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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

viernes, 3 de diciembre de 2010

Capítulo 11: Orden, calma y normalidad.


Capítulo 11: Orden, calma y normalidad.




Pov Bella:

—¿Niña Bella es usted?
—Claro que sí nana. —Sonreí lo mejor que pude cuando la vi aparecer en el hall con el pijama puesto y una humeante taza de lo que parecía té en la mano.
—¿Está todo bien? —Miró su reloj y me observó con elevado escrutinio.
—Perfectamente nana. Sólo me retrasé un poco en la clínica. —Le mentí lo mejor que pude, no queriendo contarle las patéticas horas de soledad que acababa de atravesar.
—¿Le preparo algo de cenar mi niña? —Se fue acercando hacia mí, y yo sabía que si no la alejaba terminaría explotando frente a ella.
—He cenado ya nana, gracias. Iré a darme un baño y después me meteré a la cama. Puedes ir a descansar tranquila.

Sus ojos me observaron de arriba abajo escrutando mi rostro. Frunció el ceño y yo sabía que si no la detenía terminaría dándose cuenta de que lo último que me sentía era bien.
Le sonreí con dulzura, besé su mejilla y me dirigí con paso veloz hacia mi dormitorio. Pegué mi oreja a la puerta para ver si escuchaba algún sonido extraño, pero respiré con completa tranquilidad cuando oí la puerta de su habitación ser cerrada.
Apoyé la frente en la puerta y dejé que el aire entrara en mis pulmones con bocanas hondas y profundas de oxígeno. En ese momento sólo quería estar sola, completamente aislada del mundo exterior y dejándome atrapar por mis fantasmas del pasado.

Empecé a desnudarme con extrema lentitud, abriendo parsimoniosamente los botones de mi vestido y apartándolo de mi cuerpo con pereza y sin ánimos. Lo coloqué sobre la cama y al dirigirme hacia el baño me detuve frente al gran espejo que coronaba la habitación. Observé mi cuerpo únicamente cubierto por mi ropa interior de color rosa pálido y subida sobre mis zapatos negros de tacón moderado.
No tenía una palabra clara para describirme, no sabía qué decir sobre mí misma. Mis opiniones eran tan cambiantes que hasta a mí me hacían dudar.
Observé mi cuerpo de perfil, dándome cuenta y sorprendiéndome de aceptar que poseía una cadera estrecha y un vientre plano, firme y tonificado. Mi estatura era corriente, ni muy alta ni muy baja, tan sólo… eso mismo… corriente.

Mi pelo lacio, brillante y voluminoso, caía sobre mi espalda haciendo una forma en “V” y rozando con las puntas el final de mi espalda. No poseía un cuerpo perfecto, era consciente de eso, pero tampoco era un horror que debía cubrirse sí o sí. No era más que una chica normal, del montón, como muchas. No poseía ninguna cualidad extraordinaria o fuera de lo común. Sólo era Isabella Swan, una mujer que se había aceptado como lo que era: una simple y vana chica del montón.
Seguí observando mi cuerpo. Primero de un lado, luego del otro, después de frente y por último de espaldas. Con ese acto sólo logré justificar mi teoría. Él no se enamoraría de mí. Jamás.

Tal vez mi cuerpo no era tan horrible como llegué a creer años atrás. No era perfecta, lo sabía, ¿pero quién lo es realmente? Tal vez podría ser un poco más alta, o más morena o incluso más delgada, pero con eso no lograría eliminar mis fantasmas interiores. Mis imperfecciones no eran visibles, ni palpables, pero estaba ahí esperando para salir hacia la luz y destrozar la poca confianza en mí misma que logré obtener.
Había cometido tantos errores, tan seguidos, que ni yo misma podía perdonarme o justificarme al menos. Fui tan estúpida, me dejé engañar tan fácilmente que sabía que jamás lograría perdonar mis fallos. No sería capaz de creer en alguien fijándose en mí por quién soy realmente, porque nadie quiere hacerse cargo de un saco de problemas lleno de inseguridades.

