Texto way



SinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.comSinDisplay.com


Seguidores

La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

jueves, 7 de junio de 2012

Capítulo 21: Improvistos.

Capítulo 21: Improvistos.



Pov Bella:


Le daba vueltas al nombre que acababa de escuchar. Se me hacía conocido, más tal vez de lo que imaginaba. No sabía relacionarlo con ningún rostro conocido, pero mi subconsciente me decía que ese nombre había significado algo en mi pasado. Algo realmente importante. Me quedé mirando fijamente al hombre que había frente a mí, fruncí el ceño ante la enorme sonrisa que se extendía en los labios del tal Michael. Por más que intenté recordar no pude.

—¿No me recuerdas Isabella?
—Lo siento yo no…
—Tranquila, no tiene importancia. Han pasado unos cuantos años. —El hombre desvió la mirada.
—¿Años?
—Sí, llevaba siete años sin verte.
—¿Puedes decirme dónde nos conocimos?
—En el instituto. —Su gran sonrisa estaba poniéndome nerviosa.

—Lo siento, no te recuerdo.
—Supongo que es porque no acabamos de la mejor manera.
—¿Cómo que acabar?
—Aún te debo una enorme disculpa por todo lo que hice. —Se veía realmente apenado.
—¿Podrías decirme que hiciste?
—Es un poco incómodo.
—Es que no te recuerdo. —Suspiró.

—Está bien. —Se removió en la silla. —Pero tal vez no sea la mejor idea.
—No te preocupes, no será tan grave. —Hice un esfuerzo por sonreír.
—Bueno. Como te dije, llevaba siete años sin verte, desde la vez que aceptaste tener una cita conmigo.
—Ohh… Vaya…
—Todo fue espantoso… Y solo por mi culpa.
—¿Qué pasó?

—Aceptaste salir conmigo una noche de verano. Pasé a recogerte a tu casa, esa noche estabas realmente preciosa. —Me sentí incómoda cuando relamió sus labios.
—Fuimos hacia un restaurante italiano, la velada fue tranquila y la comida muy buena. Después decidimos ir a una discoteca para fulminar la cita. Bailamos un poco y yo me sentía demasiado animado, por lo que empecé a beber sin darme cuenta. —Asentí.

—Sobre las once de la noche me dijiste que ya teníamos que regresar, pero yo te insistí en que esperes un poco más. La fiesta estaba realmente animada. —Hizo un intento de sonrisa. —Pensé que aceptarías, pero cuando me despisté un poco ya te estabas marchando. Me apresuré a seguirte y me enfadé bastante porque en ese momento pensé que habías tenido un comportamiento demasiado infantil. Cuando entramos al coche el ambiente estaba realmente tenso, ninguno de los dos decía nada, íbamos en completo silencio.

—En cuanto llegamos a la entrada de tu casa quisiste bajarte rápidamente, pero yo alcancé a sujetar tu brazo con fuerza. El alcohol hizo fuertes estragos en mi organismo. Me pedías que te dejara, pero yo me negaba. Me gustabas demasiado. Intenté besarte a la fuerza, verdaderamente no sabía ni yo mismo que hacía y por qué. Forcejeamos unos minutos hasta que lograste soltarte. Me diste una fuerte cachetada. —Sus mejillas se tornaban cada vez más rojas.

—En cuanto saliste arranqué rápidamente el coche y ya no quise saber nada más de ti. Nos evitábamos en el instituto y ya no volvimos a hablar.
—Es tremendo. —No se me ocurría que más decir.
—Aún me siento avergonzado por todo lo que hice. No tengo perdón.
—Estabas ebrio.
—Sí, pero tampoco es justificación. Se suponía que debía cuidarte y protegerte. No sabes cuanto lo siento Bella.
—No tiene mayor importancia después de tanto tiempo. —Sin saber por qué decidí no hacer un escándalo de todo eso.

—Igualmente necesito que me perdones. ¿Estamos en paz?
—Todo olvidado. —Sonreí.
—Después comprendí las razones de Cullen.
—¿Razones? —Presté atención ante la mención del apellido de Edward.
—Sí. Al parecer tú nunca le dijiste nada de lo sucedido y él quiso sacármelo a la fuerza.
—Nunca fui conocedora de eso.
—No pasó nada grave. Logró controlarse, para mi bien. —Rio.

