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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

martes, 8 de marzo de 2011

Capítulo 18: Respuestas


Capítulo 18: Respuestas


Pov Bella:

Una tremenda angustia recorría mi cuerpo por completo, haciendo que un escalofrío espeluznante atravesara mi espalda y perlara mi frente de sudor. Todo a mí alrededor estaba oscuro, convirtiendo la imagen frente a mí tétrica. Intenté que mis ojos se acoplaran a la total oscuridad para poder distinguir alguna imagen que me diera una pista de dónde me encontraba. 

Tanteé una pared a mi espalda y busqué con cuidado un interruptor. La superficie estaba completamente fría y lisa haciendo que el escalofrío en mi cuerpo aumentara. 
Un fuerte portazo me sobresaltó, deteniendo abruptamente mi respiración. Unos pasos resonaron detrás de mí, dejándome paralizada en medio de la nada. 


Una mano áspera sujetó con fuerza mi brazo, ejerciendo una presión dolorosa.
—¿Qui-quién eres?

—¿No me recuerdas?
—N-no-o…

—Haz memoria.
Su mano pasó de mi brazo hasta mi nuca, tocando con dos dedos mi piel. 

Intenté salir corriendo pero él adelantó mis movimientos y me sujetó otra vez.

—Quieta, será más fácil si colaboras.
—¿Qué quieres de mí? 

—Será mejor que no hagas tantas preguntas. Ya habrás oído lo que dicen de la curiosidad.
Mi garganta se cerró abruptamente, dejándome muda. 
Su voz me producía terror y provocaba que mi cuerpo temblara como una hoja a punto de caerse.


Me arrastró unos pasos hacia atrás y en pocos segundos la luz se hizo presente. Observé horrorizada que nos encontrábamos en una de las salas de mi clínica. 

—¿Có-cómo hemos llegado aquí?

—Tus preguntas me aburren. Ya te dije que estuvieras calladita.
La presión de su mano en mi brazo aumentó hasta un extremo doloroso, haciéndome lanzar un chillido inarticulado.
Colocó su brazo libre alrededor de mi vientre y me apretó contra su cuerpo. Intuí por el tacto áspero que vestía vaqueros y parecía estar desnudo de torso para arriba.

Su mano comenzó a recorrer los laterales de mi cuerpo, provocándome repulsión.



<<—Bien cariño, nos lo pasaremos bien juntos. 
—Déjame ir por favor, te daré el dinero que quieras, no me importa… —sollocé. 
—No es tu dinero lo que quiero ahora. Estoy más interesado en enseñarte a echar un buen polvo. 
—¡No me acostaré contigo! —me zarandeé con fuerza sin resultado alguno. 
—Me importa una mierda que no quieras. Yo sí quiero y lo haremos a mí manera>>.

Estaba confusa y desorientada, no sabiendo por qué nos encontrábamos en la clínica, cómo habíamos llegado hasta aquí y en qué momento James logró atraparme. Una algarabía de recuerdos se mezclaba en mi cerebro, combinando momentos de mi adolescencia con los presentes.

—Eres una presa demasiado fácil. Voy a divertirme mucho contigo. 

—Deja que me marche, por favor, por favor…

—Tus súplicas no sirven para nada. Será mejor que te las ahorres.
—James por favor… te prometo que no diré nada, te daré lo que quieras, por favor no me hagas daño. 

—Creo que te estás confundiendo cariño. 
Me giró en un brusco movimiento para ponerme frente a él. Un grito de completo horror se escapó de mi garganta cuando pude ver al verdadero autor. Sus ojos verdes eran inconfundibles, aunque en esta ocasión estuvieran rodeados de oscuridad. Me sonrió con malicia.
—¡Ed-Edward! 
Mi voz se apagó a la par que mi conocimiento, dejándome hundida en la más absoluta nada.


—¡Bella, despierta! —Mi cuerpo fue zarandeado por unas manos fuertes y grandes.
Me removí en la cama con violencia, enredándome en las sábanas.
—Ed-Edward… —Mi voz sonó como un lastimero susurro. Su mirada cargada de preocupación se opacaba por la neblina borrosa que dejaban las lágrimas en mis ojos. Mi respiración era errática y los latidos de mi corazón resonaban en todo mi pecho con fuerza.
Recobré el sentido de la orientación y me di cuenta de que estaba en casa, en mi cama, completamente a salvo. Mi cuerpo cobró vida propia abalanzándose hacia Edward y abrazándolo con desesperación, como un náufrago que se aferra a su última esperanza de supervivencia. 
Su cuerpo se debilitó ante la fuerza de mi agarré y cayó sobre mí en un torpe movimiento que me terminó de aliviar. Sentir su presencia ayudó a que mis músculos se destensaran y mis nervios se relajaran.
Necesitaba sentirlo así, lo más cercano posible.

—¿Qué ha pasado amor? —Su voz, al igual que la mía, fueron simples susurros. Sus dedos apartaron suavemente los rebeldes mechones que se habían quedado pegados en mi frente debido al sudor.
—He tenido una pesadilla horrible —gimoteé—. Lo más terrible que he vivido nunca. 

—Ya está tranquila, no ha sido más que eso, una pesadilla. 
—No puedo borrarla de mi mente. 
Su recuerdo me hizo llorar. Aún podía sentir el temor atravesar mi cuerpo y el escalofrío que me había producido verlo a él como el causante de mi dolor.

—No llores, estoy contigo ahora. 
Me aferré más a su cuerpo, enredando mis brazos alrededor de su espalda y escondiendo mi rostro en su cuello. Aspiré su característica esencia, llenándome de paz.

—Puedes contarme que has soñado, tal vez eso te alivie. 

—Estabas tú como el primer día que nos conocimos en la clínica, pero no eras tú. Esa versión de ti quería hacerme daño, quería herirme y hacerme lo mismo que James me hizo en mi adolescencia. 
Lloré con fuerza ante el recuerdo, sintiéndolo demasiado fresco aún. 
—Tu mente ha mezclado acontecimientos por lo que me contaste anoche, tranquila, sabes que sería incapaz de herirte. 
—Ha sido tan real…

—Shh pequeña, ya ha pasado —sujetó mis mejillas con delicadeza, enfrentando nuestras miradas—. Sabes que te amo, y que eres lo más preciado que tengo. Deja esa pesadilla enterrada en tu mente. Sólo importamos tú y yo ahora, en este momento.
—Te quiero, muchísimo. 

