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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

miércoles, 1 de agosto de 2012

Capítulo 24: Almas liberadas.


Capítulo 24: Almas liberadas



Pov Edward:



—¡Ed! —Me asomé al descansillo de las escaleras cuando escuché la voz de Bella llamándome. Mientras bajaba la vi cerrar la puerta, dejar las llaves en la consola de madera que estaba al lado de la puerta y girarse cuando escuchó mis pasos.
—Hola amor. —Dejé un beso leve en sus labios. Me sonrió.
—Ven, quiero enseñarte lo que he comprado. —Jaló de mi mano hacia el salón mientras sonreía.

 Percibí que llevaba una bolsa de papel de color azul claro con unas letras negras del nombre de la tienda. Nos sentamos en el sofá y ella se puso a rebuscar entre la bolsa.
—Hace un día muy caluroso y perfecto para salir. Pasé por delante de esta tienda. —Señaló las letras de la bolsa. —Y no pude resistirme a entrar. Es nueva, y tiene cosas preciosas. —No paraba de sonreír totalmente alegre mientras hablaba. La miré impaciente.

—Espero que te guste, si no podemos cambiarlo. —Al fin sacó la prenda de la bolsa y me la tendió. —Creo que es perfecto. —Mordió su labio a la espera de mi respuesta. Miré la prenda que descansaba entre mis manos y sonreí al ver lo que era. Estiré mis brazos para verla bien y me gustó. Bella había comprado un bañador blanco con extraños dibujos mezclados con letras de color negro y rojo. Me gustó bastante.

—Está muy bien. —Ella sonrió más abiertamente. Giré la pieza entre mis manos y asentí inconscientemente. Sí, me gustaba.
—Tenían una infinidad de colores y de modelos. Pero pensé que ese sería perfecto para ti.
—Sí, me gusta. Gracias. —Le sonreí totalmente de acuerdo. Ella suspiró con alivio. Sabía que era demasiado indecisa e insegura.

—Podemos ir a la playa. Tenía planeado preparar unos sándwiches y pasar la tarde ahí. —Me miró con sus ojitos anhelantes. Negué con la cabeza con diversión y ella colocó un puchero en sus labios. No dudé en besarlos mientras reía.
—Me parece fantástico.
—Tengo que aprovechar el tiempo.
—¿Cómo?
—Dentro de unos meses no podré meterme en esto. —De la bolsa sacó una nueva pieza y me la mostró. Era un pequeño bikini de varios colores que imitaban un arcoíris. La parte de arriba formaba una especie de ocho. Me pareció de lo más provocador imaginármela enfundada en esa pequeña pieza.
—¿Qué te parece? —Preguntó con inocencia.
—Me matará verte con él. —La atraje hacia mí mientras reía y la besé con devoción.

—¿Tienes todo listo? —Le pregunté después de unos segundos de haberme quedado absorto mirando su vestimenta. Llevaba un fino vestido playero de color blanco. Solo llegaba hasta la mitad de sus muslos y tenía un profundo escote en “U”. Se veía realmente tentadora.
—Sí. Acabo de meter el protector solar en el bolso, por lo que todo está preparado. —Asentí aún absorto. Montamos al coche y al ritmo de música alegre, muy típica de discoteca, nos dirigimos a la playa. Habíamos decidido ir a la misma en la que estaba el pub de la fiesta de disfraces. Sin lugar a dudas traía muy buenos recuerdos.
—Este sitio es perfecto. —Bella no me dio opción a réplica cuando clavó el palo de la sombrilla en el arena. Tan solo sacudí la cabeza mientras dejaba las bolsas en la arena.

—Hace mucho calor. —Me dijo mientras terminábamos de tender las toallas y de colocar todo bien.
—Bueno, el agua solucionará eso. —Nos sentamos en las toallas, yo de espaldas al mar. No me importaba perderme la vista de la cristalina agua cuando la tenía a ella frente a mí. Bella no paraba de moverse como si tuviera algún bicho en su cuerpo. Trasteaba por los bolsos hasta que encontró el protector solar.

—Será mejor que lo usemos si no queremos quemarnos. —Extendió un poco de la blanquecina crema en sus manos y me hizo una seña para que me acercara a ella. —Enséñame tu linda espalda. —Se rio mientras esperaba a que yo me quitara la camiseta. Me estremecí cuando empezó a untar la crema por mi espalda, ya no por el frío de la crema, si no por el placer de sentir sus manos sobre mi cuerpo. Debía pensar en otra cosa lo antes posible.

—Perfecto. Ahora estás completamente protegido. —Dejó un beso en mi cuello, logrando que me estremeciera de placer.
Me giré para verla y estaba untando la crema por sus brazos. No pude quitar mi mirada de su cuerpo cuando comenzó a untarse la crema por sus torneadas piernas. Poco me faltó salivar, pues me pareció un espectáculo de lo más sexy. De un momento a otro de puso de pie y se quitó el vestido blanco que llevaba para mostrarme lo bien que le quedaba el bikini.
—Ven aquí. —Agarré su cintura y la atraje a mi cuerpo para dejarla sentada en mis piernas. —Me gusta esto. —Toqué un poco de la tela del bikini. —Te sienta jodidamente bien. —Di un mordisco en su hombro y sonreí cuando jadeó.

Poco después se tumbó en la toalla boca abajo y yo me coloqué de rodillas alrededor de su cuerpo para poder untar su espalda de crema. Desabroché el broche de la parte superior del bikini y extendí la crema sobre su espalda para posteriormente masajearla cuidadosamente.
—Eso se siente bien. —Pronunció. Su voz se notaba totalmente relajada. Expandí bien la crema por toda su espalda hasta que no quedó ninguna marca blanca.

