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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

domingo, 24 de febrero de 2013

Capítulo 26: Justos por pecadores



Capítulo 26: Justos por pecadores.




Pov Bella:

<< —Parece ser que nunca te dijeron la verdad Isabella. —Se rio a carcajadas.
—Estaré encantada de ser yo quien lo haga. —Volvió a dejar su bolso sobre la encimera de la cocina, meció su cabello y sonrió con maldad. —¿Crees estar preparada para escuchar una verdad que te han estado ocultando durante toda tu vida?
—¿De qué estás hablando? —Apreté la mano de Bella cuando vi que estaba a punto de perder el control de sí misma.
—Algo más que el pasado nos une Isabella, algo más que una destruida amistad… Compartimos sangre Isabella… Somos hermanas. >>

—¿¡Qué demonios estás diciendo?! —Sentí la imperiosa necesidad dentro de mí de abalanzarme sobre Tanya y abofetearla hasta que dijera algo coherente.
Se rio profundamente y me miró con desdén, como si estara observando a una simple e insignificante hormiga sin gracia alguna.
—¿Sorprendida querida? —Habló mientras miraba sus uñas. Su voz teñida de burla.
—Te volviste realmente loca. Has perdido todos los tornillos de tu cabeza. —Agarré la mano de Edward entre las mías, queriendo jalar de él para salir de aquella casa que ahora me sabía a tan poco.
—Estoy completamente cuerda y en mis cinco sentidos Isabella. —Jugueteó con su rubia melena.
—No dices más que sandeces. No pienso creer una mentira de esta calaña.
No pensaba involucrarme en su juego. Desvié mi mirada de sus ojos y los fijé levemente en Edward, el cual se veía tan o más sorprendido que yo. Parpadeó y me devolvió la mirada, asintió con suavidad y supe que entendía lo que en ese momento más quería: irme inmediatamente lejos de esa casa y de Tanya.
Apretó mi mano, sonrió con tranquilidad y jaló de mí para sacarme de aquel lugar.
—¿Huyes de las verdades querida? —Tanya se rio con ganas. —Que cobarde resultaste después de todo. Qué dirían Charlie y Renne de todo esto. —Frené mis pasos en automático y me giré para encararla.
—¿Qué demonios sabes tú de mis padres?
—Bella, Bellita, Bella… ¿Qué no te quedó claro ya?
La miré con una ceja levantada, intentado demostrarle que su falsa afirmación no me había convencido para nada pero sintiendo los engranajes de mi cabeza moverse a cien por hora.
—Eres tan patéticamente desconfiada… —Susurró con tono burlón.
—No pienso creer en tus palabras Tanya, no otra vez.
—Tú misma querida, es problema tuyo, no mío, pero yo no voy a descansar hasta cobrarme mi venganza completamente. —La determinación brillaba en sus ojos.
—¿Qué tengo que ver yo con eso?
—¡Todo! —Gritó encolerizada. —Todo es tu jodida culpa y del maldito de Charlie. —Apreté los dientes cuando escuché el insulto contra mi padre.
—Cállate Tanya. No tienes ningún derecho para hablar de esa manera de mi padre.
—Tengo todo el derecho Isabella, y sabes cuál es la razón de peso… —Meció su cabello de manera lenta y concisa. —Que no es tu padre es nuestro padre. —Terminó de hablar haciendo énfasis en su segunda frase.
—No sé qué idea loca se te metió en la cabeza, pero Charlie no es tu padre, nosotras no somos hermanas y nada nos une más que tu maldita obsesión por destruir mi vida. —Siseé cada palabra, sintiéndome cansada ya de su jueguecito.
—Puedes negarlo cuantas veces quieras Isabella. Puedes decir que no de mil maneras. Pero la realidad aquí es que desgraciadamente compartimos la misma sangre, te guste o no. —Su mirada fija en mí se desvió por unos cortos segundos  hacia Edward.
—¿Qué clase de juego es este Tanya?, ¿qué quieres conseguir con esta mentira? —Me negaba en rotundo a creerla.
—No es una jodida mentira.
—No tienes cómo demostrarlo. —La acusé. —No sé qué intentas lograr con esto, pero será imposible que me convenzas.
—Me da absolutamente igual lo que tú creas. Si dices que es mentira allá tú, me tiene sin importancia. Pero no dejaré las cosas así, no después de todo lo que le hicieron. —Por un momento, ínfimo, vi brillar sus ojos, pero ella parpadeó rápidamente y disipó las lágrimas.
Agarró su bolso completamente decidida a irse.
—Quieta. —Agarré su brazo cuando pasó por mi lado.
—¡Suéltame!
—¡No! —Apreté mi agarré. —Explícame qué es eso que acabas de decir.
—No pienso seguir hablando contigo.
—Tú empezaste esto y lo vas a terminar. —Jalé de su brazo y prácticamente la arrastré hacia la sala de estar, haciendo que se sentara en el sillón de terciopelo y sorprendiéndome de que no opusiera fuerza alguna. Edward y yo nos sentamos frente a ella en el sofá biplaza.
—Explícame todo eso que acabas de decir. —Ella me miró con una sonrisa de triunfo bailando en sus labios. Se tomó su tiempo en cruzar sus piernas y en recolocar su cabello, un tic nervioso que empezaba a ponerme histérica.
—Siempre estuviste rodeada de amor y cariño paternal. Nunca te faltó de nada. Si querías algo lo tenías, fuera lo que fuera, costase lo que costase. Jamás se te negó algo, jamás se te dijo “no”.  —Rio con amargura. —Hemos tenido unas vidas muy diferentes Isabella, porque mientras tú estabas siendo la reina de la casa, rodeada de tu familia, en un ambiente cálido y perfecto yo… Yo estaba viajando de una ciudad a otra, recorriendo calles desconocidas para mí rodeada de frío y oscuridad. —Tragó saliva con fuerza. —Mientras tú jugabas con muñecas y recibías amor de parte de tus padres, yo me vi obligada a crecer a la fuerza, a aparcar en una esquina olvidada de mi alma a la niña que era y que se vio obligada a madurar por obligación. Jamás tuve un hogar estable, ni siquiera un sitio fijo. Jamás. Mi vida estaba rodeada de constantes mudanzas de aquí a allá y de promesas rotas.
Su voz se cortó al igual que lo hizo mi respiración. Si todo lo que ella estaba diciendo era cierto que le había tocado vivir en un infierno.
—Tú lo tenías todo Isabella, desde siempre lo has tenido todo. Un hogar cálido, una vivienda grande en un lugar seguro, tus padres siempre se han preocupado por ti y jamás te faltó un jodido plato en la mesa. ¿Y yo qué?, ¿yo no merecía ser feliz, no merecía tener una vida tranquila y sin preocupaciones? No, supongo que no, porque eso lo decidió Charlie y su maldito egoísmo. Él jamás se preocupó de mí, jamás preguntó por mi salud, jamás supo si yo ese día había comido, jamás supo que eso para mí era incierto, que yo no sabía si tendría algo que llevarme a la boca cuando llegaba a casa. ¡No! Jamás lo supo y tampoco le importó. —Gritó colérica y perdiendo los estribos.
—Tanya, Tanya… Tranquilízate, por favor. —La veía perdida, completamente perdida en sus recuerdos. Sentía que de un momento a otro terminaría enloqueciendo.
—No me pidas que me tranquilice Isabella. No lo hagas, no tienes ningún derecho para hacerlo. Tú no has tenido que lidiar con una madre que perdió la cabeza cuando el hombre que amaba la abandonó porque ya tenía otra familia de la que hacerse cargo. No has tenido que hacerlo, pero yo sí, yo me vi obligada a ello. —Sus puños apretados con fuerza reflejaban la furia y el dolor que sentía en ese momento.
—¿Me estás diciendo que mi padre…?
—¡Sí! Charlie… el maldito hombre que acabó con la cordura de mi madre. El que la destruyó, el que nos abandonó como un completo cobarde.
Llevé mi mano hacia mi boca abierta por la sorpresa de sus palabras. Me costaba respirar en ese momento, se me estaba haciendo muy difícil llenar mis  pulmones de oxígeno. Ventilé mi rostro con mi mano izquierda e intenté digerir todo lo que Tanya estaba diciendo.