Besé su boca con delicadeza, sintiéndome en casa cuando mis labios tocaron los suyos.


Se movió hacia el lateral derecho de la cama para poder colocarse más cómodamente, alegando que su peso sobre mí acabaría estorbándome. Él no podía ni imaginarse el bien que le hacía a mi alma sentir su presencia lo más cercana posible a mí.
Pasó un brazo alrededor de mis hombros y me atrajo hacia su costado. Yo me aferré a él como una boa, sin intención alguna de soltarlo nunca. 

Necesitaba sentirlo por todo el tiempo que me fuera posible, porque no sabía cuánto iba a durar todo esto: tenerlo junto a mí, contar con su presencia. Él ya conocía una de las partes más oscuras de mi pasado y yo sólo podía sentir alivio de que no se hubiera marchado. Aun así no quería sentirme victoriosa antes de tiempo. Teníamos que hablar de muchos asuntos inconclusos y nada podía asegurarme que él siguiera sintiendo lo mismo por mí después de ello. 
Tenía miedo, muchísimo. No conocía qué me deparaba el futuro y la incertidumbre me carcomía con lentitud.


Pasamos por un largo tiempo en la misma posición, abrazados, aferrados el uno al otro como si no existiera un mañana. 

Sus caricias en mi espalda me relejaban aunque me negaba a volverme a dormir, no quería tener una pesadilla tan terrible como la de antes otra vez. No sabía cómo mi mente fue capaz de maquinar algo tan descabellado. No era capaz de concebir a Edward siendo igual que James. Ellos no se parecían en lo más absoluto, eran tan distintos como el día y la noche. 
Edward estaba lleno de bondad y de buenas intenciones. Se preocupaba por mí y por mi bienestar. Había cometido algún que otro fallo, pero nada en comparación con James. Él era malévolo y vengativo. Sólo estaba interesado en su propio beneficio, sin importarle a quien pisara para poder llegar a la cima.


—¿Estás mejor? —su suave susurro me estremeció agradablemente.
—Nunca podría estar mal contigo a mi lado.
La autenticidad de esas palabras me golpeó como una fuerte ráfaga de viento. Ahora era incapaz de concebir la idea de vivir alejada de Edward, de no verlo, de no sentirlo junto a mí, ¿cómo iba a sobrevivir si él decidía marcharse? 

Lo quería demasiado como para ser egoísta y retenerlo a mi lado. Mi parte destruida no haría más que dañarlo y causarle dolor. Ante todo anteponía su felicidad a la mía.

Él no tenía porqué pagar por mis errores y mis malas decisiones. Lo que yo hice en el pasado era mi completa responsabilidad, y si James o Victoria se estaban preparando para otro golpe contra mí prefería que él no estuviera de por medio. Me estaba dando cuenta de que lo mejor era alejarlo pero era demasiado cobarde como para pedírselo. Lo dejaría a su entera decisión.

—¿No vas a decir nada sobre lo que te conté anoche? 

Mi voz temblaba con cada palabra pronunciada.

—Lo primero que debo hacer es volver a pedirte perdón —se giró quedando lateralmente a mí—. Me comporté como un verdadero idiota. 

—No conocías mi historia. 
—Eso no justifica lo que te hice. 
—Ya no me importa. 
—Pero a mí sí —acarició con la yema de sus dedos el arañazo que atravesaba mi mejilla. 
—Esto sanará pronto. 
—Lo hará por supuesto, pero las palabras no sanan, una vez que son dichas no hay manera de redimirlas. 
—Comprendo lo que te llevó a actuar así. Sé que estabas muy asombrado. 
—Cariño detente, no tengo justificación alguna.


Odiaba que se culpara, que cargara con todos los fallos. Lo que dijo no fue correcto, y yo no iba a mentir diciendo que sus palabras no me habían herido, pero podía comprenderlas. La impresión de la situación en la que me encontró y el desconocimiento del porqué lo llevaron a ello. 

—No te estoy justificando. Admito que me dolió, que en ese momento lo único que necesitaba era un poco más de comprensión. Estaba shockeada tras haber visto a Victoria después de tantos años y todo lo que ella dijo no ayudó para nada y actué impulsivamente. La que obró mal fui yo. 
—Para nada. No sabría decirte cómo hubiera reaccionado yo ante una situación similar, pero sé que lo único que en ese momento debería de haberte brindado es apoyo. Cosa que no hice. 
—No podemos ser perfectos siempre. 
—Lo sé pero era lo mínimo que se podría esperar de mí. 
—No te culpes tan duramente. Los nervios y el desconcierto hablaron por ti. Ya no quiero que sigamos con ese tema.


Me miró por lo que parecieron unos eternos cinco minutos, observando cada detalle de mi rostro, cada lunar, peca o cicatriz. 

—No volveré a hablar sobre ello si me demuestras que de verdad me crees. 
—¿Sobre qué?
—Sobre lo que siento por ti. Te amo Bella, necesito que confíes en mis palabras. 
—Lo hago. 
—No volveré a fallarte. 
—Ed, esto no se trata sobre promesas o palabras. Yo sé que me amas, tus actos me lo demuestran. Sé que harías cualquier cosa por mí y no necesito que me lo prometas para estar segura. Sé que te sientes culpable, y la primera que se odia por ello soy yo. Mi cobardía me impidió contártelo todo en el momento en el que debió ser contado.

—No hay que marcar un momento.
—Lo sé.

Mi mano acarició su mejilla con delicadeza, sintiendo su piel suave y cálida bajo mi tacto. El simple hecho de poder seguir con él así merecía cada mal momento de la noche anterior. 

—Prometámonos mutuamente ser más tolerantes, no ocultarle nada al otro.

—Lo prometo amor.
—Recuerda que las relaciones se solidifican a base de errores. Estoy segura de que momentos como estos nos unirán mucho más. 

—Estoy completamente de acuerdo contigo. 
Sus labios se posaron sobre los míos con proeza, revolucionando mi estómago y poniendo mi piel de gallina. 
Besarlo era una de mis cosas favoritas en todo el mundo.


Nos mantuvimos por un largo tiempo en un intercambio constante de besos y caricias. Sin palabras. Sin opiniones. Solamente demostrando la intensidad de nuestros sentimientos.
Sabía que aún teníamos muchos temas pendientes, pero me costaba demasiado separarme de su lado.
Me fue imposible frenar la lágrima que rodó por mi mejilla cuando besó las heridas de mi rostro, sabiendo que se sentía culpable de algo que no había cometido.
Odiaba más a Victoria en este momento, si es que era posible. No sólo había destrozado mi juventud sino que también quería dañar mi presente y eso era algo que no estaba dispuesta a dejar que sucediera.