—No sabía que intentó saber todo a la fuerza.
—Sí, pero bueno. Ya no importa. —Estuvo unos segundos callado. —¿Tienes aún alguna relación con él?
—Sí.
—Supongo que ya sois mucho más que amigos. —Sonrió falsamente.
—¿Por qué lo dices?
—Supe que fuisteis novios en el instituto. Créeme, erais la envidia de todos.
—Somos amigos ahora.
—¿Enserio? —Asentí.

—Pensé que seguiríais siendo pareja.
—No, todo acabó.
—No preguntaré por qué. —Me sonrió cálidamente.
—Es mejor así.
—¿No tienes pareja ahora?
—No.
—Estupendo. —Quise decirle algo pero llamaron por teléfono. Me hizo una seña con el dedo.

—Sí, de acuerdo. Sé que falta media hora. Que esperen un rato, no morirán.
—¿Prefieres que me vaya?
—No, claro que no. No hemos acordado nada.
—¿Sobre qué?
—Isabella… —Movió los papeles frente a mí. —Has venido por el puesto de secretaria.
—Es verdad… Tengo la cabeza en otro lado. —Se dispuso a leer mi curriculum. Afortunadamente no había olvidado nada de mi carrera de administración.

—Me gusta. Estás contratada. Desde hoy serás mi nueva secretaria. —Sospeché que no solo me había dado el puesto de trabajo por mi experiencia laboral.
—Genial.
—Habla con Laura en la entrada. Te informará de todo.
—De acuerdo.
—Nos veremos mañana.
—Bien. —Salí rápidamente de su despacho.

Laura era una mujer de unos cuarenta y cinco años, muy amable y efusiva. Me explicó todo. Donde se encontraba cada cosa, el horario, el salario y lo que debía hacer exactamente. Al ser la secretaria personal de Michael tenía que estar únicamente pendiente de sus recados y sus informes. Seguramente tendría que trabajar dentro de su propio despacho, pero eso aún no era seguro.
El sueldo era perfecto y el horario flexible. Por lo que me declaraba desde ya la secretaria personal de Michael Newton.

—Hola Bella. —Dijeron en cuanto contesté el teléfono.
—Ethan, ¿cómo estás?
—Bien ahora que escucho tu voz. —Reí. —¿Te apetece salir al parque?
—Sería genial.
—Bien, pasaré por ti en media hora.
—De acuerdo, nos vemos. —Colgué el teléfono y subí a ponerme ropa cómoda. Llevaba un par de días que no salía con Ethan, sería reconfortante volver a dar nuestro paseo diario por el parque central.

Llegó a la hora correcta, ni un minuto más, ni un minuto menos.
—Hey Bells. —Se acercó y besó mi mejilla.
—Hola. Venga vamos, hace un día precioso.
—¿Iremos andando?
—Sí, mejor así.
—Está bien.
Nos dirigimos hacia el parque, que no quedaba a más de diez minutos de mi casa, mientras charlábamos animadamente de nuestro día a día.

—Tengo un nuevo trabajo. —Le informé.
—¿Nuevo?
—Es verdad, se me había olvidado contarte que me despidieron de la librería. Ahora trabajo en una empresa como secretaria.
—¿Y cómo va todo?
—Aún no lo sé. Empiezo mañana.
—Pues te deseo mucha suerte. Dicen que es estresante.
—Gracias por tu apoyo. —Soltó una fuerte carcajada.


—Solo soy sincero contigo.
—Ya lo veo.
—Ven, me apetece un helado. —Nos dirigimos hacia un quiosco azul.
—Quiero una de dos bolas. De chocolate y de vainilla. —Pidió Ethan como todo un niño.
—Yo una de menta y chocolate y otra de tarta de queso. —Esos sin duda eran mis sabores favoritos.
—Aquí tienen. —Nos tendió los helados un hombre mayor.
—Gracias. —Le dije pagando los helados pese a la renuencia de Ethan.

—Esto está delicioso. —Pronuncié disfrutando del helado.
—Ni que lo digas. —Dijo Ethan mientras cogía un poco de mi helado con su cucharilla.
—Hey… —Protesté.
—Prueba del mío. —Antes de poder reaccionar sentí una gran cantidad de su helado en toda mi mejilla.
—¡Ethan! —Chillé alarmada.
—Así te ves más dulce. —Pronunció con diversión antes de lamer levemente mi mejilla.

—Estás realmente loco. —Limpié mi rostro.
—Fue divertido. —Rio fuertemente. Volvió a lamer mi mejilla. —Sí, así sabe mejor.
—Quieto. —Le dije cuando quiso volver a hacerlo.
—Eres una aguafiestas. —Hizo una mueca como niño pequeño.
—No seas infantil.
—No coartes esa parte de mí. —Entrecerró los ojos al mirarme y me reí con ganas.