—¿Sorprendida Isabella?, ¿te sientes mal, te sientes abrumada? —Se rio con fuerza. —Vete acostumbrando querida, porque lo que has escuchado no es nada para lo que te voy a contar ahora…
—Tanya. —Edward le siseó con furia.
—¿Qué?, ¿te parece que estoy siendo demasiado dura con ella Edward?, ¿te parece que merece tener mi compasión?
—Sea lo que sea que haya hecho Charlie, sea verdad o no, ella no tiene la culpa de nada.
—¡Sí la tiene! —Gritó poniéndose de pie con violencia. —¡Tiene toda la jodida culpa! Su sola existencia me da asco, me repugna. Ella me lo arrebató todo, ¡todo! Yo debí ocupar su lugar y recibir todo lo que ella me arrebató. Su nacimiento marcó mi destrucción y pagará por eso. —Volvió a dejarse caer sobre el sillón, completamente ida y con la respiración entrecortada.
Miré a Edward por unos segundos, diciéndole que necesitaba escuchar todo lo que Tanya tenía que decirme y que estaba perfectamente bien.
—Tanya, por favor, quiero que me lo cuentes todo. —Decidí ser condesciende con ella, para intentar ganarme su confianza y que no perdiera los nervios y se negara a cooperar.
—Lo haré Isabella, lo haré antes de empezar a destruirte. —Me estremecí ante sus palabras cargadas de odio y rabia en estado puro. Intenté mostrarme firme en mi decisión y decidida a enfrentarla con todo. Asentí y esperé a que ella comenzara a hablar nuevamente.
—¿Qué-é hizo Charlie exactamente?
—Sería mejor si te digo lo que no hizo, lo que no fue capaz de afrontar como hombre que era. —Tomó una larga respiración. —Charlie conoció a mi madre cuando ambos trabajan en el mismo restaurante de la universidad por las tardes. Tuvieron un romance efímero y completamente precipitado. Una semana después de haberse conocido ya eran novios y dos meses después ya compartían una misma vivienda; un pequeño y destartalado apartamento que fue, por unos pocos meses, su más grande tesoro. Cinco meses después de eso, y debido a un inesperado embarazo, Charlie le pidió matrimonio a mi madre. —Volvió a suspirar.
—Ella hubiera querido casarse con él al día siguiente si era posible. No le importaba que fuera una celebración íntima, rápida o modesta. No. Ella lo único que anhelaba era unirse a él de todas las maneras posibles. Pero Charlie, que en ese entonces parecía estar muy enamorado de mi madre, quería darle lo mejor. Le dijo que esperaran, que quería ahorrar un poco para poder celebrar una boda por todo lo alto. Mi madre aceptó, porque no era más que una tonta y confiada enamorada. El tiempo pasó y, un año y medio después de ese precipitado noviazgo, nací yo. Charlie pareció muy feliz y bendecido al principio, encontró un mejor trabajo que le permitía tener una vida acomodada pero le quitaba mucho tiempo libre. Ellos ya no estaban del todo bien para cuando yo cumplí mi primer año. Discutían mucho porque Charlie no pasaba en casa y mi madre se sentía muy abandonada.
Contuve la respiración, sabiendo que lo peor se avecinaba ahora.
—Mi madre siempre se aferró a la idea de que se casarían cuando fuera el momento adecuado. A ella le gustaba observar el anillo de compromiso que él le había regalado y se decía todos los días que la amaba, y que cuando llegara el momento adecuado él se casaría con ella. Al ver que su relación se marchitaba tan rápido como un lirio en el desierto decidió aflojar la cuerda y darle más libertad, fue en ese momento que cometió el mayor error de su vida. Charlie viajaba al extranjero un día sí y otro también, por lo que prácticamente se olvidaba de nosotras. Supongo que imaginaba que con llegar con dinero a fin de mes seríamos felices.
Cuando yo cumplí tres años el rompió la primera promesa de tantas que me hizo a lo largo de mi niñez. Me falló. No estuvo cuando más lo necesité, cuando más quise estar junto a él. No acudió a mi fiesta de cumpleaños, ni siquiera recordó que ese día yo cumplía años y tampoco compró un regalo para mí. Él llegó al día siguiente, con la excusa de haber tenido una cena de negocios que se alargó hasta el día siguiente. Completamente patético.
Él no preguntó por mí, no se preocupó por saber cómo estaba y mucho menos me felicitó. Mi madre no le dijo nada, no le recordó que había sido mi cumpleaños y tampoco reclamó su ausencia. Ella le recibió con una sonrisa enorme y con todo el amor que podía dar.
—¿Sabes qué fue lo peor? —Tanya rio con amargura y con las lágrimas brillando en sus ojos. —Saber que él no recordó ni tan siquiera que cumplía años ese día porque su adorada Isabella se enfermó la misma noche. Él pasó toda la noche en el hospital cuidándola porque tenía fiebre y no pensó en que yo también le necesitaba. —Rio secamente, sin gracia alguna. Quise hablar, pero ella me lo impidió con una simple mirada que hizo mi sangre helarse.
—Y eso no fue todo, claro que no. Los meses siguieron pasando, y el rencor que yo sentía hacia él crecía de manera exponencial, sin límite alguno. Él ya no jugaba conmigo por las tardes, ya no me recogía a la salida del colegio, ya no me llevaba a comer helado en el parque y a jugar en el tobogán. Él ni siquiera me arropaba por las noches o se interesaba en saber qué tal estaba en clase. Nunca se preocupó ni le importó mi bienestar.
Agaché la cabeza, sabiendo que, por el contrario, yo había disfrutado del mejor padre del mundo. Un padre que se preocupaba por mí a cada segundo, que estaba pendiente de mis deberes, de mis logros y de ayudarme en cualquier cosa que necesitara. Que me llenaba de regalos y me compraba siempre algún dulce para verme feliz.
—Llegó el día del padre, y yo había guardado para ese día un resquicio de esperanza en mi progenitor. Estuve trabajando durante muchas semanas en unas figuras de barro que nos representaban a los dos. Recordaba vagamente que cuando él aún estaba interesado en mí le gustaba llamarme ratoncita, por lo que creé dos ratones de barro; uno rosa que me representaba a mí y uno gris más grande que para mí era él. Habían quedado realmente bien y yo estaba completamente satisfecha con mi trabajo.
Por la tarde él llegó de mal humor, desconozco el motivo, pero cuando entró a casa y yo le di un fuerte abrazo a sus piernas él sólo me miró, sacudió levemente sus piernas y después preguntó por mi madre. Le indiqué que estaba en el dormitorio, por lo que él hizo que lo soltara y subió a la segunda planta. Escuché un par de gritos, pero intenté pasar de ellos y fui a la sala a coger el regalo. Había colocado las figuras en una cesta de mimbre y la había recubierto con un plástico transparente con corazones rojos dibujados. Sentía que ese día no podía tener una sonrisa más grande en la cara y me alegré más cuando lo escuché bajar las escaleras. Primero bajó mi madre, y mi padre iba detrás de ella. Se dirigieron a la cocina y yo los seguí con el regalo en las manos. Escuché gritos de mi padre hacia mi madre, reclamaciones e incluso un par de insultos. Me asomé con miedo y vi a mi madre llorando desconsoladamente a mi padre completamente furioso.
