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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

viernes, 17 de diciembre de 2010

Capítulo 13: Cuerpo y alma.

Capítulo 13: Cuerpo y alma




Pov Bella:


Los dos nos miramos fijamente antes de sonreír con complicidad. Bella abrazó mi cuello y yo su cintura, elevándola unos centímetros del suelo. 
—Gracias por esto.
—¿Por qué?
—Por demostrarme que la felicidad y el amor completo existen, por demostrarme que no todo es igual y por enseñarme a darle otra oportunidad a la vida, a una vida en la cual soy feliz a tu lado. —Elevó su cabeza y sus labios rozaron tenuemente los míos—. Te amo Edward.
—Y yo Bella, con toda mi alma.



Sentí mi corazón explotar de alegría como si de fuegos artificiales se tratara. Una sensación de tranquilidad, paz y sobre todo felicidad inundó todo mi cuerpo haciéndome sonreír inconscientemente. Una gran bola de emoción se colocó en mi estómago provocando que quisiera gritar con todas mis fuerzas que él verdaderamente que amaba, que me amaba tanto como yo lo amaba él y que, contradictorio a mis pensamientos, era digna de merecer todo su amor, de compartir su felicidad conmigo, de entrelazar nuestras vidas con los mismos sentimientos que ambos compartíamos.

Me sentí colapsar cuando me confesó todo, cuando me aclaró que la mujer a la que amaba y de la que había hablado la vez pasada era yo. Aún me costaba tanto creerlo. Quería pellizcar mi piel para saber si me encontraba dentro de un sueño, aunque si fuera así no me gustaría despertar jamás.
Mis piernas se debilitaron cuando él me besó con frenesí, trasmitiéndome todo con sus labios, con sus carias en mi rostro y en mi cintura. Quería estar todo lo cerca que pudiera de él, disfrutar de su calor, envolverme en su esencia. Necesita creerme que era real, que estaba ahí a mi lado, besándome tan especialmente como la primera vez que lo hizo.

Abrí por un segundo mis ojos para comprobar que si lo hacía no me encontraría sola en mi habitación, fantaseando como lo hacía todos los días. Para mi grata sorpresa me encontré con sus párpados cerrados, sus largas pestañas descansando sobre sus pómulos y una sonrisa bailando en sus labios mientras los movía sobre los míos.
Sonreí como él y volví a cerrar mis ojos mientras enredaba mis dedos en las hebras de su cabello. Lo acerqué mucho más, sintiendo que nadie podría siquiera intentar separarnos y me embebí completamente de su esencia, de su sabor, de su olor, de todo él.
Me desprendí de sus labios con dificultad y disfruté de lo que me trasmitían sus ojos, llenos de emoción y amor, tanto como los míos.

—Siento que este momento no puede ser más perfecto.
—Y yo siento que esperé demasiado para decirte cuanto te amo.
—Me sentí estúpida por un momento.
—¿Por qué?
—Desde que pasó lo de Sophie… Yo vivía pensando en que tus sentimos por ella podían renacer. Estuve en una agonía creyendo que si eso ocurría tú ya no tendrías tiempo para estar conmigo, y luego tuviste el viaje y no supe de ti e intuí que estarías con ella. Pensé que lo mejor sería alejarme, al menos por un corto tiempo. Dejarte disfrutar de tu relación con ella sin entrometerme de por medio. —Negó con la cabeza y me acercó a él.

—¿Te hubieras alejado?
—A pesar de lo difícil que se me hacía sólo pensarlo sí, lo hubiera hecho. No soy nadie para meterme en tus decisiones y si habías encontrado el amor junto a ella yo nada más podía hacer que desearte suerte, alejarme y dejarte libre.
—Si hubiera sido así, si realmente tuviera algo con alguien más tampoco te hubiera alejado. Significas todo para mí Bella. No hubiera podido ni pensar en no volver a verte.
—Te lo hice más fácil. Intenté ignorarte, por eso no contestaba a tus llamadas.
—Me desesperé durante ese tiempo.
—Creí que era lo mejor, dejarte disfrutar de ella y yo permanecer en la sombra. —Depositó un beso en mis labios.

—Entonces llegué justo a tiempo.
—No podía creerte en un primer momento.
—¿Por qué te ha sido tan difícil?
— Hay mujer más bonitas que yo allí afuera, más divertidas, más sociables… más todo… realmente no sé cómo pudiste enamorarte de mí.
—No me importa la clase de mujeres que hay por ahí, a mí sólo me importas tú. Te amo, te adoro tal y como eres, perfecta para mí.
—Tendrás que decírmelo muchas veces hasta que esté completamente convencida.
—Te amo, te amo, te amo, te amo… —Repitió lo mismo infinitamente hasta que reí y prácticamente me lancé sobre su boca, devorando sus ansiados labios.

