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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

jueves, 30 de diciembre de 2010

Capítulo 14: Dulce amor


Capítulo 14: Dulce amor


Pov Bella:
<< La desilusión me embargó con potencia a pesar de que sentía una gran felicidad y relajación dentro de mi cuerpo. Aunque al fin y al cabo estaba agradecida, sueño o no, mentira o realidad lo había vivido, era mío y nadie me quitaría la ilusión de imaginarme que era real.
Pasados los cinco minutos exactos volvió a sonar haciendo que me enfadara más conmigo misma. Estaba boca bajada así que estiré mi brazo hacia la mesilla y le di al botón de la maquinita que tanto odiaba en este momento, sintiendo que me echaría a llorar en cuestión de segundos.
Odiaba los sueños y más lo que eran como este, porque sólo me hacían anhelar con más fuerza el fruto que tenía prohibido desde siempre. >>

Suspiré frustrada y aún algo desorientada porque todavía tenía sueño pero sentía que no podría volver a dormir. Decidí levantarme, hacer café y después, tal vez, salir a hacer algo de ejercicio. Me vendría bien el aire fresco de la mañana para ayudar a despejar mi mente y olvidar mis tontas fantasías que jamás se harían realidad. Giré y me desperecé con ímpetu porque sentía mis músculos totalmente laxos y sin vida. Bostecé con rabia y cuando estiré mis brazos uno de ellos, el derecho para ser precisa, chocó contra algo en mi cama o más bien contra alguien. Me paralicé en mi sitio y, al estar en completo silencio, escuché claramente una acompasada respiración. Giré mi cabeza con miedo de lo que podía encontrarme y chillé con todas mis fuerzas cuando me recibió el dormido rostro de Edward. 
Él se sobresaltó por mi fuerte grito y se removió bajo las sábanas de una manera graciosa hasta que logró enfocarse y sentarse en la cama.
—¡¿Qué sucede?! —Me miró alarmado y yo me quedé petrificada en mi sitio, mirándolo como si tuviera dos cabezas y con los ojos desorbitados.
Estiré mi brazo con miedo y dejé que mi temblorosa mano tocara su hombro mientras él seguía mis movimientos con sus ojos.
—¿E-Ed-Edward? —Pregunté sin poder creérmelo aún.
¿Había sido todo verdad y no un sueño?
—Buenos días para ti también amor. —Su voz estaba adormilada y perezosa.
—¿Tú?, ¿qu-qué haces aquí? —Pregunté incoherentemente sin saber qué decir con exactitud.
Sus ojos se entrecerraron con incredulidad.
—¿Qué se supone que esperabas Bella?, ¿que me hubiera ido antes de que despertaras?
Apartó con furia las sábanas de su cuerpo y se levantó con movimientos bruscos y torpes. Recogió de alguna parte del dormitorio sus pantalones y se los puso tan rápido que no me dio tiempo ni siquiera a parpadear dos veces. Me había quedado embelesada mirando su anatomía desnuda.
—¿Qué-é pasó?
La sábana resbaló por mi cuerpo y me apresuré en coger los extremos para poder tapar mi cuerpo, el cual acababa de descubrir que tampoco poseía ninguna prenda encima.
—¿En realidad vas a fingir que no sabes lo que pasó? —Noté el claro dolor en sus palabras y parpadeé más fuerte para poder ubicarme correctamente.
Observé mi habitación como si me encontrara en algún sitio extraño hasta que mis ojos chocaron con su furiosa mirada.
—Sabes qué, olvídalo.
Mis neuronas funcionaron como los microscópicos mecanismos que eran, transportando raciocinio a mi cerebro y estampando todos los recuerdos de la noche en cuestión de nanosegundos.
—¡No, espera! —Me puse de rodillas y con una mano sujeté la sábana y con otra su mano antes de que se girara hacia la puerta—. Espera por favor… —Susurré cuando logré finalmente concentrarme en lo estúpida que me veía.
—Esto no tiene sentido si ni siquiera logras recordarme. —Intentó soltar su mano de la mía y yo la apreté con toda la fuerza que podía.
—No lo he olvidado.
—Lo has hecho.
—¡No! —Casi chillé con voz rota—. Nunca podría olvidarte.
Jalé un poco más su mano hacia mí.
—Dejemos esto aquí Bella. Si quieres fingir que nada pasó yo me resignaré y te seguiré en la mentira, pero no juegues con mis sentimientos hacia ti.
—No, no… No puedes marcharte, por favor. —Supliqué acercándome mucho más a él, hasta que estuve prácticamente pegada a su cuerpo. Mis ojos chocaban con la cima de sus pectorales y tuve que elevar la cabeza para poder observarlo bien.
—¿De qué servirá que me quede?, ¿quieres que sigamos fingiendo que nada pasó?, ¿que sólo querías pasar una noche conmigo y luego olvidarme como si no sirviera nada?
El dolor y la traición se mezclaban en sus palabras. Siempre arruinaba todo. Me maldije por eso.
—No te he olvidado, no estoy jugando contigo… Yo… Yo sólo… Estaba desorientada al principio y pensaba que todo había sido un sueño. Yo-yo siempre he tenido sueños contigo, fantasías, y pensé que esta era otra más.
Me miró por largos segundos, imagino que sopesando mis palabras.
No soporté sus ojos en mí y agaché la mirada, resignándome a que ya no me creería e intentado ser fuerte para no detenerlo cuando se fuera, porque todo había sido culpa mía y de mi estupidez.
—Bella mírame. —Su voz fue más comprensiva esta vez.
—No. No quiero ver como te marchas porque yo lo he arruinado todo, siempre lo arruino todo. An-antes de que te vayas só-sólo recuerda que te amo y que fui una idiota por todo lo que dije.
No pude evitar llorar, sintiendo como mi corazón se contraía por haber perdido la única persona que realmente amaba.
—No voy a irme.
Sus dedos se posaron en mi barbilla y elevó mi cabeza para que nuestras miradas se enfrentaran.
—No llores. —Sus dedos limpiaron el rastro de lágrimas en mis mejillas.
—Siempre arruino lo mejor que tengo. —Quise apartarme de su toque porque necesitaba derrumbarme en ese preciso momento.
—No, yo te malinterpreté.
—Es normal que lo hicieras.
—Tan sólo pensé que habías olvidado todo, o en el peor de los caos que querías olvidarlo y hacer como si nada hubiera pasado. No soportaría tu indiferencia.
—Jamás olvidaría la noche más maravillosa de mi vida y tampoco fingiría que nunca sucedió. Sólo… estuve confusa al principio y no pude enfocarme bien. Lo siento, ¿podrás perdonarme?
—No tengo nada que perdonarte. Un error puede cometerlo cualquiera. —Sonrió.
—¿Aún quieres marcharte? —Pregunté temerosa.
Me miró con dulzura y negó con la cabeza.
—No tendría la valentía suficiente para dejarte nunca.
Enrolló sus brazos en mi baja espalda y me atrajo hacia él. Me enganché a su cuerpo con brazos y piernas sabiendo que mi vida dependía de él. Escondí mi cabeza en su cuello y no pude evitar seguir sollozando.
Acarició mi espalda cubierta malamente por la sábana.
—No llores.
—Creí que te había perdido. Que realmente te irías por mi estupidez.
—Shh… Olvidemos este momento. Ya no importa. Ahora sé que fue una equivocación y te amo demasiado como para alejarme.
—Yo también te amo. —Apreté su espalda hacia mí y busqué a tientas sus labios y besé su boca con desesperación, sintiendo que mi alma volvía a su sitio y mi corazón latía con pasividad.
Sus labios se apretaron contra los míos con más ímpetu y sentí que estaba realmente en casa, en sus brazos, el lugar al que pertenecía desde siempre.
Nos besamos por tanto tiempo que la sangre abandonó mi cerebro.
Cuando necesitamos coger oxígeno para seguir sobreviviendo me bajó de su cuerpo y me colocó de pie frente a él. Me abracé a su cintura con toda la fuerza que pude, olvidándome por completo de que debía sujetar la sábana contra mi cuerpo. La consecuencia fue que me separé de él apenas unos centímetros y la sábana resbaló de mí con rapidez y en un único movimiento que no pude impedir.
—Mierda —susurré entre dientes.
Elevé mi rostro y me encontré con sus ojos fijos en mi desnudo cuerpo. Una oleada de vergüenza se estampó contra mí y me agaché con toda la rapidez que pude a por la sábana. Me tapé de mala manera y me negué a mirarlo. ¿Por qué era tan patosa?
—No te tapes. —Su voz fue tan sedosa que me derritió.
—Es vergonzoso.
—No lo es, para nada. Eres hermosa y yo quiero disfrutar de las preciosas curvas que posees.
En un movimiento que no vi venir jaló de la sábana hacia abajo, dejándome completamente desnuda y a su merced.
Cerré los ojos con fuerza mientras él acariciaba mis costados e intenté con toda gana no volver a taparme. Lo logré malamente porque no soportaba saber que él me estaba viendo con completa claridad. Me apreté contra su cuerpo todo lo que pude y escondí mi rostro en su pecho sintiendo mis mejillas arder.
—Te haré convencerte de lo preciosa que realmente eres.
—Te costará bastante. —Reí cuando pellizcó una de las mejillas de mi culo.
—Si te dieras cuenta de lo que provocas en mí estarías asustada. —Reí con más fuerza y picardía cuando sentí el bulto en sus pantalones.
—Intentaré acostumbrarme a mostrarme ante ti, ¿de acuerdo?
—No se trata de que te acostumbres, si no de que estés cómoda conmigo y de que tengas la suficiente confianza. 
—Sólo me costará un poco al principio, lu-luego será más fácil.
Me apretó contra sí casi hasta el dolor.
—Eres toda mía cielo y yo haré que veas lo fabulosa que eres y lo maravillosamente bien que te ves.
Me separó de su cuerpo y me observó como un león que asecha a su próxima presa. Me sentí como un indefenso cervatillo ante los faros de un coche. Temblé notoriamente y antes de que pudiera protestar él colocó su boca sobre la mía y nos fundió en un apasionado beso que me hizo delirar. Agarró mis caderas y con movimientos lentos nos aproximó hacia la cama. Logró colocar mi cuerpo sobre la blanda y desordenada superficie y se tumbó sobre mí. En rápidos movimientos que no predije se deshizo de sus pantalones y volvió a prestarme máxima atención. Logré relajarme completamente cuando sus manos se hicieron cargo de mi cuerpo y acariciaron cuanto podían. Me dejé llevar completamente por el placer que me otorgaba y me olvidé por completo de la vergüenza que sentía al estar sin ropa.
Nuevamente logró hacer que, al menos por un tiempo, me sintiera hermosa, que creyera que no había ninguna imperfección en mi cuerpo y que me sintiera segura, confiada y sobre todo amada junto a él.
Besó cada parte de mi cuerpo, adorando hasta el último centímetro de mí. Me besó con tanta pasión y amor que no dudé en corresponder, olvidarme de todo y darle hasta lo último que poseía. Me entregué tan fervientemente que hasta temí el poder que él tenía sobre mí. Lograba hacer que olvidara mis más fuertes convicciones con una sola caricia.
Alcanzamos un éxtasis tan profundo que creí que jamás volvería a ser la misma de siempre. Quería quedarme ahí junto a él, en ese lugar sagrado en el que sólo existía el placer, la lujuria y el amor incondicional.
Caí rendida en sus brazos, sintiendo mi cuerpo completamente desmadejado y mi corazón latir con tanta fuerza que terminaría dejando un cardenal en mi pecho. Era feliz, completamente feliz junto a él.

¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬
Abrí mis ojos con pereza y me desperecé en la cama con cuidado de no golpear el cuerpo de Edward. Al menos ahora era consciente de que él estaba ahí y de que todo lo sucedido entre nosotros no era un sueño traicionero.
Negué con la cabeza al recordar lo estúpida que fui con él y agradeciéndole a cuanto santo conocía por haberme dado la oportunidad de explicarle todo y que no se fuera creyendo que no significa nada para mí. Era mi vida completa.
Me giré con cuidado y observé su rostro tranquilo y sereno mientras dormía profundamente. Me acerqué un poco más a él y acaricié su brazo, sus pómulos y sus rosados labios. Amaba tanto sus labios, eran tan suaves.
Sonreí cuando murmuró alguna incoherencia y sus labios se curvaron en una preciosa sonrisa sincera. Me vi tentada de acercarme hacia él y besar levemente su boca para degustarlo un poco más. Cuando me encontré a centímetros de cometer mi imprudencia el timbre sonó con fuerza haciéndome saltar en la cama.
Elevé mi cuello y vi que el reloj apenas marcaba las nueve y treinta y tres de la mañana. Fruncí el ceño intentando descifrar quien podía ser tan temprano pero no caí en cuenta. Decidí levantarme precipitadamente cuando sonó con más fuerza, temiendo que Edward se levantara.
Mi nana debería estar ocupada o en el mercado y por eso no abría.
Me puse cualquier prenda del armario y bajé las escaleras velozmente.
—¿Quién es?
—Bella, es Alice. Ábreme.
—Voy, voy.
—Ya era hora, ¿qué estabas haciendo?
—Alice son las nueve de la mañana y es domingo, las personas normales duermen en días como estos.
—No seas vaguita. —La dejé pasar y nos dirigimos a la sala.
—¿Qué sucede? —Pregunté bostezando.
—Olvidé mi móvil aquí ayer.
—¿Tu móvil?
—Sí, debí dejarlo apoyado en algún lugar cuando estaba sacando las fotos. Acabo de darme cuenta. ¡No puedo vivir sin mi móvil! —Reí ante su cara de agonía.
—Tranquila, tranquila. Estará por algún rincón de la casa, más seguramente en el patio trasero. Vamos a buscarlo.
Asintió y me siguió sin rechistar.
—¿Puedes decirme que hace tu móvil debajo de la mesa y untado de nata?
—No lo sé. Tal vez simplemente se cayó.
—Eres un desastre.
Ambas reímos y volvimos a la sala después de haber rescatado al “bebé” de Alice.
Sabía que ahora se quedaría charlando por horas y yo realmente estaba nerviosa porque ella descubriera que había pasado la noche con Edward.
No creí que este fuera el momento oportuno para decírselo. No se lo ocultaría, ni a ella ni a nadie más, pero prefería decírselo a todos y estando Edward y yo juntos. Era una decisión de ambos al fin y al cabo.
—¿Tienes alguna prisa?
—¿yo?, ¿por qué?
—Estás inquieta y mirando todo como si no reconocieras tu propia casa.
—Oh no es nada, sólo… estoy cansada.
—Te pediría que me invitaras a tomar café pero veo que no me quieres aquí. —Dijo juguetona.
—Yo nunca dije eso.
—Nos conocemos hace mucho Bellita.
—No, mi único plan era regresar a la cama y seguir durmiendo.
Alice rio.
—Está bien, como quieras. Me iré y dejaré que invernes durante todo el día.
—Eres una exagerada.
—Nos veremos.
—De acuerdo—Escuché ruidos arriba y me paralicé.
—Estás muy extraña. —Entrecerró los ojos—. ¿Qué me ocultas?
—Nada, cómo crees. —Intenté sonreír pero desistí cuando supe que jamás lograría convencerla.
—Bueno, bueno, eso espero. Me voy ya. —Dio dos besos en mis mejillas y cuando quise hacer el baile del triunfo escuché una puerta cerrarse y pasos en las escaleras. Gruñí entre dientes y me preparé para el avasallamiento de Alice y sus cientos de reclamaciones.
—¿Bella?, ¿amor?, ¿dónde estás?
—¿Amor? —Alice se giró a encararme y yo le sonreí con culpabilidad.
—A-aquí. —Susurré.
—¿Con quién has pasado la noche?
Antes de que pudiera abrir mi boca para responder a la pregunta de Alice se escucharon más pasos y Edward apareció en la sala, vistiendo únicamente su pantalón. Estaba descalzo y con el pelo completamente alborotado, mostrando el frenesí que habíamos vivido tiempo atrás.
—¿Cari…? —Se paralizó en el resquicio de la puerta al ver a Alice a mi lado.
—¡Oh my God! —Alice chilló con efusividad y sus ojos alternaban entre él y yo.
—Ho-hola Alice. —Sonrió un poco cortado y me miró a mí fijamente. Yo tan sólo elevé los hombros y negué con la cabeza.
—Que calladito que lo teníais. —Su sonrisa era tan grande que deslumbraba.
—Nada de eso Alice, sólo llevamos juntos una noche. —Me sonrojé.
—¿Una noche?
—Sí, ¿por qué?
—Oh yo lo sabía, sabía que sería ayer en la noche. Nunca fallo, nunca, nunca. —Se rio tan fuertemente que hasta me dio miedo.
—¿Alice qué te pasa?
—Ellos van a alucinar, hasta lloraran.
—¿Quiénes?
—¿Lo sabe alguien más?
—Emmm… No. ¿Por qué?
—Oh por nada, no tiene importancia. —Tecleó algo en su móvil y volvió a sonreír.
—¿Cómo que no la tiene? Estás tú más feliz que nosotros.
—Tengo mis razones.
—¿Y cuáles son?
—No te adelantes a los acontecimientos querida.
—Alice... —Dije frustrada.
—Tranquila Bellita, pronto lo sabrás.
—Eso espero. —Me crucé de brazos.
—¡Me alegro tanto por vosotros! —En un movimiento extraño jaló de mi brazo hacia ella y fue hacia Edward, haciendo que las dos chocáramos contra él, quien se tambaleó un poco—. ¡Abrazo colectivo! —No pude evitar reírme y todos acabamos abrazándonos de una manera un tanto complicada mientras reíamos. Después ella se separó de nosotros y yo me pegué a Edward como una sanguijuela.
—Sois tan lindos.
