Texto way



SinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.com


Seguidores

La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

sábado, 12 de mayo de 2012

Capítulo 23: Antojos y caprichos.


Capítulo 23: Antojos y caprichos.



Pov Edward.

Se volvió a remover inquieta en la cama, haciendo que desviara mi mirada hacia su posición. La veía colocarse de un lado, luego de otro a los pocos segundos, morder sus labios y suspirar con fuerza. Ya sabía que quería, había aprendido a leer sus gestos a la perfección.

—¿Qué es ahora?  —Me miró con clara desesperación, después con timidez. Era la sexta vez que le pasaba en tan solo una semana.
—Na-da… —Intentó disimular su necesidad mordiendo sus labios.
—Sé lo que pasa, así que solo dilo. —Dejé el libro que descansaba en mis manos en la mesilla que se encontraba al lado de la cama y la miré con atención.
—No es nada. —Repitió. Se sentó en la cama, apoyando su espalda en el cabecero beige de la cama, y comenzó a mover las manos frenéticamente por sobre la morada colcha.

—Bella, sabes de sobra que no me molestará traerte cualquier cosa. Solo dime que es lo que quieres, te lo traeré enseguida. —Me miró anhelante, agradeciéndomelo con la mirada y después se colocó de rodillas en la cama, mirándome atentamente.
—Ummm… Quiero fruta con chocolate… —Relamió sus labios, imagino que al pensar en lo que me estaba pidiendo. Me puse de pie, decidido a ir a la cocina a buscar lo que pedía. Antes de que diera un solo paso agarró mi mano.

—Ed… —Se movió por la cama hasta colocarse, aún de rodillas, al borde de esta. —También quiero nata. —Volvió a morder sus labios, provocando que mi mente tuviera pensamientos indecorosos. Por unos segundos me perdí en el inicio de sus pechos, los cuales se veían a la perfección desde mi posición y gracias al cuello en “U” de su camisa.
—¿Nata?
—Sí… Para la fruta. —La vi sonrojarse furiosamente y sonreír con picardía.
—¿Tienes en la cocina?
—No, tendrás que comprarla. —La miré atentamente, debido a que el tono de su voz se volvió más pausado y sensual.

—De acuerdo, vuelvo enseguida. —Deposité un suave beso en sus labios.
Vi por el soslayo de mi mirada que se ponía de pie y se dirigía rápidamente al baño. Decidí salir lo antes posible, así llegaría más rápido al calor y comodidad del que ya consideraba completamente mi hogar. Mientras estara a su lado, siempre sería mi hogar.
Recorrí la corta distancia que me separaba del supermercado más cercano. Decidí comprar dos botes de nata montada, un par de tabletas de chocolate y mucho helado de tarta de queso. Sabía que no era lo más saludable en el mundo, pero Bella no había parado de alimentarse de ellos desde que los antojos empezaron a controlar su cuerpo.

Llegué unos minutos más tarde de lo que esperaba, pues habían tenido ciertos problemas con el funcionamiento de las cajas registradoras. Suaves gotas similares al rocío adornaban mi sudadera blanca. Esas pequeñas gotas que parecían brillar ante los tímidos rayos del sol no eran más que un aviso de la gran tormenta que se desencadenaría en breves instantes.
Cerré la puerta tras de mí y me dirigí directamente a la cocina para colocar todo lo que había comprado.

—¡Bella! —La llamé al extrañarme de que no bajara corriendo a comer lo que me había pedido. Decidí ignorar ese hecho, pensando en que tal vez se había quedado dormida y comencé a maniobrar con las frutas y el chocolate. Me estaba volviendo un experto en postres y dulces gracias a sus antojos repentinos.
Dejé que el chocolate se fundiera lentamente mientras iba cortando la fruta minuciosamente para luego irla pinchando dentro de los finos palos de manera. Comprobé la liquidez del chocolate y lo fui esparciendo sobre los trozos de fruta con cuidado, sin dejar zonas muertas. Escuché unos pasos en la escalera en el momento preciso en el que la fruta había quedado repleta de chocolate.

—¡Chocolate! —Solté una gran carcajada al ver la nariz de Bella moverse rápidamente, como si se tratara de un perro que olisquea la comida recién hecha. Se acercó a mí y como si yo no estuviera se llevó el primer trozo de fruta a la boca.
—Ummm… Está delicioso. —Deslizaba la fruta por el palito de madera lentamente, disfrutando del sabor.
Me apoyé en el desayunador y la observé disfrutar de la comida tan sencilla que para ella parecía el mejor de los manjares.
—¿Te he dicho que te amo? —Preguntó mientras se acercaba hacia mí, con pasos lentos y sensuales.

—Umm… Creo que unas cuantas veces cada vez que comes chocolate. —Le sonreí, disfrutando totalmente al ver sus gestos. En ese momento parecía la mujer más complacida del mundo.
—¿Quieres? —Se acercó a mí con un trozo de fresa en la mano, la cual se dirigía directamente a mis labios, sin darme opción a réplica.
Entreabrí los labios y suavemente introduje la fresa en mi boca, complaciéndome al ver su picara sonrisa.