Intentando suavizar el ambiente me acerqué a ellos y lo llamé. Recuerdo haberle dicho “feliz día del padre papá” y haber estirado mis brazos con el regalo. Ellos parecieron no escucharme, porque siguieron discutiendo de algo sobre un vestido blanco. Repetí la misma frase unas tres veces pero mi voz se veía opacada por sus gritos. Él me dijo algo así como: “Ahora no es un buen momento Tanya”. Su voz fue dura y carente de amor, pero yo no me quise dar por vencida. Mientras repetí mi monótona frase jalé del borde de su jersey y, supongo que en un ataque de ira, él estiró su brazo para soltar mi agarre, pero no supo controlar su fuerza y terminó dándome un manotazo demasiado fuerte que me hizo gritar y me tiró hacia atrás. Caí sentada en el piso y, aunque me dolió bastante, más me dolió ver que la cesta de mis brazos había caído al suelo y que ahora las figuritas estaban completamente destrozadas. Comencé a llorar y me autoconvencí de que él no me quería nada cuando sólo me dijo un simple “lo siento pequeña”, me ayudó a levantarme y me entregó la cesta con las figuras destrozadas sin fijarse en ellas ni un ápice.
Ahogué un grito de sorpresa al escuchar lo que decía. Ante los ojos de los demás no serían más que un par de figuras rotas, pero para los ojos de Tanya debió de significar la mayor traición de su padre. Ella no debería de tener más de seis años y tuvo que atravesar ese oscuro túnel lleno de abandono y odio.
—Pe-pero…
—Él no vio lo que había en la cesta, ni siquiera se fijó. Se giró y siguió discutiendo con mi madre. Desde ese momento no volví a preocuparme de él. No me importaba si estaba en casa o si llevaba semanas sin volver. Ni siquiera lo saludaba. Llegué a sentir tanto odio y desprecio por él que nunca me importó nada de lo que hacía, hasta que llegó lo inminente y, con ocho años, descubrí el porqué de sus actos. —Me sorprendió tanto ver a Tanya devastada y vulnerable. Se encontraba totalmente perdida en sus recuerdos, con la mirada fija en un punto cualquiera de la pared y con los ojos llorosos pero sin permitirse llorar.
—Salí a comprarle a mi madre unas pastillas para el dolor de cabeza y, de camino a la farmacia, había una pequeña plazuela que tenía una pileta hermosa que lanzaba potentes chorros de agua hacia arriba. Supongo que debió de ser el destino, pero ese día esa imagen me llamó más que nunca, por lo que decidí acercarme y de paso refrescarme un poco. Al llegar allí lo vi a él de la mano con una mujer de su misma edad, con el pelo castaño, muy largo y ondulado. Ambos jugueteaban detrás de una niña pequeña que se reía y correteaba delante de ellos. Me quedé parada a medio camino, viendo la imagen de amor que demostraban. Por alguna razón ellos se giraron y miraron en mi dirección. Pude ver claramente como Charlie me vio, se quedó estático en su sitio y empezó a sudar con nerviosismo. La niña me saludó amablemente, y cuando quiso acercarse él la agarró de la camiseta y la cogió en brazos, le gritó algo como “¡no te acerques!”…
—…Y la niña se puso a llorar porque se asustó… —Terminé su frase en perfecta sincronía con sus palabras.
—Parece que lo recuerdas muy bien Isabella.
—Nunca escuché la voz de mi padre tan fuerte. Él nunca me había gritado y ese día me asustó mucho, porque estaba muy enfadado.
—Ahora conoces un poco de todo lo que tuve que vivir gracias a tu padre, porque decidió jugar y tener dos familias.
—Pero yo no tengo la culpa de eso, yo no sabía que él tenía otra familia. No puedes tener tanto rencor ante mí. No es mi culpa.
—No es tu culpa que Charlie sea un mal hombre, pero siempre estuviste de por medio, siempre fuiste la culpable de mis problemas y siempre te interpusiste ante mi felicidad.
—Yo no…
—Ese mismo día él llegó a casa y me obligó a jurarle que no contaría nada sobre lo que vi en el parque. Supongo que estaba tan casada de sus mentiras que simplemente acepté, pero no sabía que él sería tan cobarde para, ese mismo día, decirle a mi madre que no soportaba más su presencia y decirle que su compromiso estaba roto porque ya no deseaba más estar con ella, porque no la quería.
Lo odié mucho más cuando vi a mi madre destrozada, rogándole por una oportunidad más, llorando e implorándole que no se marchara. Él sólo se zafó de su agarre y salió dando un fuerte portazo, sin dirigirme una última mirada. Mi madre lo amaba, demasiado, por lo que no soportó su abandono y fue cuando simplemente se abandonó. Comenzó a beber hasta perder el conocimiento noche tras noche y para cuando yo tenía nueve años ella era una completa alcohólica.
—Dios mío… —Susurré. Sentía las lágrimas arder en mis ojos.
—La bebida la hacía delirar de una manera tan dañina que acabó volviéndose completamente loca. Ella siguió creyendo que jamás la abandonó y fingía que aún vivía con nosotras. Tenía muchos ataques de locura y como consecuencia se autolesionaba. Era terrible verla llena de arañazos, cortes y cicatrices. Llegó a un punto que se obsesionó con buscarlo para que se casara con ella que no hacía más que ir de una ciudad a otro buscándolo. Me tuve que ver obligada a crecer para ocuparme de ella y estar pendiente de que no se hiriera más. No podía abandonarla yo también por lo que iba allá a donde ella creía que podía encontrar a Charlie, como consecuencia nos mudábamos cada tres meses o cada año como máximo. Vivíamos de lo que yo ganaba con algún trabajo puntual y con la ayuda que ella recibía del estado.
—Tu-tu madre…
—Bebió tanto durante esos años que su sistema estaba completamente destrozado. Estuvo ingresada en un hospital por lo dañado que estaba su hígado. Padeció una peligrosa cirrosis hepática que no logró superar. Murió un poco antes de que yo cumpliera diecisiete años.
—Tanya lo sien…
—No te atrevas a decirlo Isabella. No te haces una idea de lo que he tenido que pasar.
—Pero yo…
—¿Qué no es tu culpa? —Se rio con sarcasmo. —Tú sola existencia es la culpable de todo. Me juré vengarme de Charlie Isabella, pero desgraciadamente ahora está muerto y no me dio tiempo a cumplir mi venganza. Pero tú eras lo que más quería en el mundo y todo lo que te haga a ti se lo estoy haciendo también a él. —Su mirada asesina me puso la piel de gallina.
—Regresé de nuevo a Chicago y me sorprendí mucho de que aún estarás aquí, parece ser que Charlie supo esconderse muy bien de mi madre y que supo en qué momento preciso regresar a su antigua casa. Yo quise cambiar, quise olvidarme de todo el odio y el rencor acumulados que tenía, lo intenté pero después de te vi y supe que si no vengaba la muerte de mi madre ella jamás sería capaz de descansar en paz. Compartíamos la misma clase y sabía de sobra que nunca sospecharías de mí si empezaba convirtiéndome primero en tu amiga. Fue fácil engañarte Isabella, demasiado fácil. Pero estúpidamente caí en mi misma trampa y empecé a enamorarme de él. —Señaló a Edward con cierto desprecio. —Y cuando quise acercarme de nuevo estabas tú de por medio, arruinando todos mis planes. Él sería capaz de dar la vida por ti y a mí ni siquiera me dirigía una simple mirada. Planeé todo minuciosamente, porque no hay mejor recompensa que la venganza bien hecha. Os seguí la pista durante mucho tiempo, hasta que supe cuál era vuestro punto débil y ataqué y no fallé.
Se puso de pie sin apartar sus ojos de nosotros. Su iris estaba de un tono más oscuro, su pupila dilatada y sus ojos en sí brillaban maliciosamente. 
No pienses que acabé con mi venganza Isabella. Aún no estoy del todo satisfecha y tú no has pagado todo lo que mereces. Se colocó el bolso en el hombro y se dirigió hacia la entrada ante nuestra mirada estupefacta. Tenía la garganta seca y la piel totalmente crispada.
No te dejaré ser feliz Abrió la puerta y antes de salir del todo giró su cabeza y me miró de perfil. Tal vez quieras contarle todo a Nathalie. Se rio burlonamente y yo sentí la furia atacarme en cuestión de segundos.
—¡No se te ocurra ensuciar su nombre!
Yo hago lo que se me dé la gana. Salió dando un fuerte portazo mientras yo sentía que me desmoronaba.