Besó con devoción cada parte de mi rostro, mis párpados húmedos, mis mejillas enrojecidas. Sus labios descendieron por mi barbilla hasta posarse sobre mi cuello, donde repartió cientos de besos tan frágiles como el aleteo de una mariposa.
Un profundo suspiro abandonó mis labios, necesitando liberar de alguna manera las sensaciones que me trasmitía.
Mis manos se colaron por debajo de su camiseta disfrutando del calor que emanaba su cuerpo, no teniendo suficiente de él nunca.
En un ágil movimiento me posicioné sobre su torso, sorprendiéndolo.  
Lo besé con desesperación, entregándole en cada beso lo poco que quedaba de mi corazón.
Ahora más que nunca le pertenecía a él por completo.

Sus manos se posicionaron en mi baja espalda, acariciando, tocando cada parte, disfrutando de casa sensación.
Elevó mi camiseta unos centímetros por encima de mi cintura y un escalofrío molesto me recorrió entera.
Decidí ignorarlo.
Sus labios volvieron a pegarse a mi cuello, haciéndome gemir cuando rozó esa parte sensible que él tan bien conocía.
Mis labios se fruncieron en una mueca de fastidio cuando intentó elevar más mi camiseta.
Decidí ignorar nuevamente la extraña sensación, no sabiendo por qué mi cuerpo empezaba a paralizarse sobre el suyo.
Su tacto sobre mi piel se hizo más insistente y yo era consiente de cada movimiento que hacía, de cada parte que tocaba.
Los molestos escalofríos se intensificaron, poniendo mi piel de gallina y provocándome un picor fastidioso.

Mi cuerpo se negó a hacerme caso la tercera vez que quise ignorar esas incómodas sensaciones. 

Cada músculo se petrificó y el terror inundó mis venas.

—¡Suéltame! —Chillé sin poder controlar mi voz.
Sus manos se paralizaron y abrió sus ojos con brusquedad.
—¿Qué sucede? 

No pude soportar su mirada y me levanté de un salto, colocando mi ropa en su sitio en cuanto mis pies tocaron el suelo. 
Me alejé mucho más de la cama, de manera inconsciente, cuando lo vi enderezarse. 

Me miró atónito, sin saber qué decir.
No entendí qué me sucedía.

—¿He hecho algo mal? —su voz estaba cargada de confusión.

—Yo no… 
Las palabras se detuvieron, paralizándose en el aire. No tenía una explicación lógica a lo que acababa de pasar. Su toque nunca antes me había incomodado de alguna manera similar.

—¿Estás bien? 

Brinqué en mi sitio cuando lo vi acercarse, alejándome todo lo que pude de él y de su intento de volver a tocarme.

—¿Bella? —El dolor estaba marcado en su voz.
—Lo siento… —Agaché mi mirada incapaz de seguir contemplando sus ojos.
El suelo se volvió borroso cuando mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas y la comprensión atacó mi cerebro. La única persona a la que había renegado que me tocara había sido James.
Estaba comparándolos otra vez. Mi mente volvía a confundirse de persona.  

—Cariño no tienes que disculparte por nada. 

—Yo no he querido hacerlo, pero mi cuerpo… 
—Has revivido algo que te afecta demasiado, he debido darme cuenta de que necesitabas más tiempo. 

—No es tu culpa… —susurré casi para mí misma. 

Elevé la mirada unos centímetros, concentrándome en sus vaqueros, siendo incapaz de posar mis ojos en los suyos.

—Me duele que te culpes por cada cosa que sucede. Podrías ser un poco más condescendiente contigo misma.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque todo lo que me pasó fue por tomar malas decisiones. Por confiar en personas que no merecían la pena. Por ingenua. Debí ser más inteligente y darme cuenta de qué tramaban.

Al elevar la mirada me encontré con su mueca de fastidio. 

—Eras joven Bella, apenas una niña de catorce años. 
—Pero todo pasó después. 
—Sí, pero él empezó a ganarse tu confianza desde que llegaste. Empezó a comportarse mal cuando sabía que tú confiabas plenamente en él y que estabas enamorada. Supo jugar con tus sentimientos a lo largo del tiempo. 
—Pero aun así… 
—No hay excusas. Entiende que todo lo que pasó no fue culpa tuya, por favor. 
Su mirada de súplica me confirmó que mi destructiva personalidad lo estaba dañando cada vez más. Él sufría por mí y yo me odiaba más a cada momento.

Extendió su mano pidiendo mi toque pero yo me vi imposibilitada de responderle. Tenía miedo de que mi cuerpo volviera a rehuir su tacto. No quería rechazarlo. Me dolía demasiado darme cuenta ahora de que nunca debí dejar que pasara tanto tiempo, que nuestra relación avanzase tanto. Eso sólo complicaba todo aún más porque yo estaba demasiado prendada de él como para cortar nuestra unión. Lo necesitaba mucho más ahora, lo que me ponía en un serio conflicto conmigo misma.

Retiró su mano extendida para mí con el fracaso tiñendo sus ojos.
—Tal vez necesites tiempo a solas. Puedo marcharme si lo deseas.
—¡No!, no quiero que te vayas. 

—Quiero que esto sea lo más fácil posible para ti.

—Tu presencia no me molesta. No puedes dejarme ahora. 

—No quiero hacerlo. 
Su profunda sinceridad me ofuscaba.

—Voy a intentar una cosa pero necesito que te quedes muy quieto. 

Asintió expectante.

Comencé a acercarme hacia él muy lentamente, mirándolo en cada paso que daba, grabándome su imagen en mi memoria. Posé mis dedos en su mejilla y cerré los ojos mientras mis manos exploraban su rostro.

Descendieron hacia su barbilla, deteniéndose unos segundos en la leve hendidura del centro. Tocaron sus labios, reconociendo automáticamente su textura y sabiendo que el labio inferior era más carnoso que el superior. Ascendieron por su nariz hacia los ojos, sintiendo un ligero cosquilleo con sus pestañas. Después se posaron en las hebras lacias de su cabello, mi sitio favorito para agarrar cuando lo besaba. Bajé por sus hombros hacia su espalda, deleitándome con el calor que emanaba su piel. Al final envolví mis brazos alrededor de su cintura y poco a poco pegué todo mi cuerpo a su anatomía. Inspiré el olor de su cuello, disfrutando de su colonia.
Sabía que mi tacto lo reconocería sin necesidad de recurrir a la vista, que estaba tan en sintonía con él que no me hacía falta nada más. 