La vi introducir otro trozo de fruta en su boca, me deleité al ver sus labios húmedos, bañados en la dulce esencia del chocolate. De su boca escapó un pequeño gemido de satisfacción, el cual cambió radicalmente mis pensamientos. Mi necesidad por ella aumentaba a cada segundo que la veía disfrutar del dulce.
—¿Lo ves pequeño?, papi sabe hacerme feliz. —Me acerqué un poco más a ella y coloqué mi mano sobre la suya, la cual estaba sobre su aún plano vientre. Amaba escucharla hablar con el bebé.

Elevé su barbilla con uno de mis dedos y la miré fijamente, trasmitiéndole la felicidad que sentía. Se acercó a darme un suave beso, el cual alargué lo máximo posible. Su sabor era aún más adictante al mezclarse con el chocolate.
—Te nombro el mejor preparador de brochetas de chocolate. —Pronunció lamiendo el palito de madera de todos los retos del dulce.
—No es para tanto, es muy sencillo.
—Sí, pero a mí no me sale. —Sin saber porque Bella no podía hacerlas, las dos veces que lo intentó el chocolate se le quemó, y por lo tanto salió muy amargo.

—Bueno, lo haré siempre que quieras.
—Me estoy inflando a calorías. —Protestó, sin embargo no dejó de comer la última brocheta de chocolate.
—Parece que nuestro pequeño será muy dulce.
—Vaya que lo será… Ya lo estás viendo. —Dejó a un lado el plato totalmente vacío, lamió sus dedos al igual que sus labios tentadoramente, haciendo que el calor de mi cuerpo aumentara hasta límites insospechados.

Bella se dio cuenta de que mi mirada reflejaba mucho más que felicidad, y sabiendo perfectamente como torturarme, comenzó a mordisquear sus labios mientras sus ojos se clavaban en los míos, transmitiendo el mismo deseo que yo sentía.
Llevó uno de sus dedos a sus labios y lo lamió lentamente, sin prisas, disfrutando del momento y torturándome a mí en el camino.
—¿Compraste la nata? —Preguntó repentinamente.
—Emm… Sí. —Contesté sin saber aún por qué había sacado ese tema a colación.
Me sonrió con malicia y se giró para rebuscar entre las bolsas el bote de nata.

Cuando lo encontró se giró de nuevo hacia mí y se acercó hacia donde yo estaba con pasos lentos. Colocó sus brazos alrededor de mi cintura, apoyando sus manos en el borde del desayunador.
—He pensando que tal vez… —Dejó la frase inconclusa y prácticamente se lanzó a besar mis labios.
Me besó de una manera totalmente diferente a como lo había hecho antes. Esta vez la urgencia y necesidad se marcaba en cada movimiento de su boca, en cada caricia que había comenzado a dar sobre mis brazos y espalda.

Llevé mis manos hacia su estrecha cintura y la atraje más hacia mí, dejando nuestros cuerpos sin nada de separación entre ambos. La sentí totalmente desesperada cuando llevó sus manos al borde de mi camiseta gris y la sacó con urgencia, haciendo que por unos cortos segundos nuestros labios se separaran.
Acarició toda la extensión de mi torso, haciendo que un escalofrío recorriera mi espina dorsal.

Me lancé a besar su cuello, deleitándome con el sabor dulce que me ofrecía. Un sonoro gemido escapó de sus labios, descontrolando mis sentidos. Mordisqueé levemente la suave piel mientras me deleitaba con los sonidos de satisfacción que escapaban de la boca de Bella.
—Ummm… Siempre quise hacer esto… —Susurró cerca del lóbulo de mi oreja.
—¿El qué? —Le pregunté sin dejar
de besar su cuello.
—Probarte… Umm… —Empezó a besar con urgencia mis labios. Sentí sus brazos moverse, aunque esta vez lejos de mi cuerpo. Removió algo entre sus manos y después me miró fijamente, con una gran sonrisa en la cara.

—¿Te molesta si hago esto?... —Antes de que pudiera contestar, o si quiera entender el significado de su pregunta, escuché como una especie de sonido silbante y después sentí una sustancia suave y húmeda en mi piel.
—Be-Bella… —Tartamudeé al ver que lo que había puesto sobre mi torso era un poco de nata montada y ahora iba a lamerlo directamente con su juguetona lengua.
—Umm… Así sabes aún mejor… —Dio un lametazo más para limpiar todo el resto de la nata y después dejó un pequeño beso.

Me sonrió con picardía y volvió a echar un poco de nata sobre otra parte de mi torso. Volvió a lamer la zona con el dulce y gimió suavemente, destruyendo lentamente mi cordura.
Esta vez dejó un leve mordisco en mi piel y poco después echó otro poco de nata pero más cerca de mi bajo vientre. Lamió esa zona ascendentemente mientras me miraba fijamente.
—Umm… Rico. —Susurró.

