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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 22: Después de la tormenta viene la calma.



Capítulo 22: Después de la tormenta viene la calma.




Pov Edward:

Embarazada, Bella estaba embarazada… Tendríamos un precioso bebé, los dos, juntos, nuestro hijo… Increíble, la vida no podía darme mejor alegría en momentos como este. A partir de ahora estaríamos totalmente completos, formando una feliz familia, amándonos como nunca.

—¿Em… Embarazada…? —Tartamudeó Bella cuando logró salir de su estupor.
—Así es señorita Swan, los análisis de sangre son muy claros. Embarazada de cinco semanas. —Sonrió alegre.
—Oh dios mío. —Susurró de manera imperceptible.
Sentí su mano, la cual tenía fuertemente agarrada, temblar.
—¿Sucede algo? —Preguntó el doctor con el ceño fruncido.
—Yo… Yo… —Tartamudeó.
Apreté su mano con firmeza, trasmitiéndole mis sentimientos.

Su rostro giró automáticamente hacia mi dirección y me miró con cautela. Me quedé totalmente pensativo ante la expresión atemorizada que me mostraban sus ojos.
—¿Estás bien? —Le pregunté cálidamente con un dejo de preocupación.
—Lo… Lo siento tanto… —Sus ojos se aguaron. —Yo… Yo… —Dejó de sujetar mi mano.
¿Qué ideas atravesaban su mente para que se comportara así?
Fruncí el ceño, totalmente confuso por su reacción.

—¿Se encuentra bien señorita Swan? —El médico ocupó su faceta profesional.
—Sí… Sí… —Parecía fuera de sí.
—Me gustaría explicarles un poco la situación y ponerlos al corriente de todo, pero no puedo hacerlo yo, se encargará su ginecóloga, la señora Jones.
—De acuerdo. —Contesté al ver que Bella no emitía palabra alguna.
—Si tienen alguna pregunta no duden en decírselo, ella los orientará y les dará un par de consejos. —Sonrió levemente. —Hasta luego.
—Adiós. —Dijimos Bella y yo al unísono, solo que su voz fue un suave murmullo.

En cuanto la puerta se cerró un gran silencio inundó la habitación, pero no duró mucho pues los sollozos de Bella me alertaron.
—¿Bella? —Me giré en su dirección. —¿Qué sucede?
—Lo siento tanto Edward… Yo no sabía… Yo… Nunca hemos hablado de ello y… Tal vez se me olvidó tomar alguna pastilla… Lo siento. —Sus sollozos se hicieron más fuertes.
—Amor… —Me acerqué hasta ella y la abracé fuertemente.
—Sé que es muy pronto pero no sé como… —Se aferró fuertemente a mí mientras lloraba.
—Bella es lo mejor que nos ha podido pasar. —Aclaré demostrándole mi felicidad.

No dijo nada, solo se aferró más a mí mientras la consolaba.
—¿A caso no quieres este bebé? —Pregunté temeroso.
—¡Si lo quiero, claro que lo quiero! —Contestó casi gritando separándose de mí.
—¿Entonces qué sucede?
—He sido una irresponsable… No he podido darme cuenta antes y no sé si tú quieres… —Una solitaria lágrima escapó de su ojo.
—Amor… —Sujeté dulcemente sus mejillas. —Tener un hijo contigo es lo mejor que me puede pasar.
—¿No te arrepientes?
—¿Arrepentirme? —Fruncí el ceño. —¡No! Es una noticia estupenda. —Sonreí.

Acaricié suavemente sus mejillas, secando sus lágrimas.
—Pen-pensaba que tú… Soy una estúpida. —Bajó la mirada.
—No amor, claro que no. Solo has tenido miedo. Pero escúchame bien, nunca nada me ha hecho más feliz. Ahora seremos una familia. Tenerte junto a mí es maravilloso y ahora con un bebé será mejor aún.
Sonrió alegremente mientras se acercaba con delicadeza y besaba mis labios con amor.

—Eres el mejor. —Se acurró entre mis brazos. —Te amo, te amo tanto. —Susurraba en mi cuello, haciéndome cosquillas con su fresco aliento.
—Yo te amo más. —Besé el tope de su cabeza.
Estuvimos así por unos minutos más, trasmitiéndonos todo sin necesidad de hablar. Nos conocíamos tan bien que no hacían falta las palabras en momentos como este. Nuestros corazones se lo decían todo por sí solos.
Poco después la señora Jones atravesó la puerta con una amplia sonrisa que se agrandó más al ver nuestras posiciones.