Seguimos disfrutando de nuestro helado mientras reímos de las anécdotas que nos contábamos. Me sentía más libre al lado de Ethan, junto a él podía sacar yo también mi lado infantil. Lo pasé realmente bien esa tarde a su lado, como todas las veces que había salido con él. Reímos tanto que llegué a casa con un fuerte dolor de tripa y una tonta sonrisa en mis labios. La tarde se había pasado demasiado rápido, pero mañana tenía que madrugar, por lo que no podía trasnochar mucho.
Después de ducharme y de cenar me quedé profundamente dormida.

El primer día como secretaria fue más duro de lo que esperé. Tuve que caminar de un lado a otro, y me perdí muchas veces porque no conocía dónde quedaba cada lugar. No paraba de llevar recados, notificaciones, papeles y más papeles de un lado a otro. Además de eso me ocupaba de escribir los discursos y cartas que Mike me dictaba, teniendo que hacerlo más rápido de lo que mis dedos podían. Me encontré con una faceta de Michael como un jefe totalmente exigente.

De momento mi escritorio se situaba frente al de Laura, solo que un poco más cerca de la puerta del despacho del “gran jefe”. Aunque estaba más tiempo dentro de su oficina recibiendo mandatos que sentada detrás de mi escritorio.
Llegué a casa agotadísima. Había sido una muy mala decisión elegir unos zapatos de un tacón livianamente elevado. En cuanto llegué me lancé al sofá y mandé los zapatos a volar. No los quería volver a ver, no sentía mis pies. Solo tenía ganas de tomar algún dulce mientras veía la televisión plácidamente acostada en el sofá. Pero al parecer ellas no pensaban lo mismo.

—¡Voy! —Grité con renuencia a levantarme del cómodo sofá.
—Bella. —Rosalie y Alice me nombraron al unísono.
—Hola. —Pronuncié con cansancio. —Pasar.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, solo estoy muy cansada.
—¿Qué ha sucedido?
—Empecé en un nuevo trabajo como secretaria y fue realmente agotador. —Nos sentamos en el sofá frente a la tele.

—¿Y cómo ha ido todo?
—Ha pesar de que estoy muy cansada he sabido habituarme rápido. Aunque he de admitir que me perdí un par de veces por los grandes pasillos.
—Es normal, hasta que te acostumbres a ese tipo de vida.
—Supongo.
—Y por lo demás, ¿cómo va todo?
—Normal, sin ningún altercado irrelevante.
—Nosotras veníamos para invitarte a una fiesta el sábado. Es mi aniversario con Emmet y he decidido hacer una pequeña fiesta.

—Me parece genial. Cuenta con mi presencia. —Rosalie sonrió.
—Será muy divertido.
—Estoy segura de ello. —Nos entretuvimos charlando sobre los preparativos de la fiesta por un largo rato que se me hizo muy corto.
—¿Quién es? —Preguntó Alice en cuanto llamaron a la puerta.
—No lo sé. —Me levanté a abrir. —Hola Ethan. —Me acerqué a besar su mejilla.
—¿Cómo vas?
—Bien.
—¿Lo olvidaste cierto? —Lo miré confusa.

—¿El qué?
—Nuestra cita de hoy. Ayer te dije que pasaría a por ti.
—Lo lamento. No podré ir contigo. Estoy con unas amigas. Pasa, te las presentaré. —Asintió.
—Alice, Rosalie, él es Ethan.
—Hola a las dos.
—Hola… —Pronunciaron ellas con duda.
—Ellas son mis mejores amigas. —Le confirmé a Ethan.

—Bueno, no interrumpiré más. Será mejor que os deje a solas. Ya saldremos tú y yo en otro momento.
—Sí, lo siento.
—No te preocupes. —Besó mi mejilla. —Nos vemos mañana.
—De acuerdo. —Cerré la puerta en cuanto salió.
—Umm… ¿Bella?
—¿Si?
—¿Quién es Ethan? —Ambas me miraban con asombro.

—Oh, es un amigo. En realidad lo conocí hace poco, pero me ha ayudado mucho.
—¿Un amigo?
—Sí. El inicio de nuestra amistad tiene una larga historia, pero se puede resumir en que fue una mano salvadora para mí.
—¿Hay algo entre vosotros?
—No, claro que no. Somos tan solo amigos.
—Pensé que teníais una especie de relación. —Pronunció Rosalie.