Un jadeo escapó de mis labios cuando repentinamente llevó su mano a mi más que dispuesto miembro. Sonrió mientras seguía con los mismos movimientos, volviendo loco. Dejó un poco más de nata en mi torso y lo lamió con lentitud, disfrutando de la tortura que me estaba provocando. Sus movimientos se hicieron más insistentes, haciendo que el último resquicio de mi cordura desapareciera en cuestión de segundos.
—Dos pueden jugar a lo mismo. —Le dije cerca de su oído y después la cargué por su cadera. Enredó sus piernas en mi cintura y sus brazos alrededor de mi cuello.

La llevé hacia la encimera que estaba frente al desayunador y la apoyé allí. Comencé a besarla con desesperación, sintiendo el calor atravesando mi cuerpo. Quité su camisa con urgencia, sorprendiéndome al ver el sexy sujetador rojo que realzaba sus blancos montes. Dejé un par de besos sobre la piel que sobresalía y al poco lo quité con total habilidad. Cogí el bote de nata que ella había dejado a un costado suyo y dejé un poco de la blanca sustancia sobre uno de sus endurecidos pezones. Disfruté del dulce sabor que provocó la mezcla de la nata con su piel y repetí la misma acción un par de veces, deleitándome con sus gemidos.

Repartí más nata por su cuerpo, lamiendo toda la extensión de su pecho y de su cuello. Cuando no tuve suficiente la ayudé a que se quitara el pequeño short vaquero que llevaba al igual que el resto de su ropa interior. Quería tenerla totalmente desnuda para mí, para disfrutar al máximo de su cuerpo. Extendí más nata, esta vez por sobre sus muslos, y a la vez que la lamía, dejaba pequeños mordiscos en su piel. Coloqué más nata en sus muslos y la extendí por el interior de estos, torturándola al estar cerca de su sexo y no llegar a tocarlo.

—Ed-Edward… Te necesito… —La escuché jadear más fuertemente cuando pellizqué sus erectos pezones cada vez más excitados. Su mano se dirigió al interior de mis pantalones. Acarició mi dispuesto miembro, mandando olas de deseo por todo mi cuerpo. Yo también la necesitaba, justo ahora.
Terminé de quitar el resto de mi ropa, quedando en iguales condiciones que ella. Acarició mi erección, pasando sus uñas por todo el largo de mi falo, estremeciéndome. Me sonrió totalmente coqueta y después me atrajo hacia sus labios.

—Te quiero en mi interior, ahora. —Sonreí al escuchar el tono de su voz demandante y firme. Me coloqué mejor entre sus piernas y ella automáticamente enredó una de ellas en mi cintura, atrayéndome más si fuera posible.
—Te ves deliciosa. —Le susurré suavemente antes de introducirme de una sola estocada dentro de su cálido y estrecho sexo.
Gemimos al unísono sobre los labios del otro, disfrutando de la sensación de entrega total, de nuestros cuerpos volviéndose uno solo para nuestro placer.
—Sí… Así… —Susurraba totalmente entregada. Amaba que se abandonara completamente, que sus pensamientos se quedaran totalmente opacados por lo que se estaba desenvolviendo en este momento, lejos de todos los problemas exteriores.

Embestí con más insistencia, disfrutando del enorme placer que sentía al introducir mi miembro en su hendidura, al besar sus hinchados labios, sus erectos pezones. Toda ella me pertenecía, completamente, hasta un punto que en cierto modo me asustaba, porque sabía que nunca más podría alejarme de su lado, porque era la mitad de mi todo, era la chispa de felicidad que había estado apagada hasta que la conocí. Bella Swan era mía, absolutamente mía. Lo fue desde el primer momento en el que sus orbes chocolate se cruzaron con los míos, y esta entrega no era más que otra prueba de esa verdad irrefutable. Me pertenecía, al igual que yo quedé en sus manos desde el primer instante. Mi corazón completo estaba bajo sus manos, dándole completa libertad a hacer lo que quisiera con él y agradecía como nunca que su elección fuera amarme tanto como yo a ella.

Abracé su cintura, mientras mis caderas no paraban de moverse en su interior, elevándonos cada segundo más cerca de nuestro paraíso personal. Hundí mi rostro en el hueco de su cuello, y aspiré el dulzón olor que trasmitía.
Sus manos fueron hacia mis nalgas, apretándolas con insistencia entre sus pequeñas manos, atrayéndome más hacia ella.
—Te sientes tan bien… —Susurró totalmente extasiada. Sentía la tensión de sus músculos íntimos. Estaba cerca.
Aprisioné más su cuerpo al mío, hundiéndome totalmente dentro de ella, sintiendo los latigazos del deseo recorrer todas mis venas. No aguantaría mucho más.