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—Toma, bébelo, te hará bien. —Cogí el jarro que contenía lo que parecía té y lo llevé con precaución a mis labios. Tomaba pequeños sorbitos porque aún estaba bastante caliente y porque me encontraba todavía en piloto automático.
Había pasado una media hora desde que llegamos a casa y aún no me veía capaz de actuar correctamente y de poner a funcionar mis cinco sentidos. Estaba paralizada y con la mirada perdida, recordando las palabras de Tanya. Me estremecí cuando recordé su próxima amenaza, sabiendo que era capaz de todo y que no la detendría nada ni nadie.
Estaba llena de odio y rencor y aún no estaba contenta con todo  lo que había hecho, necesitaba seguir hiriéndome para que pagara todo lo que mi padre le había hecho. Tenía miedo, mucho miedo.
—E-es mi-i herm-aana… —Tartamudeé. Sentí la taza moverse entre mis manos debido a mis temblores.
—Eso no significa nada Bells.
—Lo significa todo. Significa que mi padre realmente destrozó su vida, que jamás le importó su bienestar.
—Los pecados de tu padre habrán sido juzgados ya, no puedes torturarte por eso. No es tu culpa.
—Ella también es la víctima aquí. Y su madre… Han padecido tanto…
—No puedes justificarla Bells. Tu padre fue un egoísta que no le importó su primera familia, pero Tanya la está pagando contra ti y debes de tener cuidado y estar preparada para cualquier cosa que pueda hacer.
—Lo sé. Pero no se me ocurre qué puede estar tramando. Ha destruido lo que más me importaba. Ya no puede arrebatarme nada más.
—Tal vez sólo lo digo para dejarte intranquila.
—Tanya no es de las personas que dicen las cosas por decirlas. Como ves es capaz de todo para cumplir sus objetivos. —Me estremecí.
—No puedes estar asustada pendiente de lo que ella podrá hacerte. No dejaré que te pase nada y si se atreve a hacerte algo, por mínimo que sea, no dudaré en atacar yo también. —Cubrió mis hombros con su brazo y me atrajo hacia su cuerpo. —No te hace bien que estés tan nerviosa.
—No puedo evitarlo.
—Ella no puede ser capaz de hacer algo peor de lo que ya ha hecho Bells. Tienes que demostrarle que no estás tan afectada como piensa. Demuéstrale que no podrá contigo, que tú eres más fuerte. Ese sin duda será su peor castigo.
—Lo-lo intentaré.
—No permitiré que vuelve a lastimarte.
—Aún no puedo creerme que seamos hermanas. Todo esto es tan irreal.
—Charlie la hirió tanto cuando era tan pequeña que ella sólo conoce la venganza y el rencor. Tal vez con el tiempo recapacite.
—Me ha estado vigilando y yo no me he dado cuenta.
—¿Vigilando?
—Sí. Ella sabe que cuando yo voy a ver a Nathalie hablo con ella y le cuento como ha sido mi día. —Dije un poco ruborizada.
—No te avergüences de hacerlo. —Acarició mi mejilla. —Debes tener cuidado Bells. No podemos confiarnos del todo y es mejor ser precavidos.
—No permitiré que ensucie el recuerdo de nuestro bebé ni que manche su nombre. El hecho de que mi padre no supiera darle todo el amor que cualquier niño se merece no es culpa mía, y no quiero decir que lo esté justificando, pero ella debería saber diferenciar e intentar no ser como la misma persona que tanto odia.
—No creo que pueda ser capaz. De un modo u otro le tocó vivir una infancia muy dura y su vida sólo ha estado llena de promesas rotas y carentes de amor. —Besó mi frente. —Prométeme que si vuelves a verla me lo dirás, que si sabes que estás en peligro no te lo guardarás para ti sola. No podría perdonarme si ella te hace algo. Necesito que estés cerca de mí para poder protegerte lo mejor posible.
—Te lo prometo. —Di un suave beso a sus labios sellando nuestro acuerdo.