Pasé mi brazo por su abdomen, intentando taparlo de la mirada de Alice de cierta forma.
—Gracias —dijo Edward.
—Eran tan sencillo, tan notorio. Yo ya lo intuía hace tanto tiempo.
—¿Cómo que lo intuías? —Preguntó.
—Edward… —lo riñó—, era tan sencillo. Ayer sentía que te faltaba poco para saltar encima de ella y llevártela en el hombro como si fueras Quasimodo, pero más guapo. —Estalló en estruendosas carcajadas.
—¿Quasimodo? —Pregunté.
—Ya sabes, el de
 El jorobado de Notre Dame.
—Estás muy mal.
—Pero es cierto. —Hizo un bailecito de victoria.
—¿Tanto se me notaba?
—Definitivamente tus ojos no podían engañarme. Bella ha estado tan cieg
a…
—Estaba esperando el momento adecuado.
—Creo que todos nos habíamos dado cuenta menos ella.
—Oh no. —Edward escondió su rostro en mi cuello, tapándose con mi cabello. Sonreí y acaricié su brazo.
—Bueno yo me voy ya, no quiero seguir interrumpiendo vuestro momento.
—Alice… —Refunfuñé.
—Nos vemos en la tarde Bellita, vendremos para pasar una tarde divertida en la piscina.
—Claro, estáis siempre invitados.
—Lo sabemos. —Depositó dos besos en mis mejillas y uno en las de Edward.
—Eres incorregible.
—Pero me amas.
—Calla ya enana loca.
—Me voy, me voy, no os entretengo más. —Se digirió a la puerta—. Por cierto Edward, no me la canses mucho, la necesito con bastante energía por la tarde.
—¡Alice! —Grité alarmada.
—Adiós, adiós. —Salió corriendo antes de que la atacara con mis instintos asesinos.
Me giré entre los brazos de Edward y le sonreí con sinceridad. Imitó mi gesto y se acercó para darme mi anhelado beso de buenos días. Permanecí enganchada a él tanto tiempo como pude.
—Definitivamente es un terremoto.
—No la has conocido en lo máximo de su potencia.
—¿Más?
—Muchísimo más. —Edward se estremeció—. Aunque no me gusta esa afición que demostró por nuestra relación. Se está comportando de manera extraña y no me gusta para nada, no quiero que nadie se entrometa. —Fruncí los labios.
—No creo que lo esté haciendo con mala intención. Algo trama, eso es seguro, pero dudo que sea algo que pueda afectarte.
—Eso espero.
—No te enfades.
—Sólo defiendo lo que es mío. —Apreté mis brazos a su alrededor hasta que gruñó por la presión. Reí.
—Posesiva.
—Hazte a la idea querido.
—Umm… —dijo con indiferencia,
—¿Qué significa eso exactamente?
—Que adoro que lo hagas. —Me cabreé ante su mutismo. Me separé de él y crucé los brazos en mi pecho.
—Seguro…
—¿Nunca te han dicho lo sexy que te pones cuando te enfadas? —Gruñó bajito mirando mis brazos, los cuales elevaban mis pechos. Me sonrojé. Se acercó a mí con pasos felinos y agarró mi cintura, me estremecí por ese acto y sin siquiera ser conocedora de sus intenciones me fundí en su mirada. Lancé un pequeño grito en cuanto sentí que mis pies dejaban de tocar el suelo. Me colocó encima de su hombro en un ágil movimiento como si mi peso fuera pluma.
—¡Suéltame! —Lo amenacé.
—No.
—¿A-a dónde me llevas?
—Enseguida lo descubrirás. —Chillé con fuerza cuando dio una palmada de lo más sonora en mi trasero.
—Auchh.
—Me encanta tu trasero.
—Gra-gracias… supongo.
Empecé a patalear en cuanto me di cuenta de hacia donde se dirigía.
—No Edward, no lo hagas. —Le grité mientras intentaba bajarme de su hombro pero la fuerza de sus brazos era mucho mayor que la mía. Él solo lanzó una estruendosa carcajada mientras apresuraba sus pasos.
—Que no se te ocurra hacer lo que pienso que vas a hacer o si no...
—O si no, ¿qué? —Preguntó con suficiencia—. No te tengo miedo Bella.
—No te gustara verme enfadada. —Hice un pobre intento de sonar amenazante
—Oh sí que me gusta, es sexy—. Dijo a la vez que estiraba su brazo para abrir la puerta que daba al patio trasero.
—Edward… —supliqué.
Mis súplicas, pataleos y amenazas acabaron junto a nuestros cuerpos remojándose en la fría agua de la piscina. No imaginé que cumpliría la amenaza y no fui consciente de ello hasta que me encontré luchando por emerger a la superficie en busca de oxígeno mientras mi cuerpo se sacudía para mantenerme a flote e intentar combatir contra el frío mañanero.
—¡Yo te mato! —Grité y su única respuesta sólo fue reírse estruendosamente y mirarme con suficiencia—. Arrgg, te odio.
Se acercó a mí con lentitud.
—Sabes que me amas. —Susurró en mi oído y volvió a reír porque mi cuerpo entero se quedó paralizado ante su toque.
—No, no en este momento.
—Yo tengo amor suficiente para los dos. —Tuve que reír ante lo que dijo.
—El agua está helada.
—Tiene la temperatura perfecta. —Entrecerré mis ojos.
—¿Vas a contradecir todo lo que diga?
No dijo nada ante mis palabras, sus ojos vagaron por mi cuerpo con lentitud y pude apreciar el claro brillo de la lujuria en sus iris.
—Te ves tan bien así. —Pronunció.
Observé mi cuerpo y me di cuenta de cómo la ropa se pegaba a mi anatomía, como una segunda piel completamente trasparentada. Rápidamente tapé mis pechos descubiertos de sujetador.
—Aguafiestas.
—Pervertido. —Tuvo la indecencia de fingirse avergonzado.
—¿Nadie te ha dicho lo deseable que te ves así empapada?
—No. Eres el primero que se tira a una piscina conmigo en sus brazos.
—La primera vez lo merecías.
—Ahora no.
—Sólo quise recordar viejos tiempos. —Elevó los hombros y pasó un brazo alrededor de mi cuerpo.
—¿Viejos tiempos?
—Hace unos meses un perro tiró a una linda señorita al agua y toda su ropa quedó transparente y adherida a su cuerpo. —Me miró con deseo. De sólo recordar eso me ponía roja como un tomate.