—Vayamos a bajo, está empezando a refrescar —dijo cuando vio como me estremecía ante el viento fresco.
—Sí, será lo mejor.
Unimos nuestras manos y fuimos dentro de casa. Lo guié hacia la sala y ambos nos sentamos en el sofá completamente juntos. Pasó un brazo por mi media espalda y me atrajo hacia su cuerpo. No dudé en elevar mi rostro y pedirle a gritos que me besara.
—Necesitaba esto —susurré.
—¿Besos?
—Todo. Necesita amor, sentirme amada, saber que no estaba completamente sola. Te necesitaba a ti desde el principio.
—No estás sola amor.
—Exteriormente no pero… bueno no importa… solamente quería una razón para finalmente poderte decir cuanto te amo.

Lo besé con fuerza para distraerlo del tema que habíamos empezado a hablar. Por un segundo estuve a poco de cometer la mayor estupidez de mi vida y decirle que interiormente siempre me he sentido sola, desesperadamente sola y dañada por todo lo que sucedió en mi adolescencia.
No me sentía capaz de contarle esa historia. Le diría todo, menos eso. Er aun secreto que quería guardar para mí todo el tiempo que pudiera, porque si él se enteraba de la verdad me odiaría para siempre.
Quise llorar en ese momento. Parpadeé con energía y disipé las lágrimas de mis ojos. Disfrutaría de este momento con él, me aferraría a esta noche porque no sabía cuánto tiempo duraría mi sueño con él.

Mi estómago se contraía, haciéndome sentir unas graciosas cosquillas en mi vientre. No podía separarme de él ni por unos pocos segundos. Un frenesí devorador se apoderó de mí y por un momento quise arrancar nuestra ropa para poder adorarlo completamente, sintiendo su piel caliente adhiriéndose a la mía. Acaricié su duro abdomen cubierto por su camisa y jugueteé con los botones de esta sin llegar a desabrocharlos. Me separé con rudeza de sus labios, sintiendo que un deseo descontrolado se apoderaba de mí. Quise obviarlo y dejarlo en el fondo de mi cuerpo, pero no pude. Regresó a mí con más fuerza cuando vi sus labios hinchados y sus verdes ojos perforarme con la misma mirada de deseo que yo poseía.

No podía desearlo, no podía entregarme a él en este preciso momento. Hacerlo sólo empeoraría las cosas haciendo que mi sueño junto a él se rompiera mucho más rápido. Si lo dejaba seguir adelante se daría cuenta de que era negada para eso y añadir otra lista a mi grupo de defectos conseguiría que me dijera adiós y no volviera a acordarse de mí.
Enterré mi rostro en su cuello y respiré con dificultad, intentando razonar y convenciéndome de que no era el momento de desear hacer el amor con él.
Respiré hondamente y cuando ya estaba casi convencida él me atrajo hacia sus labios, besándome con pasión mientras acariciaba mis caderas y mi baja espalda. Gemí sin poder evitarlo y mi cuerpo se apegó al suyo casi por inercia.

Me sentía morir por dentro de deseo. Amaba a Edward Cullen tanto como lo deseaba y lo único que quería ahora era dejarme envolver por sus brazos durante toda la noche. Me quería sentir amada y deseada por el hombre de mis sueños. Quería que me hiciera sentir mujer después de tanto tiempo. Anhelaba hacer el amor con Edward pero a la vez me aterraba la idea de cometer algún error que hiciera que él se arrepintiera de sus decisiones. También temía no poder cumplir sus expectativas, no ser lo suficientemente buena para él porque ya de antemano sabía que era un verdadero desastre en ese ámbito.
Hace mucho que no estaba de esa forma tan intima con nadie y la última vez fue la más desagradable de mi vida. Salí herida y dolida de esa vez. Si volvía a fallar como mujer quedaría completamente destrozada.

Acarició los costados de mi cuerpo con cautela. Sus dedos quemaron mi piel e hirvieron mi sangre hasta llegar a mi corazón que bombeó sangre con energía y mi cerebro me gritó que me dejara llevar y disfrutara del momento.
Sentí su cuerpo inclinándose levemente hacia mí y me sentí aterrada, llena de pánico. En un extraño movimiento me separé de él y me puse de pie mientras sonreí con vergüenza.
—Traeré algo de beber. —Anuncié antes de salir prácticamente corriendo de la sala hacia la cocina. Saqué dos sodas de la nevera y, cuando quise regresar, no me sentí con la fuerza necesaria. Apoyé mis manos en el borde de la encimera y respiré todo lo hondo que daban mis pulmones mientras mantenía mi cabeza baja.