—Edward. —Me llamó. —¿Qué opinas del topless?
—¿No estarás pensando en hacerlo? —Gruñí ante la sola idea.
—Bueno… No sé… Las marcas no quedan bien y… —Antes de que pudiera terminar de hablar yo cerré el broché de su bikini en un movimiento rápido. Ella rio con fuerza ante mi acto. Me senté en el sitio que ocupaba antes en la toalla, totalmente enfurruñado por su idea.

—Ed… —Se puso de rodillas mientras no dejaba de reír. —No seas bobito. —Se acercó a mí con una burlona sonrisa. Entrecerré los ojos. —Solo era una broma. Dejaré esa vista en un acto privado solo para ti. —Acarició mis mejillas y dejó un casto beso en mis labios. —Ellas son completamente tuyas. —Movió su pecho graciosamente, haciendo que mi vista se fijara en sus montes. En un acto de total posesión sujeté su cuello y la atraje hacia mis labios. Besé su boca con hambre y pasión.

—Tú eres toda mía. —Atraje su cuerpo hacia el mío, me tumbé en la toalla y la dejé sobre mi cuerpo.
—Eres todo un posesivo. —Picó mi frente con su dedo índice.
—¿Qué le voy a hacer? Eso me pasa por tener una mujer sexy. —Volví a besarla, sintiéndome deseoso de ella en exceso. —Ya tengo suficiente con que todos esos ojos de ahí se fijen en ti. —Acaricié sus costados mientras no podía separarme de sus labios que eran mi adicción.

—Nadie se fijará en mí. —Sentí que la inseguridad atacaba su cuerpo.
—¿Acaso deseas los ojos de otro hombre sobre tu cuerpo? —Fingí seriedad. Ella rio mientras negaba.
—Soy feliz con que tú lo hagas.
—Entonces tienes un grave problema, porque te deseo demasiado para tu propia salud. —Volví a besarla mientras reíamos. Me sentí tremendamente bien al haberla convencido al menos durante ese tiempo en el que sus inseguridades la atacaron tan repentinamente.

La tarde se pasó realmente rápida. Fuimos al agua, la cual estaba cálida y en una temperatura completamente agradable. Jugamos dentro del mar hasta que fuimos de nuevo a la toalla para poder comer. Degustamos los ricos sándwiches, tomamos el sol, jugamos con la arena y lo pasamos en grande como si fuéramos un par de niños que jamás han visto la playa.
Antes de darnos cuenta el reloj ya marcaba las ocho. La playa se había quedado prácticamente desierta. Había un par de parejas cerca de nosotros, pero el silencio reinaba, dejando que se escuchara el sonido de las olas, cada vez más fuertes, al chocar contra la orilla de arena.

—Ha sido un día perfecto. —Bella no había dejado de sonreír en todo el día, contagiándome de su felicidad y entusiasmo.
—Sí, muy divertido.
—Siento que tengo arena en partes de mi cuerpo que no conocía. —Sonreí con malicia. —Es tu culpa. —Me acusó mientras se rascaba. —Nunca debí dejar que me enterraras. —Entrecerró los ojos.
—Fue muy gracioso.
—Dices eso porque no estás lleno de arena.
—Bueno… Siempre puedo ayudar a quitártela. —Apreté su muslo y ella se estremeció ante la perspectiva.
—Eso sería fantástico.

Nos dirigimos directos al dormitorio en cuanto llegamos. Bella se lanzó a la cama, se colocó en el centro de esta y extendió sus brazos y sus piernas al máximo.
—Estoy agotada. —Acarició levemente su vientre.
—Gracias por lo que me toca. —Le dije riendo al ver que su cuerpo ocupaba todo el ancho de la cama. Se hizo a un lado y palmeó el sitio sobrante de la cama. Me tumbé junto a ella sin dudarlo y la apreté contra mi cuerpo.

—Tenemos que repetir esto. Ha sido genial. —Acarició con su dedo índice mi torso.
—Siempre que quieras.
—Siempre no. —Volvió a acariciar su vientre. —Dentro de poco este pequeñín no me lo permitirá.
—Tu pancita se verá hermosa. —Coloqué mi mano sobre la suya y en su vientre. —Ya veremos si piensas lo mismo cuando ya no me veas deseable.
—Ummm… Creo que eso será imposible.
—Bueno… Mientras pueda haré de todo para aprovechar el momento.

Se puso de pie y se dirigió al armario. Rebuscó entre los cajones algo desconocido por mí. Removió todas sus perchas y suspiró frustrada al no encontrar lo que buscaba. Se apoyó en la puerta y rebuscó en la zona más alta del armario. Comenzó a dar graciosos brinquitos cuando no llegaba. Riendo fuertemente por su actitud me puse de pie.
—Yo me encargo, ¿qué es lo que buscas? —Rodó los ojos cuando yo elevé mi brazo y toqué sin dificultad la parte alta del armario.

—Tiene que estar al fondo. Es una bolsa de papel rectangular. —Se fue a sentar a la cama mientras yo rebuscaba en el armario. Toqué con mi mano lo que había, en su gran mayoría cajas de zapatos, y jalé de la primera bolsa que vi. Era mediana, de color rojo, y tenía una caja rectangular en su interior. La saqué y me quedé estupefacto cuando vi su contenido.

—¿Bella? —La llamé aún con la caja entre mis manos. Ella elevó su cuerpo y abrió los ojos todo lo que pudo cuando vio lo que había entre mis manos.
—Oh Dios mío… —Susurró y empezó a colorarse fuertemente.
—Nunca imaginé que tuvieras algo así… —Sacudí la caja y su interior chocó contra ella, haciendo un rítmico sonido.

—Bueno… Yo… No… ¡No es mío! —Casi gritó cuando empecé a abrir la caja de nuevo.
—¿No?, ¿estás segura? —Sonreí con picardía.
—Yo… Nun-nunca lo he usado por-porque…
—¿Nunca? —Negó con su cabeza. Sus mejillas estaban completamente coloradas.

