizo girar sobre sí misma. —Sí, te ves sexy. —Bella se sonrojó y yo me removí incómodo. Quería decirle a voz en grito que estaba mucho más que sexy.
—Oh vamos… Esto es un contagio. —Los dos la miramos extrañados. —La chaqueta Edward. —Me la quité rápidamente antes de que decidiera hacerlo ella.
—Después de tu muy clara repulsión hacia las chaquetas te preguntaré dónde están los demás.
—Jasper ha tenido que ir a por Emmet y Rosalie. Su coche se descompuso justo cuando iban a venir y sabes que el de Rosalie está en el taller.
—Bueno, esperaremos.
—No tardarán mucho. No está muy lejos. —Nos enfrascamos en una conversación sobre la reinauguración de la discoteca.
Quince minutos después un grupo de tres personas aparecieron caminando en nuestra dirección. “Son ellos” Había dicho Alice a lo que Bella asintió.
—Estamos aquí. —Gritó Alice sacudiendo su brazo.
—Hey. —Dijeron los demás acercándose.
—Hola Bellita. —Dijo la voz de un hombre. Me giré para verlo bien y observé a un gran hombre más alto que yo y que parecía un armario.
—Hola Emmy. —Le dijo Bella tiernamente. Se acercó a él y besó su mejilla. El tal Emmet la cogió por la cintura y la agarró mientras daba vueltas con ella. ¿Quién demonios era? No pude evitar que los celos se apoderaran de mí.
—Acabarás asfixiándome. —Bella rio mientras hablaba.
—Hace mucho que no te veo. Te extrañé. —Bella acarició sus mejillas.
—Sabes que yo también. —Se separó, al fin, de él y saludó a los demás.
—Hola nena. —Le dijo una mujer, con la larga cabellera rubia, y que iba disfrazada de quarterback.
—¿Cómo has estado? —Bella besó las mejillas de la mujer y la abrazó efusivamente. Después se acercó hacia un muchacho rubio que le sonreía. Le dio un beso en la mejilla y removió su cabello.
—Estás preciosa. —Le dijo él. Ha estas alturas yo sentía que algo explotaría dentro de mí. Lo veía todo rojo.
—Olvídalo Jasper, ella es mía. —Emmet la cogió de la cintura y la jaló hacia su cuerpo. Quise gritar como todo un hombre posesivo que Bella era mía. Me regañé por ello, ella no era ningún objeto.
—Quieto ya. —Bella se separó de él y se acercó a mí con una sonrisa que pareció ir disminuyendo según me miraba. No sabía como estaba, pero mi rostro no mostraba felicidad exactamente.
—Chicos, os presento a Edward. —Me miró, sonriendo levemente, y agarró mi brazo. Fue como un remedio para mí.
—Hola. —Dijeron todos prácticamente al unísono.
—Hola. —Respondí.
—Pensé que cuantos más seríamos mejor, así que no dudé en invitarlo a la fiesta. —Explicó Bella.
—Hiciste bien, lo pasaremos en grande. Mucho gusto tío. —Emmet se acercó a mí y apretó mi mano con fuerza. Después lo hizo Jasper y finalmente Rosalie.
—¿No hacen una pareja increíble? —Pronunció Alice mirándonos.
—Serán los diablitos de la noche. —Rosalie sonrió y yo solo negué con la cabeza.
—Venga Bells, si sigues ahí parada no podremos entrar. —Bella rio y golpeó su hombro.
—Eres un tonto. —Sonrió.
—Pero me amas. —Emmet besó nuevamente su mejilla y la abrazó. No pude evitar gruñir.
—Venga, la fiesta nos espera. —Habló Jasper. Emmet se separó de Bella y se acercó hacia la rubia. La cogió por la cintura y la besó con pasión. Ver eso fue un bálsamo para mí. Suspiré con alivio y no pude evitar sonreír.
Callé a mi consciencia que me recriminaba por haberme puesto tan celoso. Ellos solo son amigos. Me repetí.
Nos adentramos a la discoteca con total alegría. Me sorprendí al ver el interior del local. Todo estaba perfectamente montado, cuidando el mínimo detalle. Las luces hacían un gran contraste en las paredes de madera. Un flash cegador parpadeaba cada segundo, haciendo que el local quedara totalmente negro cuando no brillaba. Una gran bola de disco estaba colgada del techo en el centro del local y la música era realmente contagiosa. Te invitaba a mover el cuerpo de manera descontrolada. Me sorprendí de ver los disfraces, sobre todo el de las mujeres, porque pensé que se habían tomado muy enserio que la fiesta era solo de adultos. Algunos disfraces no consistían más que en diminutos pedazos de tela. 