“Puedo hacer esto.
Puedo hacerlo.
Lo haré.
Soy capaz de hacerlo.
Solamente tengo que ir donde está y dejarme llevar.
Puedo hacerlo.
Ha pasado mucho tiempo y tan sólo tengo que dejar que él me guie.
Puedo hacerlo.
Puedo.
Sí, sí puedo hacerlo.”
Me separé de la encimera, cogí las sodas y fui a la sala de nuevo.

—¿Está todo bien?
—S-sí. Sólo quería algo de beber.
Le entregué la lata y el la cogió a la par que agarraba mi mano y jalaba de mi cuerpo hacia él. Me tensé por unos segundos pero luego intenté dejarme llevar.
—Estás más hermosa que nunca esta noche.
—Gra-gracias. —Bebí de mi lata y aproveché ese tiempo para desviar la vista de él y poder centrarme. Respiré hondamente y volví con mi mantra. “Puedo hacerlo”.
Quitó la lata de mis manos y la dejó junto a la suya en la mesita que había frente a nosotros.
—Eres muy hermosa Bella —dejó un pico en mis labios—, te deseo tanto.
Me sentí morir con sus palabras. Mi cuerpo tembló.

—Y-yo también lo hago. —Tartamudeé.
—Te amo —susurró mientras me besaba.
—También te amo.
Siguió repitiendo las mismas palabras mientras continuaba besándome y mágicamente sentí como me relajaba y como mis nervios se disipaban poco a poco. Sonreí sobre su boca y acaricié sus mejillas.
Siguió uniendo nuestros labios en un demandante beso, mordió levemente mi labio inferior y lo succionó de una manera sumamente placentera. Entreabrí mis labios dándole permiso a su lengua. La punta de su lengua hizo contacto con la mía en un acto exquisito. El sabor de su saliva era sublime. Acarició mi lengua con la suya y las dos se batieron en un duelo, sabíamos que ninguno ganaría pero no por eso nos detuvimos.

—Eres mi perdición —susurró cerca de mi oído y yo sólo pude suspirar como contestación. Las palabras se habían quedado atascadas en mi garganta.
Llevó sus labios a mi cuello y dejó suaves besos por toda su extensión. Gemí en su oído y eso le provocó una especie de frenesí incontrolable ya que empezó a succionar mi cuello cual vampiro. Elevé más mi cuello para darle un acceso más fácil, sus labios se entreabrieron y sus dientes rozaron mi sensible piel. Me estremecí en el acto. Sus labios se posaron en un nuevo lugar de mi cuello, más precisamente en el lado izquierdo. Volvió a rozar sus dientes en él y a succionar mi marmórea piel. Estaba convencida de que me dejaría una marca ahí mas no me importó, quería que dejara su marca en mí, quería saber que todo esto era real y no un juego creado por mi traicionera mente. Succionó por un par de minutos más. Suspiros abandonaban mis labios, mi aliento chocaba en su mejilla y mis manos estaban aferradas a sus hombros.

Ya no me sentía tan nerviosa como al principio. Quería dejarme amar por él y encontré que si me relajaba y me dejaba llevar no era tan difícil. Él me amaba y no haría nada que me hiciera sentir incómoda. Le diría como me sentía a cada momento y así él no cometería ningún error conmigo.
—Quiero hacerte mía —pronunció y yo me deshice en mi sitio.
—Pu-puedes hacerlo —dije entrecortadamente.
—No aquí —contestó mirando el lugar—, quiero que sea algo especial y memorable para los dos, siempre y cuando tú también quieras. —Me sonrió de forma dulce y alentadora.
—Cla-claro que quiero, lo-lo deseo. Mi habitación. —Pronuncié.
—Como mande bella dama. —Me sonrió ladinamente.

En un rápido movimiento que no vi venir me cogió por la cintura y me elevó, por inercia apreté fuertemente mis piernas alrededor de su cintura, teniendo cuidado de no clavarle mis altos tacones, y mis brazos en su cuello. Le indiqué como llegar a mi dormitorio y el siguió mis indicaciones rápidamente, no dejó de besarme en todo el trayecto y yo se lo agradecí silenciosamente.
Me sentía nerviosa y emocionada. Parecía una chiquilla adolescente antes de su primera vez. En un rápido movimiento abrió la puerta y cuando estuvo dentro la cerró apoyándose en ella.
Se acercó a la cama y en un tierno movimiento me tumbó sobre ella, se colocó encima de mi cuerpo y apoyó los codos en la cama para que yo no soportara nada de su peso. Me miró de forma dulce y enigmática, le sonreí tiernamente y uní mis labios a los suyos en un lento beso.