—¿No te ha hecho falta en ningún momento? —La miré fijamente. Ella me miró totalmente traviesa después de haber comprendido mi juego. Se puso de pie y caminó hacia mí con lentos y sensuales pasos, como si estara asechando una presa.
—¿Crees que me puede hacer falta? —Agarró con su dedo el cuello de mi camisa.
—Um… Si lo tienes ahí… —Volví a sacudir la caja.

—A mí me basta contigo. —Exhaló su aliento en mi rostro mientras susurraba.
—Lo tienes muy bien conservado. —Decidí abrir la caja y sacar su contenido.
—Es la primera vez que lo veo. Bueno… La segunda. —Elevé una ceja.
—¿No te has visto tentada?
—No me gusta el plástico. Prefiero… —Mordió su labio y pasó su mano por todo mi cuerpo. —Tu perfecta anatomía.

—Veremos que esconde esta caja. —Saqué su contenido, el cual era una bolsa de terciopelo, la abrí y extraje el objeto de la “disputa”. —No imaginé que esto era de tu estilo. —Insistí para ver como se iba colorando.
—Este juguetito es insignificante. —Lo agarró entre su mano, por la mitad, y lo observó. —Me gusta más este. —Posó su mano en la cinturilla de mi bañador.

Comenzó a introducir su mano en mi ropa, con la mirada fija en mis ojos, mientras se mordía su labio con insistencia. Jadeé cuando sentí sus dedos en mi miembro que no había dudado en excitarse.
—Esto es una aberración… —Dijo refiriéndose al objeto entre sus manos. Toqueteó mi sexo sin llegar a apresarlo del todo en sus manos. Me estaba tentando, y poco le quedaba a mi cordura para desvanecerse completamente. —Que jamás necesitaré. —De repente soltó el objeto de plástico mientras terminaba de bajar mi bañador.

—Eso espero… No me gustaría… Umm… —No pude terminar de hablar cuando sentí las suaves yemas de sus dedos acariciar la punta de mi erección y después bajar torturosamente lento por todo mi eje. —Bella… —Pronuncié preso del deseo.
—Ese juguetito queda en el olvido ahora. —Siguió con sus lentos pero placenteros movimientos. —Tú eres mucho más apetecible. —Dejó tentadores mordiscos en mi torso mientras no paraba de mover su mano. Me sentía en el jodido cielo. Mi mente se nubló de deseo, no dejándole cabida a ningún otro pensamiento razonable. Solo quería cogerla en brazos y sentir su calor completo.

Cuando sentí que mi cuerpo acabaría descontrolándose del todo, agarré su pelo con suavidad y elevé su cuello. No dudé en besar sus labios que parecía me llamaban a gritos. El beso fue devastador para mi raciocinio. No soporté más y tuve que obligarme a separarla de mi cuerpo si quería aguantar más tiempo. Llevé mis manos al borde de su vestido y lo saqué con velocidad por su cabeza. Después se dirigieron a su espalda y con un simple movimiento abrí el broche que sujetaba la parte superior de su bikini. La prenda pareció saltar y cayó al suelo con rapidez. Disfruté de sus puntas erguidas, y antes de que predijera mis movimientos agarré su cintura y la elevé hacia mi cuerpo.

La apoyé contra la puerta del armario, la cual se cerró ante nuestros movimientos. La apreté contra mi cuerpo y jadeé al sentir su cálida intimidad. Me separé un poco cuando su mano se dirigió hacia su pierna y comenzó a rascarla con insistencia. Sonreí ante el recuerdo de la arena y sin dudarlo la cargué hasta el cuarto de baño.
—Será mejor darnos un baño.
—No, no quiero que te detengas. —Pronunció con voz entrecortada.
—Nadie dijo que me detendría. —Sonreí ladinamente y mordisqueé su cuello. Estiré mi brazo para abrir las puertas de la mampara, abrí los grifos y regulé la temperatura. Bella se puso de pie, alegando que no quería que soportara su peso, y se introdujo en la ducha jalando mi mano.

Quitó la parte inferior de su bikini, descontrolando mis sentidos al ver su cuerpo completamente desnudo. Atrapé sus caderas para atraerla hacia mí y disfruté al ver las gotas de agua resbalando por su anatomía. Cogí el bote de gel de baño y puse un poco de la sustancia en la palma de mi mano izquierda. Friccioné contra la otra hasta lograr un poco de espuma y comencé a jabonar su cuerpo.
Disfruté al verla jadear cada vez que mis manos tocaban su cuerpo más que necesitado. Acaricié sus redondeces, regodeándome al ver como sus pezones se convertían en duras piedrecillas.
—Me torturas… —Susurró.

Ignoré sus palabras y descendí por su vientre dejando un camino de espuma por su cuerpo. Rocé levemente su sexo y sonreí cuando gimió profundamente.
—No puedo soportarlo… Necesito sentirte. —Atrajo mi rostro hacia el suyo y mordisqueó con picardía mis labios. Volvió a llevar su mano a mi sexo y lo apretó entre sus manos. Yo tampoco podía seguir soportando el juego de seducción.

Volví a sujetar sus caderas y la elevé hacia mi cuerpo. Enredó sus piernas en mi cadera y yo la apreté contra la pared. Se estremeció al sentir el frío de los azulejos y antes de que pudiera protestar introduje mi miembro en su interior. Jadeé hondamente al sentir su calor envolverme y no dudé en mover mis caderas con insistencia.

Era glorioso ver como el agua resbalaba por nuestros cuerpos hasta morir en el suelo. Besé sus mojados labios y la sujeté con fuerza para poder enbestirla con más facilidad. Su cuerpo se estremecía levemente y sus labios dejaban escapar suaves jadeos cada vez más insistentes y profundos. Rodeé su cintura con mi brazo y mientras no cesaba el movimiento de mis caderas llevé una de mis manos a las puntas erguidas de sus blancos montes. Sus jadeos se transformaron en hondos gemidos que morían en mis labios y se mezclaban con las gotas de agua.