Nos situamos en una mesa en la esquina opuesta a la tarima del local. Estábamos cerca de la barra y lejos de la zona de baile. Casi todas las personas del local comenzaron a gritar cuando varias luces verdes, rojas y rosas se encendieron en la tarima y apareció un hombre. Se colocó detrás de una mesa de mezclas y comenzó a pinchar música mucho más alegre y movida.
Las chicas se sentaron y nosotros nos acercamos a la barra para pedir las bebidas. Decidimos empezar suave y pedimos mojitos para todos. Volvimos a la mesa y yo me senté al lado de Bella mientras veía como reía con ganas, completamente feliz.
Poco tiempo estuvimos sentados, más rápido de lo que pensé nos encontrábamos en la pista de baile moviendo nuestros cuerpos al ritmo de la alocada música.
Comenzó a sonar On the floor en la pista y Bella prácticamente pareció enloquecer.
—Amo esta canción. —Me dijo mientras no dejaba de moverse. En el inicio de la canción, con el ritmo más suave, se puso de espaldas a mí y comenzó a mecer sus caderas de izquierda a derecha. Cuando el ritmo de la canción se hizo más fuerte ella comenzó a dar pequeños saltos y a mover su cuerpo sensualmente. Necesité de todo mi autocontrol para poder contenerme. La imité y empecé a bailar de manera alocada. La canción volvió a un ritmo suave y literalmente lento y ella volvió a colocarse de espaldas a mí. Sin poder contenerme agarré su cadera y la pegue a mi cuerpo, sintiendo como cada parte de su anatomía se amoldaba a la mía. En varias ocasiones tuve que apartarla disimuladamente de mi cuerpo porque sentía que de un momento a otro se daría cuenta de que mi excitación empezó a aumentar de manera alarmante.
Después de terminar rendido de tanto bailar nos dirigimos a la mesa de nuevo. Pedí un cubata para mí y un piña colada para Bella y esperamos hasta que los demás vinieron.
—Esto es espectacular. —Dijo Bella.
—Sí, no imaginé que sería tan divertido.
—Ni yo. Estoy agotada. —Movió sus pies señalando sus tacones.
—¿Os habéis rendido ya? —Preguntó Emmet que se acercó jalando de Rosalie en ese momento. Jasper y Alice venían detrás.
—Estamos tomando un descanso. —Pronunció Bella quejándose por los zapatos.
—Nada de eso. Ahora vamos a ir a la casa del terror.
—¿Hay casa del terror? —Preguntó Jasper.
—Sí, está detrás de esa puerta. —Emmet la señaló.
—¡Vamos! —Chillaron Rosalie y Alice. Me puse de pie y le tendí la mano a Bella. Ella la tomó dudosa.
—Odio ese tipo de cosas. —Susurró en mi oído.
—¿Por qué?
—Soy demasiado asustadiza.
—Será divertido. —No dijo nada más y empezó a caminar hacia donde los demás se dirigían.
Pagamos las entradas y pasamos a una especie de habitación completamente oscura. Di un pequeño brinco cuando sentí que algo se enganchaba a mi brazo con demasiada fuerza.
—Esto es horrible… —Me tranquilicé al escuchar la voz susurrante de Bella. Tan solo sonreí negando con la cabeza.
—Que todos los valientes atraviesen esta puerta. Si alguien se quiere echar para atrás, este es el momento. Porque todo el que entra ahí no saldrá jamás. —Una voz se escuchaba a través de un altavoz. Posteriormente se escuchó una burlona risa masculina y el sonido chirriante de una puerta al abrirse. Dos minutos después, sin que nadie haya salido, se volvió a cerrar y empezó a sonar una melodía escalofriante.
—Espero que disfrutéis de la visita—La voz volvió a hablar y después de reírse otra puerta fue abierta. Poco a poco todas las personas fueron pasando cautelosamente.
—Hay Dios mío… —Pronunció Bella.