Besó nuevamente mi cuello con adoración, de ahora en adelante sabía cual era mi punto sensible, el que me hacía estremecer y derretirme en sus brazos.
Acaricié toda su espalda en suaves caricias y pasé mis uñas por sus hombros. Edward no dejaba de besar mi cuello y de susurrar lindas palabras en mi oído en imperceptibles sonidos.
Lamí el lóbulo de su oreja y gimió suavemente, pasé mi lengua por su cuello y me maravillé con la suave piel que poseía, habían unos rastros de su exquisita colonia que mezclada con su propio aroma me enloquecían.
Descendió por mi cuerpo, abandonó mi cuello y besó mi clavícula, fue bajando en un torturador y lento ritmo hacia mis pechos.

Elevó su rostro y besó mi hombro, mi clavícula y la piel descubierta que dejaba el vestido libre de tela.
Su peso cayó más sobre mi cuerpo y yo me sentí mucho más protegida y amada con él completamente sobre mí.
Su mano descendió, acarició el lateral derecho de mi cuerpo y se posó en mi muslo desnudo. Lo rozó con sus dedos en movimientos ascendentes y descendentes y poco a poco su mano se coló por el dobladillo del vestido, elevándolo en el proceso. Su mano estaba  ahora en la cima de mis muslos y el vestido descansaba prácticamente en mis caderas.
Siguió acariciando mi muslo derecho mientras su boca daba besos en mi piel descubierta y en mis labios. Volvió a elevar el vestido, lo sentí desnudarme y me atemoricé.

—Edward espera... —le dije insegura.
—¿Qué sucede?
—Tengo que pedirte algo —hablé temerosa.
—Si quieres que me detenga porque no estás preparada dímelo, no me enfadaré. —Me sonrió y yo me estremecí.
—No, no es eso. Quiero hacer esto.
—¿Entonces qué sucede?
—Qui-quiero que apagues la luz. —Dije por fin rápidamente, me había costado más de lo que pensé.

—¿Perdón? —Preguntó con la duda impresa en su rostro.
—Por favor sólo hazlo. —Mi voz salió como un maullido estrangulado. Sentía mis manos temblar y mis ojos aguarse poco a poco a medida que hablaba.

—No, quiero que me digas porqué.
—Yo… yo te-tengo vergüenza. —Dije al fin. Estaba colorada y tiritaba.
—¿Por qué? —preguntó con la voz más calmada.
—Por mi cuerpo… Yo no soy bonita.
—Bella mírame. —Me dijo colocando sus manos en mis mejillas. Le hice caso.
—¿Tiene que ver esto que dices con tu pasado?
—No…
—No puedes mentirme —dijo firme.
—Es que yo… yo no soy buena en esto Edward. No sé cómo hacer las cosas bien para que tú… para que tú puedas disfrutarlo y además mi aspecto… —Una lágrima escapó de mis ojos.

—Bella… eres hermosa —dijo con tanto convencimiento que poco me faltó para creerle.
—No estoy ni cerca de serlo Edward.
—No quiero que digas esas cosas de ti misma. Mírate, eres lo que siempre soñé, la mujer de mi vida, la única a la que he amado tan intensamente.
—Pe-pero aún así… No creo que esté preparada. No quiero arruinar las cosas y sé que si seguimos con esto lo haré, lo estropearé todo.
—¿Por qué estás tan convencida?
—Lo sé, simplemente lo sé. —La voz de mi horrible pasado me atosigó, diciéndome que no valía nada, que no servía ni para darle placer a un hombre, que nadie amaría a una mujer frígida como yo. 

—Podemos detenernos amor, cuando quieras. Pero no me gusta que te desprecies tanto, que pienses eso de ti. Eres hermosa por dentro y por fuera. Déjame a mí juzgar si me complace o no lo que haces.
—¿Y si no soy capaz de hacerlo?
—Sin prejuicios cariño. Si de verdad quieres déjate llevar y verás como con amor todo es muy diferente. —Lloré con más fuerza.
—¿Por qué haces esto?
—¿Hacer qué?
—Hacer que siempre me sienta bien, como una mujer hermosa, que me sienta cómoda y sin complejos a tu lado.
—Porque te amo y sólo te digo la verdad. Adoro todo de ti, me enamoré de la mujer que eres. Sólo tienes que ser tú misma y aparcar todo lo que te hace tener dudas.

