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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 15: Apuesta por el amor


Capítulo 15: Apuesta por el amor


Pov Edward:

—Te eché de menos. —Susurró en mi oído.
—Y yo, no sabes cuánto.
Disfruté de la miel que corría entre las dos y me dejé mimar por él. Si no disfrutaba ahora del amor que nos profesábamos no lo haría nunca. Aprovecharía lo máximo posible todo lo que él me ofrecía y me deleitaría con su amor, pasión y cariño así como le daba todo lo que yo tenía.
—Se siente tan bien estar así.
Murmuré con mi rostro enterrado en su cuello mientras abrazaba todo su cuerpo con mis brazos y lo apretaba con toda la fuerza de la que disponía.
—Sí, te amo tanto.
Mi corazón martilleó con fuerza en mi pecho y de nuevo la sensación de estar en un hogar cálido me rodeó. Por fin tenía un hogar verdadero junto a él, por fin me sentía amada de verdad, después de tanto tiempo de soledad.
—¿De cuánto tiempo disponemos antes de que lleguen Alice y los demás? —Le pregunté sugerentemente mientras sonreía.
Bella miró su reloj.
—De unas dos horas, ¿por qué?
—Tengo algunas ideas que nos pueden mantener muy ocupados.
—¿Ah sí?, ¿Cuáles? —Elevó una ceja y se acercó mucho más a mí. El sofá era de tres plazas, bastante grande, y nosotros tan sólo ocupábamos una pequeña parte en el centro de este, intentando estar lo más juntos posible.
—Si te lo digo se rompe la magia. —Me incliné un poco hacia ella, colocando un brazo alrededor de su cintura mientras depositaba besos en su mejilla y luego en su cuello.
—Entonces sólo dedícate a demostrármelo.
Agarró el dobladillo de mi camiseta, apretando la prenda en su puño mientras buscaba a tientas mis labios. Nuestro beso fue prolongado, lento, disfrutando todo lo que podíamos de las sensaciones y sentimientos que había entre nosotros.
—Me gustan tus ideas. —Susurró.
—Y a mí me gusta que te gusten.
Rodeé con más fuerza su cintura, envolviendo mi brazo alrededor de ella, sintiendo que si presionaba un poco más sería capaz de romperla. Ella llevó un brazo alrededor de mi nuca, atrayéndome con más insistencia hacia sus labios, los cuales me besaban con una devoción y una pasión que hacían mi cuerpo temblar y mi corazón palpitar con tanta fuerza que parecía querer dejar una marca en mi camiseta. La amaba tanto que sería capaz de darlo todo por ella.
Elevé su cuerpo con mi brazo, separándola levemente de mí para colocarla sobre mi regazo, a horcajadas de mis piernas. Intenté elevar su camiseta sin mangas, desesperado por poder ver más de ella. Pude notar su reticencia, como se ponía tensa y un poco incómoda. Lucharía por combatir contra los complejos de su cuerpo.
—Eres tan hermosa. Lo eres todo para mí. —Acaricié sus mejillas.
—Necesito que me creas, que sepas que te digo la verdad, que no te estoy engañando. Eres increíblemente hermosa y yo te amo con cada parte de mi cuerpo.
Bella escondió su rostro en mi hombro.
—Es fácil creerte. Me lo pones tan sencillo pero yo… será un poco complicado para mí poder adaptarme a esto. Sólo necesito que seas un poco paciente y que comprendas que la del problema soy yo, que no tiene nada que ver contigo que no esté completamente cómoda al mostrarme ante ti.
—Ey, no tienes ningún problema —reproché—, todo lo contrario. No quiero que pienses que tengo prisa en todo esto. Esperaré todo el tiempo que necesites. Sé ser muy paciente y no forzaré nada. Lo único que quiero es que tengas claro que deseo hacer esto bien, que dure para siempre. Lograrás sentirte cómoda conmigo. Me ganaré tu completa confianza.