Una fuerte luz empezó a parpadear continuamente, desorientándome. Finalmente se apagó y el sonido de unas fuertes pisadas se hizo presente. Se encendió una tenue luz a la par que sonaba una melodía envolvente, como si te encontraras en un bosque por la noche. Comenzamos a caminar y a los pocos segundos se escucharon los primeros gritos de las personas que iban delante. Bella brincó y se aferró más fuertemente a mi brazo. Su respiración era irregular y todo su cuerpo estaba completamente pegado al mío. Disfruté de ese momento, olvidándome completamente de la casa del terror, y pensando que la sensación de su cuerpo junto al mío era sublime.
Todo estaba perfectamente organizado, cuidando el mínimo detalle. El decorado de la casa representaba una vieja mansión abandonada. Salté varias veces en mi sitio cuando alguna puerta o ventana era abierta repentinamente y aparecía alguien disfrazado. Atravesamos un puente, y pareció como si un montón de murciélagos alborotados volaran a nuestro alrededor. Nos situamos en una vieja habitación que estaba llena de telarañas. Un humo apareció, envolviéndonos, y poco después un foco señaló una cama en la cual había una mujer sacudiéndose violentamente, fingiendo ser la niña del exorcista.
—Siento que mi corazón saldrá disparado de un momento a otro. —Dijo Bella susurrando después de que tuviéramos que salir corriendo cuando la chica se levantó y comenzó a perseguirnos.
—Esto está muy bien montado.
—Y que lo digas… —Su voz era apenas un susurro anhelante y entrecortado.
Volvimos a atravesar un puente que, si no supiera que era falso, hubiera asegurado que se caería de un momento a otro. En los laterales había grandes sacos colgantes que parecían tener carne como relleno. A mitad del recorrido del puente la luz se apagó repentinamente y empezó a retumbar el vibrante sonido de una sierra eléctrica.
—¡Correr! —Gritaron delante de nosotros y se armó el caos. Todo el mundo empezó a correr de manera descontrolada buscando la salida.
—Edward no te pares. —Chilló Bella mientras jalaba de mi brazo y empezaba a correr con desesperación. Finalmente se abrió una puerta ancha y todos pudimos salir al fin. Nos encontrábamos en la misma zona, un poco más hacia la derecha, por donde habíamos entrado.
—Joder, joder, joder, joder… —Bella apoyó las manos en sus rodillas mientras respiraba entrecortadamente.
—¿Estás bien? —Pregunté a lo que asintió levemente.
—¡Ha sido increíble!
—¡Eso hay que repetirlo! —Gritó Emmet completamente feliz.
—¡No! —Gritaron al unísono las chicas.
—Aguafiestas. —Dijo Emmet entre dientes mientras las miraba con diversión. Sus rostros estaban completamente lívidos. Me preocupó más Bella, que parecía que se ahogaría de lo rápido que respiraba.
—¿Estás bien? —Pregunté nuevamente.
—Sí-í.
—Vamos Bellita, todo es mentira. —Emmet pasó un brazo por sus hombros.
—Lo sé… —Admitió. —Pero asusta de verdad. —Sonreí al ver que su rostro iba cogiendo un tono más vivaz. —Es la última vez que hago algo planeado por vosotros.
—Ya te convenceremos. —Emmet agarró la mano de Rosalie y la llevó a la mesa que ocupábamos antes. Jasper y Alice lo siguieron.
—¿Quieres un poco de agua?
—No, no. Ya está. —Se enderezó y me sonrió. Pude notar el terror impregnado en su rostro.
—¿Ha sido bastante real eh?
—Nunca imaginé que tanto. —Repentinamente se quedó callada mirando mi brazo con el ceño fruncido. —Oh Dios mío Edward, ¿estás bien?
No pude contestar. Se acercó hacia mí y llevó sus dedos hacia mi brazo derecho. —Cuanto lo siento… —Susurró apenada pasando sus dedos por mi piel.
—¿Por qué?
—¿No lo has sentido? —Señaló algo en mi brazo y yo bajé la mirada. Me sorprendí al encontrar dos arañazos.
—Ni siquiera lo he notado.
—He sido una total descuidada. —Siguió acariciando mi piel, reconfortándome.
—No te preocupes, no es nada.
—Lo lamento tanto. —Parecía no escuchar mis palabras.
—No te preocupes…
—Tendría que haber tenido más cuidado. —Cortó mis palabras.
—Hey Bells. —Le dije cuando parecía que tendría un ataque de pánico. —No lo he notado, son tan solo unos rasguños que curaran enseguida.
—Pero yo…
—No lo hiciste a propósito. Solo fue por el miedo.