—¡Oh sí! —Gritó a la vez que su sexo oprimía mi miembro, elevándome a la cumbre.
—Bella… —Pronuncié su nombre con un ronco gruñido cuando sentí como me derramaba en su interior, llenándola por completo. La apreté todo lo que pude contra mí, sintiendo sus músculos totalmente tensos mientras sus paredes aprisionaban con fuerza mi falo en su interior. Gimió hondamente, dejándose llevar por el éxtasis total.
Sentí mis músculos totalmente relajados y mi respiración completamente alocada. Su cuerpo quedó como el de un ser inerte, que de no ser porque sujetaba su cadera hubiera perdido el equilibrio.

—Te amo tanto. —Dijo antes de besarme con ternura y amor, envolviéndome en esa burbuja que se había creado a nuestro alrededor. Sin lugar a dudas ella era el complemento que siempre hizo falta en mi vida, ella era la mujer destinada para mí, la única y verdadera.
—Tú eres mi vida ahora Bella. —Besé con lentitud sus labios, disfrutando del momento de entrega, no física si no espiritual, que teníamos en ese instante. Tenía miedo de decir cualquier palabra y arruinar el hermoso momento que compartíamos.

Cargué su cuerpo hacia el dormitorio. Sentía su suave y relajada respiración chocar en mi cuello e incluso la sonrisa de felicidad que acompañaba su rostro. No había situación mejor que dejar fluir tus sentimientos y demostrar cuanto eres capaz de amar a una persona sin importarte nada más que ella misma. Su pasado, errores y equivocaciones quedaban bajo llave en un lugar recóndito lejos del presente. No importa que le había tocado vivir, que había hecho en un pasado o de que manera vivió su vida antes de conocerla. Solo importa el aquí y ahora, los dos, sintiendo ambos corazones latir al ritmo del otro, secundándolo. Era increíble todo lo que el cuerpo humano puede llegar a sentir. Con una simple sonrisa o un “te amo” era capaz de ser feliz por un tiempo indefinido.



¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬

Habían pasado tan solo tres semanas desde que supimos del embarazo y ha estas alturas yo ya me había vuelto completamente loco. La cantidad de antojos que Bella había tenido eran incontables y si le sumamos los repentinos y alocados cambios de humor era una completa tortura. Podía estar completamente feliz durante al menos cinco minutos y de repente ponerse a llorar descontroladamente, desconcertándome.
No podía quejarme demasiado, la ginecóloga lo había dicho. Esto pasaría y aún estábamos empezando, por lo que aún me quedaba bastante tiempo con la misma rutina.

No podía ser injusto, ella era la que lo estaba viviendo en carne viva y supongo que lo pasaría también mal. Pero había ocasiones en las que ya no sabía que hacer o que decirle para que se tranquilizara. Solo debía esperar, estar a su lado consolándola y darle en todo momento lo que se le antojaba, porque de no ser así su humor empeoraba mucho más.
Hoy parecía estar realmente feliz por más tiempo del esperado y no la culpaba, yo estaba igual e incluso más nervioso que ella. En tan solo unas cortas horas veríamos por primera vez a nuestro bebé.

—¿Estás lista? —Le pregunté al verla sentada en el salón con la mirada perdida en algún punto determinado.
—Sí-í.
—¿Sucede algo?
—No nada, simplemente estoy muy nerviosa.
—Es normal amor, yo estoy igual que tú.
—¿Todo saldrá bien verdad?
—Por supuesto que sí, todo saldrá perfecto. —Me senté a su lado y la apreté entre mis brazos.

—Esto es ridículo. —Pronunció.
—¿El qué?
—Es ridículo que siempre piense negativamente.
—Son los nervios, es normal. Ya verás como todo saldrá genial.
—Sí, por fin podremos verlo. —Me sonrió enormemente, transmitiéndome verdadera felicidad. —Ya no puedo esperar más.
—Pues en marcha. —Sujeté su mano y tiré de ella hacia la puerta.
Fuimos en mi coche hacia el hospital. En el transcurso el vehículo se llenó de risas y felicidad. Bella no había parado de cantar a voz en grito todas las canciones que se escuchaban en la radio.

—Isabella Swan. —Llamó una enfermera al cabo de media hora.
Bella se puso de pie rápidamente, jalando mi mano y arrastrándome literalmente dentro de la consulta de la ginecóloga. La señora Jones nos esperaba detrás de su escritorio, con una gran sonrisa plasmada en su rostro.
—Buenos días. —Dijo mirándonos con atención.
—Buenos días. —Respondimos prácticamente al unísono.
—¿Cómo has estado? —Le preguntó a Bella amablemente.
—Bastante bien, no he tenido ninguna molestia ni tampoco demasiadas nauseas. Solo demasiados antojos y cambios de humor.

La señora Jones asentía con la cabeza vigorosamente.
—¿Te ha vuelto demasiado loco? —Me preguntó sonriendo.
—Bastante. —Todo reímos al escuchar el tono desesperado de mi voz.
—Tenéis que tener mucha paciencia, aún estás de tan solo dos meses. 
—Lo sé, siento que el tiempo pasa demasiado lento.
—Cuando menos lo esperes ya tendrás a tu bebé a tu lado. ¿Qué te parece que le echemos un pequeño vistazo?
—Perfecto.