Me observé nuevamente, sintiendo como las palabras positivas hacia mi persona iban desapareciendo. Tal vez debería hacer más ejercicio, o comer más sanamente o simplemente olvidarme de él y de la pequeña posibilidad de que se pudiera fijar un ápice en mí.
“¡Está enamorado de otra, idiota!” Gritó mi voz interior, hundiéndome más en la desolación.
Tal vez mi único consuelo era saber que podríamos ser amigos, que podríamos seguir saliendo por las tardes y compartiendo agradables momentos. Tal vez y sólo tal vez él aún quería permanecer a mi lado y permitirme que lo aconsejara lo mejor posible para que su amor con aquella desconocida no acabara nunca.

Definitivamente no encontraba la palabra adecuada para describirme. Si algo en mi apariencia física llegaba a ser “bonito”, quedaría opacado por mi alma destruida. Me encargaría de destrozar el lazo que nos unía, porque él merecía ser completamente feliz y estando a su lado no haría más que arruinar sus planes.
Tal vez pueda disfrutar de su compañía un par de días más. Tal vez lograra ver su sonrisa una última vez y después lo dejaría ir, antes de que descubriera lo dañada que estaba y fuera demasiado tarde para salir con éxito y sin daños causados.

En cuanto sentí que el peso de mi decisión empezaba a desolarme y mis ojos comenzaban a llenarse de lágrimas inminentes me bajé de mis zapatos de tacón y, después de coger el albornoz, me dirigí a la bañera para darme un largo, relajante y espumoso baño aromatizado. En cuanto mi cuerpo se hundió en el agua caliente mis músculos se destensaron y mi mente se opacó, llenándose de sueños y fantasías que sabía nunca se cumplirían. Pero a pesar de todo estaban ahí y, durante ese momento en el que me permití soñar, no me molestaban para nada. En cuanto mis fantasías tomaron caminos prohibidos y la realidad empezó a mezclarse con la esperanza de querer algo más con Edward, hundí mi cabeza en el agua espumosa y aguanté bajo ella tanto como me permitieron mis pulmones, logrando así olvidarme del mundo idílico que había creado.

A la mañana siguiente me desperté temprano, sintiendo que no había dormido más de dos horas ya que me pasé toda la noche dando vueltas en la cama, intentando borrar su imagen de mi mente y sus palabras diciéndome que estaba enamorado de otra mujer, pero no logré conseguirlo y la mala noche se reflejaba en mis horrorosas ojeras y mis ojos enrojecidos por haber aguantado con tanta fuerza las lágrimas que anhelaban ser derramadas.
Me arreglé sencillamente y desayuné un simple café bien cargado. Para mi pesar las primeras horas de la mañana en la clínica fueron demasiado tranquilas y sólo ocupé mi tiempo atendiendo a Zipper, el perro de Sophie.

—Buenos días.
—Buenos días Sophie.
—¿Cómo está Zipper?
—Se está recuperando de la operación y aún está un poco débil por la anestesia, pero está estable y recuperándose. Ven conmigo y podrás verlo. —Ella asintió y me siguió por el largo pasillo.
—Hola pequeño. —Acarició la cabeza del animal que nada más verla empezó a sacudir su cola y a lamer su mano. Dejé que ella lo acariciara mientras le iba comentando lo que debería hacer después de llevárselo a casa y las horas y dosis de los medicamentos que debía suministrarle.

—Podrás pasar por él mañana al mediodía. Estará preparado y con mucha más energía. Recuerda darle sólo patés de carne o taquitos suaves para que la digestión sea más rápida. Más adelante podrás incluir en su dieta la comida seca. Ten pendiente que siempre tenga agua fresca y cada vez que tengas que darle la medicación hazlo con un premio o introduciendo las pastillas en su comida. Yo le administraré hoy y mañana antibiótico inyectado, por lo que después de seis horas tendrás que darle las pastillas que te receté. —Asintió ante mis palabras y sonrió feliz al saber que Zipper estaba bien y estable.
—Pásate por aquí cada semana para ver cómo va la fractura y para, si es necesario, cambiarle las vendas y la escayola. Eso es todo.