—Ya la tienes, tenlo por seguro, pero yo… No sé, no logro ver algo bueno en mí.
Escondió su rostro en mi pecho, aunque pude sentir la vergüenza que estaba sintiendo.
—Lo tienes todo amor, todo. Desde que te conocí… es como… sentí que estaba completo, que no necesitaba nada más que verte para ser feliz. Adoro todo de ti. Todos tenemos defectos amor, nadie se libra de ellos, porque ser imperfectos es lo que nos hace ser humanos, lo que nos hace ser reales. Me enamoré de ti por quien realmente eres, no me fijé en un estereotipo falso.
—Pero no lo conoces todo de mí. —Ella me miró, sus ojos ocultando mucho más de lo que intentaba decir.
—Pero tenemos mucho tiempo para hacerlo, para conocernos completamente.
—Pero cuando lo hagas todo este sueño terminará. —Su mirada se entristeció.
—¿Crees que saldré corriendo a la mínima de cambio?
—Creo que si lo supieras no me verías de la misma manera. No soy más que una persona estúpida llena de errores.
La separé un poco de mi cuerpo, para observarla completamente.
— En primer lugar no eres estúpida, no me gusta que te dirijas a ti misma de esa manera. En segundo lugar todos nos hemos equivocado alguna vez, pero eso nos ayuda a mejorar en el futuro. Yo te amo, y nada me hará cambiar de parecer sobre ti.
—Quiero creer que eso será verdad siempre.
—¿Dudas de mis sentimientos?
—¡No!, por supuesto que no.
—¿Entonces?
—Es complicado… Yo sólo quiero… quiero disfrutar de esta nueva oportunidad, de ti, del amor, de la felicidad. Quiero que dure lo máximo posible.
—No terminará.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque sé que lo único que quiero es estar junto a ti, y todo lo demás no me importa.
Abracé su cintura con toda mi fuerza, pegándola hacia mí.
—Terminarás rompiéndome. —Rio.
—Te necesito demasiado. Me convertí en una persona completamente dependiente de ti.
—Gracias Ed, gracias por amarme por quien soy ahora… después… después de que me tocó cambiar tanto.
—¿Cambiar?
—Lo entenderás más adelante. Prometo contártelo todo algún día, pero no ahora, es demasiado pronto.
—Lo comprendo.
—No es por ti, ten eso claro. Es por mí, por el momento que vivimos. No quiero que acabe a tan poco de haber comenzado.
—Te darás cuenta de que no me importará, de que te amaré a pesar de todo.
—Gracias, gracias de verdad.
No le contesté, no con palabras. Simplemente me lancé a besar sus labios con frenesí, trasmitiéndole todos mis sentimientos más profundos con ese acto. No hice nada más, no queriendo forzar mucho más la situación. Sabía que ya había sobrepasado bastante sus límites, por lo que no quería llevarlos a un extremo catastrófico.
Se movió sobre mis piernas para colocarse, y yo tuve que apretar mis puños con mucha fuerza para que mis manos no empezaran a recorrerla con desesperación. Tenía que contenerme, dejarla a ella marcar el ritmo.
Se pegó todo lo que pudo a mí, besando mis labios y degustándolos con su lengua. Jalaba mi cabello mientras se mecía sobre mí, enloqueciéndome por completo. Una de dos, o la detenía, cosa que no quería hacer ni muerto, o dejaba mis instintos fluir con toda la fuerza que deseaba para amarla con toda la pasión contenida que tenía en ese momento.
Quise esperar un poco más, dejarla tomar el completo control sobre mí, para que supiera que me tenía a su entera merced.
La sentí aflojar sus caricias y enseguida supe que algo iba mal.
—Lo siento —susurró—, pensé que querías esto.
—¿Lo sientes?, ¿por qué?
—Yo-yo quería continuar como an-antes pe-pero supongo que ya no lo deseas y yo…
Estampé mi boca contra la suya antes de que continuara hablando, sabiendo que se estaba haciendo ideas totalmente erróneas.