Asentí imperceptiblemente y jalé su rostro hacia el mío para poder besarlo. Le agradecí por sus palabras en ese beso, le trasmití todo lo que no podía pronunciar y ante todo mi agradecimiento y amor por él.
Correspondió mi beso con ímpetu y secó el rastro de mis lágrimas con sus pulgares, trasmitiéndome dulzura y confort. Cuando separó su rostro del mío le sonreí con dulzura y agradecimiento.
Volví a asentir cuando sus manos volvieron a mis muslos y con precaución elevaron el dobladillo de mi vestido. Lo elevó hasta dejarlo a la altura de mi ombligo. Acaricié sus brazos en tensión y disfruté de sus músculos. Elevé mi cuerpo un poco y así pudo continuar subiendo mi vestido hasta que finalmente elevé los brazos y lo sacó completamente de mi cuerpo. Me estremecí cuando su mirada cayó en mi cuerpo sólo cubierto por lencería celeste.

“—Tonta Bella, ni siquiera tu cuerpo logra excitarme. Tengo que hacer un verdadero esfuerzo cuando te miro.”
Su voz volvió a avasallar mi mente y automáticamente llevé mis manos hacia mi cuerpo tapando cuanto alcanza. Cerré los ojos con fuerza y me estremecí bajo su cuerpo.
—¿Bella?
—Si-si quieres que continué por favor… por favor te lo pido, apaga la luz. —Sollocé.
—Si pudieras mirarte como te veo yo amor, si quitaras la venda de tus ojos y observaras tu figura como realmente es… Me tienes maravillado. Eres preciosa. Adoro cada parte de ti. —Acarició mi vientre, mis caderas y levemente mis muslos.
Quise decirle que no me mintiera para hacerme sentir bien pero entonces presionó sus dedos en mis pechos, en mis pezones erguidos y mi columna se curveó, elevándome hacia él.

—Me matas con esto. —Acarició el encaje de mi sujetador y la tela semitransparente—. Compruébalo por ti mismo Bella, tócame. Ardo de deseo por ti.
Mis manos inseguras fueron hacia su pecho, abrí un par de botones y colé mis dedos por la prenda para acariciar su piel. Gemí cuando la sentí suave y tibia bajo mi tacto. Él se estremeció y yo retiré los dedos rápidamente.
—Tu piel es tan suave…
—No tanto como la tuya. —Su mano fue hacia la zona bajo mis pechos, descendió por mi vientre y se detuvo en la parte superficial de mi pubis.
Su rostro volvió a mi cuello y besó toda su extensión mientras sus manos iban detrás de mi espalda.
—Dime si esto es superior a ti. —Acarició mi columna y sentí como desabrochó los corchetes de mi sujetador. La prenda saltó y él la retiró con completo cuidado.

—Ed-Edward… —Gemí cuando sus dedos acariciaron mis pezones completamente rígidos. Se apoyó en sus antebrazos, haciendo que nuestros sexos cubiertos se rozaran. Gemí más fuerte al sentir su excitación y por un momento me olvidé de todo. De mis complejos, mis prejuicios y mis negativos pensamientos.
Me mecí contra él y enrosqué una pierna en su cadera. Reí cuando su rostro se contrajo al sentir mi tacón en su trasero.
—Pretendes aniquilarme con esas armas mortales.
Quise contestar pero mis palabras murieron en mitad de mi garganta cuando sus labios se posaron en la mitad de mis pechos. Su cabeza se movió hacia la derecha y atrapó entre sus labios mi sensible pezón. Jadeé hondamente y me entregué al placer que me otorgaba.
Acaricié su espalda y me mecí contra su cuerpo.

Desabotoné el resto de su camisa y me ayudó a quitarla de su cuerpo. Me deleité con su piel marmórea y con su trabajado abdomen. Acaricié cuanto pude y suspiré con satisfacción cuando él jadeó hondamente.
Sentí un cosquilleo entre mis piernas y mi excitación aumentando peligrosamente rápido. Durante ese tiempo me olvidé por completo de que estaba prácticamente desnuda ante sus ojos.
Dejé de ser persona en cuanto sentí sus labios besar mis pechos. Atrapó el otro pezón entre sus labios y lo succionó cuidadosamente. Me sentí desfallecer ante las fuertes sensaciones. Mordisqueó, lamió, chupó y succionó cada uno de mis pezones, llevándome por poco a la locura. Gemí descontroladamente y acaricié su espalda frenética. Temí hacerle daño con mis uñas, aunque él jamás se quejó. 

Llevé mis manos hacia su cinturón y lo desaté con movimientos inseguros. Hice lo mismo con el botón de su pantalón y él me ayudó a quitárselo por completo. Una gran exhalación escapó de mis labios cuando lo vi solamente con bóxers negros y la muy clara excitación debajo de esa prenda.
Descendió por mi cuerpo dando suaves mordiscos. Primero mis pechos, luego mis costados, las caderas y los muslos.
Temblé cuando sus manos fueron hacia la cinturilla de mis bragas y poco a poco las fue bajando hasta que las quitó completamente de mí. Aferré la manta bajo mis manos para resistir el impulso que tuve de tapar mi sexo expuesto.
—¿Está todo bien? —Preguntó con dulzura al ver que yo estaba prácticamente aguantando la respiración. Mi rostro se sonrojó furiosamente y me obligué a mirarlo para que no siguiera preocupándose.
—Ss-íí.