Recogió los medicamentos y las latas de paté y, cuando pensé que ya se marcharía, se giró y me observó por unos segundos que me parecieron bastante incómodos. Entreabrió la boca varias veces, supongo que con la intención de decirme algo que al final terminaba callando. Yo, por mi parte, moría de ganas porque me dijera si sabía algo sobre Edward.
—¿Qué tipo de relación tienes con Edward Cullen? —Fue tan directa que sentí que mi respiración se cortaba por unas milésimas de segundo.
—¿Por qué lo preguntas?
—Quiero saber si eres la mujer de la que dice estar enamorado. —Ante su respuesta una estaca se clavó en mi corazón. Yo no era esa mujer ni de lejos.

—¿Qué te ha dicho exactamente? —Tragué saliva.
—Que ya no me quiere, no como antes, y que hay alguien más en su vida.
—¿Especificó algo más?
—Que ama a esa mujer. —Cerré los ojos ante el impacto de sus palabras.
—Yo no soy esa mujer. Tan sólo soy la veterinaria de sus mascotas y una simple amiga más.
—Yo creí que tú…
—Estás equivocada.
—He visto como te mira, como si fueras el centro de su mundo, como si fueras lo más importante que tiene. —Negué con la cabeza.
—Lo que él siente por mí ni se acerca a lo que tú dices.

Me miró con escrutinio. —¿Estás segura?
—Completamente. —Sus ojos se fijaron en los míos, como si intentara mirar más allá de mi exterior y de mis palabras.
—Entonces él ama a otra mujer, ¿verdad?
—Eso es lo que me ha dicho.
—Pero tú lo amas a él. —De nuevo mi respiración se cortó, pero por un periodo mucho más largo que el anterior.
—Yo no…
—Puedes decirme que no de mil maneras diferentes, pero tus ojos no opinan lo mismo, y sé que estás mintiendo cuando intentas negarlo.
—Puedes pensar lo que quieras, pero ahora no puedo seguir hablando, tengo trabajo. Te veré mañana.

—Ey, no te pongas a la defensiva. No quise molestarte. Sólo quería saber si de verdad sientes algo por él. Si me dices que no sinceramente te creeré y me iré sin decir nada más.
La miré con los ojos entrecerrados, pero no fui capaz de negar sus acusaciones.
—Lo ves. Yo no soy nadie para recriminarte nada. Tampoco negaré que yo aún sienta algo por él, no es tan intenso como cuando éramos pareja, pero hay algún sentimiento. No es fácil olvidar la relación que tuvimos porque él, cuando ama de verdad, se entrega completamente, haciendo que el tiempo que pases a su lado sea inolvidable. Yo ya no ocupo su corazón, tal vez lo ocupas tú u otra mujer, pero si lo amas, si lo amas sinceramente, no lo dejes escapar, porque el tiempo pasará y te arrepentirás de no haberle confesado todo lo que sientes.

Sin decir nada más, y después de sacudir su mano a modo de despido, se dio media vuelta y se fue. No miró para atrás, no titubeó. Se fue tan rápido como había llegado, dejándome completamente estupefacta, petrificada en mi sito y con la cabeza llena de ideas absurdas, llena de fantasías absurdas.
Decidí sentarme, porque mis piernas amenazaban con fallarme de un momento a otro. Rememoré cada palabra que me había dicho y el significado oculto que estas tenían. Intenté ser más fuerte que mi corazón, pero Sophie sólo había logrado avivar las esperanzas, dándome fuerza para poder luchar por él, para dejar de ser tan invisible y pelear por quien robó mi corazón.


¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬

—Parece que volvió a olvidarse de que acordamos vernos todas las tardes. —Susurré prácticamente para mí misma al llegar al parque, con Mojito jalando la correa, y al no divisar el coche de Edward. Esperé durante unos quince minutos y finalmente desistí cuando me convencí de que él tendría otros mejores planes que hacer. Seguramente estaba con la mujer que dijo amar y se olvidó completamente de nuestra “cita”.
Llevé a Mojito hacia la zona de perros y lo dejé libre para que jugara con los demás caninos. Me senté en un banco frente a esa zona y lo observé mientras mi mente se iba por caminos lejanos de donde realmente me encontraba.