Devoré sus labios con lujuria, sin contener mis instintos. Acaricié todo su cuerpo, cuanto mis manos albergaban, disfrutando de su cálida piel, de su aroma impregnándose en mí.
—Te deseo, siempre, a cada segundo que pasa, pero no quiero forzarte demasiado y hacer que te sientas incómoda.
—Logras hacer que me olvide de eso siempre que… bueno… tú sabes. —Se sonrojó con completa inocencia, y yo supe que ella tenía poca experiencia en el tema del amor.
Me dediqué a besarla con completa adoración, degustando sus labios, su esencia, todo de ella.
Introduje mis manos por debajo de su camiseta, sintiendo su piel cálida con las yemas de mis dedos y el alocado latir de su corazón.
—Eres mi adicción y nunca, nunca dudes de mí, porque jamás me cansaré de amarte.
Elevé su camiseta, sacándola por su cabeza y admirando la vista de sus pechos escondidos en un sujetador azul con rayas negras. Sus pechos se elevaban con su entrecortada respiración, haciéndome una clara invitación a tomarlos.
Intenté desabrochar los corchetes de la prenda, pero cuando quise hacerlo un sonido me detuvo en seco. Eran como pasos, después unas llaves chocando unas contra otras.
—Mierda, es mi nana. —Bella se quitó tan rápido de encima de mis piernas que me desorientó por un momento.
—¿Doris?
—Sí, no quiero que nos vea así. —Se colocó su camiseta en un segundo y se sentó a mi lado, como si jamás hubiéramos intentado hacer algo pecaminoso. En ese momento escuchamos la puerta abrirse, unos cuantos pasos, una respiración agitada y un hondo suspiro.
—¿Niña Bella está en casa? —Su voz dulce pero agitada preguntó.
—Nana en la sala.
Más pasos resonaron sobre el piso de parquet.
—He ido a hacer la compra cariño, ya no tendrás que ir esta tarde al su… —sus palabras se detuvieron cuando llegó hacia nuestra posición y nos vio a ambos abrazados en el sofá—. Oh, no sabía que tenías visita. Buen día Edward.
—Buenos días Doris.
Bella se puso de pie y jaló de mi mano. Me coloqué a su lado, rodeando su cintura y sonriendo cuando vi a su nana elevar una ceja.
—¿Hay algo que debería saber? —Dejó una bolsa de papel que portaba en sus brazos sobre la mesita central de la sala.
—Sí nana, a ti no puedo ocultártelo por más tiempo. —Bella me miró sonriente mientras yo asentía.
—Creo que puedo imaginarlo.
—Déjame decírtelo.
—De acuerdo.
—Te quiero presentar a Edward. —Tanto su nana como yo nos quedamos confusos ante sus palabras.
—Cielo yo ya lo conozco.
—Es verdad, pero nunca te lo presenté como mi novio.
—¿Al fin se decidieron? —Doris preguntó como si hubiera estado esperándolo por demasiado tiempo.
—Sí nana, fue ayer y ahora nosotros… bueno tenemos una relación y… nos amamos.
Bella mordió una de sus uñas con nerviosismo, esperando que Doris dijera algo, porque se había quedado repentinamente callada, tan sólo observándonos pero con una gran sonrisa en sus labios.
—Ya era hora de que ustedes decidieran dar el siguiente paso. Me alegro tanto por ambos. —Bella se acercó a su nana y ambas se fundieron en un cálido abrazo, ella le susurró algo al oído a lo que Bella asintió y la abrazó con más fuerza. Pude ver el vínculo que había entre ellas en ese momento. La confianza, el amor, la ternura que las dos se profesaban mutuamente. No conocía prácticamente nada de los padres de Bella, pero podía jurar que Doris siempre fue la verdadera madre de Bella, la que la cuidó tan incondicionalmente como su madre no fue capaz de hacer.