Seguimos a la doctora hacia otra sala que había en la consulta he hizo que Bella se colocara sobre la camilla y se subiera su camisa.
—Estará un poco frío. —Le informó mientras comenzaba a expandir un gel transparente sobre su vientre. El cuerpo de Bella se estremeció de arriba abajo.
La doctora colocó el pequeño aparato blanco, denominado sonda, sobre el vientre de Bella y comenzó a moverlo en pequeños círculos mientras apretaba algunos botones del monitor.
Estaba totalmente embelesado mirando el rostro de Bella que irradiaba felicidad por cada poro de su piel. Di un pequeño apretón a su mano y ella fijó su mirada en la mía.

Una enorme sonrisa se plasmó en mi rostro cuando el perfecto y claro sonido del latido de un corazón inundó la habitación. 
Ambos dirigimos nuestras miradas hacia el monitor y sentí el momento en el que nuestros ojos se quedaron prendados de la imperceptible imagen que mostraba. Un diminuto cuerpo blanco se veía en medio de un fondo negro. Ella apretó fuertemente mi mano cuando el cuerpecito de bebé se movió con más insistencia y el sonido del latido del corazón se hizo más fuerte.
Disfruté del pequeño repiqueteo que trasmitía su corazón, haciendo que la espera por su nacimiento se hiciera tremendamente larga. No veía el momento de ya poder verlo en persona.

—Aquí está su cabecita. —Informó la doctora mientras señalaba la pantalla y seguía moviendo la sonda. El pequeño bultito se movió hacia la derecha y se notó la aún desuniforme estructura de su cuerpo.
—¿Está todo bien? —Preguntó Bella.
—El latido cardiaco está en perfecto estado y todo parece marchar bien, no hay ningún contratiempo. —Ambos asentimos.

Me agaché a besar la frente de Bella mientras le sonreía con completa felicidad. El momento era perfecto, nada podía vencer la alegría que poseíamos.
Una pequeña lágrima se deslizó por uno de sus ojos. Se giró hacia mí y me sonrió, despreocupándome. Ella tan solo estaba feliz.
—¿Queréis que os saque una foto? —Preguntó la doctora Jones a lo que ambos respondimos con un enérgico “sí”.

Bella no paraba de mirar la foto de la ecografía que nos había dado la doctora. Yo mantenía sujeta su cintura con uno de mis brazos, teniendo miedo de que se chocara contra algo en cualquier momento por no ver hacia donde se dirigía. Estaba totalmente absorta con la foto, como un ciego que ve el sol por primera vez.
—Es hermoso. —Susurró mirándome con atención.
—Y lo será mucho más. —Dejé un pequeño beso en sus labios y la dirigí hacia la dirección del coche.
—Se me hace tan larga la espera.
—Solo nos queda tener paciencia. Al menos sabemos que dentro de tres meses conoceremos su sexo.

Sonrió. —Es cierto. Ese día también será memorable.
—Estoy seguro de que sí.
—¿Qué crees que será?
—Umm… No estoy seguro… Te lo diré cuando lo tenga más claro. Aunque me gustaría que fuera niña.
—Yo no sé que prefiero, supongo que me es igual. Pero si es niña lo pasará realmente mal.
—¿Por qué? —Pregunté totalmente extrañado.
—Alice se coronará como su tía y querrá encargarse de su ropa y de que esté siempre a la última. —Me quedé pensativo.

—Tienes razón, es una loca de la moda.
—Umm… Sí. Y hablando de eso, tendremos que decirles a todos del bebé. —Se giró más hacia mí cuando el semáforo se puso en rojo.
—Podríamos organizar una cena.
—Es una idea fantástica. Luego los llamaré, o si no ellas no me perdonarán que se lo haya ocultado por tanto tiempo.
—Sí, será mejor hacerlo lo antes posible. —Arranqué de nuevo el coche.

—Mi nana se pondrá totalmente feliz.
—Umm… Es cierto, hace mucho que no la veo por la casa.
—Ha tenido que viajar a Louisiana a pasar unos días con su hermana, ha enviudado hace poco y aunque no se llevan muy bien ella es la mayor y tiene que consolarla.
—¿Y por qué no se llevan bien?
—No sé muy bien la historia. Pero creo que su relación se enfrió debido a que su hermana se casó con el hombre que ella amaba.
—Es una historia de libro romántico. —Aparqué frente a casa y seguí atento a la historia que Bella me contaba, realmente interesado.