Sonrió y se posó para darme un profundo beso que me robó todo el aliento.
—Eres perfecta. Esto sólo hace que te ame mucho más.
—Gracias. —Suspiré mientras susurraba.
—Me ocuparé de esto. —Se sentó sobre sus talones y atrajo mis pies hacia él para quitar mis altos zapatos—. Ahora mejor. —Masajeó mis pies haciendo que me relajara por completo.
Me senté en la cama y lo atraje hacia mi cuerpo por los hombros. Besó mi rostro, mi cuello y mis pechos mientras yo me deshacía bajo su cuerpo. Restregué mi sexo necesitado contra el bulto entre sus piernas. Necesitaba aliviar la necesidad que había en mi intimidad porque comenzaba a tornarse dolorosa.
Como si hubiera leído mis pensamientos llevó sus dedos hacia la cima de mi pubis para poco a poco ir descendiendo por el centro de mi cuerpo. Acarició mi sexo con maestría e introdujo con cuidado sus dedos dentro de mí.

Grité cuando mi clítoris fue castigado con su pulgar y me removí bajo su cuerpo.
—Lo ves nena, nada importa ahora, el pasado es el pasado y sólo tienes que preocuparte por relajarte y disfrutarlo. Yo soy feliz si tú lo eres.
—Mm-ee haces feliz Edward… ¡Oh!
Mi vientre se contrajo con fuerza. Apreté la manta bajo mi mano nuevamente y sentí una bola de fuego en mi bajo vientre.
—Te ves completamente perfecta así amor, excitada, olvidándote del mundo y entregándote al placer.
Sus dedos me llevaron al cielo mientras mi cuerpo se movía como si tuviera vida propia. Grité su nombre con fuerza y una maldición mientras sentía la humedad explotar entre mis piernas y una sensación de alivio, placer y desenfreno estallando dentro de mi cuerpo. Cuando mi orgasmo pasó me dejé caer en la cama completamente relajada y laxa. Sólo me faltaba ver estrellas a mi alrededor.

—Esto… ha sido realmente increíble.
Me sonrió con picardía y me besó con fuerza.
—Sólo tienes que tener confianza en ti misma y dejar que te ame.
—Siento el ridículo de antes.
—Ningún ridículo cielo. Todos tenemos derecho de tener nuestras inseguridades.
—Eres la primera persona que logra convencerme.
—Ha sido fácil. —Sonrió con arrogancia y pasó levemente sus dedos por mi clítoris, haciéndome contraer mi estómago.
—Nunca imaginé que fuera así.
—¿El qué?
—Ser tocada… emmm bueno… ahí.
—Nunca nadie te había… —Negué con la cabeza—. ¿Cómo es posible?
—El hombre que estuvo conmigo… Emmm… dijo que le resultaba muy desagradable.

Mi voz se fue apagando cada vez que decía una nueva palabra.
Recordé como había dicho que jamás tocaría o besaría esa parte de mí porque en mí le parecía muy repugnante.
Moví mi cabeza para disipar los pensamientos.
—Fue un verdadero idiota. —Edward hizo algo que me dejó completamente alucinada. Bajó su cabeza y depositó un par de besos en mi zona íntima. Enloquecí en ese momento.
—Oh dios…
—Sí, debió ser un verdadero idiota por querer perderse esta parte de ti.
—No, no hace falta que lo hagas si no quieres…
—Créeme amor, quiero adorar cada parte de tu cuerpo.
—¡Oh! Es-está bien. —Me removí bajo su cuerpo y temblé cuando sentí el nudo en mi estómago crecer y girar con fuerza. Jalé de su cabello cuando lamió mi sensible zona y grité hondamente cuando llegué a la cima de nuevo.

—Te amo más ahora. —Reí.
—Yo te amo más a cada momento.
Se tumbó sobre mí y el bulto en sus bóxers chocó contra mi bajo vientre. No estaba siendo justa dejando que sólo él me diera placer y olvidándome por completo de sus necesidades.
Bajé mi mano temblorosa, la colé entre nuestros cuerpos y toqué su miembro excitado. Gimió en mis labios y eso ayudó a que continuara con mi cometido. Apreté su erección entre mi mano maravillándome de las pícaras sensaciones que sentí. Sus caderas se movieron y su sexo se movió en mi mano. Bajé un poco la prenda y colé mis dedos dentro de ella para tocar su carne sin restricciones. Lo miré fijamente jadear y suspirar cuando toqué su sexo duro y excitado únicamente por mí.
Me maravillé y cualquier inhibición se quitó de mi cuerpo.