Gruñí en sus labios cuando ella desenredó sus piernas de mi cadera y se deslizó por mi cuerpo hasta colocar sus pies en el plato de la bañera. Nuestras respiraciones eran agitadas. La miré fijamente preguntándole qué pasaba. Ella tan solo me sonrió, acarició mis labios, descendió por mi barbilla y pasó sus dedos por mi torso. A continuación, en un fluído movimiento, se dio la vuelta, colocó sus manos en la pared de la ducha y elevó sus caderas, ofreciéndome su cuerpo en bandeja de plata. No desperdiciaría esta oportunidad. Enredé un brazo al rededor de su vientre, la elevé más y me introduje con lentitud en su sexo.

—Umm... Sí... Ed... —Sacudí mi cuerpo en su interior, adentrándome todo lo profundo que podía. Bella también movió sus caderas para encontrarse con mis enbestidas, haciendo la penetración más prolongada y placetera. Continué con mis movimientos, deleitandome al escuchar el chocar de nuestros cuerpos y sintiendo el agua tibia descender hasta irse perdiendo en diminutas y cristalinas gotas.

Sentí sus paredes apretarme con insistencia. Acaricié con mis dedos su botón de nervios, sintiendome compensado al escuchar como sus gemidos se transformaban en pequeños gritos de placer. Pellisqué con cuidado su clítoris, sientiendo como apretaba más mi sexo hasta que fulminó con un profundo grito que me llevó al límite. Me baseé con potencia dentro de ella. Mi respiración era agitada y mi corazón latía con fuerza.

—Oh Dios mío... —Su cuerpo aun se agitaba bajo el mío. Se enderezó y giró su cuello hacia mí. Besé sus labios con ansias mientras le sonreía. Terminabos de bañarnos entre jugetonas sonrisas y más provocaciones de su parte. Al salir envolví una suave toalla blanca a su al rededor y otra en mis caderas. Sujeté su mano y la llevé de vuelta al dormitorio. Ella se quedó rebuscando ropa en los armarios mientras yo me tumbaba en la cama mirando como pululaba de un lado a otro como una niña hiperactiva. Se movió hacia la derecha y se quedó quieta completamente. Sonrió y se agachó a coger algo.
—Que invento. —Elevó su mano, la cual poseía dentro de ella el juguetito que encontré en su armario.

Empezó a toquetearlo con diversión, de repente aplastó algún botón y ese aparato comenzó a vibrar. Bella se asustó y comenzó a moverlo en sus manos. Lo pasaba de una a otra hasta que se calló al suelo y ella salió prácticamente despavorida de su lado. Un sonido ronroneante se escuchaba en la habitación. Me acerqué al aparato, el cual estaba dando vueltas como loco en el suelo. Lo sujeté y aplasté otro botón para que se apagara.
Comencé a reirme sin poder evitarlo. Apreté mi estómago porque no soportaba las punzadas de dolor.
—No es gracioso Cullen. —La voz de Bella sonó enfadada. La miré y tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados bajo su pecho.

—Parecías un gato que es lanzado al agua. —No pude evitar reírme de nuevo.
—Solo me asusté. —Se quejó.
—No es para tanto, tan solo comenzó a vibrar.
—Me pilló desprevenida. Es la primera vez que cojo uno. Pero como ya veo que tú pareces tener mucha experiencia con él... Pues... Puede que sea un buen sustituto.

Se acercó a mí y me lo arrebató de las manos. —Sí, puede ser divertido jugar sola con él. —Remarcó el "sola".
—No lo usarás mientras yo pueda satisfacerte. —Gruñí.
—Será divertido probar. —Me sonrió con malicia. Yo volví a quitárselo de la mano y lo lancé arriba del armario.

—¡Ey! No es justo. —Cruzó sus brazos.
—No te hará falta. No dejaré que un objeto de plástico toque tu cuerpo.
—Um... ¿Estás celoso de un vibrador?
—Es un objeto insignificante que no logrará nada en ti. —Me acerqué un poco hacia ella, como si estara acechando a mi presa. —Em cambio yo... —La sujeté por las piernas y la coloqué sobre mi hombro.

—¡Edward, suéltame!
—No. Mereces un castigo por buscarme un sustituto tan rápido.
—No lo compré yo. Ese fue el objeto misterioso que me regalaron Alice y Rosalie en mi cumpleaños.
—Bueno... Es igual. —Di un azote en su nalga, aunque la toalla amortiguó el sonido.

 Me moví por el dormitorio con ella sobre mi hombro, sabiendo que odiaba eso.
—¡Bájame! —Chilló totalmente histérica. Yo solo reí. —Tengo a tu hijo dentro de mi vientre. —Me quedé petrificado en mi sitio y la bajé en automático. —¡Gano yo! —Chilló entre risas al ver mi rostro estupefacto y salió corriendo hacia la primera planta.

Bajé tras ella sabiendo que había logrado engañarme de nuevo. Ella había ganado, porque sabía que tampoco le haría daño al bebé, pero se excusó tras eso para lograr su objetivo.
Cuando llegué a la cocina la vi trasteando entre todos los objetos algo que seguramente se le habrá antojado.
—¿Buscas esto? —Moví en mi mano la tableta de chocolate.
—Dámelo... —Pronunció con ansisas.
—Umm... No. —Lo abrí y llevé una pastilla a mi boca.

—Edward... —Protestó.
—¿Volverás a provocarme?
—No, no, lo juro. —Le tendí la tableta de chocolate al verla totalmente desesperada. La agarró entre sus manos como si fuera su última tabla de salvación y llevó un gran pedazo a su boca. Gimió con placer. —Gano yo. —Volvió a decir mientras salía de la cocina y pasaba por mi lado con total orgullo, como si hubiera ganado las olimpiadas. Solo negué con la cabeza, no sabiendo que hacer ante su comportamiento totalmente infantil.