—Oh no, nada de eso. No podría ver nada más allá de la amistad en Ethan.
—¿Y él en ti?
—¿Cómo?
—Nada Bella, olvídalo.
—Pero…
—Tendremos que ir de compras mañana mismo.
—¿Compras? —Protesté en un hondo quejido.
—Sí, y no podrás escaquearte. —Me dejé caer en el sofá sintiéndome más cansada aún. Odiaba las compras.

Los días restantes para la fiesta se pasaron rápido. Aún me sentía cansada, aunque solo me mentalizaba en que me tendría que acostumbrar a la rutina diaria. No era tan duro si lo miraba desde un punto de vista positivo. Simplemente tenía que habituar mi cuerpo a ese ritmo.
Por más excusas que había puesto, Alice y Rosalie hicieron de oídos sordos y me arrastraron hacia el centro comercial. Fuimos directas hacia unas selectas boutiques, donde elegimos tres hermosos vestidos de fiesta.

Alice se había decantado por un vestido hasta la rodilla, de color blanco, con un escote en forma de “U” y estampado de pedrería. Rosalie eligió uno un poco más largo, de color negro, escote en forma de corazón y un gran lazo rodeando la parte baja del pecho. Yo me había decidido por un vestido rojo, con una altura hasta por encima de la rodilla, un escote pronunciado en forma de “V” y las tiras cruzadas en la espalda. Cuando nos vimos las tres a la vez probándonos los correspondientes vestidos nos pareció que íbamos perfectas. No era una fiesta de etiqueta ni mucho menos. Aunque nos habíamos dado el lujo de arreglarnos un poco más de lo normal.

—Ya sabes Bella, a las diez paso a por ti y te quiero completamente lista. El restaurante está reservado para las diez y media, no podemos llegar tarde.
—Sí Alice, me lo has dicho veinte veces en menos de una hora. A las diez estaré completamente lista esperando por ti.
—Así me gusta.
—¿Algo más?
—No, creo que de momento todo está aclaro.
—Bien. ¿Podrás darme media hora libre para que pueda empezar a arreglarme?
—Venga, ya estás tardando.
—Adiós Alice.
—Adiós, adiós. Una cosa más.
—¿Sí?
—A las diez. —Iba a protestar y mi voz se apagó cuando escuché el repiqueteo de la llamada cortada.

Alice había conseguido estresarme en tan solo una hora. No podía dejar de mirar el reloj para asegurarme de que el tiempo no pasara demasiado deprisa y ella llegara y yo aún no estara lista, porque sabía que esa sería mi muerte.
El reloj de mi muñeca marcaba las ocho y media, la hora perfecta para empezar a arreglarme.
Fui directa a darme un corto baño y después de haber esparcido crema de vainilla por todo mi cuerpo, me enfundé en una cómoda lencería negra que había comprado junto a las chicas.

Coloqué una bata de seda beige sobre mi cuerpo mientras me dedicaba a mi peinado. Nada más allá de lo normal. Un simple semirecogido, con mis rizos naturales resaltando el peinado. Cuando el reloj marcó las nueve y veinte me coloqué el precioso vestido, retoqué mi maquillaje y fui directa a cerciorarme de que todo estara perfecto.
Me gustó mucho la imagen que reflejaba el espejo. Me veía sencilla y bonita, justo la imagen que quería dar.

Me calcé las zapatillas de tacón, retoqué un poco el color de mis labios y esperé mientras escuchaba música por la llegada de la impaciente Alice.
La música que resonaba en la radio transmitió energía a mi cuerpo, haciendo que inconscientemente se moviera marcando el ritmo. Me deleité con los suaves acordes que aumentan de nivel y de energía a cada segundo que pasaba. Sin lugar a dudas necesita una fiesta para resucitar mi dormida alma. No me vendría nada mal la cena de esta noche. Me ayudaría a dejar todo aparcado y a disfrutar como toda una adolescente.

Cuando el reloj marcó las diez exactas sincrónicamente el timbre de la puerta resonó por toda la casa. Velozmente me dirigí a abrir la puerta y me encontré con una Alice totalmente preciosa enfundada en su lindo vestido blanco.
—Me gusta tu obediencia.
—Eres una pesada. —Besé su mejilla. —Te ves muy linda.
—Sí, sin lugar a dudas este vestido me sienta fenomenal. —Giró sobre sí misma y lanzó un beso al aire.
—Eres toda una creída. —Reí.
—Vamos, no seas envidiosa. —Negué con la cabeza mientras cerraba la puerta tras de mí.