—Quítatelo, ahora. —Demandé intentando bajar sus bóxers. Rio en mis labios y con sus piernas terminó de bajar la prenda. Su sexo chocó libre contra mi vientre y yo no dudé en seguir acariciándolo en movimientos ascendentes y descendentes.
—Me estás matando. —Su rostro cayó oculto en mis pechos y chillé cuando mordisqueó mis pezones.
Seguí movimiento mi mano, deleitándome con la grandeza y suavidad de su miembro erecto, aunque disfrutaba más de ver su rostro contraído por el placer.
—Detente. —Dijo firme y me quedé paralizada en mi sitio—. Si continuas así terminaré antes de siquiera disfrutarte por completo.
—¿Es-estaba haciéndolo mal?
—Claro que no —besó mis labios—, pero necesito estar en ti, ahora.
Sonreí con alivio y le di pase libre abriendo más mis piernas para él.

—¿Estás lista?
—Completamente.
Cogió su sexo entre su mano derecha y lo guió hacia la entrada de mi feminidad. Jadeé cuando la punta de su glande chocó en mi clítoris, haciéndome agonizar.
Introdujo con lentitud se sexo en mí, haciéndome jadear y gemir a medida que avanzaba. Se sentía completamente maravilloso.
Dio una estocada más y quedó por completo en mi interior. Ambos gruñimos con pasión. Enredé mis piernas alrededor de su cadera, atrayéndolo hacia mí, y él comenzó a moverse con fuerza y frenesí.
Los dedos de mis pies se curvaron por todo el placer que sentí en ese mismo momento. Mi mano bajó hasta su baja espalda acariciando cuanto podía mientras sentía su cuerpo moverse sobre mí. Su brazo se estiró y cogió una de mis manos colocándola encima de mi cabeza mientras apretaba nuestros dedos juntos, trasmitiéndome el placer y poder que tenía sobre mí.

Me olvidé del mundo cuando sentí su sexo avasallar completamente el mío, llenándolo en su totalidad.
Me aferré a él como si mi vida dependiera de ello y gemí todo lo profundo que mi garganta lo permitía.
Recordé entonces como fue mi primera vez y lo mal que realmente lo había pasado. La segunda no fue diferente a la primera. Pensaba que había amor en ese momento, pero jamás lo hubo. Sólo era un acto primitivo que sació las ganas de él y que a mí me dejó dolida y herida tanto física como emocionalmente. En cambio ahora lo disfrutaba de verdad. El placer me envolvía con una fuerza que me obligaba a gritar para liberar todo lo que había dentro de mí. Lo quería todo de Edward. Quería su esencia tatuada en mi piel, su sexo lo más profundo en mí y sus labios unidos a los míos como si fuera la última vez que volviéramos a poder besarnos. Me aferré a su cuerpo con brazos y piernas mientras él entraba y salía de mi cuerpo.

—Oh Edward… Esto es increíble.
Gruñí cuando mi estómago se contrajo con violencia  por el placer. Mi espalda se curvó en un ángulo imposible y mi cuerpo sudoroso quedó adherido al de Edward.
Sus incursiones en mi cuerpo me dejaron desmadejada en la cama pero pidiendo por más, siempre por más. Quería sentirlo tan profundo como pudiera, tan dentro de mi cuerpo que jamás olvidaría que estuvo ahí. Era completamente suya, esta noche más que nunca. Le entregaba mi cuerpo y mi alma en un acto de amor que me hizo querer gritar por el desenfreno que había dentro de mí.
—Sí Bella… así. —Pronunció cuando moví mis caderas a su ritmo y aruñé su espalda. La bola en mi estómago creció tanto que no pude controlarla.

—¡Te amo! —Le grité sin inhibiciones cuando explotó en mi vientre, bajó a mi sexo y culminó con un orgasmo mortal que me dejó sin respiración.
Él siguió dando un par de estocadas más hasta que lo sentí temblar entre mis brazos, sacudirse y finalmente venirse dentro de mí.
—Te amo amor. —Susurró mientras gemía y jadeaba en busca de oxígeno.
Culminó sobre mi cuerpo y yo me aferré a él como un parásito. Lo abracé con brazos y piernas y busqué sus labios a ciegas. Nos besamos por largos minutos hasta que él decidió salir de mí y moverse a un lado en la cama. Me atrajo hacia él y yo descansé mi cabeza en sus pectorales.
Una sonrisa radiante bailaba en mis labios, imposible de ocultar y siendo sinónimos de mi alegría y felicidad.
—Realmente mereció la pena olvidarme de todo y dejarme llevar por ti.
—El truco está en meter el amor de por medio, con él todo es perfecto.