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—Llegó esto para ti. —Le tendí la carta que había en el buzón mientras entrábamos en casa.
—¿Para mí? —Asentí. —Será la carta de un admirador secretro. —Rio de su broma privada mientras se sentaba en el sofá y comenzaba a abrirla. Su sonrisa cesó de inmediato y su rostro que volvió pálido.
—¿Bella? —La sacudí y no reaccionó. —¿Bella? —Parpadeó repetidamente y volvió en sí.

—Es del juzgado. Me han citado para que declare contra James. —Me tendió la carta y comencé a leerla rápidamente. La cita era para dentro de dos semanas.
—Todo saldrá bien amor. Él no podrá hacerte nada ahí y yo estaré junto a ti.
—Pero... ¿Y si queda impune?, ¿qué haremos? Él querrá vengarse. —Comenzó a tartamudear y sus ojos se aguaron.

—No amor, él no quedará impune porque tú estarás ahí para testificar todo el daño que te hizo. Ganarás el juicio y podremos estar en paz por siempre.
—Yo... No estoy segura... No... —Una lágrima escapó de su ojo. La abracé contra mi cuerpo.
—No podrá quedar libre porque ha hecho mucho daño. Además recuerda que dijeron que no solo eras tú, por lo que tiene mucho más en su contra. Tranquilízate, todo saldrá bien. —Dejé un beso en su frente y sequé el rastro de sus lágrimas.
—Es-espero que sí.
—Será así, te lo prometo. —Se acurrucó en mi pecho y poco a poco comenzó a tranquilizarse.

Las dos semanas siguientes fueron más tranquilas de lo que imaginé. Bella había logrado relajarse y no pensar tanto en el juicio. Intenté darle todo el apoyo que podía, porque no quería que los nervios la estresaran. Durante esas dos semanas empezamos a buscar una casa, pues habíamos decidido comprar una nueva a gusto de ambos. Ella quería deshacerse de la que tenía y comprar una más pequeña y más acogedora. Aún no habíamos encontrado la casa perfecta para ambos, pero habían un par que nos gustaban bastante. Una semana después de haber recibido la carta llegó a casa Doris, la nana de Bella.

Como bien predijo Bella ella no tardó en hablar conmigo después de haberse instalado nuevamente. No fue tan malo como pensaba en un principio. Sabía que ella era como la verdadera madre de Bella, y que solo se preocupaba por su bienestar y porque fuera feliz. No fue difícil convencerla de que yo la amaba y que haría todo lo posible por hacerla feliz siempre. Ella quedó encantada cuando nos vio interactuar como una verdadera pareja. No dejaba de sonreír y se la veía más emocionado y contenta que nunca. Sabía perfectamente porque estaba así.

Doris había pasado junto a Bella en todos los momentos de su vida, en los buenos y en los malos. Había padecido su dolor y su martirio junto a ella y sabía todo el esfuerzo que había hecho para salir de ese pozo negro en el que se adentró después de todo lo que le pasó. Doris ahora era feliz porque Bella también lo era. Verlas juntas era como ver a una verdadera madre e hija. Doris siempre ha sido el pilar de Bella, la que la sacó de la oscuridad que tuvo que vivir y la que la ayudó a ser la persona que era ahora. Yo no podía más que agradecerle etaramente, porque gracias al esfuerzo que hizo para que Bella volviera a ser lo mínimo de lo que fue, ahora sería feliz junto a mí.

—Estoy muy nerviosa. —Bella no paraba de mover sus piernas y de golpear sus dedos en sus rodillas. Sujeté su mano entre las mías y la apreté con ánimo.
—Todo saldrá bien. —Le sonreí cálidamente, infundiéndole ánimos. Yo también estaba nerviso, pero no quería demostrárselo, pues sabía que se pondría aún peor. Desde la noche prácticamente no había dormido y sus ojeras eran más que notorias.
—Solo quiero que esta pesadilla acabe ya. —Su voz era apagada. Dejé un dulce beso en sus labios.
—Aguanta un poco más, ya no queda nada. —Intentó sonreírme y asintió.

Arranqué el coche y me dirigí hacia los juzgados. El tiempo había pasado demasiado deprisa, y ya teníamos que ir al juicio contra James, el cual se ejecutaría en tan solo una hora.
Nuestro abogado, Benjamin Scott, ya nos esperaba en la entrada del gran edificio. Después de saludarnos y de que le infundiera ánimos a Bella nos dirigió hacia la sala en la que se celebraría el juicio. La sala se fue llenando poco a poco y sorpresivamente, pues no teníamos ni idea, atravesaron la gran puerta de roble y se dirigieron a la zona del público todos los amigos de Bella. Elevaron sus manos y la saludaron con alegría. Les devolvimos el saludo aún estupefactos, pero no pudimos decir nada porque entró el juez.

La sala se llenó de un silencio absoluto y sepulcral. No se oía nada, ni siquiera un mínimo mormullo. El juez ocupó su lugar en lo alto del estrado y abrió un folder negro que poseía en sus manos. Lo leyó rápidamente, asintió y los abogados se pusieron en pie. Después de algunas palabras que yo no logré entender, se sentaron y el juez comenzó a hablar.

—Que entre el acusado. —Su voz fue firme y sin titubeos. Dos polícias se movieron, abrieron una puerta lateral y entró un policía sujetando por los codos a un James que iba con un mono naranja. Se dirigió hacia la mesa que ocupaba su abogado y se sentó a su lado. Bella apretó mi mano fuertemente y empezó a temblar cuando él la miró con diversión.

—Tranquila... —Le susurré lo más bajo que pude para no romper el silencio. Asintió, pero no soltó mi mano.
—Que el abogado de la víctima exponga sus argumentos. —Benjamin se levantó y se colocó en el centro de la sala frente al juez.
—Mi cliente, la señorita Isabella Swan, fue atacada violentamente por el señor James Salvatore el pasado trece de mayo en
Village Green Park. El señor Salvatore intentó forzarla después de atacar a su pareja sentimental el señor Edward Cullen. El señor Salvatore ha sido una constante amenaza para la señorita Swan, la cual lo había denunciado hace varios años por maltrato y violación, sin optener respuesta alguna. —El juez asintió, anotó algo y le indicó a Benjamin que se sentara.