Todo pareció volver a la normalidad. Ya no quería separarme de él. Su cercanía volvía a encantarme como antes.


—Te reconocería en cualquier parte —susurré en su oído—. Por favor tócame.
Sus brazos se envolvieron a mí alrededor cuando le di el pistoletazo de salida. Sabía que había estado esperando mi confirmación porque no quería que lo rechazara de nuevo. Sabía que mi mente se había centrado y que ya no mezclaba acontecimientos. La pesadilla que tuve ayudó en tal confusión, pero tocarlo había solucionado todo. Mis manos conocían cada recoveco de su cuerpo pues habían disfrutado con cada tramo.
—¿Está todo bien? 

—No podría estar mejor.

Lo apegué mucho más a mí y busqué su boca con desesperación, necesitando su contacto, su amor que era capaz de sanar cada parte quebrada.
Me cargó con un movimiento potente y se sentó en el filo de la cama dejándome sobre él. Mis piernas lo envolvieron como acero y mis dedos se hundieron en su cabello.

Me deshice de su camiseta con velocidad, tocando todo lo que podía de él. Su espalda fuerte, su abdomen, que se estremeció ante mi toque.
Sus manos temblorosas se posaron en mi espalda, por debajo de mi ropa. Supe que tenía miedo de que me asustara otra vez y me alejara, pero yo tenía muy claro que eso no pasaría nunca más. 

—No tengas miedo, por favor. 
—Quiero que esto sea agradable para ti. 
—Todo lo que tú hagas lo será, lo prometo.

Asintió mientras besaba mi boca con pasión. Mi cuerpo se estremeció ante la corriente de aire que dejó el movimiento que hizo cuando alzó mi camiseta. Hundí más mis dedos en las hebras de su cabello y lo apegué mucho más a mí. 

—Quiero besar cada parte de ti —Su susurro elevó mi temperatura corporal. Me deshice por completo cuando descendió por mi cuello hasta la cima de mis pechos.


Movió mi cuerpo, cargándome hasta el centro de la cama. Se posicionó con cuidado sobre mí sin parar de besarme. 

—Quiero adorarte. Eres una mujer hecha para adorar, para amar.

Una enorme sensación de ternura atravesó cada terminación nerviosa, desde la punta de los pies hasta la cima de mi cabeza.
—Eres un pedazo de cielo —acaricié su rostro—. Te quiero muchísimo.
No nos hicieron falta más palabras, no eran necesarias. Desde ese momento cada frase estuvo sobrevalorada. Conocíamos a la perfección los sentimientos del otro sin necesidad de hablar. Él significaba todo para mí y yo estaba empezando a acostumbrarme a la intensidad de sus sentimientos. Era difícil en un principio, pero su insistencia había calado mis huesos. Mi determinación se esfumó como la pólvora y por fin, después de tanto tiempo, me sentí amada de verdad. Las barreras se derrumbaron por completo en cuanto conoció cada secreto que me atormentaba. Nunca me sentí mejor conmigo misma. Tan liberada. Tan en paz que pude aceptarme por completo, aceptar mis errores y mis debilidades.
El amor de Edward no sólo me enseñó a amarlo sino a amarme a mí misma, a tolerarme, a quererme como persona.

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—Nunca seré capaz de cansarme de ti. 

—Es agradable oír eso. 
—¿Tú crees? —asintió mientras dibujaba figuras sin sentido sobre mi vientre—. Yo no estaría tan segura.

—¿Por qué?

—No te dejaré salir de esta cama en todo lo que resta de día. 
—¿Pensabas que me opondría ante un plan así?
—Sólo quería que te quedara claro. 
—Eres una mujer posesiva —pellizcó mi muslo desnudo. 
—¿Te estás quejando?
—Para nada. 
—Eso pensaba.

—Dale a una mujer un poco de placer y se convertirá en toda una diva. 

—¿Quién dijo algo sobre el placer?


Elevó una ceja con diversión.
—¿Te atreves a negarlo? 

—No contestaré a esa pregunta.

Me miró por unos cortos segundos antes de lanzarse hacia mí.
—¿Te recuerdo que he estado aquí todo el tiempo? Tengo tus gemidos grabados en la memoria.
—Las mujeres solemos mentir.
—Entonces tu actuación sería digna de un Óscar —reí ante su imaginación—. Además, detestas las mentiras.
—No es justo que me conozcas tan bien. 

—Tendrás que aprender a vivir con ello.

Besó mi boca con pasión, elevando nuevamente la temperatura de mi cuerpo. No podría cansarme nunca de su manera de amarme, de sus caricias y besos, de la entrega, de todo lo que significaba para mí sentirme cómoda con él a pesar de estar desnudos, a pesar de no estar rodeada por la barrera física con la que me cubría. A su lado nada importaba.

La liberación que sentía en mi cuerpo no se debía únicamente a la agradable sensación que dejaba el placer, se debía a sentirme bien conmigo misma por haber podido contarle a Edward todo lo que me mataba por dentro, todo aquello que oprimía mi pecho y nos hería a ambos por el camino.
Empezábamos una nueva etapa a partir de este momento. Yo sabía que todo iría mejor, confiaba en ello, confiaba en nosotros, en un futuro muy largo juntos. Ya no le tenía miedo al amor o a permitir que Edward me amara. Nunca había dudado de él o de sus intenciones, pero saber que había aceptado con tanta facilidad lo peor que podía conocer de mí me enseñó que verdaderamente todo lo que decía era verdad.
Edward había creado una nueva versión de mi misma. Su tolerancia y paciencia lo habían hecho.
Juntos éramos perfectos, juntos podríamos enfrentarnos a todo.

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—¿Quieres algo de comer?
—¿Tu estómago ha ganado finalmente la batalla? —me reí ante su resoplido.
—Has agotado todas mis fuerzas, necesito reponerme.
—Te creía más resistente.
—No es justo, soy yo el que hace todo el esfuerzo.
Abrí mi boca asombrada y él lanzó una carcajada ante mi cara.
—Yo también tengo mi función —refunfuñé.
—No te he visto llevar las riendas.
—Umm… así que eres de los que les gusta que las mujeres lleven el control.
—Me gusta que colaboren —continuó molestándome. 
—Nunca debiste decir eso.
Me levanté de la cama, estremeciéndome levemente ante el conocimiento de que estaba caminando desnuda, y me paré frente a él.