—De igual manera, no es una justificación. Lo siento… —Su cuerpo entero empezó a temblar.
—No le des importancia. —Agarré con delicadeza sus hombros y después elevé con mi mano su rostro. Le sonreí con sinceridad.
—Deberías de estar enfadado conmigo.
—Es una tontería Bells. —Cuando vi su rostro totalmente preocupado no pude frenar mis actos. Pasé mis brazos por sus hombros y la pegué a mi pecho. —Olvídate de ello. —Le susurré. Ella pareció calmarse y para mi sorpresa pasó sus brazos por mi cintura, correspondiendo a mi abrazo. Sin dudarlo la apreté más contra mí mientras me deleitaba con el aroma de su cabello.
—Parejita, os estamos esperando. —Rápidamente nos separamos ante la voz de Emmet.
—¡Em! —Chilló Bella.
—Tendréis tiempo para demostraros vuestro amor más adelante. Vamos a divertirnos ahora. —Nos quedamos paralizados ante sus palabras. Bella elevó su mirada y me miró de una manera extraña. No supe leer sus sentimientos. Sonreí para disipar lo pesado del ambiente y jalé de su brazo hacia la mesa.
Ninguno de los dos dijo nada. Bebimos de las copas que los demás habían pedido para nosotros y después volvimos a la pista de baile como si nada hubiera pasado.
Bailamos hasta cansarnos, bebimos una gran cantidad de cocteles para probar un poco de cada uno y finalmente acabamos con una ronda de tequilas. Reímos hasta que nuestros estómagos ya no pudieron más, sobretodo cuando Emmet, ya un poco ebrio, comenzó a reírse del disfraz de policía de Jasper. Él tenía razón, su traje parecía una segunda piel de cuero azul.
Ellos dos comenzaron a discutir sobre sus trajes, como si fueran un par de mujeres en una tienda de rebajas. Finalmente, cuando vimos que ya el alcohol estaba haciendo estragos en nuestro organismo salimos del local a las cinco de la madrugada.
—Malditos zapatos. —Gruñó Bella cuando salimos del ruidoso local. Fuera parecía que estábamos en otro mundo. Un cómodo silencio, solo interrumpido por el sonido de las gaviotas y el chocar de las olas, nos envolvía. —Os odio. —Antes de que me diera cuenta la vi doblarse y de repente su altura disminuyó considerablemente. —Esto es la gloria. —Pronunció después de haberse quitado los zapatos. No me había percatado de que se había bajado de las maderas que formaban un camino y que ahora estaba directamente sobre la arena. —Alice, Rosalie, tenéis que probar esto. —Sus amigas no dudaron en hacerle caso. Quitaron sus altos tacones y corrieron junto a ella hacia la arena de la playa. Empezaron a adentrarse más en la playa, aproximándose al mar.
—Vamos Edward. —Jasper palmeó mi espalda y siguió a las chicas. Ellas estaban en la orilla del mal, dejando que el agua mojara sus pies.
—Ven, esto es fabuloso. —Bella jaló de mi mano y me acercó a la orilla. Detuve mis pasos antes de mojarme.
—¡Alice! —Chilló Rosalie cuando esta le tiró agua a la cara. —Estás loca. —continuó hablando mientras reía.
Estuvimos un largo tiempo ahí. Contemplando el mar mientras las chicas, mostrando que el alcohol había hecho estragos en su organismo, se mojaban y correteaban una tras la otra.
—Tendré que decirle a Jasper que me lleve a casa. —Me dijo Bella cuando íbamos caminando hacia los coches.
—¿Por qué?
—No tengo como llegar a casa.
—¿Se te olvidó que yo te traje? —Pregunté irónicamente.
—No. Pero tú querrás llegar ya a casa y no quiero molestarte más.
—Viniste conmigo y volverás conmigo. —Me asombré de mi tono autoritario.
—Pero Edward… Mi casa queda lejos, estarás cansado y a estas horas habrá mucho tráfico de toda la gente que sale de fiestas como nosotros.
—No importa. Yo te llevaré a tu casa.
—No tienes porqué molestarte. Se lo diré a Jasper.
—No es una molestia. —Pulsé el botón del mando para quitar la alarma. Las luces del coche parpadearon. —Sube, yo te llevaré.
—Pero…
—Bueno, si lo que te preocupa es que tu casa esté lejos y no quieres que demore… —Asintió corroborando mis palabras. —Tengo una idea. —Sonreí.
—¿El qué?
—Iremos a la mía.