—Que exponga sus argumentos el abogado del acusado. —El hombre se levantó, acomodó su corbata y se dirigió al centro de la sala.
—Mi cliente no atacó físicamente al señor Cullen el día trece de mayo. Él tan solo se defendió de los golpes del señor Cullen, pues él fue el primero en golpearlo sin razón aparente. Mi cliente se encontró a la pareja en el parque por casualidad y sin razón alguna el señor Cullen empezó a golpearlo. —Apreté fuertemente mi mandibula ante la sarta de mentiras que decía el abogado. Bella apretaba mi mano y se removía incómoda. —La verdadera víctima ese día fue mi cliente, pues él fue el atacado. —El juez asintió y el abogado se sentó en su lugar.

—Que salga a declarar la señorita Swan. —Bella se tensó en su sitio ante las palabras del juez. Un policía se acercó a ella y la condujo hacia una silla que había en el lateral del estrado. Juró ante la biblia y comenzaron las preguntas.
—Cuéntenos su versión de los echos del día trece de mayo. —Bella comenzó a relatar todo como había sido, sin saltarse ningún punto y teniendo que aguantar las lágrimas que clamaban por salir. Su voz se rompió un par de veces y suspiró cuando terminó.
—Como bien a dicho la señorita Swan mi cliente fue atacado el primer lugar. —El abogado de James se puso de pie para hablar.

—Protesto señoría. —Contradijo Benjamin.
—Aceptada.
—Hace poco más de un mes el señor Salvatore atacó a la señorita Swan a la salida de un bar de carretera. Intentó volver a forzarla y golpearla. La señorita Swan logró huír, por lo que el ataque del señor Cullen no fue más que en defensa al verse en peligro de nuevo.
—¿Es eso cierto?, ¿fue atacada antes por el acusado?
—Sí señoría. Lo encontré a la salida del bar y él intentó golpearme y forzarme a irme con él. —La voz de Bella sonó absolutamente firme.

—¿Qué daños le produjo?
—Algunos hematomas en las caderas, brazos, muñecas y cuello.
—No hay ninguna prueba de eso. —Contradijo el abogado de James.
—¿Tienen alguna prueba o un testigo?
—No. —Susurró Bella. —Cuando me examinaron en el segundo ataque ya habían desaparecido todas las marcas.
—Sin pruebas no se puede acusar al señor Salvatore. —Gruñí en mi sitio ante la sonrisa de suficiencia de James.

—A pesar de que no se le puede acusar de eso los exámenes de la clínica muestran la realidad de los echos del día trece de mayo. Además de que una testigo declaró en su contra al ver todo el ataque del señor Salvatore. —Dijo Benjamin firme.
—El testimonio del testigo fue grabado y declaró en contra de James Salvatore, acusándolo de ultrajo contra la señorita Swan. —Habló el juez. Al fin una buena noticia.
—Además mi cliente fue violada por el señor Salvatore hace cinco años, cuando tenía dieciocho. Mi cliente puso una denuncia contra el señor James, pero jamás obtuvo una respuesta y el señor Salvatore jamás fue acusado por ese acto.
—Protesto señoría. —El juez aceptó la protesta del abogado de James.

—Hace cinco años la señorita Swan mantenía una relación sentimental con mi cliente. Además en ese entonces era mayor de edad, por lo que no se puede acusar a mi cliente de forzarla, pues ella fue a su habitación el día en que sucedió todo.
—¿Lo corrobora señorita Swan?
—Yo mo fui a buscarlo, me habían citado ahí y cuando entré a esa habitación lo encontré teniendo sexo con la que era mi amiga y después de una sarta de humillaciones y unos cuantos golpes, él la sacó a ella de la habitación y golpeandome abusó de mí. —Bella limpió las lágrimas que habían escapado de sus ojos mientras hablaba.

—¿Cuándo fue puesta la denuncia?
—Pocas semanas después.
—¿Qué le dijeron?
—Que me mantendrían informada porque el señor Salvatore se encontraba en paradero desconocido. No dijeron nada más. El tiempo pasó y jamás obtuve una respuesta. Pregunté por ello, pero era como si nunca la hubiera puesto.
—Según nuestros datos usted canceló esa denuncia.
—Eso es mentira.
—Por lo inesperado de los echos el señor Salvatore puede ser acusado de falsamiento de datos. —El juez ordenó algunos papeles.

—Puede volver a su sitio señorita Swan. —Bella se levantó rápidamente y al llegar a mi lado sujeté su mano y le di un tierno beso a su palma. Sonrió y cruzó sus dedos con los míos.
—Que entre la testigo. —Tanto Bella como yo nos sorprendimos de las palabras del juez. La puerta se abrió y sorpresivamente por ella entro Tanya. Los ojos de Bella se abrieron con impacto y su rostro se quedó petrificado. Tanya le dio una rápida mirada y se dirigió al sitio que había estado ocupando Bella.
—Bien, señorita Denalí, usted se ofreció por cuenta propia para testificar contra el señor Salvatore y corroborar las palabras de la señorita Swan sobre los sucesos de hace cinco años. —Ella pronunció un agudo “sí” y comenzó a relatar su versión de los echos.

—Tras el testimonio de la señorita Denalí y al coincidir con lo relatado por la señorita Swan el caso de denuncia por violación contra el señor Salvatore queda visto para sentencia. El señor Salvatore es acusado de violación, falsamiento de documentos, ataque físico e intento de ultraje. El jurado tiene que deliberar y se cita a todos los presentes en la misma sala dentro de tres horas. —El juez se puso de pie, agarró su folder y atravesó la puerta lateral. Los demás lo imitamos. Agarré la mano de Bella y nos dirigimos hacia donde estaban todos sus amigos, que ya se acercaban a nosotros.