—Así que estás criticando mi técnica.
—No he dicho eso.
—¿Huele a cobardía?

—No soy cobar… Ay. —un chillido para nada masculino abandonó sus labios cuando pellizqué su bajo vientre. Me reí entre dientes.

—Será mejor que cojas todas las fuerzas necesarias, acabo de declararte la guerra.
—¿Saldré herido de este duelo? 

—Puede que ciertas partes de tu cuerpo se resientan un poco.

Rasgué con cuidado mis uñas en su nalga derecha.
—¿Crees de verdad que ahora podré concentrarme en la comida?
—Espero por tu bien que sí. Yo iré a darme un baño mientras tanto.
Jalé su labio inferior con mis dientes antes de dirigirme al cuarto de baño, asegurándome de mover mis caderas con exageración.
—Joder…
Su gran exhalación me hizo sentir más poderosa.

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—Me rindo —gruñó intentado girarme en la cama.
Me adelanté a sus movimientos, aferrando sus muslos con la cara interna de los míos.
—Bella… —se quejó cuando volví a esquivar el movimiento de su cadera.
—Te lo advertí.
—Tú ganas, no puedo continuar con esto.
—¿Estoy siendo lo suficiente colaboradora ahora?
—Más que suficiente.
—Así que quieres que te deje continuar.
—Por favor… —gruñó cuando volví a pasar mis uñas por su más que sensibilizada erección.
Sabía que estaba siendo cruel, torturándolo hasta el extremo sin dejarlo alcanzar el clímax, pero descubrí que llevar el control que excitaba muchísimo, más de lo que imaginé. Saber que era yo quien tomaba las decisiones me hacía sentir mucho más segura conmigo misma.

El mordisco que sentí en las puntas duras de mis pezones me hizo perder la respiración en un hondo gemido. Edward aprovechó mi distracción para moverse hacia el frente, arrastrándome por delante, y colocarse sobre mí. Se ubicó con maestría entre mis piernas y en un empuje certero de cadera se introdujo en mi interior.
—Estaba distraída.
—Ese es el punto.
Sus movimientos fueron rápidos, desesperados, buscando el máximo placer. Me aferré a su espalda sintiendo como mis uñas se clavaban en la tierna piel. Grité con fuerza, incapaz de mantener mi boca cerrada. El torbellino de sensaciones se revolucionó en mi bajo vientre, entumeciendo mis piernas, doblando los dedos de mis pies.
—Te sientes exquisita.
Mi pierna voló por sobre su hombro, convirtiéndonos en un amasijo de miembros y músculos laxos. Me aferré a su boca, sintiéndome hambrienta de él. Necesitada. Extasiada.

Todo se tornó frenético, atolondrado. No fui consciente de nada más. El placer me envolvió por completo, centrándome sólo en Edward y en lo que me provocaba. Nos estábamos entregando de manera enajenada, sin pensar en nada más que en nosotros mismos.
Mi vientre se contrajo con fuerza, envolviéndolo. Mi espalda se curvó en un amplio arco cuando no pude resistir más. Todos mis nervios chillaron al destensarse.
Edward expresó su necesidad en mi cuello, mordisqueándolo mientras se dejaba invadir por el placer, mientras se liberaba. No concebía nada más excitante que verlo teniendo un orgasmo.
—Dios mío…
Se dejó caer sobre mi cuerpo, tan agotado como yo.
—Esto fue demasiado intenso.
—Muy, muy intenso.
El agotamiento nos superó y nos quedamos dormidos uno al lado del otro, totalmente saciados y más en sintonía que nunca.

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—Nunca habíamos tenido un día así.
—¿Maratón sexual?
Se rio ante mis palabras.
—Iba a decir un día únicamente para nosotros. Sin molestias externas.
—Eso también.
—Aunque lo del maratón me gusta mucho más. Tendríamos que repetirlo.
—Una vez cada mes. No creo poder soportar esto muy seguido.
—Pensé que tenías más aguante.
—Si empiezas de nuevo con eso no terminaremos nunca.
—No me parece mal.
—Yo me rindo por hoy. No creo poder mover ni un solo músculo.
El fuerte sonido de mis tripas calló lo que estuvo a punto de decir.
—Quédate aquí, iré a por algo de comida.

Saltó de la cama y corrió hacia la cocina. Me lo comí entero con los ojos. Mirarlo desnudo se podría tornar como uno de mis hobbies favoritos.
Unas fuertes pisadas seguidas del sonido titilante de unas uñas chocando contra el suelo me confirmó que Edward se había olvidado de cerrar la valla que impedía que Rosi, Bear y Mojito subieran a las habitaciones.
—Hola preciosos.
Se lanzaron sobre mí con entusiasmo, lamiendo toda mi cara.
—Quietos, quietos. Yo también me alegro de veros.
Los acaricié con vehemencia, ganándome más lametones. Empezaron a saltar sobre la cama, persiguiéndose los unos a los otros.
—Vais a destrozar mi habitación.
Decidí ponerme de pie cuando empezaron a jalonear mis cojines.

Coloqué una bata sobre mi cuerpo y me hice un rápido moño y agarré un pantalón de chándal para Edward. No sabía a qué hora llegaría mi Nana y definitivamente no sería divertido que lo encontrara pululando desnudo por la cocina.
—Umm, así que ellos definitivamente consiguieron saltar la valla.
—Olvidaste cerrarla.
—No me di cuenta —deposité un rápido beso en sus labios.
—¿Necesitas ayuda? —pregunté mientras rellenaba los cuencos de los perros con pienso.
—Tengo todo controlado —brincó cuando saltó un poco de aceite.
—Déjame a mí —le di un empujón con la cadera y le tendí el pantalón. —Mi nana puede aparecer en cualquier momento.
—No queremos asustarla.
—No quieres que te saque a escobazos.
Reí ante su cara de horror.