—Fue el peor día de mi vida. —Gemí y tapé mis ojos.
—El mejor para mí. —Sonrió ladeadamente.
—Pagarás por esto.
—No es una de tus virtudes asustar a los demás.
—Me vengaré esta noche de ti. —Hice caminar a dos de mis dedos por todo su pecho desnudo. Me deleité con su piel suave y tersa. 
—Dejaré que hagas lo que quieras conmigo. —Gruñó.
—Tal vez simplemente decida no hacer nada contigo. —Me miró sorprendido.
—Oh no, nada de eso señorita. 
—¿Vas a obligarme?
—No, pero tengo mis tácticas para convencerte.
—¿Y-y cuáles son?
—Puedo acariciarte aquí —sus dedos bajaron por el lateral de mi cuello, el costado de mis pechos y apretaron mis caderas—. Besarte aquí. —Sus labios se posaron brevemente en mi boca, jaló mi labio inferior con sus dientes y luego descendió por el centro de mi cuello y la parte alta de mis pechos. Gemí.
—No Ed-Edward. Detente. Es-estás castigado.  
—Umm… ¿Qué puedo hacer para que me quites el castigo?
—No hay nada que puedas hacer. —Jadeé cuando sus dedos aprisionaron uno de mis pechos, sopesándolo.
—¿Estás completamente segura?
—Sí-í. —Saqué fuerzas de no sabía dónde y sujeté su mano para que dejara de acariciarme. En consecuencia el brazo que estaba alrededor de mi cadera me apretó más contra su cuerpo. Su clara excitación se clavó en mi vientre y su torso chocó contra el mío, haciéndome sentir cada parte de su cuerpo mientras su boca se apoderaba de la mía con un frenesí que me dejó con la mente en blanco. Sentía mi alma subyugada ante él en ese preciso momento.
—¿Alguna vez hiciste el amor en una piscina?
—N-no, nunca.
—Um... yo tampoco. Podemos estrenarnos en esto.
—No… No podemos, no aquí.
—Aquí es perfecto.
Antes de que pudiera protestar o si quiera intentar volver a negarme, cosa que no deseaba hacer, él coló sus dedos dentro de mi short deportivo y acarició la cima de mi intimidad, llevándose una grata sorpresa al saber que yo no tenía ropa interior por lo rápido que me había vestido.
—Conseguirás acabar conmigo. —Susurró.
Sus dedos acariciaron con más ímpetu, haciendo que me olvidara de donde estábamos, la hora que era y de que se suponía él tenía un absurdo castigo.
Mi cuerpo se curveó en un arco cuando sus dedos encontraron mi botón de nervios y lo acariciaron con pequeños pellizcos que me hacían querer gritar de puro placer.
—Oh dios mío…
Sus dedos tocaron cuanto pudieron abarcar, haciéndome delirar en el proceso. Acaricié sus hombros y su abdomen mientras sentía mi cuerpo relajándose y preparándose para el próximo estallido de placer que habría entre mis piernas en poco tiempo.
—Así nena… —Pronunció cuando moví mis caderas en círculos, queriendo mucho más de lo que me estaba dando. Mi cabeza cayó sin vida en su hombro derecho y mordisqueé su piel cuando sentía que el placer me sobrepasaría en cuestión de segundos.
Justo cuando sentí que mi visión empezaba a nublarse y mis músculos íntimos a contraerse alrededor de sus dedos él los apartó y me miró con una sonrisa maliciosa jugando en sus labios.
—Edward… —Gemí con frustración.
—¿Me quitas el castigo?
—Sí, sí, sí.
—Esa es mi chica.
Me besó con fuerza mientras su mano volvía colarse dentro de mi short. Me mecí contra sus dedos en busca de mi liberación tan necesitada. Sentía mi cuerpo entero contraído por la tensión acumulada que necesitaba ser liberada ya.
Cuando sentí sus dedos en mi clítoris escuché el claro sonido del timbre y me paralicé.
—Mierda. —Edward gruñó entre dientes.
—Es-espera. —Me separé de él con velocidad. Escuchamos nuevamente el timbre y yo me moví como loca dentro de la piscina, sin saber qué hacer exactamente.
—¿Quién puede ser?
—No lo sé, tenemos que salir de aquí ya.
Escuché una estruendosa voz hablando con la que me pareció mi nana, que había vuelto a aparecer y yo ni siquiera lo había notado.
Me dirigí a la escalerilla de la piscina para intentar salir a toda prisa. Mi cuerpo frustrado sexualmente no parecía querer colaborar.
Apenas había subido un escalón cuando Edward jaló de mi cintura hacia atrás, haciéndome chocar contra su cuerpo.
—Edward por favor, tenemos que salir.
Me dio un corto pero intenso beso que me dejó sosegada por un momento.
—Te amo. —Pronunció.
—Y yo. —Lo abracé con fuerza—. Pero tenemos que salir.
Asintió y me dejó al fin salir del agua que ya no me parecía para nada fría.
—Hay unas toallas ahí. —Señalé las tumbonas, las cuales tenían un compartimiento en lo zona baja para guardar ese tipo de cosas.
—Toma. —Colocó una toalla de gran tamaño encima de mis hombros y prácticamente me envolvió con ella.
—Pudiste haber cogido las más pequeñas. —Me enredé con la toalla que, al ser playera, me queda enorme y lo miré entrecerrando los ojos.
—Esa está bien. No quiero que nadie te vea así.
—¿Celoso Cullen? –pregunté riéndome.
—Tú eres mía Swan, recuérdalo siempre. No dejaré que nadie te vea más de lo normal y menos con esa ropa semitransparente.
—No tienes por qué tener celos, ya sabes que eres el único en mi vida. —Di un beso en su mejilla y lo abracé.
—Mi Bella… —besó el tope de mi cabeza. Nos quedamos por un poco más de tiempo así, abrazados en silencio.
—¡Bella! —gritaron. Me sobresalté en los brazos de Edward y nos separamos.
—¡Hola Emmet! —Chillé yo también al ver a mi amigo venir corriendo en mi dirección. 
Se frenó en seco.
—¿Interrumpo? —nos lanzo una pícara mirada. 
—No. Emmet… por favor no vayas a empezar con tus bromas.
—Yo no dije nada, sólo quería ser diplomático —fingió ser inocente.