Imaginé que él debió e confesarle sus sentimientos, ella le habrá correspondido y ahora estarían juntos, completamente felices y disfrutando de su amor mutuo. Intenté no pensarlo más, pero mi masoquista mente no me permitía olvidarme de esos pensamientos destructivos. Imaginarlo en los brazos de otra mujer, dándole su amor, su cariño, sus besos… Todo.
Suspiré de nuevo y me autoconvencí de la idea de que ahora que, seguramente, tenía una pareja yo quedaría en un segundo o tercer lugar en su vida. Poco a poco nos iríamos separando, viéndonos menos cada vez, hasta que nuestra amistad se rompiera de manera inminente, dejándome a mí con un corazón roto y con otro amargo capítulo que añadir a la lista de errores en mi vida.

Debía hacerme a la idea, acostumbrarme a que no lo vería tan seguido como antes, a que no compartiríamos la misma relación y a que poco a poco iría desapareciendo de mi vida, hasta acabar convirtiéndose en un desconocido más que logró lo que nadie pudo: arrebatar mi corazón.
Dejé de lado esos pensamientos tan masoquistas y decidí regresar a casa después de tres días de estar sola en aquel parque que se me hacía tan vacío sin él. No había pasado demasiado tiempo, pero yo no estaba acostumbrada a pasar tanto tiempo sin su presencia o sin saber algo de él, por lo que además de dolida estaba preocupada, a sabiendas que él se habría olvidado de mí por estar con la mujer que logró apartarlo de mi lado.

Al subir al coche decidí pasar por el supermercado para comprar unos cuantos botes de helado de chocolate, decidida a ver tantas películas como pudiera esta noche mientras me atiborraba a calorías sin pena alguna. Estar enamorado es una experiencia increíble, pero no ser correspondido te provoca un sentimiento tan dañino que sólo quieres aislarte del mundo exterior, para poder sanar las heridas e intentar juntar los pedazos de tu roto corazón.

—¡Ya estoy en casa!
—Buenas tardes mi niña. —Mi nana dio dos besos en mis mejillas y me sonrió. —¿Trajiste las nueces?
—¿Nueces?
—Sí, quería hacer un pastel de nueces pero se han acabado.
—No lo sabía.
—Te he dejado un mensaje de voz en tu móvil.
—Lo siento nada, lo he dejado en la clínica y estaba en el parque. —Contesté después de revisar mi bolso y mis bolsillos.

—Oh, entiendo. ¿Estabas con Edward?
—No, no ha podido ir.
—Entiendo. Bueno, iré a comprarlas entonces.
—Está bien nana, ten cuidado.
—Siempre lo tengo. —Cogió su jersey y las llaves de casa. —Mete el helado en el congelador o lo echarás a perder.
—Sí, está bien.
—Ten paciencia mi niña, te sorprenderás de lo bien que salen las cosas si somos pacientes. No fuerces nada, las cosas caen por su propio peso y muchas veces es difícil darse cuenta de quién sería capaz de darlo todo por nosotros.

No me dio tiempo a contestar. Sus palabras me habían dejado tan desconcertada que no se me ocurrió nada para decirle. Cuando reaccioné ella ya se había ido.
Guardé el helado en el congelador y subí a mi habitación a ponerme ropa cómoda, dispuesta a pasar todo lo que quedaba de tarde frente al televisor de pantalla plana, viendo tantas películas como quisiera y comiendo tanto helado como pudiera, hasta que mi cerebro se congelara y me permitiera olvidarme de él por al menos unos minutos. Al menos mi método era mucho más sabroso que tomar alcohol.


¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬


—¿Quién? —Pregunté al escuchar que golpeaban la puerta de mi dormitorio.
—¿Puedo pasar mi niña?
—Claro nana, adelante. —Su mirada, un tanto reticente, me alarmó. —¿Qué sucede?
—Tiene visita.
—¿Quién es? —Pregunté poniéndome de pie.
—Preguntó por ti Edward. —Me quedé fría.
—¿Qué?
—Tranquila mi niña, ya se ha ido.
—Pe-pero… ¿Cómo? No entiendo nada.
—Ven siéntate, te lo explicaré todo.

Cogió mis manos, que temblaban en exceso, y me llevó hacia el borde de la cama. Se sentó a mi lado y dejó que recostara mi cabeza en su regazo. Que acariciara mi pelo en situaciones difíciles me ayudaba, desde que era pequeña, a tranquilizarme.
—¿Qué-qué quería?
—Ha preguntado por ti. —Cerré mis ojos ante el dolor, inexplicable, que me causaron sus palabras.
—¿Qué le has dicho?
—Sé que no estás pasando por un buen momento mi niña. Sé que estás confundida, que no tienes claro que es lo que sientes por ese muchacho, que te estás cerrando puertas por lo que te pasó hace unos años…

Dejé que masajeara mi cabeza, sintiéndome más tranquila.
—Te estás negando a amar, porque no te valoras lo suficiente. —Me estremecí ante la realidad de sus palabras. —Por lo que decidí consultar primero contigo antes de tomar una decisión.
—¿Qué ha pasado?
—Él sólo estaba preocupado por ti, se notaba en su mirada. Quería hablar contigo y se ha desilusionado bastante cuando le he dicho que no estabas.
—Gracias nana. No creo que hubiera sido capaz de enfrentarlo después de una semana sin verlo.
—¿Por qué te niegas esta oportunidad mi niña?
—Porque es lo mejor nana. Él no me ama y yo… yo… me acabo de dar cuenta de que sí lo hago… —Suspiré.

—¿Y qué hay de malo en eso?
—Que no consigo nada con tener ese sentimiento dentro de mí. Sólo destruirme, dañarme. Él no siente lo mismo por mí, y nada consigo avivando las esperanzas que tenía en un principio. Quiero olvidarlo, centrarme en mi trabajo y simplemente olvidarlo.
—¿Qué ha hecho para que llegues a esa conclusión?
—Ser sincero conmigo. Hace una semana me confesó que amaba a otra mujer, y yo no soy capaz de resistir eso. No podría verlo con otra sin caerme a pedazos.
—Pero… ustedes tenían algo…
—Yo también lo pensé en un principio nana. Por unos días imaginé que él podría llegar a interesarse en mí, que de verdad podría gustarle a alguien, pero la realidad pesa más que los sueños.

—Me niego a pensar que tan sólo compartían una amistad.
—Pues así es nana, incluso a mí me costaba creerlo después de…
—¿Qué sucedió?
—El sábado que todos vinieron a estar en la piscina… —Asintió recordando el día. —Bueno, primero estábamos los dos solos. Todo comenzó como un juego dentro del agua y acabó con nosotros demasiado juntos y dándonos nuestro primer beso. —Anhelé volver a hacerlo cuando los recuerdos invadieron mi mente.
—¿Qué pasó después?
—Quisimos hablar, pero llegaron los demás y nos fue imposible.

—¿No os habéis vuelto a ver?
—Sí, en la clínica. Hubo un accidente y un perro resultó atropellado. Resulta que este es de una chica llamada Sophie, la cual resultó ser una exnovia de Edward. Ellos han tenido ciertos problemas en su relación, la cual no acabó demasiado bien, por lo que tenían sus diferencias. Al final lograron solucionarlo todo, después de eso Edward me contó que no podría regresar con ella, a pesar de que Sophie aún lo quiere, porque está enamorado de otra persona.
—¿No te dijo quién?
—Creo que lo intentó, pero yo no pude soportarlo más y simplemente huí. Después de eso no he vuelto a verlo.