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—Ed, necesito hablar contigo.
—¿Qué pasa? —se enderezó en la cama, apoyándose en el respaldar y dejando a un lado el libro que leía.
Alargué el momento mientras secaba mi pelo con una toalla. La valentía que obtuve hace cinco minutos se esfumó como la pólvora.
Respiré hondo. Era ahora o nunca.
—Respecto a lo que hablamos la noche pasada… —me miró expectante, haciendo que me acobardara mucho más—. Hay algunas cosas que aún tengo que contarte. Prometí no ocultarte nada más.
—Ven aquí.
Tendió su mano en mi dirección y yo me dirigí sin dudarlo hacia él.
—Sabes que no quiero que esto se convierta en un mal trago. Hazlo cuando estés preparada y cómoda, no necesito saberlo todo en un solo día.
—Quiero pasar página de una vez y no tener que volver a recordarlo. En cuanto lo sepas todo yo podré dedicarme a olvidarlo.
—Está bien, será como tú quieras.

Me senté entre sus piernas, con sus brazos rodeando mi estómago. De esa manera me sentí mucho más protegida y segura. Sería más fácil para mí hablar sin tenerlo de frente. Después me enfrentaría a sus pensamientos.
—Tienes que tener en cuenta que todo esto del contacto es relativamente nuevo para mí. Nunca llegué a sentirme del todo cómoda ante el acercamiento de otras personas. James me marcó mucho en ese sentido. Después de todo lo que sucedió yo no soportaba tener a nadie a mi lado. Les temía a las personas y pensaba que todas querían lastimarme. La insistencia de Alice para que nos hiciéramos amigas me ayudó mucho a lo largo de los años.
—Pero ahora es diferente.
—Lo es contigo —besó mi cabeza—. Aunque has podido ver que a veces mi mente se confunde y me hace evitar el contacto de cualquiera.
—Eso tiene una explicación.
—Lo sé, pero a veces es demasiado molesto.
—Poco a poco, ¿recuerdas? —asentí.

Una cálida sensación estaba invadiendo mi sistema. Sus manos no paraban de acariciar mi vientre, piernas o brazos, disipando los escalofríos y la sensación de temor. Tenerlo presente a cada momento estaba ayudando mucho, contrario a lo que pensaba.
—Recuerdo haber perdido la consciencia en algún momento mientras James abusaba de mí. El dolor era insoportable y mi cuerpo simplemente decidió apagarse. Cuando recobré el sentido el día afuera estaba oscuro por lo que supuse que habían pasado ya unas cuantas horas. Estaba sola en la habitación, para mi alivio, y no escuchaba nada en ninguna parte. A pesar del dolor salí corriendo de ese lugar infernal con temor a encontrarme a James o Victoria en cualquier rincón. Yo era un desastre llorando, con la ropa rota y heridas por todas partes. A pesar de eso decidí tomar un taxi, vivía lejos y no soportaría caminar en ese estado. Lo primero que el taxista hizo fue preguntarme si necesitaba ayuda. Insistió en llevarme a un hospital, pero mi estado de shock me impidió tomar decisiones adecuadas. Sólo quería llegar a casa y esconderme de todo el mundo.

Me estremecí ante el recuerdo, sintiendo el dolor y la desesperación como si el tiempo no hubiese pasado.
—El taxista quiso llamar a la policía pero yo le dije que me dejara a unas calles antes de casa. Le di dinero suficiente y salí corriendo sin pensármelo dos veces. Para mi alivio no había nadie en casa por lo que fue más fácil para mí esconderme. En ese momento lo que menos pasó por mi cabeza fue ir a un hospital o a la policía. No razonaba, estaba tan ida que no me daba cuenta de lo que hacía.
Me negué a contarle todo el proceso que realicé al llegar a casa. La ducha de agua hirviendo, restregar mi cuerpo con una esponja hasta irritar mi piel para intentar borrar la marca que tenía de James y que parecía no querer irse nunca. Era demasiado vergonzoso, eso permanecería únicamente para mí.
—Recuerdo encerrarme en mi habitación por un par de días. Nadie apareció en mi búsqueda. Llevaba meses sin ver a mis padres y ni siquiera sabía dónde estaban. Mi nana estaba visitando a su hermana a las afueras de Florida, por lo que sabía que no la vería en al menos una semana. La soledad no ayudó para nada. Escuchaba voces, pisadas y tenía miedo de que James fuese a buscarme. Estuve toda la semana compadeciéndome de mí misma, sin dejar de llorar, sin poder dejar de echarme la culpa por todo lo que había pasado. Me encerré tanto en mi propio mundo que después se me hizo muy difícil salir al exterior.

Edward me apretó contra su cuerpo dándome el consuelo que tanto necesitaba. Para mi sorpresa no estaba llorando y tampoco sentía la necesidad de hacerlo. Decirle todo a él estaba aliviando por completo mi alma, vaciándola de todos los recuerdos que la punzaban, dejándome una sensación de paz.
—La primera que me encontró fue mi nana. No supe cómo lo hizo, o qué fue lo que vio en mí, pero sé que se dio cuenta de que algo muy malo me había pasado nada más verme. Rehuí su contacto cuando intentó abrazarme y estallé en un llanto tan amargo que aún puedo sentirlo. Me preguntaba de mil maneras qué era lo que me sucedía y yo me negaba a contestarle. No podía parar de llorar y de murmurar cosas sin sentido. Lo siguiente que hizo fue llamar al médico que atendía siempre a mi familia para intentar ayudarme. La presencia de él no hizo sino empeorar las cosas. No sé si el hecho de que fuera hombre me puso más frenética, pero tuvieron que inyectarme un calmante para poder controlarme.

Restregué la cara interna de mi antebrazo, sabiendo que la aún podía sentir la marca de la aguja atravesando mi piel.
—Desperté unas cuantas horas después mucho más relajada. Junto a mí sólo estaba mi nana, me había preparado un té caliente y acariciaba mi frente con cuidado. No pude soportarlo más. Atravesar todo el dolor yo sola acabó por derrumbarme y terminé aferrándome a ella y llorando sobre su regazo. Todo lo de después fue aún más terrible. Cuando le pude contar lo que había sucedido me aconsejó denunciarlo para que James tuviera su merecido. Acepté sin dudarlo no entendiendo cómo no se me había pasado antes por la cabeza. Cuando mi nana se lo contó a mi médico este nos dijo que debía revisarme, ya que la ley lo exigía así, pero yo no podía, sólo de pensar en otro hombre tocándome me hacía perder los estribos por lo que al final tuvieron que llamar a una ginecóloga del hospital de la mujer. Todas las pruebas fueron horribles, no quiero volver a recordarlas.