—Si claro… —rodé mis ojos.
—No he dicho nada malo.
—Lo intentaste… —Tuvo el valor de fingirse avergonzado.
—Bueno es igual… —sonrió— ¡Hey colega!—. Exclamó mirando a Edward.
—¿Qué hay Emmet?
—Cambiaré de táctica, ¿se puede saber qué haces en la piscina tan de mañana con Edward?
Elevó sus cejas de manera ridícula y graciosa.
—Ohh nada, el fantástico de mi novio que tenía calor. —Le di un doble sentido a la frase por lo que casi pasa en esa piscina.
—Ohh entiendo, se levantó en todo su esplendor.
—¡Emmet! —Chillé pero hizo oídos sordos. Se acercó corriendo a Edward y le dijo al odio algo mientras le daba codazos. Los dos rieron a carcajadas.
—¿Por qué tanto secreto?
—Nada. —Ambos se miraron cómplices mientras yo los fulminaba con mi mirada.
—Espera, espera un momento… —Emmet se llevó su dedo índice y pulgar a su barbilla—. ¿Antes dijiste novio?
—Sí Emmet estamos juntos. —Aclaró Edward adelantándose a mis palabras.
—¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué?
—No hace falta que te alegres tanto. —Ironicé.
—Pe-pero… ¡mierda!
—¿Se puede saber que tanto les pasa? Primero Alice, ahora tú. ¿No se alegran? —lo miré dolida.
—No tonta no es eso. Claro que me alegro. Sé que se aman y que necesitaban juntarse de una vez por todas… Pe-pero, ¿ayer?
—Sí.
—¿Por qué tanto interés en nuestra relación? —Edward enfatizó el nuestra.
—Ehh... no nada... —Emmet se puso nervioso.
—Dime qué pasa.
—¿Te lo dijo Alice?
—¿El qué?
—Vendremos todos en la tarde para gozar y disfrutar en tu piscina.
—Sí, me lo dijo. No tenéis ni un poquito de modestia.
—Así nos amas. —Reímos todos.
Hablamos por unos minutos y un escalofrío constante recorrió mi cuerpo.
—Emmet vamos a cambiarnos, ahora seguimos hablando.
—Okey pero no demoren ni hagan cosas de mayores. —Elevó sus cejas.
—Eres imposible.
—Pero te divierto.
—“Mucho”.
Cogí la mano de Edward.
—Volvemos enseguida.
—Recuerden, nada de cosas de mayores, no quiero morir esperando.
No contesté nada, simplemente me hice la tonta y caminé de la mano de Edward.
Subimos rápidamente las escaleras y cuando estaba llegando al final de estas sentí las manos de Edward en mi cintura y como me jalaba hacia atrás para besarme tiernamente y sin prisas.
—Estás demasiado sexy con la ropa mojada. —Susurró en mi oído.
—No es cosa mía, ¿recuerdas? —Lo miré acusatoriamente.
—Ya sé que es cosa mía pero no dudaría en hacerlo de nuevo.
—Edward… tenemos que darnos prisa. —Asintió y por fin llegamos a mi dormitorio.
Medité unos momentos.
—Puedo dejarte unas piezas de ropa que tengo en el cuarto de invitados. 
—No te molestes, estoy bien así.
—No seas loco estás empapado.
—De acuerdo.
—Espérame aquí ya regreso.
—¿Se puede saber cómo es que tienes ropa de hombre? —Me miró desconfiado. —Si te lo cuento no me creerías.
—Lo intentaré.
—Es de mi amante clandestino. —Jugueteé con mis dedos en su pecho.
—Ya no la quiero.
Reí fuertemente ante su actitud infantil.
—¿Prefieres ir desnudo por la casa?
—Antes que usar esa ropa... —La miró como si fuera una serpiente venenosa.
—Mi celosito. —Me colgué de su cuello y lo atraje hacia mí. Besé sus labios con ansias y él quiso negarse al principio pero terminó cediendo cuando acaricié sus labios con mi lengua.
—No te pongas así, es de un becario que tuve en la clínica hace algún tiempo. No tenía dinero para rentar un departamento y yo le ofrecí mi habitación de invitados hasta que terminara sus prácticas. Luego tuvo que regresar a la universidad a finalizar su último año y la olvidó aquí. Pensé que regresaría pero la última vez que hablé con él me dijo que había conocido al amor de su vida ahí y que no volvería a Miami. Supongo que olvidé tirarla.
 —¿Seguro?
—Tiene las etiquetas puestas. Ni siquiera llegó a estrenarla.
—Empezaba a ponerme celoso. —Ronroneó en mi oído y me abrazó.
—Tonto —reí suavemente y besé su mejilla—. Espero que sea de tu talla.
—Me quedará bien. —Asentí y lo besé de nuevo.
—Me cambiaré en el baño. —Informé.
—Puedes hacerlo aquí.
Titubeé bastante nerviosa, sabiendo que aunque confiaba en él y lo amaba me era muy difícil todavía acostumbrarme a desnudarme frente a alguien más.
—Aunque si lo haces tendré que usar todo mi autocontrol para no tomarte desenfrenadamente. —Su voz se puso ronca y me alivió saber que había dicho eso al sentir mi nerviosismo.
—Lo superarás. —Dije para aliviar el ambiente. De nuevo estaba jugando con mi coherencia.
—¿O a lo mejor eres tú la que no podrá superarlo? —Me desafió. Entrecerré los ojos.
—Sobreviviré. —Añadí dramáticamente. 
—¿Quieres que lo comprobemos?
—¿Es una apuesta Cullen? —Le dije mientras estiraba mi mano.
—Dalo por hecho Swan. —Contestó apretando mi mano y dejando sellada nuestra apuesta. 
Me olvidé por completo de mis complejos ante su desafío. No sabía cómo, pero había dado en mi punto débil. Odiaba que me desafiaran y mucho más perder una apuesta. Haría mi máximo esfuerzo por ganar su reto.
Rebusqué mi ropa en el armario, doblándome más de lo necesario para darle una muy buena vista de mi trasero. Lo oí gruñir y yo reí por lo bajo. En cuanto cogí toda mi ropa me giré y vi su muy concentrada mirada puesta en mí.
Verlo mirando me cohibió un poco y tuve que coger aire profundamente para concentrarme.