—Sí, eso pasó hace mucho tiempo, cuando mi nana tenía tan solo veintidós años. No pudo soportar la presión que supuso organizar la boda de su hermana, por lo que huyó de su casa y tras un largo viaje llegó a casa de bueno… Mis padres. —El tono de su voz cambió al instante.
—¿Y desde que se fue no ha vuelto a ver a su hermana?
—No hasta el momento, y yo más bien creo que viajó por él. Ella nunca me lo ha dicho, pero cuando me narraba su historia una chispa brillaba en sus ojos, y podría asegurar que ese amor nunca se apagó.
—Al menos de su parte. —Nos encontrábamos cómodamente sentados en el sofá.

—Sí, al parecer él nunca sintió algo por mi nana. Es una lástima, se perdió una mujer realmente increíble.
—No he tenido ocasión de conocerla del todo, pero por lo que me has dicho se nota que es una mujer de gran corazón.
—Ha sido mi madre, mi amiga y mi consejera desde que tengo memoria. Me ayudó a seguir adelante, a no dejarme vencer tan fácilmente. Cuando supo de ti estoy segura de que se alegró más incluso que yo. —Rio alegremente.

—¿Cómo así?
—Mi nana pasó junto a mí en los peores momentos, cuando sucedió todo lo de James, mis padres y demás. Por lo que verme de un día para otro completamente alegre y viva la hizo realmente feliz.
—Vaya, es increíble.
—Lo sé, no sé que hubiera sido de mí sin ella.
—Le estoy completamente agradecido. —Me acerqué a ella y la apreté entre mis brazos.
—Espera a que regrese y te de una larga charla sobre la moralidad. Se querrá asegurar de que todo sea viable, diciéndolo en otras palabras, de que todo irá bien entre nosotros.
—Todo saldrá mejor que bien, no tiene porque hacerlo.
—No podrás convencerla. —Rio con una fuerte carcajada.

—Usaré mis encantos. —La miré fijamente, sonriendo.
—Cuidado con eso. —Dio tres toques en mi pecho con su dedo índice. —Yo caí en un tiempo record. Además. —Fingió hablar con seriedad. —Solo puedes usarlos conmigo.
—Por supuesto señorita Swan, ya sabe que soy todo suyo. —Di un suave beso en sus labios y jalé de ella hacia la cocina para poder preparar la comida.



¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬



—Voy yo. —Le informé a Bella mientras me dirigía a abrir la puerta.
—¡Hola! —La hiperactiva presencia de Alice se coló en tiempo imposible dentro de la casa.
Jasper, el cual venía detrás de ella, negó con la cabeza y después dio un apretón a mi mano.
—¿Cómo han estado? —Pregunté.
—Super genial. —De nuevo con pasos increíblemente rápidos Alice se acercó a mí y dio dos besos en mis mejillas.
—Hola. —Saludó Bella apareciendo en el hall completamente arreglada.

Los saludos se siguieron extendiendo cuando llegaron Emmet y Rosalie a los pocos minutos. Todos nos dirigimos a la mesa, la cual ya tenía todo perfectamente colocado, listo para servir.
La charla se hizo amena mientras todos comíamos la deliciosa cena que Bella había preparado. Se había decantado por preparar solomillo con salsa de pimienta y una gran variedad de acompañantes a elegir. La cena fue fantástica, y el tiempo se pasó realmente rápido.

—Se lo podemos decir ahora, no puedo esperar más. —Me dijo Bella cuando estábamos dejando el resto de platos en la cocina.
—De acuerdo, llevaré otra botella de vino.
—Estoy deseosa de ver sus reacciones.
—Será increíble, hemos sido los primero en dar un gran paso.
—Sí, uno muy importante. —Se acercó a mí cuando yo le extendí mis brazos abiertos, apoyó su mejilla en mi pecho.
—Siento que este momento no puede ser más perfecto.
—Todos merecen su final feliz, y nosotros ya lo hemos encontrado. —Besé prolongadamente sus labios.

—Todo ha estado exquisito. —Anunció Rosalie cuando ya todos estábamos de nuevo en la mesa con nuestras copas llenas de vino tinto.
—Gracias. —Pronunció la aludida. Se movió inquieta en la mesa y supe que ya era hora de dar el gran paso.
Apreté su mano dulcemente y me decidí a hablar yo primero.
—Quería agradecerles por haber venido sin dudar a esta repentina cena. —Todos pusieron sus miradas en mí, poniéndome nervioso. —Aunque en realidad no fue más que un pretexto para darles una grandiosa noticia.
Dirigí mi mirada hacia Bella, la cual me sonreía ampliamente.

—¡Seremos padres! —Pronunció de un momento a otro, creando sorpresa en el rostro de todos.
—Ohhh. —No pude evitar reír lo más disimuladamente que pude cuando todos dijeron lo mismo a la vez.
—¡Felicidades! —Gritó Alice cuando reaccionó. Se nota la felicidad en su rostro enmarcado por una enorme sonrisa.
Las felicitaciones vieron una tras otra, creando un ambiente de completa alegría en la estancia.
—Rosalie seremos tías. —Alice se dirigió hacia su amiga, abrazándola.