Me encogí de solo pensarlo.
—No necesito que lo hagas. Ya has sido lo suficiente valiente cómo para contarme todo eso.
—Gracias.
—No se merecen —besó mi mejilla, haciéndome sonreír.
—Después de todo el mal trago y de que la denuncia quedara establecida mis padres aparecieron de la nada. Me dijeron que sólo estaban de paso y que no se quedarían más de un par de días. No se interesaron por mí, no preguntaron por mi salud y tampoco se asombraron cuando vieron las heridas de mi rostro o brazos, simplemente decidieron ignorarlo todo. Mi nana explotó ante su mutismo y les contó todo. Sus expresiones me hicieron sospechar que ellos ya lo sabían, pues ni siquiera se mostraron sorprendidos. Más bien se interesaron más por saber dónde y cuándo había puesto la denuncia. Supe después que ellos impidieron que se llevara a cabo.
—¿Espera qué?

Tomé un profundo trago de aire para continuar con mi historia.
—Todas mis sospechas fueron confirmadas al poco tiempo. Ellos ya sabían lo que James me hizo, pero decidieron ignorarlo. Todo el dolor que James me infringió no se puede comparar con lo que sentí cuando mis padres me dijeron que todo lo que me sucedió fue porque me lo había buscado.
—No puede ser cierto… —Edward gruñó y apretó sus puños.
—Cuesta creerlo, ¿verdad?
—Pero ellos… ¿Cómo es qué…?
—Tenían un gran negocio con el abuelo de James. Si lograban cerrar ese trato no tendrían que volver a preocuparse por el dinero nunca más. No sé exactamente de qué se trataba, pero era algo relacionado con la compra de un casino muy lujoso en Las Vegas. Siempre sospeché que sus negocios no eran limpios.
—¿El abuelo de James era el dueño?
—No sé si el dueño o el accionista mayoritario, pero aliarse con él los haría inmensamente ricos.
—¿Qué tuvo que ver ese negocio contigo? —preguntó asombrado.

—Si la denuncia se llevaba a cabo toda la familia de James se vería implicada en una gran polémica que afectaría también a su abuelo. Sabía que él y sus padres no se llevaban bien y que siempre tuvieron problemas por el dinero. Theodore Salvatore se negaba a compartir su dinero con su hijo por haberse casado con una mujer que él odiaba. Aun así los errores de James le afectarían y le harían perder prestigio, lo que conllevaba anular cualquier asociación con mis padres y ellos perdiéndolo todo. La avaricia les pudo mucho más y movieron cuantas cartas necesitaron para eliminar esa denuncia y hacer como si nunca hubiese pasado nada. No les importé ni un poco y sus actos me confirmaron que no me tenían ni un poco de compasión. No pude soportar más depender de ellos por lo que decidí irme de casa y apañármelas por mis propios medios. Si hubiera podido hasta me hubiese cambiado el apellido.
—Es tan difícil de creer —el tono de su voz me dijo que estaba muy enfadado.

—No todas las familias son buenas o todos los padres aman a sus hijos, como puedes ver.
—No saben todo lo que se perdieron apartándote de su lado.
—Irme fue lo mejor que pude hacer. Inicié una nueva vida alejada de todas las personas que me hacían mal. Tenía dinero suficiente como para sobrevivir por un tiempo. Lo único bueno que hacían por mí en ese entonces era depositarme dinero mensualmente para mis gastos. Tenía de sobra para arreglármelas por mí misma, aunque mi nana se vino conmigo sin dudarlo.
—Ella siempre estuvo ahí para ti.
—En cada momento. Ella es mi verdadera madre.
—Le estoy muy agradecido por cuidarte y quererte.
—Fue y será mi puerto seguro. Me mantuvo cuerda cuando más lo necesité y siempre está dispuesta para apoyarme o enseñarme cosas nuevas.
—Es una mujer admirable.
—Sin duda.
Jugueteé con la pierna de Edward, no sabiendo si quería seguir escuchándome.

—¿A qué te refieres con que te mantuvo cuerda?
—Cuando encontramos un piso adecuado para las dos yo volví a retraerme. Tenía el justo contacto con ella. Nos saludábamos, compartíamos las comidas y alguna que otra charla informal, pero nunca pude soportar que se acercara como antes. La frialdad de mis padres me hizo ser mucho más distante y ella los odió por arrebatarme mi cariño. Estuve como mínimo seis meses sin poder soportar ni que me sujetara la mano. Sabía que le dolía pero ya no dependía de mí, mi cuerpo actuaba por sí sólo.
—Según he escuchado rehuir el contacto de las personas tras un acto traumático es lo más normal.
—Puede que sí pero yo me sentía mal porque ella no tenía la culpa —suspiré con pesar—. La cosa se puso peor cuando me recordó que debía regresar a clases para terminar mi último año de preparatoria. Sólo de pensar en estar nuevamente rodeada de tantos extraños me ponía frenética. Tuvimos largas discusiones sobre ese tema por lo que la mejor opción para mí fue estudiar ese curso a distancia.
—¿No regresaste a clase?
Negué con la cabeza.

—Era inconcebible. Prácticamente no salía a la calle más que para lo esencial. Les temía a las personas y creía que en cualquier momento James regresaría a por mí.
—Que no fuera a la cárcel puso tu vida en peligro.
—Eso pensaba yo cada día, por eso prefería no salir.
—Pero el miedo era peor.
—Lo sé, me hacía más huraña con todos. La cosa cambió cuando me gradué y obtuve la nota para poder estudiar veterinaria. No es una carrera que se pueda estudiar a distancia por lo que si quería ingresar en la facultad debía de ser presencial. Estuve bastante tiempo sopesando mis opciones. Quedarme encerrada en casa para siempre o cumplir mis sueños de estudiar veterinaria y enfrentarme a todos mis miedos.
—Elegiste la opción correcta.
—Pero no fue fácil y los primeros meses fueron horrorosos. No me quiero extender mucho con eso pero sólo diré que yo era como un libro más. Estaba presente pero siempre alejada, callada y en una esquina, aunque todo cambió con la llegada de Alice.

Recordar a mi amiga me hizo sonreír, sabiendo que a ella le debía mucho en mi avance social.
—¿Estudiaron juntas?
—Sí. Nos asignaron como compañeras de laboratorio y compartíamos cada clase. Es una persona muy tenaz y a la final ella me ayudó a volver a ser sociable. Se negaba en banda a desistir conmigo por lo que más de una vez se llevó un grito de mi parte. Llegó incluso a ser agobiante, pero le estoy muy agradecida. 