Me distrajo cuando comenzó a acariciar su torso de una manera completamente pecaminosa. Mi boca se hizo agua cuando sus manos bajaron hacia la hebilla de su cinturón y lo desabrochó lentamente mientras abrí el botón y cremallera de sus vaqueros y los bajaba con movimientos lentos y precisos que me hicieron querer lanzarme sobre él. Era tan jodidamente caliente.
Saqué mi camisa con la misma lentitud y me sonrojé cuando sus ojos se quedaron fijos en mis pechos desnudos. Aguanté su mirada por unos segundos pero no lo soporté mucho y coloqué la nueva prenda sobre mi cuerpo.
Noté claramente el bulto bajo sus bóxers crecer y tuve que reprimir un jadeo profundo y necesitado.
Se deshizo de la prenda con lentitud, mostrándome su cuerpo desprovisto de ropa sin complejo alguno. Me guiñó un ojo mientras se colocaba las prendas nuevas después de arrancar las etiquetas.
Tomé varias bocanadas de aire, sintiéndome un ser extraño completamente lujurioso que jamás había deseado tanto a un hombre como lo hacía en este momento. Moví mi cabeza para eliminar los pensamientos impuros.
Llevé mis manos a través de mi vientre, lo acaricié al igual que mi cintura. Agarré los cordones que sostenían el short y los desaté sin prisa. En el proceso mordía mi labio inferior y lanzaba pequeños y casi imperceptibles gemidos. Cuando estaba ya apunto de bajar mi short me giré y en tan solo unos segundos lo sentí acercarse.
—Detente. —Sujetó mis manos entre las suyas.
—Necesito terminar de cambiarme.
—Lo admito. Si haces un movimiento más me lanzaré sobre ti y mandaré al diablo todo.
—Quizá yo quiero que lo hagas.
—Pero no podemos… —Bufó.
—En otro momento será.
Terminé de cambiarme con una velocidad sin igual. Llevé mis manos a su cabello y enredé mis dedos en sus suaves hebras. Me acerqué a sus labios y cuando ya los estaba rozando di un beso en su mejilla.
—Bella… —Protestó.
Hice caso omiso y bajé mis manos coquetamente por sus brazos y acaricié sus costados. Di un leve beso en su cuello y uno fugaz en sus labios. Caminé llevándolo hacia la cama e hice que se sentara en el borde del colchón. Mi mano voló a la pretina de su pantalón y pude notar el bulto que había en su entrepierna. Rocé mi mano por encima y lo apreté un poco. Recibí un gemido mezclado con mi nombre de su parte. Iba a abrir su botón, volví a acariciar su erección sobre el pantalón y cuando estaba a punto de meter mi mano dentro me acerqué a su oído y susurré:
—Apuesta ganada. —Salí corriendo mientras reía a carcajadas debido a la expresión que mostró su rostro.
—Si juegas con fuego te acabas quemando. —Lo escuché decir antes de oír sus apresurados pasos venir tras de mí. Alcanzó a coger mi brazo cuando ya estaba en el hall y me jaló hacia atrás. Choqué fuerte contra su torso.
—Edward... —gemí cuando llevó sus labios a mi cuello—. Emmet nos espera. —Dije con la poca coherencia que me quedaba. Besó mis labios dulce y apresuradamente y tiró de mí hacia la salida. A medio camino me dio una muy notaria nalgada. Chillé.
—Me la debías.
—Mentira. —Sobé mi carne.
—No juegues conmigo. —Reanudó su caminar, dejándome con las palabras a medio camino, mi nalga izquierda ardiendo y una sonrisa en los labios.
—Por poco y muero de viejo. —Comentó Emmet riendo.
—Exagerado. —Dijimos los dos al unísono.
—Tienen que dejar sus juegos de niños grandes para cuando estén solos. Se olvidaron de mí. —Fingió tristeza.
—No seas dramático Emmet, sólo fuimos a cambiarnos.
—Sí claro, les creo.
Rodé mis ojos ante su insistencia y preferí distraerlo de la mejor manera que sabía: con comida.
Le traje un vaso grande de refresco y unas galletitas de leche condensada, unos cuantos cupcakes y rollitos de chocolate hechos por las maravillosas manos de mi nana.
—Oh Bella, conseguirás engordarme.
Tragué el trozo de galleta que tenía en la boca y reí.
—¿Alguna vez te preocupó tu peso Emmet? —me miró juguetón—, de todas formas lo quemaras todo en el gimnasio.
—Claro que me preocupo, se supone que debería empezar una dieta para mantener mis músculos cualquier día de estos.
—¿Mantener tus músculos?
—Estos hermosos no se hacen solos Bells. —Enseñó sus bíceps y los besó con adoración. No pude más que reírme junto a Edward que negaba con la cabeza y que casi se atragantó con la bebida.
Estuvimos embutiéndonos a calorías por al menos treinta minutos más, disfrutando de los riquísimos dulces que mi nana había preparado muy temprano en la mañana. La adoraba mucho más por lo rico que cocinaba cualquier receta.
Terminamos completamente llenos a rebozar, con la respiración entrecortada y tanta azúcar en nuestro cuerpo como pudimos.
—Será mejor que me vaya antes de que Rosalie se despierte y no me encuentre en casa.
—¿No le has dicho que venías?
—Estaba tan dormida que me dio pena levantarla, tú sabes… estaba cansada. —Elevó sus cejas con picardía.
—Okey, okey, no quiero detalles de tu vida sexual con mi mejor amiga.
—Aburrida.
—Morboso. —Se rio como si lo hubiera halagado.
—Os dejaré a solas para que disfrutéis plenamente de vuestra recién estrenada vida sexual.
—¡Emmet! —Le lancé una galleta que dio de lleno en su frente.
—Auch. —Se frotó su frente que había quedado llena de dulce y migajas.
—Vete ya antes de que te tire más.
—Tienes que domesticarla Edward. Podrías empezar atándola a la cama.
Abrí mi boca todo lo que dio de sí y me preparé para lanzarle más galletas.
—¡Me voy, me voy!
Salió corriendo cuando me vio gruñir con un puñado de galletas en mi mano y sus carcajadas se escucharon por toda la casa.
Me giré y pude ver a Edward aguantando la risa y como sus ojos empezaban a llorar por el esfuerzo.