—Buenos días, soy la señora Jones. —Nos saludó amablemente, haciendo que las pequeñas arrugas de su frente y alrededor de sus ojos se marcaran. Era una señora de unos cincuenta años aproximadamente con un aspecto que inspiraba ternura.
—Buenos días. —Saludamos.
—Me encargaré de aconsejaros y ayudaros en todas las dudas que tengáis sobre el embarazo. —Hablaba mientras se sentaba tras el escritorio. —¿Eres primeriza?
—Sí. —Afirmó Bella con voz totalmente relajada.
—De acuerdo. No te preocupes de nada, es más fácil de lo que parece. —Sonreímos.

Miró los documentos que había sobre la mesa y escribió algunas palabras en el ordenador que estaba sobre la misma.
—Por lo que veo aquí solo estás de cinco semanas. —Bella asintió. —Es aún pronto para hablarte sobre los mareos y malestares, no quiero asustarte. —Sonrió maternalmente. —De momento sabes que tienes que cuidarte, tomar ciertas precauciones con la comida, sobretodo no tomar cafeína, alcohol o fumar y tener una dieta variada.
Bella asentía a cada palabra.

—Según pasen los meses las indicaciones y cuidados serán mayores, pero nada alarmante. Por el contrario, solo se trata de que lleves una vida sana ya que ahora tienes que hacerte a la idea que todo lo que tú ingieras será también para el bebé.
—De acuerdo.
—Hablaremos de dietas específicas más adelante. De momento disfruta de este proceso maravilloso de la vida y relájate, aún te quedan ocho meses.
—Eso haré, gracias.
—Si tienes alguna duda no temas preguntar que para eso estoy aquí. Al ser primeriza las dudas te abordaran más pero todas se podrán solucionar de seguro.
—De momento todo me quedó claro.

La señora Jones escribió algo en el ordenador y sonrió con amabilidad.
—Maravilloso. Eres una mujer joven y llena de vida, por lo que hasta al menos el cuarto mes el embarazo no debería presentar molestias aunque tal vez, pues siempre varía según la mujer, sientas algún mareo o dolor de cabeza repentino. En momentos como ese respira hondo e intenta no tomar pastillas al menos que los dolores sean demasiado fuertes.
—De acuerdo, todo claro. —Bella apretó mi mano mientras sonreí. Ambos estábamos muy felices.

—¿Alguna duda?
—No.
—Bien, te citaré para dentro de tres semanas, cuanto tengas ocho de gestación para hacerte la primera ecografía.
La sonrisa que ilumino el rostro de Bella y el mío fue deslumbrante.
—¿Se verá algo? —Ella estaba totalmente ilusionada al igual que yo.
—Claro sí. Será como una pequeña manchita con forma de coma, pero créeme, es fabuloso y te llevarás una gran sorpresa y alegría.
—No puedo esperar. —Su voz era totalmente alegre.
—Ese día seguramente sea uno de los más importantes del embarazo, pues veréis a vuestro bebé por primera vez.
No puede evitar sonreír.

La doctora Jones nos habló unos minutos más sobre el embarazo y nos citó para dentro de tres semanas a las once de la mañana. 
Nos despedimos alegremente de ella y en mi memoria quedaron grabadas sus últimas palabras.
—No todo es cosa de la mujer, debes ayudarla en todo lo que puedas y hacerle este tramo más fácil. Solo tienes que prepararte para cuando llegue la etapa de los antojos. —Sonrió sin malicia mientras acariciaba mi hombro maternalmente.
—¿Llegará pronto?
—Eso depende de ella.
No dijo nada más y salió detrás de nosotros de la consulta. 

 Agarré fuertemente la mano de Bella y, en silencio, nos encaminamos a la salida del hospital.
En cuanto nos encontramos en la entrada ella hizo algo totalmente repentino.
—¡Edward! —Chilló, provocando que yo me detuviera en seco, y sin darme demasiado tiempo para reaccionar se abalanzó hacia mí. Instantáneamente agarré fuertemente su cintura y la apreté contra mí.
—¡Tendremos un bebé! —Dijo jubilosa.
Sonreí totalmente alegre sintiendo que las piezas de nuestro puzle encajaban a la perfección y que después de toda la tormenta que nos tocó atravesar la calma nos inundaba con esa fabulosa noticia.