—Ven aquí Edward, también quiero abrazarte a ti —me acerqué hacia ella un tanto titubeante, no sabiendo que hacer exactamente—. Gracias por hacerla feliz. —Me abrazó con ímpetu y yo pude sentir la fuerza de sus palabras.
—No hay nada que agradecer, yo la amo y es lo mínimo que puedo hacer por ella.
—Aún es pronto, pero en poco te darás cuenta de la grandeza de tu acto, de lo que de verdad significa para mi niña que la ames. Ella merecía una nueva oportunidad y alguien a quien expresarle todos sus sentimientos.
—Nana… —Bella protestó.
—Sabes que tengo razón mi niña, que ya era tiempo de que tuvieras una nueva oportunidad. Merecías esto, renacer de entre las cenizas. —No terminé de comprender el completo significado de sus palabras, pero sabía que ocultaban mucho y que con el tiempo lograría entenderlas. 
—No quiero recordar el pasado ahora.
—Sí lo sé. Ustedes tienen que contarme mucho más, ponerme al día. Iré a descargar las bolsas del coche y colocaré todo porque traje congelados y se echarán a perder. Ahora seguimos hablando.
Le dio otro beso en la mejilla a Bella y sonrió acariciando sus manos. Sus ojos brillaban de una manera especial.
—Te ayudaré.
—Oh no, no te molestes, puedo con ello. Quédate aquí.
—Avísame si me necesitas.
—Claro.
Abracé a Bella por su espalda mientras veíamos a su nana dirigirse a la cocina con la bolsa que traía anteriormente.
—Te adora. —Susurré.
—Como yo a ella. Sin su apoyo me hubiera desmoronado hace mucho tiempo. Ella fue mi pilar y la única que estuvo junto a mí siempre. Supo darme consuelo en mis peores momentos.
La atraje más hacia mí.
—¿A qué se refería antes?
—¿Sobre qué? —Supe que intentaba evitar contestarme.
—Sobre la nueva oportunidad.
—Oh bueno… yo nunca he tenido una relación verdadera con nadie. Tuve una hace mucho tiempo que fue un desastre y de la que salí demasiado lastimada. Supongo que ya no importa.
—¿Es esa relación de la que no quieres hablarme porque piensas que cambiaré de parecer contigo?
—No se trata de la relación en sí, si no de las consecuencias que conllevó y de lo mal que yo supe manejarla. —Sentía su alegría esfumarse como la pólvora.
—¿Fue hace poco?
—Alrededor de seis años. —No supe que decir ante eso, me quedé realmente estupefacto—. No me hagas hablar de esto, no ahora, por favor. —Casi sollozó y yo sabía que estaba forzando demasiado.
—Lo siento amor —la giré y elevé su rostro con mis dedos—. No quiero que estés triste. No volveré a insistir más.
—No es tu culpa. El problema… el problema es mío.
—No hay ningún problema en ti, te lo repetiré cuantas veces haga falta. No lo hay así como tampoco existe la persona perfecta, yo te amo y tus errores te hacen más real para mí.
—Desearía que pensaras eso sobre mí siempre.
—Lo haré.
—No lo afirmes, no sin saber todo completamente.
—Escúchame bien. No conozco la historia completa, pero una relación consiste en eso, en apoyarse en lo bueno y en lo malo. No huiré ante el mínimo problema y tampoco te dejaré, tenlo por seguro.
Besé sus labios con veneración, sellando mis palabras.
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—¿Te quedarás a comer Edward? —Preguntó Doris mientras salía de la cocina, secando sus manos en un mantel de gamuza, portando un delantal de lunares rojos y sonriendo cuando nos vio acurrucados en el sofá, tan juntos que sería necesario unas tijeras para separarnos.
Dudé en qué contestar.
—No lo sé.
—Por supuesto que sí.
Bella y yo hablamos a la vez, mezclando nuestras contradictorias palabras. Doris se rio.
—No tiene sentido que regreses a tu casa a comer para después tener que venir corriendo para nuestra tarde en la piscina.