—Es enorme.
—Sí, a la par que lujoso. —Concordó Alice cuando llegamos a la entrada del enorme y como dijo ella lujoso restaurante. Un valet se acercó a nosotras y ella le tendió las llaves de su porche amarillo.
—Cuídalo bien. —Le dijo al joven muchacho antes de darle un billete de diez dólares. —Vamos, no sé si los demás habrán llegado. —Asentí mientras nos adentrábamos al restaurante.

—Buenos noches señoritas. —Un hombre de unos cincuenta años nos atendió.
—Buenas noches. Tenemos una reserva a nombre de Rosalie Maccarty. —El recepcionista asintió y busco nuestros nombres en el libro de reservas.
—Alice Brandon e Isabella Swan. —Asentimos. —Bien, pasen por aquí.
Nos adentramos y un maître se acercó a nosotras.
—Las llevaré a su mesa. —Lo seguimos en completo silencio.
—Gracias. —Pronunciamos cuando retiró nuestras sillas.

—Espero que los demás no demoren mucho.
—Sí, ojala. ¿Y dónde está Jasper?
—Umm… Llegará un poco más tarde, está en medio de un atasco enorme. —Alice me enseñó el mensaje que su novio le había enviado escasos minutos atrás.
—Chicas. —La voz de Rosalie captó nuestra atención.
—Hola Rose. —Nos levantamos a saludarla. —Emmet. —Lo mismo hicimos con Emmet que agarraba fuertemente la cintura de su esposa.
—Estáis preciosas. —Nos dijo sonriendo como todo un niño.
—Gracias. —Todos nos sentamos.

El maître se acercó y Emmet se encargó de pedir una botella de vino tinto. A los escasos diez minutos llegó Jasper.
—Buenas. —Se sentó al lado de Alice. Después de darle un corto beso nos sonrió a todos. —Siento la demora. Me metí en un atasco mortal.
—No te preocupes, al menos llegaste. —Rosalie bromeó.
—¿Desean pedir ya? —Preguntó después de haber traído la botella de vino.
—No, esperamos por alguien más.
—De acuerdo. —Se retiró rápidamente.
—¿Quién falta por venir? —Pregunté intrigada.

—¿Te olvidaste de mí? —Giré el rostro en cuanto escuché esa conocida voz.
—¿Edward? —Dije mirándolo con asombro.
—El mismo. —Saludó a las chicas con dos besos y a Emmet y Jasper con un efusivo apretón de manos. Se sentó en el sitio libre, quedando entre Emmet y yo.
—¿Cómo has estado? —Me preguntó mientras sonreía encantadoramente. Me relajé de inmediato.
—Bastante bien, aunque cansada.
—Llevaba casi una semana sin verte.
—Lo sé. Siento no haber podido salir contigo. —El maître cortó nuestra conversación.

—¿Saben qué van a pedir?
—Sí. —Rosalie se encargó de pedir la cena que ella deseaba para su noche. Nadie le negaría ese deseo. Era su noche junto a Emmet.
—Enseguida estará su cena. —El maître se retiró después de llevarse las cartas.
—Aquí sirven una comida deliciosa. —Informó Emmet. —Tienen un servicio muy bueno.
—Sí, todos parecen estar dispuestos a atenderte sin que se les borre la sonrisa de la cara. —Dijo Alice.
—Es su trabajo.

Pocos minutos después disfrutábamos de la deliciosa comida en compañía del dulzón vino y una muy amena charla entre los seis.
—Estaba exquisito. —Dije en cuanto terminamos de cenar.
—Sí, llevabas toda la razón Emmet. —Apremió Alice.
—Yo nunca me equivoco. —Todos reímos ante el gesto de suficiencia de su rostro. —Quiero hacer un brindis. —Dijo él mismo. —Por esta fantástica noche y por nosotros. —Pronunció mirando a su esposa que parecía que se desharía.
—Para que todo esto se repita año tras año. —Habló Jasper.
—Para que vuestro amor sea eterno. —Edward elevó su copa después de hablar. Todos las chocamos entre todos y después degustamos el vino.