—Es genial. —Le dije cerca de su oído mientras mis brazos la apretaban fuertemente.
—Estoy tan feliz. Perdona por lo de antes, solo estaba confundida. —Dijo en pequeños susurros.
—Todo olvidado. —Sujeté sus mejillas y le di un tierno y prolongado beso, disfrutando del suave tacto de sus labios.
No puedo decir cuanto tiempo estuvimos así, solo sé que la felicidad que nos recorría a ambos era inmensa.

Llegamos a casa en el taxi que nos trajo desde el restaurante chino al que habíamos ido al salir del hospital. Lo encontrábamos mientras paseábamos por la avenida principal y en cuanto lo vimos las tripas de Bella hicieron un ruido totalmente gracioso. No lo dudé y tiré de su mano dentro del local. La comida era exquisita y pasamos todo el tiempo hablando sobre el bebé que tendríamos y de que nos había unido más si se podía.

Bella se dirigió directamente al sofá y yo sin perder mucho tiempo la seguí y me senté en la esquina contraria dejando que sus piernas descansaran en las mías mientras las acariciaba con suaves toques ascendentes y descendentes.
—Me parece irreal. —Dijo suavemente.
—¿El bebé?
—Todo… —Echó la cabeza hacia atrás extasiada por mis caricias. —Desde el principio de la historia, es tan irreal. Desde que te conocí. —Elevó la mirada, la cual se cruzó con la mía.
—¿Y ha sido para bien?
—Para mucho más que bien. Ha sido lo mejor. —Me sonrió dulcemente.


—Sí, lo mejor de mi vida. —Como por inercia mi mano se dirigió a su aún plano vientre, el cual fue acariciado con delicadeza, incluso con temor.
—¿Seremos feliz para siempre? —Preguntó.
—Desde ahora seremos totalmente felices.
Ambos sabíamos que ahora lo lograríamos. Sin James de por medio sería todo más sencillo. Desde este momento podíamos dedicarnos solo a nosotros y al bebé que pronto vendría. Desde ahora viviríamos cada momento como si fuera el último.

—¿Lo prometes?
—No. Te lo juro. —Aclaré cuando su mirada me buscó temerosa. Sonreí.
—¿Qué va a pasar ahora?
—¿Sobre qué?
—Sobre nosotros. —La miré confundido.
—¿Perdón?
—Ehh… No me expliqué bien. Me refiero nun-ca hemos hablado sobre la… Convivencia y… No hemos quedado en nada.
—Hey nena. —Me miró. Sus labios temblaban, estaba nerviosa. —No tiene que ser un pacto. ¿Me amas?

—Claro que sí.
—Con eso me basta. Juntos podremos vivir donde sea y como sea, hasta debajo de un puente. —Sonreí por la tontería que salió de mi boca.
—Contigo a mi lado no me importaría.
Me acerqué despacio a su lado y besé su rostro hasta acabar dando suaves besos de mariposa en sus labios, disfrutando del momento.
—Puedes mudarte aquí.
—También tenemos mi casa.
—¿Enserio?
—¿Por qué no?
—Hemos ido poco y pensaba que tal vez… No sé… —Dudó.

—¿Qué has imaginado?
—Na-da.
—Bella…
—Bueno… Como la mayoría de las veces estamos aquí y tú vienes más emm… Es una tontería.
—Venga, confía en mí. Es mejor hablarlo todo.
—Bueno que no querías que fuéramos ahí porque es tu espacio y querías tener privacidad y… —Alcé una ceja.
—Soy toda una paranoica.
—Lo eres. —Reí.

—Gracias. —Dio con un cojín en mi cara.
—Ok, ahora dime la verdad.
—¿Ehh?
—¿Enserio?
—Yo pensaba eso…
—¿Cómo se te ocurre? Simplemente no sé… Me acostumbré a venir aquí, tú parecías más cómoda así…
—Es igual, olvidemos esto. Déjalo estar, será mejor. Ahora solo pensemos en el futuro que se nos avecina con fuerza.