—¿Hace cuánto que lo sabes? —Preguntó Emmet.
—Tan solo tres semanas.
—Entonces aún queda mucho.
—Sí, solo estoy de dos meses.
—Ponte de pie. —Le dijo Alice de manera enigmática. Bella lo hizo, con la duda impresa en su rostro.
Alice tomó sus hombros, hizo que girara un par de veces y después que se colocara de perfil.

—Será un niño. —Dijo repentinamente.
—¿Qué?, ¿cómo puedes saberlo?
—Lo sé, y yo nunca me equivoco. —Para mi sorpresa no dijo nada más, abrazó a Bella efusivamente y después se les unió Rosalie.
—¿Qué tal sienta saber que serás padre? —Me preguntó Jasper mientras bebía de su copa de vino después de que las chicas desaparecieran por alguna parte de la casa.
—Es increíble. No sé ni como describirlo. Esta mañana fuimos a la primera ecografía y ver al bebé es fantástico. Es como si tu vida se dirigiera a su camino correcto cuando escuchas el primer latido de su corazón.
—Vaya, te has vuelto todo un filósofo. —Emmet se rio junto a Jasper, contagiándome. —Y sabes qué es lo peor, que me estás dando envidia. —Los tres reímos de nuevo fuertemente.

—¡Compras, compras, compras! —Las chicas aparecieron nuevamente y Alice venía dando palmitas mientras hablaba.
—Alice, aún queda mucho. —Bella protestó.
—Nada de eso, hay que prepararlo todo ya. Es esencial tener todo listo. Hay que ir lo antes posible a comprarlo todo. La cuna, cambiador, el cochecito… —Enumeró una infinidad más de productos. —Y la ropa, mucha ropa. Es lo más importante.
—Solo dame unos días para que me sitúe.
—Unos cuantos Isabella, nada más. —Se dirigió hacia donde estaba su novio y se sentó en sus rodillas.

—Estoy agotada. —Dijo Bella acostándose en la cama después de haber recogido todo lo de la cena cuando ya todos se fueron, bien entrada la noche.
—Ha sido un día largo.
—Siento que me he quitado un peso de encima. Ha sido fantástico poder compartirlo con ellos.
—Sí, ahora solo tendrás que comprar todo eso que dijo Alice.
—Ella sabe que no soy muy amiga de las compras. —Suspiró fuertemente y echó la cabeza hacia atrás.

—¿Puedo hacer algo para desestresarte? —Le pregunté mientras también me tumbaba en la cama, totalmente pegado a ella.
—Estoy segura de que hay más de una cosa que me ayudará.
Se lanzó a mi boca, devorando mis labios con pasión. La coloqué encima de mi cuerpo, sintiéndome totalmente deseoso de ella, sabiendo que nunca me cansaría de amarla a cada momento.
El desenfreno nos invadió, y el momento de entrega fue inevitable. Nada más que el deseo recorría nuestras venas.



¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬



—Isabella. —Los dos nos paramos ante el llamado que llegó.
—¿Qué haces tú aquí? —La mano de Bella apretó la mía fuertemente. Vi como su cuerpo se tensaba.
—Tranquila por favor. Te prometo que no quiero hacer nada malo. —La angustiosa voz de la rubia mujer me desconcertó.
—¿Crees que puedo creerte?
—Sé que no tengo derecho de pedirte nada, pero solo serán cinco minutos de verdad.
—¿Qué es lo que quieres Tanya? —Comprendí todo inmediatamente cuando Bella dijo su nombre.

—Ya sé que James ha sido detenido.
—Bien, es lo que se merece. —La voz de Bella estaba totalmente cargada de odio y rencor.
—No diré lo contrario. He estado demasiado años cegada por él y por fin pude darme cuenta de que clase de persona era.
—Me parece que has tardado un poco. —Bella se dio media vuelta, tirando de mi cuerpo que se había quedado paralizado. No supe que hacer.

—Solo quiero pedirte perdón. —Nos giramos ante sus palabras.
—¿Cómo?
—Yo fui la que investigó sobre tu paradero y consiguió información tuya para dársela a él.
—Eres una maldita… —Sujeté a Bella por la cintura cuando intentó acercarse a Tanya.
—Isabella lo siento de verdad. —Abrí mis ojos completamente atónito cuando la mujer comenzó a llorar. —Solo lo hice porque lo amaba, porque ilusamente pensaba que yo era algo importante para él. Pero en cuanto supo de ti se olvidó de mí. Ya he comprendido que tú eres su obsesión, y que nunca fui nada para él. Bella la observaba todavía desconfiada.

—¿Crees qué en realidad eso me importa?
—Ya sé que no. Pero he conocido a alguien y sé lo que es sentirse amada, que alguien se preocupe por ti, que…
—Tanya para. No puedes pretender venir aquí de un momento a otro a pedir perdón y creer que lo vas a lograr con un par de argumentos.
—Sé que nunca podré remediar todo lo que hicimos, todo el daño que te causamos.
—No, no podrás.
—¿Nunca lograré obtener tu perdón?
—Llegas un poco tarde Tanya, ya no me importan tus argumentos, como en el pasado a ti no te importó nuestra amistad.