Hello People!
Espero les guste el nuevo capítulo. Ya se aprecia un acercamiento mucho más grande. Jajaja, es imposible que se resistan. Las chispas saltan entre ellos.
Díganme su opinión, ya saben que es muy importante.
Kisses.
By: Crazy Cullen.
¡Disfraces! :D



 Disfraz de Bella.

Disfraz de Edward.
(Él lleva una camiseta)
               


 Disfraz de Alice.


Disfraz de Jasper.


 Disfraces de Rosalie y  Emmet.







Yo también quisiera un Edward disfrazado de diablo jajaja.

5 comentarios:

  1. OHH DIOS MIO!!! Yo quiero a ese enfermero sanguinario para MI!!!!
    Qué mala eres... me has dejado con toda la intriga... Por favor, escribe pronto!!

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  2. la verdad me gusta dejar con la intriga pero no me gusta k me dejen a mi muahahha
    gracias x pasarte wapa bss

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  3. Cariñoooooo que me ha encantado, como me dijiste que te habia quedado mal?
    mira que te pongo una riña de las grandes, pero si esta perfecto
    Cuando el la ve con su disfraz de enfermera, wow que seguro se le estaba cayendo la baba, jajajaja y al llegar a la fiesta y ver a los demas
    casi pase hasta miedo con el pasaje del terror, lo digo en serio, esos sitios me ponen los pelos de punta
    y al final el que ganaran el concurso fue la guinda para el pastel, ella con su verguenza habitual y su poquita autoestima, a ver si se da cuenta de que es una super mujer, y el tan bobo mirandola como corderito y sin atreverse a darle un beso en condiciones, ajajajjaajaja
    bueno y para variar, porque alparecer si no no serias tu
    me dejas asi, con la intriga de nuevo, seras mala
    estare esperando el proximo capitulo con ansias, jajajajaj
    un beso de los grandes mi princesa y cuidate muchisimos
    te quiere siempre, recuerdalo
    Irene

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  4. Un regalo especial, por favor pásate a recogerlo lo hice con mucha ilusión, http://irenecomendador.blogspot.com/2010/11/premios-para-mis-mujeres.html, Irene Comendador

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  5. Ya publicado el capitulo 11 de mi desconocido entre vias, espero os guste y perdon por anticipado, jajaja, besos Irene Comendador

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