—Sí, solo no vuelvas a pensar algo así. 
—Trato hecho. No más paranoias. —Reímos a la par.
—¿Entonces qué haremos?
—No se me ocurre nada. Podemos estar aquí, en mi casa o comprar otra. —Sonreí volviendo a acariciar sus piernas. Dulce tentación.
—Ambas casas son grandes.
—Sí, hay espacio de sobra. ¿Cómo te gustaría que fuera?
—A pesar de vivir aquí prefiero una casa pequeña, hogareña. Tiene que tener un patio grande lleno de césped y flores de todos los colores. Dentro en el salón una chimenea de piedra y una gran alfombra peluda… Ummm… —Sus labios lanzaron un excitante gemido de placer cuando mis manos ya no pudieron estarse quietas.

—Edward… —Mordió su labio inferior, provocándome.
—¿Qué más? —Insistí en lo de la casa haciéndome el desentendido.
—Al-al menos tres dormitorios para nuestros hijos… —Sonreí al escuchar sus últimas palabras. —El-el nuestro tendrá una gra-an cama. —No pudo evitar lanzar un exquisito gemido cuando llevé mis dedos al botón de su pantalón y lo desabroché con picardía, lentamente, extasiando con el calor que su cuerpo trasmitía.

—¿Una cama grande?
—Muy grande.
—¿Y para qué? —Mordí mis labios al saber perfectamente de que hablábamos.
—Ed-ward… —Lanzó un sonoro jadeo cuando acaricié su intimidad por sobre la ropa interior.
—No has contestado.
—Para esto.
Se levantó en un ágil movimiento que no esperé y se sentó a horcajadas sobre mis piernas mientras se lanzaba a besar pasionalmente mis labios, los cuales la recibieron gustosos.

Mordí su carnoso labio inferior e introduje mi lengua en su cavidad, saboreando su sabor.
Jadeé al sentir una deliciosa fricción en nuestros sexos anhelantes cuando movió sus caderas y prácticamente se restregó contra el bulto que clamaba por salir e introducirse en su calor.
Elevó su cuello y yo no desperdicié la oportunidad de llevar mis labios a la suave piel que se extendía ante mis ojos. Di un pequeño mordisco llevándome un satisfactorio gemido. Succioné con energía la marmórea piel mientras ella lanzaba gemidos al aire y movía suavemente su cuerpo.

Llevó sus manos a los botones de mi camisa y los desabrochó con desesperación, aproveché ese momento para acariciar sus muslos y elevar mis manos por su cadera, di una suave apretón a cada lado y sentí como sus manos se tensaban en los botones de la camisa y cerraba los ojos al igual que los labios, en un claro gesto de dolor.
—¿Bella? —Preguntó temeroso de haberla lastimado.
—Estoy bien. —Susurró entre dientes tratando de mentirme.
Subí con rapidez su blusa y me encontré con la blanca piel de sus caderas y la clara marca amoratada del hematoma que ese estúpido había dejado en su cuerpo. Lo había olvidado por completo.

—Lo siento, no lo recordé… —Hablé totalmente avergonzado por haberlo olvidado.
—No es nada, simple molestia.
—He sido muy brusco.
—Tranquilo, no ha sido para tanto.
—Bella te he lastimado. —Acepté con total resignación.
—No Edward, no tienes la culpa. Por favor no te detengas. —Imploró anhelante besando mis labios con desesperación.
—Bella, no. —Agarré sus mejillas para que se detuviera.
—No, por favor… No lo hagas. —Pidió cuando hice ademán en levantarme.

—Te haré daño.
—No lo harás. Por favor… —Apretó su cuerpo contra el mío y envolvió mi torso con sus brazos como si de una boa constrictor se tratara.

—Bella…
—Te lo diré si me lastimas, por favor…
No dije nada más. Tampoco podía resistir la tentación y el deseo que sentía con ella. Tomé sus mejillas con dulzura y besé la comisura de sus labios.
—Promete que me lo dirás.
—Lo prometo. —Susurró aduras penas atacando con presura mi boca.
Dejé que ella dominara el demandante beso que estábamos compartiendo, mientras acariciaba su espalda con movimientos suaves para no lastimarla.