Rosalie y Emmet se dieron un suave beso mientras sonreían. Se veían perfectos los dos juntos. Esa noche irradiaban felicidad y amor en estado puro.
—Nos dejaron solos. —Edward rio mientras miraba la pista de baile en donde se encontraban las dos parejas bailando un suave vals.
—Han hecho eso muchas veces. —Concordé.
—Pues habrá que imitarlos. —Antes de terminar de hablar se puso de pie. Parpadeé varias veces cuando vi su mano tendida esperando por mí y su fabulosa sonrisa torcida. —Señorita. —Bromeó.
Respondí a su sonrisa y agarré su mano. Dejé que me llevara hacia la pista de baile que se encontraba al fondo del restaurante.

En la esquina derecha de la pista un grupo de violinistas, junto a un pianista y una cantante le daban al ambiente el toque perfecto de romanticismo. Él colocó su mano en mi cintura y me atrajo hacia su cuerpo. Por inercia mi mano derecha se fue hacia su hombro. Agarró mi mano sobrante con delicadeza y la unió junto a la suya justo en el momento en que nuestras miradas se quedaron prendadas. Lo miré con absoluta devoción, sintiendo mi corazón latir frenéticamente. Me sonrió mientras empezaba a mecerse junto a mí al ritmo de la suave melodía.
—Estás preciosa. —Me susurró. Mis mejillas se tiñeron de rojo.
—Gra-gracias. —Me acercó más hacia su cuerpo, dejando poca separación entre ambos.

Nuestros cuerpos se movieron a la par, sintiendo el ritmo colarse entre nosotros. Nos mirábamos fijamente, presos de lo que parecía ser un hechizo. Solté su mano y la elevé hacia su cuello, por donde lo abracé. Él sujetó mi cintura con sus dos manos y sentí mi cuerpo entero temblar ante su toque. Todo dejó de existir a mi alrededor, nos habíamos quedado solo los dos en el centro de la pista. Apreté más fuertemente su cuello, disfrutando de las cosquillas que su cabello me producía. El momento se volvió más perfecto aún cuando dejó un tímido beso en la comisura de mis labios. Sonreí con aprobación, sintiéndome rápidamente deseosa de más.

Elevé nuevamente mi rostro, buscando sus labios con los míos. Atendió gustoso mi necesidad y atrapó mi boca en un beso más insistente. Disfruté de su sabor, y de las sensaciones que ese acto provocaba en mi organismo. Un nudo se formó en mi vientre y una sonrisa involuntaria se estableció en mis labios.
Apoyé mi mejilla en su pecho, disfrutando del latir de su corazón. Demasiado rápido acabó la canción y aunque quise negarme me dejé llevar de nuevo por él hacia la mesa. En cuanto nos sentamos las miradas de los demás expresaban sentimientos encontrados, aunque todos nos miraban con una sonrisa. Desvié mi mirada, sintiendo mis mejillas coloradas.

La noche pasó demasiado deprisa, cuando quise darme cuenta ya eran las doce y media y todos nos dirigíamos a la entrada esperando por los correspondientes coches.
—Gracias a todos por haber venido. —Dijo Rosalie mientras se despedía de todos ya que su coche había llegado antes. En realidad era el de Emmet.
—Nos veremos. —Dijo este y se subió en el lugar del conductor.
—Espérame en casa. —Le dijo Alice a Jasper. —Iré después de dejar a Bella. —Este asintió y después de besarla levemente subió en su coche.
—Yo puedo llevarla. —Ofreció Edward.
—No te molestes, yo lo haré. Necesito recoger unas cosas de su casa. —Giré mi rostro hacia ella. Me guiñó un ojo.

—Señoritas, su coche. —El valet le tendió las llaves a Alice.
—Gracias. Adiós Edward. —Después de despedirse se montó al coche.
—Ven aquí. —Edward agarró mi cintura y me pegó a su cuerpo. —¿Te veré mañana?
—No sé si pueda…
—¿Tienes algún plan? —Frunció el ceño.
—No, pero pensaba dedicar el día a limpiar la casa.
—Bueno, nos veremos en otra ocasión entonces. —Se relajó de inmediato y sonrió. Dejó un corto beso en mis labios.
—Adiós. —Le dije antes de subir al coche de Alice.

—Ok Alice, qué pretendes.
—Nada. —Se hizo la inocente.
—A otro perro con ese hueso.
—Está bien, solo quiero saber a dónde quieres llegar con todo esto.
—¿Cómo?
—¿Qué es lo que sientes por Edward? —Parpadeé asombrada.
—Pues… Me siento muy bien a su lado. Es como si todo mi cuerpo lo reconociera. —Sonreí.