Por los estudios nos tocaba ir a la casa de la otra y pasar muchas horas haciendo trabajos, prácticas y ejercicios, por lo que al final le cogí cariño. Es muy atolondrada y divertida, imposible no quererla.

—Es como un gnomo con exceso de cafeína.
Reí fuertemente.
—Si llega a escucharte querrá diseccionarte.
—Confío en que guardes mi secreto —giró mi rostro para poder besarme mientras yo asentía.

—Nuestra amistad me hizo ser una persona normal nuevamente. Hablaba más y no me escondía de todo el mundo, eso fue un enorme progreso.
Comenzamos a quedar con Rosalie, quien conocía a Alice del instituto, y aunque es un poco más seria me ayudó mucho a valorarme. Es una mujer hermosa que sabe lo que quiere en la vida y que tiene las armas suficientes para conseguirlo por lo que su presencia me dio deseos de querer ser coqueta de nuevo. Las tardes repletas de maquillaje, peluquería y compras volvieron a ser parte de mi vida, sobre todo las compras —rodeé los ojos con fastidio.
—Ellas morirían felices en un centro comercial.
—Ni que lo digas —reí cuando resopló—. La cosa se puso un poco fea cuando Emmet entró en acción.
—¿Por qué? —Edward se tensó y yo supe que se temía algo malo.
—Emmet es un pedazo de pan más bueno que un niño, pero yo les tenía miedo a los hombres y su enorme físico lo hacía muy intimidante.
—Le daría miedo a cualquiera —concordó conmigo.

—Él y Rosalie ya tenían tiempo siendo novios y era normal que ella quisiese que él saliera con nosotras también. La tarde que le conocí habíamos quedado las tres para ir a alguna cafetería del centro. Yo iba retrasada por lo que estaban todos ya cuando llegué. Fue todo muy rápido. Rosalie me lo presentó como su novio y como es normal él se acercó a darme un beso. Tuve un ataque de pánico mientras le gritaba que no me tocara y prácticamente salía corriendo.
—Oh Dios…
—Sí, tremendamente exagerado. Me sentía muy avergonzada con ellos por lo que simplemente decidí distanciarme. Mi momento de gloria duró una semana hasta que Alice y Rosalie me atraparon por banda y me exigieron una explicación. Ellas lo merecían por lo que simplemente me decanté por contarles la verdad. Pensé que se asustarían pero fue todo lo contrario. Su consuelo y comprensión me ayudó a superarlo un poco más. Me aconsejaron ir a un psicólogo y las terapias me centraron mucho. La prueba de fuego fue encontrarme nuevamente con Emmet.
—¿Estaba enfadado?
Edward estaba picado por la curiosidad. Sonreí.

—Para nada, eso fue lo mejor. Él no sabía nada de lo que me pasó pero intuí que de cierta manera sabía que cargaba algo muy malo. Fue muy amable conmigo y poco a poco empecé a tolerarlo, luego se convirtió en mi mejor amigo. No paraba de reírme con él y sus tonterías. Supe que di un gran paso cuando en unas fiestas navideñas logré abrazarlo para desearle un feliz día de acción de gracias. Fue bastante emotivo en realidad, porque yo sabía que ese pequeño acercamiento significaba un gran cambio en mi vida. 

Finalmente para cuando nos graduamos yo ya no concebía una vida sin ellos a mi lado.

—Guau.
—¿Opiniones?
Edward movió mi cuerpo para que pudiera verlo de frente. Me acurruqué en sus brazos cálidos y acogedores.

—Me parece que eres la persona más fuerte que conozco. Superar todos esos baches es algo estoico, cualquiera en tu situación se hubiese hundido mucho más.
—Tuve a grandes personas a mi lado.
—Lo que demuestra que no todo está perdido y que siempre habrá gente que te ame.
—Eres el único que sabe la historia completa.
—¿Cómo así?
—Ellos sólo saben una versión light de todo lo que pasó. No les hacía falta conocer los detalles más macabros. Tú, por el contrario, necesitas saberlo todo para comprenderme por completo. Nunca estaré del todo reparada y tendré muchos momentos de recaídas, más en momentos como estos en los que el pasado vuelve a personificarse frente a mí.
—No necesito que seas perfecta cariño, ni que intentes serlo. Me alegra saber que confías lo suficiente en mí como para contármelo todo, pero dejando eso a un margen yo contigo soy como un ciego que se guía por su instinto, que te sigue y te comprende aún sin saberlo todo.
—Pero nada de lo que pasó en casa de Alice hubiera sucedido si…
Selló mi boca con su índice.

—Ese que viste ahí no era más que una versión de mí mismo comportándome como un idiota sin raciocinio. Nunca debí juzgarte ni dudar de ti. Me arrepentiré siempre por ello.
—Todo esto no sirve de nada si tú vas a seguir sintiéndote culpable. Como ves hemos nacido para cometer errores.
—Tu perdón es mi redención.
—Lo tienes —deposité pequeños besos fugaces en su boca.
—Gracias por confiar en mí.
—Gracias por amarme.
—No tienes que agradecerme eso. Has sido tú quien se adueñó de mi corazón.
—Y pienso quedármelo por mucho tiempo.
—¿Qué tal por un para siempre?
—Para siempre suena fantástico.




Hello People! :)
Sí, yo aquí de nuevo. Después de mucho sin actualizar les dejo el nuevo capítulo.
Soy un desastre. Lo siento mucho :(
Espero les guste y disfruten leyéndolo.
Déjenme su opinión más sincera.
Muerdi-Kisses.
By: Crazy Cullen.

3 comentarios:

  1. te felicito escribes muy pero muy bien, me encanta, bueno eso es verdad no deberias hacerla sufrir mucho a la pobre jejeej, pero la historia esta muy emocionante, xfa no demores mucho en actualizar repito me encanta esta historia, eres sorprendente, saludos desde Perú.

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  2. HOLA TARISA!!
    MIL GRACIAS X TU COMENT ME ALEGRA K TE GUSTE!!
    LA VERDAD ESK SI NO SE NI XK PERO UNA VEZ ESCRITO ME GUSTO Y AUNK ES DURO PUES YA LO DEJE ASI
    MUXOS KISSES WAYA ACTUALIZARE LO MAS RAPIDO QUE PUEDA YA QUE ANDO LIADA CON LOS EXAMANES Y DEMAS
    SALUDOS
    BY: CRAZY CULLEN

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  3. Oh my good!!

    Tu quieres matarme, ¿cómo me dejas así?....

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