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—¿Qué ha pasado? —Pregunté con voz pastosa y cansada, sintiéndome totalmente desorientada.
—Has sufrido un desmayo. —Giré mi cabeza levemente, pues el dolor era horrible, y vi a Rosalie y Alice cerca de lo que parecía una camilla de hospital.
—¿
Ha sido muy grave?
No lo sabemos del todo. No has sufrido daños, pero para salir de dudas tienen que hacerte unas pruebas de sangre. Desmayarse no es algo para nada normal cuando se está sano.
¿Cuándo me las harán?
—L
a doctora llegará enseguida. —Sólo asentí y esperé, sabiendo que no era el primer desmayo que sufría en un periodo de dos semanas.
Al poco tiempo apareció una doctora junto a un enfermero, me sacaron sangre, revisaron mis constantes vitales, comprobaron mis reflejos y dijeron que los resultados los tendría en una hora y que mientras tomara reposo.
Esperé impaciente que trascurriera el tiempo…
Isabella Swan, ¿correcto? —Preguntó una doctora distinta entrando en la habitación.
Sí. —Respondí.
—Los resultados de las
pruebas de sangre que te realizamos antes aquí explican que… —Me dejó con la intriga mientras observaba los folios de mi expediente médico. Sonrió. Felicidades Isabella, estás embarazada de 2 semanas. —Mis ojos se abrieron como platos.
—¿Quéééééeé? —Pregunté casi en un grito.
—Ese es el motivo del desmayo y estoy segura de que también has estado con algún malestar y náuseas.
—Sí, un poco... —Contesté de manera ausente.
Alice y Rosalie dejaron escapar un jadeo unísono de sorpresa.
¿Es una mala noticia Isabella? —En cuanto formuló esa pregunta toda mi coherencia regresó a mí y me hizo reaccionar. Era la mejor noticia del mundo. ¿Yo embarazada…? Aún no me lo creía. Instintivamente llevé mis manos hacia mi vientre aún plano.
—La mejor del mundo doctora. —Afirmé sonriendo mientras una enorme alegría y paz atravesaba mi cuerpo. Me parecía tan irreal.
Por los datos en los resultados compruebo que el desmayo no sólo ha sido por el embarazo, ya que con sólo dos semanas es raro que sientas los estragos comunes, aquí pone que estás baja en hierro y calcio. —Me miró seriamente. —Tienes que alimentarte bien Isabella, piensa que ahora ya no solo eres tú, sino que tu bebé también depende de ti. Te mandaré unas vitaminas y una estricta dieta que debes cumplir para que todos tus niveles de hierro y calcio vuelvan a la normalidad.
He pasado por una mala racha, pero cumpliré todo tal y como debe ser.
Eso está mejor, con optimismo. —Después de mandarme unas vitaminas y la dieta además de unos consejos para que mi falta de vitaminas no le afectara al bebé me dispuse a salir de la sala de urgencias.
Recuerda pasarte en un mes para una revisión para comprobar que todo está bien. —Asentí y me terminé de arreglar para ir de nuevo a mi cómodo hogar.
—¡¡Bella felicidades!! —Exclamaron efusivas mis dos amigas.