Terminó de desabrochar mi camisa aún sin dejar de besarme mientras yo enredaba mis dedos en su sedoso y largo cabello y halaba suavemente hacia atrás para tener más acceso a sus adictantes labios.  
Dejé que quitara mi camisa mientras poco después yo hacía lo mismo con su fino jersey rojo el cual solo tapaba un blanco sujetador que hacía sus montes más celestiales.
Me deleité con la vista que sus pechos me ofrecían y llevé rápidamente las manos detrás de su espalda para quitarle el tan molesto sujetador.

No pude detener mi boca que prácticamente se lanzó a devorar sus blancos montes y sus erguidos pezones.
Su cabeza se echó hacia atrás y su cuerpo se elevó hacia mi ansiosa boca que saboreó su suave piel y se deleitó con la firmeza de sus pechos.
Llevé mis manos hacia su baja espalda y con movimientos suaves pero firmes hice que sus caderas se movieran sobre mi más que necesitada erección. Jadeamos a la vez cuando nuestros sexos se rozaron aún con la ropa provocando que su cuerpo se estremeciera y que mis caderas se movieran como si tuvieran vida propia buscando su centro del placer.

—E-Edward… —Gimió cuando introduje mis dedos en su ropa interior y acaricié su centro, totalmente húmedo, esperando por mí.
—Me encantas… —Susurré sobre el lóbulo de su oreja mientras lo lamía levemente.
—Te necesito ahora. —Pronunció rozándose contra mí mano.
Acaricié los empapados pliegues y pellizqué su clítoris. Lanzó un gemido desesperado.
—Me torturas. —Hundió su rostro en mi cuello dejándose envolver por las sensaciones. Su respiración era acelerada.

En un rápido movimiento llevó sus desesperadas manos al botón de mi pantalón y con movimientos ágiles introdujo su pequeña mano dentro de mi bóxer. Me estremecí al sentir como apretaba mi miembro más que necesitado.
—Ummm… A mí me encanta esto. —Posó sus dedos por la punta que esperaba por ella, por su toque, por su calidez.
—Be-Bella.
—Estas tan duro. —Pronunció con seductora voz en mi oído mientras seguía con sus movimientos que me estaban volviendo loco.

En un repentino movimiento que me desconcertó por unos segundos se puso de pie y quitó casi a jalones sus pantalones. No tardó en hacer lo mismo con su ropa interior y para mi sorpresa, pues no era típico en ella, me mostró su perfecto cuerpo sin nada que la cubriese.
No tardé en imitar sus movimientos, me puse de pie rápidamente y quité mis pantalones siendo consiente de como sus ojos devoraban mi cuerpo. 
—Yo lo haré. —Dijo cuando iba a bajar mis bóxers.
Llevó sus manos al borde de la prenda y antes de decidirse a bajarla apretó mi miembro por sobre la misma, haciendo que inconscientemente echara la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.

—Ummm… —Gimió mientras veía como mi miembro salía prácticamente disparado al bajar la prenda.
Llevó su mano hacia mi erección y la apretó entre ella, para después moverla sobre mi eje ascendente y descendentemente. 
—No puedo esperar para que me penetres fuertemente.
La mención de esas palabras me derritió completamente. Olvidándome completamente de la poca cordura que me quedaba agarré con la mayor delicadeza sus piernas y la alcé, haciendo que sus piernas envolvieran mi cadera. Nuestros sexos desnudos se rozaron haciendo que gimiéramos a la vez, totalmente extasiados.

Empujó mi cuerpo con una de sus pequeñas manos mientras besaba con desesperación mis labios. Perdí levemente el equilibrio y caímos sentados sobre el sofá que había detrás de nuestros cuerpos.
Sus piernas quedaron a cada lado de las mías y sus brazos alrededor de mis hombros.
—Hazlo ahora. —Mordió el lóbulo de mi oreja y elevó sus caderas para a los pocos segundos dejarse caer sobre mi eje en un solo movimiento que hizo que la penetrara profundamente.
—Ohh sí… —Gimió. —Fuerte Ed… Fuerte…

Acatando sus ordenes agarré sus caderas intentado no apretar sus hematomas y moví las mías para embestirla tal y como lo deseaba.
Moví mi cuerpo al compás que el suyo, deleitando con la maravillosa sensación de sentir sus estrechas paredes apretando mi miembro. Me dejé envolver por la calidez que trasmitía y por todas las sensaciones que sentía cada vez que hacía el amor con ella, con mi hermosa y amada Bella.
Empezó a botar sobre mi cuerpo, engullendo con su necesitado centro todo mi falo.
En la habitación solo se escuchaban nuestros gemidos, el chocar de nuestros cuerpos y el sonido de nuestros labios al juntarse.