No dijo nada más, se volvió hacia la calle contraria y siguió caminado mientras yo avanzaba a su lado, en completo silencio.
Todas las palabras se habían quedado atascadas en mi garganta, provocándome un molesto nudo que me ahogaba. No sabía que decir, o si simplemente decirle algo.
Ella caminaba aceleradamente, con el ceño fruncido, mientras miraba el suelo.
—¿Bella?
—No quiero hablar sobre ello. Solo olvídalo.
—¿Crees que se pude olvidar algo así?
—Edward por favor. No creo ninguna de sus palabras, no quiero hacerlo. Podrá darme mil argumentos en su favor, pero ninguno es válido para mí. Te pediría que no la justificaras. —Jalé su brazo haciendo que su caminar se parara.

—No lo estoy haciendo.
—¿Qué es lo que sucede? Solo quiero olvidar esto.
—Intento ayudarte no recriminarte nada. Sé que lo hice una vez y yo…
—Olvida todo esto por favor. Olvida todo lo que tenga que ver con ella. No importa nada más que el ahora.
—Solo quiero saber si estás bien.
—Sí, solo que aún me cuesta creer que esto haya pasado. Me parece increíble que ella haya dicho eso, que de verdad intente hacerme creer que está arrepentida. —Volvió a reanudar sus pasos.

Mientras caminaba a su lado pensaba en todo lo que había sucedido, aún extrañado de que aquella mujer, la que más de una vez la traicionó e hirió, estuviera pidiendo perdón por todos sus actos. Era tremendamente extraño desde cualquier punto de vista.
Es que acaso encontrar a una persona que la amaba la había cambiado tanto, hasta el punto de hacerla reflexionar sobre todo lo que hizo e implorar por un poco tiempo.
No podía comprender todo al cien por cien, sentía que algo se escapaba de mis manos, algún punto importante.

—Bella…
—¿Sí?
—Ehh… ¿No te preocupa pensar que ella puede estar buscándote nuevamente?
—En realidad no, no creo en nada de lo que dice. Son solo mentiras, la conozco, y sé que no dice la verdad.
—Tal vez solo reflexionó.
—Me da igual, como si ha hecho un pacto con el diablo. No voy a creer sus palabras, y mucho menos perdonarla. —Nos sentamos en un banco de madera.

—Yo sé que ella no lo parece, solo ¿no te resulta extraño que haya sido de un momento a otro?
—Claro que sí. Si en realidad encontró alguien que la ama bien por ella. Toda persona merece ser amaba, incluso la que se equivocó. Pero yo no voy a confiar en ella, y solo espero que no vuelva a aparecer frente a mí.
—Según lo que dijo no ha sido más que un títere de James.
—Es el precio que ha tenido que pagar. Y al menos me alegra saber que se ha dado cuenta de que junto a él no conseguiría nada. Solo autodestruirse.
—Lo mejor es que ya no podrá causar más daño. —Le dije mirándola fijamente.

—Sí, lo mejor de todo esto es eso. James ya no será una piedra en nuestro camino.
—No, ahora estoy más convencido que nunca de que ya nada lo será. Cada persona tuvo su final según sus actos y lo importante aquí es que podremos seguir adelante sin más obstáculos. —La atraje hacia mi cuerpo.
—Sí, nos toca disfrutar de nuestra historia al máximo. —Se acercó a besar mis labios dulcemente, sellando sus palabras con una promesa que ninguno de los dos estaba dispuesto a romper, jamás.





Hello People! :)
Ya les dejo el nuevo capítulo después de tanto tiempo. No he podido concentrarme lo suficiente y escribía muy poco cada día, siento la demora.
Espero les guste, y ya les digo que parece que los cálculos no fallan. Queda un capítulo y el epílogo :)
Ya ven que les dejo uno largo y lleno de novedades. Ya queda poco, algún punto perdido por ahí para poder finalizar esta historia.

¿Qué creen que será?, ¿niña, niño? ¡Hagan sus apuestas! Jajaja.
No pregunten sobre lo de Tanya, ni siquiera sé de donde salió jajaja, solo vino a mi mente y ahí está.
Ahora a parte, espero que Edward no se vuelva demasiado loco con los antojos de Bella.
Nos leemos.

Kisses.
By: Crazy Cullen.

1 comentario:

  1. Hola Crazy!!
    Que hermoso capítulo, un Edward muy tierno con Bella y me parece muy bien. Por fin hay paz no?
    La parte de la ecografía me encantó. ¡Qué dulcee!
    Yo creo que quizás sea niño, no sé jajajaja
    Lo de Tanya me trae un poco de miedo, espero que no esconda cosas. Queda un capi más?? Uy esperaré ansiosa! Muchas gracias por compartirlo
    Besoteeesss

    ResponderEliminar

Dejame tu huellita (LL)