—¿No te ha llamado?
—Sí, un par de días después recibí unas cuantas llamadas de él. Pero… simplemente las ignoré. Quiero olvidarlo nana, quiero que sea feliz y jamás lo logrará a mi lado. Estoy dañada, tengo demasiados errores en mi conciencia, y no me perdonaré si él sale dañado por mi culpa.
—Te equivocaste cuando eras una niña. No fue tu culpa, simplemente supieron como jugar con tu inocencia.
—Es igual nana, yo lo permití y estas son las consecuencias. Él logrará ser feliz, olvidarme y romper el pequeño lazo que compartimos.
—¿Y qué hay de ti mi niña?, ¿por qué olvidas tu dolor, todo lo que sientes?
—No lo he olvidado nana, pero es lo mejor. El amor no es justo. Yo sabía que no podía enamorarme de nadie, pero él logró romper mis barreras e incrustarse en mi corazón.

—¿Por qué no luchas por él mi niña?
—Porque es una batalla perdida.
—¿Por qué estás tan segura?
—Simplemente lo sé. Si yo intentara luchar por él sólo conseguiría dañarme más y dañarlo a él. No pienso involucrarme en su relación ni en sus sentimientos. Sólo lograría confundirlo y que me odiara por meterme en su vida. No nana, prefiero llevarme un buen recuerdo de él.
—He tenido una pequeña conversación con él mi niña, y sólo puedo decirte que te equivocas, que el error más grande sería dejarlo pasar y alejarte de su lado. Sé lo que él siente por ti y sé que deberías averiguarlo.

—Él sólo me aprecia nana. Únicamente compartimos una amistad que con el tiempo quedará en el olvido.
—No parece ser el típico chico que le gusta jugar con los sentimientos de las mujeres, o dar esperanzas en vano. Creo que si te besó lo hizo porque de verdad quería hacerlo, porque significas mucho para él.
—Creo que él simplemente estaba confundido y que lo hizo por impulso.
—He visto esperanza y convicción en sus ojos cuando le hablé de ti mi niña, y sé que no me equivoco cuando digo que siente por ti tanto como tú por él. Pero no me involucraré en tus decisiones. Sólo espero que no te arrepientas cariño.
Besó mi frente y salió de mi dormitorio, dejando mi cabeza hecha un completo caos.

Durante toda la noche, y mientras comía más helado de chocolate con trocitos de galleta, intenté averiguar si él se había comportado en algún momento de manera diferente conmigo a comparación de con los demás. Visualicé si me había dado alguna pista de que sentía por mí algo mucho más allá de una amistad o incluso una leve atracción. Me devané los sesos pensándolo, pero la única prueba concluyente eran sus abrazos, en los cuales parecía no querer soltarme nunca y el único par de besos que habíamos compartido.
Tal vez él tan sólo tenía curiosidad, tal vez sólo sentía deseo… Yo no estaba dispuesta a eso. Yo lo quería completo para mí, con su corazón enlazado al mío y amándome como yo también lo hacía.

Finalmente me quedé dormida, completamente convencida de que él no insistiría más y de que no volvería a verlo, porque estaría demasiado ocupado con su enamorada.
Intenté creer que era lo mejor. Olvidarlo y darle al tiempo la tarea de sanar mis heridas, tantos las actuales como las pasadas…


¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬_¬

Intenté levantarme lo más positiva posible a la mañana siguiente. Había dormido poco pero lo había hecho del tirón, por lo que me sentía relajada y tranquila. Llegué puntual a la clínica y me centré en todo el trabajo pendiente que tenía. Habían citados muchos clientes, por lo que no tendría ni un segundo para respirar.
La mañana avanzó ajetreada pero sin ningún inconveniente irrelevante. A las doce y media de la mañana tenía una citación con Karl Jackson, el hombre que se encargaba de cada mes mostrarme las novedades en productos veterinarios que salían al mercado. Siempre se innovaba y a mí me encantaba contar con productos de diferentes lugares y así poder comparar y elegir los mejores.