Asentí ante sus palabras y abaniqué mi rostro rojo y sudoroso por el esfuerzo.
—Eres el mejor. —Susurré avergonzada.
—Tú sacas esa faceta de mí.
Me pegó más a su cuerpo y nos cubrió con la fina manta que tapaba la cama.
—Estoy agotada.
—Descansa amor, es hora de descansar.
Besó mi frente y yo me dormí soñando con el momento perfecto que acabábamos de compartir y con su sonrisa como último recuerdo.
Dormí profundamente hasta que sentí su mano envolverse alrededor de mi cadera y su cuerpo apegarse al mío por detrás. Sentí su sexo clavarse en mi trasero y no pude evitar gimotear. Me giré y lo encontré dormido. Me restregué contra él con cuidado, sintiendo una necesidad alarmante en mi cuerpo. 

—Si sigues haciendo eso me olvidaré de que estás agotada y te tomaré otra vez ahora mismo. —Me sobresalté un poco ante sus palabras pero seguí moviendo mi trasero contra su sexo.
—No me importaría para nada…
Chillé cuando agarró mis caderas y me colocó sobre su cuerpo. Besó mis labios mientras me colocaba en la posición correcta y se introducía en mí en un solo movimiento que me hizo aullar de placer.
Supliqué sin vergüenza alguna por sus carias y gimoteé cuando el placer me embargó con fuerza.
—Eres toda mía. —Pronunció.
—Lo soy, siempre, sólo tuya.
Colapsamos en un nuevo orgasmo que nos hizo dormir plácidamente durante toda la noche.

Sonó el despertador temprano y me maldije por no haberlo apagado anoche. Hoy era domingo y lo que menos me apetecía era madrugar. El tiempo de espera que me concedía la máquina se terminó y dejó la habitación en silencio, sabía que en cinco minutos más volvería a sonar.
Fragmentos de mi fabuloso sueño abordaban mi mente. Sonreí idiotizada y me sonrojé por todo lo que mi mente pudo llegar a crear y por todas las cosas perversas con las que fantaseé ayer en las que Edward era el completo protagonista.
Gruñí con fastidio y me dieron ganas de llorar cuando me recordé que sólo había sido eso, un simple sueño. Me enfadé con mi propia mente por crear sueños tan perfectos que sólo me hacían anhelar más el amor imposible de Edward.

La desilusión me embargó con potencia a pesar de que sentía una gran felicidad y relajación dentro de mi cuerpo. Aunque al fin y al cabo estaba agradecida, sueño o no, mentira o realidad lo había vivido, era mío y nadie me quitaría la ilusión de imaginarme que era real.
Pasados los cinco minutos exactos volvió a sonar haciendo que me enfadara más conmigo misma. Estaba boca bajada así que estiré mi brazo hacia la mesilla y le di al botón de la maquinita que tanto odiaba en este momento, sintiendo que me echaría a llorar en cuestión de segundos.
Odiaba los sueños y más lo que eran como este, porque sólo me hacían anhelar con más fuerza el fruto que tenía prohibido desde siempre.




Hello people! :)
¿Cómo les va?
Siento la demora y espero el capítulo les compense la espera.
Espero les guste y deseo que haya quedado todo lo tierno que puede, no quería un lemmon brusco. Busco la ternura y amor en un acto tan importante entre dos personas y más cuando es la primera vez que se aman.

Las quiero, gracias a todas aquellas que me leen y comentan, saben que las aprecio mucho, también a las que leen y no comentan, pero anímense, así esto será más divertido :)
Muerdi-Kisses.
By: Crazy Cullen.

PD: Recuerden que por nada del mudo voy a dejar mis historias a medias. Sé que soy una tardona empedernida, pero en serio, no las dejaré con una historia sin completar, jamás me lo perdonaría. :)

2 comentarios:

  1. Un lemmon impresionante cariño, wow, mira que caliente que se me puso mi chica, jajajaj, bueno sabiendo como escribo yo te imaginaras que este capitulo me encanto , jajajajaja pero eso de que me dejes con la intriga de si era un sueño o o no lo soporto, eres malvada, y creo que si el sueño lo contaba Edward, no podia ser un sueño, seguro que cuando fuese a voltearse se le encuentra con ella en la cama, ¿a que si? jajajajajaj
    unbeso mi amor y esprando el siguiente
    te adoro mi niña bella
    Irene

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  2. Hola!
    Caray chica, eres una maestra escribiendo lemmon, y si este es el primero, ni quiero imaginar cuando te sueltes con ellos y los manejes libremente!!

    Espero que pases una feliz navidad en compañía de tus seres queridos, y la alegría llene tu hogar!

    Besos!!

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