—Vamos ríete de sus tonterías…
Quise sonar molesta pero verlo con los ojos aguados, las mejillas sonrojadas y apretando su estómago me hizo explotar en carcajadas a mí también.
Estuvimos así por un buen tiempo hasta que ya no pudimos más y sentimos nuestros estómagos doler.
—No sé donde se metió esta mujer. —Bufé después de haber buscado por toda la casa a mi nana.
—Tal vez salió.
—Suele dejarme alguna nota.
—No creo que demore.
—Supongo que fue a visitar a Lucy, su antigua amiga de la infancia.
—Si es así entonces demorará más tiempo.
—No para en casa nunca.
—Pareces su mamá.
—Me preocupo por ella.
—Tranquila, no tardará y seguramente sólo se lo esté pasando bien.
—Es cierto, no puedo ser tan mezquina.
Después de nuestra charla en la sala decidí subir a la habitación para colocarla un poco y arreglar todo el desastre que habíamos montado. Edward insistió en ayudarme y yo no me negué para nada.
—Parece que por aquí pasó un tornado —dije sonrojándome—. Tenemos que cambiar las sábanas y colocar este desastre. —Señalé la ropa regada por todo el dormitorio y los cojines amontonados en el suelo.
Me dirigí hacia una de las esquinas y cogí todos los cojines que pude entre mis brazos, ahora me quejaba de tener tantos y lo único que me contentaba es que quedaban genial en la cama.
—Tengo una idea mejor. —Edward susurró en mi oído. Me sobresalté al sentirlo tan cerca de mí y jadeé por la sorpresa de sentir sus manos acariciando mi cuerpo.
—Ed… —Intenté quejarme pero el giró mi rostro y me besó desde atrás, haciendo que olvidara todo.
—Luego recogeremos.
Me atrajo hacia su cuerpo por la cintura y yo solté todos los cojines que regresaron al suelo chochando con mis pies.
—Se hará tarde.
—No tenemos prisa alguna. Aún nos queda mucho tiempo.
Me vi asintiendo inconscientemente y él tuvo pase libre para “atacarme”. Me llevó hacia la cama donde se sentó e hizo que me colocara encima de su cuerpo a horcajadas de él.
—Aún tengo en mente el consejo de Emmet. —Pronunció besándome con insistencia.
—Tal vez sea yo quien decida hacerlo primero.
Hice fuerza con mi cuerpo hasta que quedó tumbado en la cama y yo sobre él, pecho contra pecho.
—¿Lo harías?
—Tal vez. —Estiré sus brazos hacia atrás y sujeté sus muñecas con mis manos.
—Me tienes completamente a tu merced.
—Eso espero.
Restregué mi sexo contra el suyo, haciéndonos gemir a ambos. Mientras nos besábamos con desesperación y nos acariciáramos como si no hubiera un mañana el desenfreno nos atrapó, haciendo que quedáramos completamente desnudos el uno sobre el otro para cuando me quise dar cuenta.
—Tomo la píldora. —Le dije cuando quiso detenerse por no tener ningún método de protección.
—En ese entonces…
Me giró en un movimiento inesperado, dejándome debajo de su cuerpo. Fue su turno de agarrar mis muñecas por sobre mi cabeza y de mordisquear mi cuello.
Lo sentí acomodarse entre mis piernas y antes de poder soltar el aire que estaba conteniendo sentí su penetración suave y precisa elevarme hacia el cielo.
Se movió con tanto deleite que me sentí desfallecer por el placer.
Tocamos cuanta piel pudimos del otro y besamos todo lo que nuestras bocas abarcaban mientras nos movíamos a nuestro ritmo hasta que culminamos sobre la cama, completamente saciados después de amarnos intensamente.
¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬
—Volveré lo más pronto posible.
—No te preocupes, tómate todo el tiempo que necesites. —Dije mientras lo abrazaba intentando no ser demasiado agobiante.
—¿Tienes algo que hacer?
—No, esperaré a que estos locos vengan a “disfrutar de mi piscina”. —Hice las comillas con mis dedos y sonrió.
—Intentaré estar aquí antes para tener tiempo para nosotros.
—Te extrañaré. —Dije sin poder contenerme. Hundí mi rostro en su pecho, avergonzada.
—Y yo amor, nos vemos en unas horas.
Me besó exquisitamente y se fue hacia su coche. Cerré la puerta con lentitud.
Decidí darme una larga ducha relajante, terminar de arreglar cualquier parte de la casa, revisar los correos y estar al pendiente de lo que pasaba en la clínica por si había alguna emergencia.
A pesar de todas las tareas que hice no pude dejar de pensar en él y en cuanto lo amaba. Quería que regresara ya a estar de nuevo junto a mí, aunque sabía que no debía agobiarlo demasiado y tenía que darle su espacio personal.
Respiré frustrada y decidí hacer zapping en la televisión.
Corrí hacia la puerta cuando el timbre sonó una única vez. A pesar de mi charla mental no pude evitar lanzarme sobre él y besarlo hasta el cansancio después de sólo cuatro horas sin verlo.
Me apretó contra su cuerpo, haciendo que me sintiera en mi lugar favorito.
—Te eché de menos. —Susurró en mi oído.
—Y yo, no sabes cuánto.
Disfruté de la miel que corría entre las dos y me dejé mimar por él. Si no disfrutaba ahora del amor que nos profesábamos no lo haría nunca. Aprovecharía lo máximo posible todo lo que él me ofrecía y me deleitaría con su amor, pasión y cariño así como le daba todo lo que yo tenía.
—Se siente tan bien estar así.
Murmuré con mi rostro enterrado en su cuello mientras abrazaba todo su cuerpo con mis brazos y lo apretaba con toda la fuerza de la que disponía.
—Sí, te amo tanto.
Mi corazón martilleó con fuerza en mi pecho y de nuevo la sensación de estar en un hogar cálido me rodeó. Por fin tenía un hogar verdadero junto a él, por fin me sentía amada de verdad, después de tanto tiempo de soledad.