Gracias. —Les dije con una gran sonrisa. Nos abrazamos y reímos felices. La alegría era palpable en el ambiente. Estaba tan emocionada que si no estuviera tan cansada saltaría de alegría.
Aún no me creía que estara embarazada. Por una parte mi conciencia me decía que era porque mi bebé era una prueba física de todo el amor y los buenos momentos junto a Edward. Una prueba más de todo lo que siento por él y de lo que sentiré siempre… Me había regalado lo más hermoso del mundo.
Ehh… Bella… tú… ¿qué vas a decirle a Edward? —Preguntó Alice cautelosa.
Nada, no le voy a decir nada. —Contesté firme.
Pero él tiene derecho a saberlo. —Habló esta vez Rosalie.
—¡¿Derecho?! —Le dije con incredulidad. —¿Qué derecho?, ¿el que perdió cuando me echó de su vida o el que perdió cuando me trató como una cualquiera? Explícame qué derecho tiene si yo en su vida ya no existo.
Las miré fijamente mientras sentía las lágrimas luchando por salir.
—Este bebé es mío, sólo mío.

Pero no puedes privarlo de saber que es padre, de conocer a su hijo… Eso es ser egoísta.
—Pensé que como mis mejores amigas me entenderían, pero ya veo que no. Si yo soy la egoísta, ¿dónde queda él?, ahora resulta que es el bueno de la película. Me echó de su vida, pues ya está, es lo que estoy haciendo, desaparecer. Mi bebé es sólo mío y yo decido sobre él.
—P
ero…
Sin peros. Nunca sabrá de mi bebé ni por mi parte ni por la de ustedes, no se les ocurrirá decirle nada, porque se mueren para mí. —Les dije lo último en un tono frío.
Tal vez me había pasado, y lo comprobé cuando vi sus caras de asombro. No podía dejar que él supiera nada.
—¿Qué se piensan?, ¿que si le digo va a pensar que es suyo?, ¿que es su hijo? No, estoy totalmente segura de que no. Me dirá que sólo lo quiero engatusar y que es de otro. Ya no quiero que me humille más. Me dejó muy claro que sólo fui una zorra más que sirvió para calentar su cama, para qué va a querer el hijo de una zorra… —Una lágrima traicionera surcó mi rostro, aunque rápidamente la limpié, me prometí no más sufrimiento y lo cumpliría.

Pero…
¡¡Nada!! —Chillé colérica.
Está bien Bella, no diremos nada. —Dijeron con la mirada baja.
Bien… —Contesté antes de salir de la pequeña habitación.

[…]

Desde que fui conocedora de mi embarazo ya no me dedicaba las tardes enteras a recordar lo que habíamos sido, los buenos momentos que vivimos y todo lo que compartimos. Ya me había olvidado de llorar y de autocompadecerme, de nada me servía. En cuanto comencé a ganar peso y la ginecóloga me confirmó que el estado de mi bebé era perfecto y completamente sano olvidé todo; el dolor, el sufrimiento, la vida depresiva. Decidí dejar lo malo de lado y dedicarme exclusivamente al cuidado del pequeño ser que creía en mi interior.
Tenía cita en media hora con el ginecólogo y en cuanto miré mi reloj me di cuenta de que llegaba inminentemente tarde.
Me arreglé rápidamente muy por encima. Coloqué una fina chaqueta sobre mi ropa, cepillé mi cabello y agarré las llaves de casa mientras salía dando tumbos hacia la calle. Maldije en cuanto llegué a la acera y recordé que el coche estaba en el taller y que aún permanecería ahí unos cuantos días más.
Esperé unos pocos segundos pero no apareció ningún taxi, y la parada del autobús estaba bastante alejada, por lo que decidí caminar sabiendo ya que llegaría tarde y que no podría hacer nada para evitarlo.
Respiré hondo y comencé a atravesar las calles con velocidad y ánimo. Al fin y al cabo el ejercicio no me haría nada mal.
Caminaba con paso acelerado mientras mi mente divagaba en cómo sería la consulta de este mes. Mi embarazo estaba alcanzando ya el quinto mes, por lo que al fin podría saber si tendría una niña o un niño. Era feliz, enormemente feliz. Anhelaba con desesperación la llegada de este día porque estaba completamente impaciente por saber qué me había deparado el futuro.
No tenía un gusto específico. Yo amaría a mi bebé tanto si era niña como si era niño.
Mi menté siguió en las nubes, pensando en todos los vestidos y peinados que podría ponerle a mi bebé si fuera niña o en cuáles serían sus deportes favoritos si fuera niño.
Finas gotas de sudor surcaban mi frente cuando ya estaba llegando al hospital en un tiempo record. Quedaban alrededor de unos cinco minutos escasos y sentía que mi corazón se hinchaba de felicidad y de ilusión.
Crucé la calle principal, la que me llevaba directa hacia la zona de ginecología y maternidad. En ese momento, cuando estaba con el corazón en una mano y la cabeza llena de pensamientos sobre el futuro, no se me ocurrió mirar si se aproximaba algún coche. Cuando quise darme cuenta me encontraba en medio de la carretera, totalmente paralizada por el miedo y viendo como un coche rojo, ocupado por una mujer rubia bastante conocida, se acercaba a mí con extrema velocidad…
Un fuerte dolor nubló mi mente y me perdí en la inconciencia mientras gritaba con toda la fuerza que mi garganta podía alcanzar…
—¡Bella!, ¡Bella!, ¡Despierta! —Sacudieron con fuerza mi cuerpo y abrí los ojos, totalmente alarmada. Tenía la garganta seca, la frente llena de frío sudor y el corazón bombeaba con una fuerza extrema.
—¿Estás bien? —Pronto mi visión borrosa se aclaró y pude distinguir el rostro de Edward y su mirada temerosa.
—Creo que sí… —Me senté en la cama mientras intentaba tranquilizarme. —¿Qué pasó?
—Supongo que has tenido una pesadilla. Has comenzado a gritar de un momento a otro, como si algo te doliera fuertemente.
—Estoy un poco mareada… —Intenté ponerme de pie y me tambaleé inevitablemente.
—Ten cuidado. —Edward agarró mi mano y me ayudó a incorporarme.
—¿Quieres que llame al médico?
—No, no… Ya estoy mejor. —Sequé el sudor de mi frente y fue cuando me di cuenta de que mis manos temblaban y de que tenía un mal presentimiento que me hacía estar nerviosa y asustada.
—¿Qué has soñado?
—Yo… Solamente… —Un pinchazo atacó mi cráneo, como si lo estaran taladrando, y me hizo callar y gemir de dolor. —Dios mío… Lo he recordado… Me acuerdo de… El accidente… Acabo de recordar el accidente.
La mirada de Edward me dijo que a él tampoco le gustaba nada ese recuerdo y que era realmente extraño que pudiera recordarlo.
—¿Cómo ha sido?