—¿No te sientes como antes?
—Todavía no logro recordar del todo como era nuestra relación antes de todo. Pero aún me siento confusa, son demasiados sentimientos a la vez.
—No quiero que esto salga mal de nuevo Bella. Quiero que pienses las cosas dos veces antes de hacerlas y que no te dejes llevar tan rápidamente.
—Hay veces en las que no soy consiente de lo que hago. Simplemente me dejo llevar por lo que siento cuando estoy junto a él.
—Y eso no es malo Bella, la cuestión aquí es que debes tener las ideas claras, porque si no será peor.
—No quiero organizar todo esto como si fuera un plan de la CÍA Alice. Quiero dejar que las cosas fluyan por sí solas, sin presiones.

—Está bien Bella, pero lo importante aquí es que nadie salga herido.
—¿Herido?
—Sí, debes pensar en todos. Dime la verdad, ¿Ethan es solo tu amigo?
—Claro que sí Alice. No me creo capaz de tener algo con él. Yo solo lo quiero como un amigo.
—Bien, siempre hay que dejarlo todo aclarado. —Asentí sintiéndome aún un poco extraña por sus palabras.



¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬



El tiempo parecía siempre querer escaparse de mis manos. Se pasa demasiado deprisa a mi parecer. El trabajo en la empresa cada vez se hacía más llevadero, pero parecía que cada día aumentaba de manera escandalosa. Cada vez eran más los papeles de los que me hacía cargo, creando así pilas amontonadas de papeles. Al menos ya no me sentía tan estresada. Ya me había adecuado perfectamente bien al horario y a la marcha que metía. Me sentía tan compenetrada y concentrada en hacerlo todo perfectamente bien que el tiempo se escurría entre los dedos. Ya habían pasado dos meses más desde que empecé a trabajar para Michael Newton.

En las tardes solía salir muy a menudo con Ethan. Dábamos largos paseos por los parques de la ciudad, después de, en la mayoría de las ocasiones, visitar a Nathalie. Me había dado cuenta también de que salía mucho menos con Edward. No sabía la razón, simplemente en muchas ocasiones yo ya había quedado con Ethan o nuestros horarios de trabajo no compaginaban. No habíamos avanzado mucho en nuestra relación en los dos meses que ya habían pasado. Cuando nos veíamos él me saludaba con castos besos en los labios, sin llegar a nada más. En muchas ocasiones me vi tentada de besarlo de una manera mucho más insistente, pero me había dado cuenta de que como él dijo estábamos empezando desde cero, sin prisas.

Todo iba perfectamente bien, hasta que mi jefe me dio la noticia que cambiaría mucho las cosas. No sabía de qué manera afectaría eso, pero para mi parecer nada bueno significaba.
Faltaban unos pocos minutos para que Edward llegara a casa, habíamos quedado para una tarde de películas. Había hecho un bol entero de palomitas, comprado refrescos y gominolas. Todo estaba sobre la mesa de cristal del centro del salón, entre la tele y el sofá. Él se encargaría de traer las películas. Coloqué el bol de palomitas con mantequilla en la mesa justo cuando el timbre sonó.

—Hola. —Saludé efusiva.
—Buenas linda. —Besó mis labios como de costumbre y se adentró en casa.
—¿Cuáles has traído?
Esto es la guerra como comedia y La hora más oscura, que es un thriller.
—La comedia. —Dije rápidamente, ganándome una risa de su parte.
—De acuerdo niña miedosa. —Entrecerré los ojos. Él se encargó de poner el DVD mientras yo cerraba las cortinas.
—Toma. —Le tendí el bol de palomitas antes de sentarme a su lado.

El típico logo de Century Fox apareció en primer lugar, dando inicio a la película.
Reímos lo suficiente como para que dolieran nuestros estómagos. Nos inflamos a palomitas, refrescos y dulces, sintiéndonos un par de adolescentes durante las dos horas que duró la película. Intenté relajarme lo máximo posible durante la proyección para no levantar sospechas y porque quería divertirme junto a él todo lo que pudiera. Quería aprovechar de cualquier momento bueno que me concediera la vida. Y eso fue precisamente lo que hice. Cuando en la pantalla aparecieron los créditos suspiré hondamente.

—Ha sido muy buena. —Dijo Edward.
—Sí, totalmente recomendable. Aún me duele el estómago de tanto reír.
—Una comedia en toda regla. —Se levantó a retirar el DVD y a apagar la tele. Poco después volvió a sentarse a mi lado. Nos quedamos en silencio por unos cortos segundos.
Emprendimos una charla sobre temas triviales, hablando un poco de él y un poco de mí, disfrutando de compartir ese momento a solas.
—Suspendí el examen más veces de las que me gustaría reconocer. —Dijo riéndose. —Pero soy un tío legal. —Me reí de su expresión. El sonido de mi móvil cortó nuestra charla.