Apreté su baja espalda hacia mi cuerpo haciendo que a la vez que bajaba sobre mi eje las penetraciones se volvieran más profundas, ya que hacía la penetración lo más larga posible.
—Estoy cerca… —Susurró.
Abracé su delicado cuerpo y la ayudé a impulsarse con más fuerza, haciendo que sus montes botaran cerca de mi rostro en cada movimiento, tentándome.
No pude resistirme y llevé mis labios a sus erectos pezones que poco antes se habían estado rozando contra mi torso en cada movimiento.

—Ohh… Dios… —Mordisqueé las duras puntas y lamí su blanca piel mientras movía al compás mis caderas.
—¡Edward! —Chilló cuando la ayudé a impulsarse más arriba, haciendo que mi erección saliera prácticamente de su cuerpo para penetrarla con fuerza en una sola estocada.
Seguí con el movimiento de mis caderas y acaricié, esta vez con mis dedos, sus pezones, deleitándome con su dureza hasta que sentí como su cuerpo se tensaba y sus paredes apretaban mi miembro que no tardaría en liberarse.

—Umm… Sí… —Embestí cuatro veces más dentro de su cuerpo hasta que sentí como llegaba al clímax total, dejando escapar un fuerte grito mezclado con mi nombre. Escucharla nombrarme a la vez que sus paredes apretaban mi miembro me hizo llegar prácticamente a la par que ella. Me derramé en su interior con potencia mientras mordía con delicadeza su hombro.
Su cuerpo cayó prácticamente inerte sobre el mío. Nuestras respiraciones eran rápidas y entrecortadas.
—Mi Dios, eres mi Dios. —Pronunció con respiración agitada haciendo que una estruendosa carcajada escapara de mis labios.

—Ummm… No sabes lo que amo hacerte el amor, hacerte gritar mi nombre y embestirte sin parar.
Mi voz fue un ronco gruñido de placer.
—Edward… —Su respiración se entrecortó aún más mientras se movía sobre mi eje que aún estaba en su interior.
—Eres perfecta. —Le dije cerca de sus labios para después besarla tiernamente con todo mi corazón. —Te amo. —Pronuncié sin dejar de besarla expresando todo lo que sentía por ella.
—Yo también te amo. —Apoyó su mejilla derecha en mi pecho mientras sonreía deslumbrantemente.
A los pocos segundos sentí su respiración más calmada, se había quedado dormida.

Con cautela para no despertarla me puse de pie con ella en mis brazos, mordiendo mis labios sin poder evitarlo cuando mi miembro salió de su interior, y la llevé al estilo nupcial hacia nuestro dormitorio, necesitaba descansar después de tantas emociones en un solo día.





Hello People! :)

Aquí les dejo uno capítulo más en el que ya ven la cosa se puso muy picante. Jejeje, llevaba bastante sin escribir un lemmon “en condiciones” en esta historia, así que ahí está, disfrútenlo! xD

Espero que les guste el capítulo, sé que no tiene muchos avances ni nada fuera de lo normal, pero se merecían un poco de paz, amor, aclaraciones y felicidad después de tanto que les he hecho pasar xD.

Me da penita decirlo, pero ya he hecho cálculos jajaja, y si no me han fallado no le quedan más de dos capítulos a la historia más el epílogo. No me puedo creer que le quede tan poco. Habrán las aclaraciones finales en los siguientes y dentro de poquito le coloco la etiqueta de completed.

Miles de Kisses, espero sus opiniones, sugerencias, consejos etc.
By: Crazy Cullen.

1 comentario:

  1. Ohhhhhhhhhhhh Dios Santo!! jajajaja Que capítulo, estoy acalorada, como salgo de esto sin un Edward al lado??? Me quieres mataar! Que bueno la parte del embarazo, por un momento pensé que no lo quería, que susto jajaja.
    Me gustó nena muy bueno! No esperaba otra cosa de ti Felicitaciones.Muakkkkkkkkk

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