—Lo has hecho muy bien Bells. —Rosalie y Alice la abrazaron.
—Todo saldrá bien, él ya no podrá molestarte. —Emmet y Jasper también la abrazaron, infundiéndole ánimos.
—Todas las pruebas serán analizadas, pero el caso está prácticamente ganado. —Benjamin se acercó a nosotros mientras hablaba y apretó el hombro de Bella. —No te preocupes, dudo mucho que sea absuelto de todo. —Bella le agradeció. Nos citamos para dentro de tres horas a la entrada del juzgado.
—Isabella. —Una voz llamó a Bella cuando íbamos de salida. Nos giramos y nos encontramos con Tanya.

—No hice esto por beneficio mío, no lograré obtener nada por ello. Simplemente sé todo el mal que hicimos y lo profundo que te herimos, no podía tener mi conciencia en paz si no declaraba. Aunque yo también hice cosas malas lo de James ya fue algo extremo y que se salió de nuestras manos. Jamás deseé algo así para ti, pero estoy sumamente arrepentida. Sé que a pesar de todo no lograré tu perdón, y no lo pediré más porque no lo merezco, pero al menos te ayudaré con esto todo lo que pueda. No quiero agradecimientos, porque es mi deber desesmascarar todas las tretas de James. —Tanya no dio opción a réplica. Salió casi corriendo de la sala, dejándonos a todos desconcertados. Bella suspiró y sin decir nada todos nos dirigimos a la salida.

El tiempo se pasó rápido. Comimos en un restaurante que se encontraba en frente del juzgado. Hablamos de todo lo que había sucedido y cuando nos dimos cuenta ya teníamos que dirigirnos de nuevo adentro. Benjamin nos esperaba en la entrada, nos dirigió a la sala y volvimos a ocupar los asientos de antes. El mismo silencio sepulcral ocupó la sala ante la entrada del juez.
—Debe salir a dar su última declaración James Salvatore. —El aludido se puso de pie y caminó hacia el estrado con pasos seguros y mirando a todos con superioridad. Gruñí internamente por su arrogancia.
—Exponga su versión de los echos contra la acusación de violación por parte de la señorita Swan.

James comenzó a contar todo a su manera, diciendo que ella lo había buscado y que jamás la forzó, sino que ella se había ofrecido ante él. Nuestro abogado protestó, pero su protesta fue denegada.
—Su narración es totalmente diferente a lo dicho por las señoritas Swan y Denalí.
—Ellas están exagerando todo. Yo jamás la obligué a nada, ella me buscó para satisfacerse. Debido a la furia que le provocó verme con su mejor amiga inventó toda esa mentira. —Apreté la rodilla de Bella cuando la vi con la intención de levantarse para protestar. Eso sería malo para nosotros.

—Se ha estado investigando sobre el paradero de la denuncia puesta por la señorita Swan. Efectivamente esa denuncia fue cancelada tras pagar una alta cantidad de dinero al policía que la llevaba a cabo a manos del señor Salvatore y los señores Swan. —Bella se estremeció en su sitio ante el nombramiento de sus padres. —Los señores Swan no han podido ser localizados, pero se le adjudica la mitad del cargo por falsamiento de documentos y soborno al señor Salvatore. Puede volver a su sitio. —James regresó, no sin antes mirarnos son sorna. Se lo tenía demasiado creído.
—Tras la deliberación de todos los componentes del jurado, imputamos al acusado culpable. —Habló un hombre que se encontraba en el grupo del jurado. El juez asintió.

—James Salvatore ha sido juzagado por violación, falsamiento de documentos, ataque físico y ultraje. Tras la deliberación del jurado y el juez en conjunto, se declara al acusado culpable de todos los echos. Tendrá que pagar todo con una condena de veinticinco años en prisión y una orden de alejamiento para la señorita Swan cuando sea libre. —El juez golpeó con su mazo el borde de madera que ocupaba el estrado, marcando como finalizado el juicio. Dos policías agarraron a James por los codos y después de encadenarlo lo llevaron a pagar su condena.

Bella se puso de pie en un salto y se lanzó a mis brazos. Besé sus labios con completa felicidad y la apreté contra mí. Toda la pesadilla acababa de terminar. De repente nos vimos rodeados por cuatro efusivos cuerpos que se abalanzaron hacia nosotros gritando de felicidad.
—¡Por fin! —Dijeron ellos.
—Dios… ¡No puedo creerlo! —Bella se apretó más contra mí. —Acabo de despertar de esta horrible pesadilla. —Abracé su cintura desde atrás y dejé un beso en su cuello.
—Felicidades Isabella. Mereces estar en paz después de todo lo que te tocó pasar. —Benjamin le tendió su mano y Bella se la sacudió efusivamente.

—Gracias Benjamin, sin ti esto no hubiera sido posible.
—Este es el final correcto, él no interrumpirá más en tu vida. De nuevo enhorabuena, a todos. —Me miró y sonreimos. —Nos veremos. —Se despidió de nosotros y salió de la sala. Poco después hicimos lo mismo y al fin sentimos esa enorme y satisfactoria sensación de libertad absoluta. Eramos libres, realmente libres para ser felices y estar en paz sin ningún peligro acechando a nuestras espaldas. Esta pesadilla había acabado. Se cerraba un capítulo oscuro para nosotros y se nos abría una nueva vida de la cual aprovecharíamos hasta el último segundo.

—Brindo por la justicia, la libertad y la felicidad. —Todos chocamos nuestras copas ante las palabras de Emmet. —Brindo por ti Bells, porque te mereces un futuro sin amenzas ni peligros. —Bella le sonrió abiertamente y chocó su copa de zumo contra la nuestra de champán.
—Gracias por vuestro apoyo, porque nada tendría sentido sin vosotros a mi lado. —Una lágrima de felicidad escapó de su ojo derecho. Volvimos a chocar nuestras copas y no pude evitar besar fugazmente sus labios. Era feliz. Éramos completamente felices a partir de este momento.