—¿Sí?
—Hola Isabella, soy Laura.
—Hola Laura, ¿cómo va todo?
—Bien. Sólo llamaba para decirte que ya tengo los pasajes. —Mi sonrisa se esfumó de un momento a otro.
—¿Ya?, ¿tan pronto?
—Claro que sí, es un trámite muy rápido. Mañana en la mañana te informaré de todo, pero todo está reservado para dentro de cuatro días.
—¿Para el lunes?
—Exacto. Recuerda que eso fue en lo que quedaste con Newton. —Suspiré.

—Sí lo sé. Todo está hablado.
—Bien, no te molesto más.
—Adiós Laura, nos vemos mañana.
—Hasta luego Isabella. —Corté la llamada. Sentí que todo mi buen humor y mis ganas de divertirme se habían ido por la borda en segundos.
—¿Sucede algo? —Me sobresalté ante la voz de Edward.
—Oh… No, nada.
—¿Estás segura? Pareces triste. —Hice un intento de sonrisa.

—No es nada. —Me levanté rápidamente a recoger los restos de la comida. Llevé el bol de palomitas, ahora vacío, y los botes de las bebidas a la cocina. Edward vino detrás de mí con los platos de gominolas. Fregué rápidamente la vajilla sucia, sintiendo que suspiraba más veces de las normales.
—Dime que sucede Bella, te noto nerviosa. —Habló Edward detrás de mí. Cerré el grifo del agua. Me giré a encararlo, de nada servía que le diera evasivas. Se acabaría enterando de todas formas.
Lo vi apoyado en la fila central de encimeras que atravesaban la cocina de este a oeste. Me miraba con atención, pidiéndome respuestas.

Suspiré varias veces más, intentando controlar mi nerviosismo y mis temblorosas manos que agarraban con fuerza el mantel de la cocina.
Lo observé por unos pequeñísimos segundos, sabiendo que nada bueno saldría de lo que tenía que decirle.
—¿Bella? —Insistió.
Tengo que irme Edward, y no sé por cuanto tiempo…





Hello People! :)
Ya les dejo el nuevo capítulo. No crean que me olvidé de ustedes, ya saben que tarde lo que tarde ahí estará siempre su capítulo nuevo. Solo tengan paciencia conmigo jajaja.
Espero que les guste, y que no me maten por es final. No me volví loca, ese viaje será un tramo muy importante de la historia. Ya lo verán.
Espero sus opiniones.
Kisses.
By: Crazy Cullen.

4 comentarios:

  1. OMG PERO X Q SE VA OSEA ME DEJAS CON LA DUDA A Q SE VA Y ADONDE??????
    CHICA MALA ME DEJAS ASI SIN SABER NADA
    BUENO ESPERO EL SIG CAP CON MUCHAS GANS D SABER Q ES LO Q PASARA T CUIDAS BESITOS BYE =)

    ResponderEliminar
  2. Hola!
    Se sabrá a donde se va y por qué en el siguiente capítulo. Sé que ese final quedó infartante jajaja, pero eso le da la emoción! xD
    Muchas gracias por comentar!
    Kisses! ♥

    ResponderEliminar
  3. Ohhh noo me quedoo sin saberloo jajaja ¡¡Hola guapa!!
    Que decirte, el capi impresionante, me gustó esas salidas con Ethan y el helado jajaja. ¿Y Newton? Mmmm como me haces sufrir amiga eh, pues esas apariciones les tengo miedo.
    Me da penita Edward. ¿Lo vas a hacer sufrir mucho? jajaj que curiosa e impaciente estoy. Ya sabes espero el próximo con ansias. ¡¡Muy bueno!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola preciosa! :D
      Me alegra mucho que te guste el capi cielo, sabes que amo tus opiniones! :D
      Jajaja, sí, con esas salidas con Ethan intento demostrar que cada vez se acerca más a él y que su relación va en aumento.
      Jajaja, fue una sorpresa lo de Newton no? Aún no he acabado con él jajja! :D
      No quiero hacerlo sufrir demasiado, bueno más o menos jajjaa. Pero todos tienen que aprender de sus errores! xD
      Kisses mi reina! TeeQ! ♥

      Eliminar

Dejame tu huellita (LL)