Golpearon a la puerta unos quince minutos antes, creyendo que Karl se había adelantado lo hice pasar sin preguntar quién era realmente.
—Bella… —El bolígrafo que portaba en mi mano cayó al suelo al escuchar el tono de su voz. Elevé la mirada con miedo, creyendo que mi mente había creado un espejismo frente a mí.
En cámara extremadamente lenta mis ojos fueron subiendo por su anatomía, observando que vestía unos sencillos vaqueros negros y una camiseta azul grisáceo. En cuanto acabé con mi escrutinio mi mirada se fijó en la suya, sintiendo que me derretía ante la intensidad de sus verdes ojos.

—¿Bella? —Preguntó extrañado ante mi mudez.
—Ho-hola Ed-Edward. —Hablé en piloto automático mientras internamente me devanaba los sesos intentando pensar qué hacía aquí, a qué había venido y por qué motivo. Mis ojos se fijaron en si había alguien detrás de él, porque imaginé que podría venir con su, supongo, novia.
Respiré con tranquilidad cuando comprobé que estaba solo.
—¿Te encuentras bien? —¡No! Quiso gritarle mi voz interior.
—Cla-claro que sí. —Mis labios emitieron una mueca para nada parecida a una sonrisa.
—¿Estás ocupada ahora mismo?
—Tengo bastante trabajo la verdad. —Intenté ser evasiva con él. Sólo quería que me dijera pronto a qué había venido y se marchara para siempre.

—Puedo venir en otro momento.
—No. —Negué rápidamente ante la jugosa idea de tener que volver a verlo de nuevo. —Es decir, ya que has venido dime qué necesitas.
—Estaba realmente preocupado por ti. —Mis ojos se aguaron ante sus palabras y mi cerebro empezó a gritarme que tuviera cuidado.
—¿Por qué?
—Llevo una semana entera intentando contactar contigo con nulos resultados. Te he llamado a todas horas y no has contestado a mis llamadas. ¿Ha sucedido algo?
Que decidí que lo mejor que puedo hacer es olvidarme de ti. Pensé.

—No. He estado con muchísimo trabajo encima. Realmente olvidé mi móvil por algún rincón de casa.
—Toda esta semana he pensado que estabas enferma o que te había sucedido algo grave. No podía esperar más para saber de ti.
—Estoy bien Edward, gracias. —Mi voz salió tan cortante como deseé.
—No me lo creo.
—¿Qué es lo que no te crees?
—Ha pasado algo durante esta semana, lo sé. ¿Hice algo mal?
—¡No! —Negué con velocidad. —¿Por qué piensas algo así?
Lo vi apretar los puños con fuerza y suspirar hondamente antes de hablar.

—He creído durante toda la semana que te había sucedido algo, que yo había hecho algo malo que hizo que te distanciaras de mí.
—Todo está bien, Edward.
—No, no lo está. Yo creí… al menos quise creer que… —Me miró intensamente, trasmitiendo dolor y desilusión con su mirada. Era tan intensa que me vi obligada a apartar mis ojos de los suyos.
—¿Has creído qué…?
—Tuve que viajar por trabajo esta semana y ha sido una completa agonía no saber nada de ti… Pensé… pensé que al menos te preocuparía no saber nada de mí… Dios Bella… te he extrañado tanto… —Mi corazón se saltó un par de latidos ante sus palabras. Se acercó a mí a la vez que yo me ponía de pie y me envolvió con su cuerpo en un abrazo inquebrantable.



Hello People! :)
Estoy por aquí de nuevo, después de muchísimo tiempo sin publicar capítulos, dejándoles actualización. He tenido unos meses muy estresantes debido a los estudios. Estoy en un curso alto y nos atiborran a exámenes, trabajos y deberes…

Espero les guste el capítulo y les merezca la pena la espera.
Estoy de vacaciones ahora, por lo que tengo tiempo de sobra para publicar. Me pondré al día con todas las historias, descuiden.

Kisses.
By: K. Crazy Cullen.


1 comentario:

  1. Hola...
    Recién encontré tu blog y claro quería comentarte que es muy lindo e interesante.
    Te sigo.

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