Hello People! :)

Esta vez les dejo un capítulo nuevo y recién sacado del horno muy prontito.

Espero les guste y lo disfruten tanto como yo al escribirlo.

No se empalaguen con la miel de esos dos y recuerden que están todo
cursis y empalagosos por su recién profesado amor jajaja.
Espero rían con las bromas de Emmet, realmente siempre lo he visto como un guasón pervertido xD. 

Kisses.
By: Crazy Cullen.
PD: Les mando galletitas para todos jajaja.

5 comentarios:

  1. A mi me encantaa..!
    Qué ni se te ocurra suprimirlo ehh.!

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  2. holaa..me necanto el capi y ni se te ocurra surpimir pliss eso si q no dale genial..muak..espero el otro re emocionada

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  3. Hola para empezar feliz año nuevo, bueno en mi país aun falta unas horas, asi q nose espero q todo te valla bien, y me parece q escribes muy bien te felicito tienes un talento sorprendente. espero con ansias los otros capitulos, saludos desde Perú.

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  4. Me encanta esta historia, me gusta como poco a poco dejaron los miedos y se declararon...
    Espero el siguiente...

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  5. que suprimes que?
    nooooo
    nada de eso que esa escana en la piscina me ha dejado con la boca abierta y que oportuno Emmett, jajajajaj
    me ha gustado mucho cariño, siempre es bueno soltarse, siento no poder pasar antes pero ya sabes que mi trabajo me tiene en la luna, alli lejos lejos sin poder disfrutar de lo que me gusta, leerte
    un beso amor y te me cuidas mucho

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