—Todo está listo Edward. Leonor acaba de salir de casa y dejó todo tal y como me lo pediste. —Asentí ante las palabras de Alice. Cuando me giré Bella tenía sus ojos entrecerrados mirando hacia nosotros. Al parecer no le gustó demasiado que Alice me lo dijera todo al oído.
—¿Estás cansada? —Le pregunté rodeándola con mis brazos.
—No. —Su voz fue seca, molesta. Sonreí ante su repentino ataque de celos. Sabía que las hormonas del embarazo la estaban controlando.
—Cuando quieras regresar a casa me lo dices. Yo estoy desesperado por celebrar contigo la victoria. —Se entremeció entre mis brazos. Le sonreí con picardía.

—Quiero volver a casa. —Me dijo después de unos escasos diez minutos.
—Vamos. —Le sonreí y agarré su mano. Nos despedimos de todos sus amigos. Alice me sonrió con complicidad y yo asentí. Me había dicho todo con su mirada.
—Suerte. —Susurró fugazmente. Asentí y conduje a Bella hacia el volvo.
Sujeté su cintura en cuanto llegamos a la puerta de casa, frenando sus movimientos.
—¿Qué sucede?
—Pensé que la mejor manera de celebrar que todo salió bien es esta. —Dejé un suave beso en sus labios. —Te amo y te quiero junto a mí para siempre. —Abrí la puerta y ella entró un poco temerosa. Se quedó de piedra al ver como estaba la entrada.

Observé todo tan sorprendido como ella. Alice había echo un trabajo increíble junto a Leonor, la encarga de decorarlo todo.
El hall estaba decorado con pequeñas velas aromáticas repartidas por toda la entrada formando un corazón rodeado de rosas rojas. En la pared de la entrada, cerca de las escaleras, estaban colocadas unas luces azuladas formando la anhelada pregunta.
Bella se llevó una mano a su pecho y sonrió con fascinación.
—¿Qué me dices amor?, ¿te quieres casar conmigo? —Ella giró con lentitud y sonrió aún más al verme con una rodilla incada en el suelo y una cajita de terciopelo con un anillo entre mis manos.

—Oh Dios mío… —Su respiración se aceleró a sobremanera. Me puse extremadamente nervioso.
—¡Sí, sí quiero! —Contestó efusiva lanzándose hacia mis brazos. Sentí como si mi alma hubiera sido liberada de su prisión. El aire volvió a mis pulmones y pude respirar con normalidad.
Me puse de pie y coloqué el anillo en su dedo anular. Ella lo observó con fascinación.
—Es perfecto… —Susurró. Enredó sus brazos en mi cuello y besó mis labios con urgencia y necesidad. La apreté contra mí, sintiendo que el momento no podía ser más perfecto.

—Te amo, te amo. —Susurró sobre mis labios.
—Me juré tenerte junto a mí siempre, porque me atrapaste desde la primera vez que te vi. Ahora nada podrá separarnos, porque eres más mía que nunca.
—Me ayudaste a ver el verdadero significado de la vida. Le diste ese toque de color a mis negros días. Lograste sacarme de ese pozo sin fondo en el que me había hundido. Robaste mi corazón y te convertiste en la razón de mi existencia. —Volví a besarla con desesperación, queriendolo todo de ella.

Sentía que a partir de este momento nuestra vida empezaba a estar verdaderamente en nuestras manos. Ya no había secretos, ni viejos recuerdos tormentosos. El pasado se había quedado en el pasado, donde debió estar desde hace mucho. No importaba cuanto tardamos en dejarlo ahí, lo importante es que desde este momento, y con un bebé en camino, el futuro parecía brillar para nosotros. Seríamos felices a nuestra manera. Nos amaríamos cada día más y lucharíamos para que la llama que nos unía no muriera nunca. Vencimos nuestros miedos. Luchamos contra la maldad y salimos victoriosos. Encontramos el equilibrio perfecto, encontramos a la mitad que nos hacía falta, porque siempre hay una razón para existir.



¡Hello People! :)
Ya le dejo el penúltimo capítulo, porque tan solo queda el epílogo y esta historia llegará a su fin. U_U no puedo creer que se acabe ya. Me ha costado, pero me siento completamente feliz y plena con ella.

El épilogo será corto, tan solo una excusa para poder dejarles un buen sabor de boca en el final de esta historia. Será mi primer fic largo completo. No puedo creerlo. Costó, pero dio sus frutos. Fue mi primer proyecto, con el que me inicié en este mundo y, aunque tiene miles de errores, junto a ella he crecido como autora y he ido mejorando capítulo a capítulo.

Gracias por su apoyo. Espero me dejen su opinión de todo lo que piensan sobre este capítulo. Sé que está lleno de miel, amor y como no un final feliz para ellos. Pero… ¿Qué esperaban? Los finales felices son lo mejor. Creánme, me costó escribir este capítulo. No sé nada sobre juicios, condenas y demás, por lo que si hay fallos no sean duras. Hice todo lo posible para que sea creíble.

Kisses.
By: Crazy Cullen.

PD: Ruby, lo siento mucho.

2 comentarios:

  1. Ohh que hermosos últimos capis cariño, esta historia fue maravillosa, de punta a punta. Describes muy bien, con detalles y eso fascina. muchas emociones encontradas pero por fin están juntos sin secretos. Hemos vivido crisis y peleas pero el amor siempre triunfa, a pesar de Tania Jane y demás.
    Me encanta nena, esperare ansiosa esas escenas de amor, y el fin que seguramente será genial.
    ¡¡Gracias por compartirlo!!

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    Respuestas
    1. Gracias cari por tus palabras.
      Las amé.
      Gracias por leer y comentar.
      Kisses reina! :D

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