—Caminaba con prisa por una calle un tanto solitaria… Puedo ver un hospital y después… Un coche rojo descapotable se acercaba a mí con demasiada velocidad… Lo conducía una mujer, una mujer rubia… Después recuerdo haber sentido un fuerte dolor y todo se nubla de nuevo…
—¿Rubia? —Ambos nos miramos, diciéndonos todo sin necesidad de hablar… —¿Crees que quien te atropelló fue Tanya?
Me estremecí ante la mención de esa frase.
—No… No estoy segura… —Gemí nuevamente cuando el dolor se intensificó.
—Está bien… Es mejor que descanses ahora. Luego puedes pensar en ese sueño.
Asentí sin fuerzas y volví a tumbarme en la cama.
—Quédate aquí. —Agarré su mano con fuerza.
—He estado aquí todo el tiempo. Te quedaste dormida en el sofá y te traje a la cama.
—Últimamente estoy demasiado cansada… —Dejé caer mi cabeza sobre la almohada e intenté volver a dormir, no sin un poco de temor, pero me frustré cuando no conseguí ni siquiera cerrar los ojos y recordar todo lo que había “soñado”.
—¿Puede ser que empiece a recordar todo en forma de sueños?
—Carlisle nunca nos dijo si algo así era posible.
—Esto es tan confuso. Son sueños demasiado reales, y algo me dice que no son simples sueños inventados por mí.
—¿Qué es lo que has recordado?
—Antes de recordar lo del accidente… Estaba sentada en una camilla de hospital, y me encontraba un tanto desorientada… Luego… Alice y Rosalie estaban conmigo y ambas se notaban muy preocupadas… y… ¡Oh sí! —Exclamé cuando recordé con exactitud. —Había estado un tanto mal unos días atrás, recuerdo haber perdido el conocimiento, y después de unas pruebas una doctora me confirmó que estaba embarazada. —Se hizo un nudo en mi garganta que no me dejó seguir hablando. Edward me miró, expresando claro dolor en sus ojos, y después suspiró con resignación. Nos quedamos en completo silencio, cada uno sumergido en sus propios pensamientos.
—¿Te acuerdas de todo con exactitud?
—Sí, es como si nunca lo hubiera olvidado. Recuerdo las sensaciones, cómo me sentí y cada pensamiento que tuve ante la noticia. Por eso estoy segura de que no es un sueño. Mi memoria se está recuperando y lo está haciendo a través de sueños.
—Es algo de lo que jamás escuché hablar, pero lo importante es que tu pérdida de memoria ya no es completa y que ya no estarás más con la mente en blanco. —Sujetó mi mano entre las suyas. —No hay cosa que me alegre más que saber que te estás recuperando completamente.
—Sí, y lo estoy haciendo más deprisa de lo que imaginé en un principio. —Sonreí.
—Pronto te habrás olvidado de que alguna vez tu memoria estuvo dañada.
—A pesar de todo, me hubiera gustado poder recordar sólo lo bueno… —Fruncí el ceño.
—No es para nada agradable volver a revivir todo, y más cuando hay demasiados recuerdos malos pululando sobre mí.
—¿No te alegraste cuando te enteraste del embarazo?
—Sí que lo hice. Fue la mejor noticia que tuve en mucho tiempo. Así comprobé que los mareos y los malestares tenían una razón de peso y me ayudó a reaccionar y a dedicarme un poco más a mí misma y a mi salud… Después de lo que pasó entre nosotros me abandoné por completo, pero saber que el bebé estaba en peligro por mi falta de vitaminas me ayudó a reaccionar y a dejar de autocampadecerme. Eso no me ayudaba para nada, así que o me alimentaba como era debido o el bebé sufriría todas las consecuencias.
—¿Dejaste de alimentarte? —Peguntó dando un respingo.
—No exactamente de esa manera. Tan sólo no me agradaba nada y la mayoría del tiempo me encontraba perdida en los recuerdos y en intentar averiguar qué pude haber hecho mal para que hubiéramos terminado de una manera tan desastrosa. —Elevé los hombros con resignación. —Supongo que son pruebas que te impone la vida.
—La vida no, todo fue culpa de mi falta de confianza hacia ti.
—Hay veces en las que se nos hace imposible no dudar…
—No quiero que intentes justificar mi manera de actuar. Cometí un error tremendo al no creer en ti, y sólo he conseguido destruir todo por lo que luchamos. Te dañé y destrocé lo más bonito que pudimos haber creado. Nathalie podría seguir viva si yo no…
—Shhh… —Me coloqué sobre él en un rápido movimiento y cubrí sus labios con mi dedo índice.
—Un accidente es algo que sucede de manera imprevista y que nadie es capaz de evitar. Eso no ha sido culpa tuya ni mucho menos, y no me gusta que pienses que pudiste haberlo evitado. Estando juntos o no era imposible que supiéramos lo que iba a suceder. —Depositó un casto beso en mi dedo y apartó mi mano con cuidado, como si fuera una frágil muñequita de cristal.
—Tuviste que atravesar todo tú sola. Es cierto que un accidente es imposible de evitar y que nunca sabremos cuando estamos en peligro… Pero estoy seguro de que si las cosas se hubieran dado de un modo diferente yo te hubiera acompañado ese día y tal vez con un poco suerte pude haber sido yo el que…
—No por favor… No lo digas… —Susurré con los ojos brillando por las lágrimas. —No repitas nunca más eso. —Escondí mi rostro en su cuello.
—Es una verdad irrefutable.
—No… No… —Me apreté contra él. —Que te pasara algo a ti hubiera sido tan doloroso como perder a Nathalie. Fue algo que ninguno de los dos hubiera podido evitar y yo no quiero que te creas el culpable de su pérdida. Quisiera sólo poder acordarme de la felicidad que sentí cuando supe que ella estaba formándose en el interior de mi vientre y no del dolor que me causó saber que jamás la conocería. Yo me siento culpable también por no haber estado más alerta, pero nada consigo con eso. No lograré regresar el tiempo y mucho menos devolverle la vida. Quiero recordarla como la creadora de mi felicidad absoluta y tenerla siempre en mi corazón como el producto de nuestro amor…
—Siempre consigo hacerte llorar… —Elevó mi rostro y secó el rastro de mis lágrimas. —Prometo no volver a hacerte recordar algo tan doloroso.
—Sé que no es de manera intencionada, y queramos o no siempre recordaremos, siempre habrá algo que nos evoque el pasado… Es imposible olvidarse de todo, pero no permitiré que te culpes de nada más, porque los dos hemos cometido errores y sin ellos no hubiéramos sido capaces de mejorar. —Deposité un suave beso en sus labios, después en la punta de su nariz, sus mejillas y por último sus párpados.
—Pero no lo hemos hecho de la mejor manera. 
—Pero lo importante es que lo hemos hecho y, a pesar de todo, seguimos estando juntos. No me arrepiento de nada. Está claro que hubiera preferido que nada de esto hubiera pasado y no tener que atravesar todos esos malos momentos. Pero han pasado, los hemos superado y eso es lo principal.
Asintió mientras me sonreía con completa complicidad y después depositó sendos besos en mis labios, con tanta suavidad y delicadeza que parecía el roce de una rosa. Sentía que me derretía por dentro y que la felicidad que sentía al recordar lo de Nathalie se mezclaba con el calor muy conocido del deseo insaciable que sentía por él.
Y así como de inesperado empezó mi sueño, así como de rápido comenzó nuestra conversación y atravesamos tan velozmente un mal recuerdo y un momento de felicidad, así de rápido empezó a desaparecer nuestra ropa y cuando al fin logramos estar completamente desnudos sobre la mullida cama decidimos desacelerar el ritmo e iniciar un compás lento para adorar cada parte del otro y disfrutar tanto como podíamos, dejando que nuestros cuerpos hablaran por nosotros, demostrándose el amor que compartíamos.

¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬
—¿Crees sinceramente que ella se cansó, que ya no intervendrá más?
—No puedo asegurarlo al cien por cien, es demasiado imprevisible, pero si tenemos un poco más de suerte puede que sí.
—Ha pasado más de un mes.
—Sí, pero eso puede significar dos cosas: Que se ha cansado y decidió pasar página o que está planeando algo que no será ni mucho menos agradable.
—Espero que se haya decantado por la primera opción.
—Yo también lo espero. —Asentí.
—Ven, es por aquí. —Jalé de su mano y lo conduje por el camino del parque que nos llevaría a las bancas que se situaban frente al lago repleto de patos y cisnes. Desde ahí las vistas eran increíbles y se respiraba un aire puro y una tranquilidad inmensa. Era mi zona favorita del parque sin lugar a dudas y la conocía muy bien por todas las veces que había venido después de visitar a Nathalie.
—Aquí puedes soltarlo. —Dijo en cuanto nos sentamos en un banco de madera
—¿Será seguro?
—Claro que sí. Sabes que es muy obediente. —Acarició el tope de la cabeza del animal.
—Hay muchos perros.
—Eso es todavía mejor.
Agarré el broche de la cadena de Honey, no sin un tanto de reticencia, mientras él me lamía la mano con efusividad.
—Habrá que tenerle cuidado. —Edward asintió y sonrió.
En cuanto lo liberé de la cadena, Honey, nuestro perro, salió corriendo detrás de otros perros y comenzaron a juguetear unos con otros.
Al fin nos habíamos decidido por comprar un perro, después de que nos picara el gusanito tras ver la película de Marley and Me. Decidimos ir a un refugio y elegir al que conquistara primero nuestro corazón. Después de ver cientos de perros y de sentir la necesidad de querer llevármelos a todos, al fin nos decantamos por un Fox Terrier Toy. En cuanto lo vi y me acerqué a él fue como si se hubiera tatuado en mi corazón. Era tan pequeñito y precioso que no pude resistirme y finalmente me lo llevé a casa. Era perfecto, muy tierno, juguetón y todo un bicho hiperactivo.
—¡Honey ven aquí!
—Tranquila, aquí está seguro. —Mordisqueé mis labios no estando segura de que Honey estuviera totalmente a salvo.
—Puede irse hacia la carretera, por ahí hay muchos coches.
—Hay bastante distancia.
—¡Honey! —Lo llamé a pesar de todo mientras me ponía de pie. Lo vi salir corriendo detrás de un Husky Siberiano y no dudé en correr tras él. Sentí los pasos de Edward detrás de mí.
—¿Es tuyo Bells? —Me frené en seco al ver quién había cogido a Honey y lo tenía en sus brazos. Intuía que no tendríamos una conversación “demasiado” agradable.


Hello People!
Aparecí, estoy viva y de nuevo me metí por este mundillo increíble para volver a entregarles un capítulo recientito.
Llevo meses sin actualizar y pues como que ya iba siendo hora de que me pusiera las pilas y les entregara capítulo nuevo.
Espero que lo disfruten y que la tardanza les merezca la pena.
Me esforcé bastante en este capítulo porque hubo un momento, repentino, que me quedé completamente en blanco. Mi cabeza se puso vaga y no quiso cooperar. Fue tan frustrante… Espero no decepcione.
De momento conocen un poco más de las razones, si es que las tiene, de por qué Tanya es así y podrán ir conociéndola un poco mejor. Presiento que le quedan pocos capítulos a la historia…
Espero sus lindos comentarios.
¡Gracias por seguirme y por soportarme!

Muchos besos.
By: Crazy Cullen.

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