—Cierto, entonces me quedaré. —Bella acarició mi brazo.
—Amarás su comida, no querrás probar nada más. —Sonreí ante el entusiasmo de Bella.
—Haré algo especial.
—No te molestes Doris, no le tengo reproche a ningún plato.
—Pero esta es una ocasión para celebrar.
—Ella tiene razón.
—De acuerdo.
—Os avisaré cuando todo esté listo. Divertiros.
Quedé un tanto anonadado ante las palabras de Doris y su guiño cómplice al final. La risa de Bella me distrajo.
—¿Ahora sabes por que la amo tanto?
—Empiezo a darme cuenta.
—Venga, terminemos la película.
Pulsó el botón de <<play>> y volvimos a nuestra posición en el sofá, colocándonos como un puzzle de dos piezas únicas.
—Nunca imaginé que existiera alguien que cocinara mejor que mi madre. —Pinché otro trozo de carne bañado con la exquisita salsa que no sabía de que estaba hecha. No le di importancia, y me dediqué únicamente a degustar el delicioso sabor.
—Harás que me sonroje. —La nana de Bella desvió la mirada hacia su plato.
—Te quedó muy sabroso Doris, sólo digo la verdad.
—Ahora sabes por qué me enamoré de él, tiene ese don de meterte en su bolsillo con sólo una mirada.
Bella le sonrió a su nana, la cual empezaba a colorarse mucho más. Hubiera podido afirmar, de no saber que no compartían genes, que Bella heredó los sonrojos de Doris.
—Ahora soy yo el que se siente avergonzado.
—Sólo estoy diciendo la verdad. —Sonreí y acaricié su mejilla mientras sentía la mirada dulce de su nana seguir nuestros movimientos.
—¿Y dónde viven tus padres, Edward?
—Son unos locos trotamundos. Adoran viajar y conocer lugares nuevos. Ahora están en España, en su quinta luna de miel si no recuerdo mal.
—¿Tienen mucho de casados?
—Se casaron dos años antes de que yo naciera. Dentro de poco cumplirán veintiocho años juntos.
—Uoh, eso es mucho tiempo.
—Y aún así siguen amándose como al principio. Se benefician de esos viajes para renovar su amor, para disfrutar y demostrarse que juntos son capaces de comerse el mundo por completo.
Acaricié la mano de Bella, la cual estaba apoyada en la mesa, trasmitiéndole los sentimientos que había en mis palabras, diciéndole que no era imposible tener una relación que dure por siempre.
—¿Tienes más hermanos?
—No, soy hijo único. Mi madre tuvo ciertos problemas en el embarazo, y aunque lo intentó se vio imposibilitada de tener más hijos.
—Es una lástima.
—Ella dice que yo le di muchos dolores de cabeza, que no quiere repetir la experiencia.
Ambas explotaron en risas.
—Es bueno tener una familia unida Edward. Nos marca aunque no nos demos cuenta. Estoy feliz por ti.
—Gracias. —No pude evitar intentar buscarle el significado oculto a lo que acababa de decir, sabiendo que había mucho más allá de lo que aparentaba.
—Te los presentaré cuando regresen de su viaje clandestino, si es que deciden hacerme una visita. No me cuentan que están en un país nuevo hasta que llevan un buen tiempo ahí.
No supe que decir para disipar el pesado ambiente en el que nos habíamos visto envueltos. Bella había dejado de sonreír y parecía querer hacerle la autopsia a su comida. Su mirada estaba fija en su plato y su presencia ausente.
—Oh, está bien. —Hizo un amago de sonrisa.
—Ellos te adorarán. —Bella entrelazó nuestros dedos cuando posé mi mano sobre la suya, me miró por unos segundos y al fin me sonrió con sinceridad.
—Espero caerles bien.
—No lo dudes.
—Es una lástima que yo no tenga familia que presentarte —entristeció—, no tuve una infancia como la tuya.
—Me basta con conocer a Doris.
—Gracias Edward, es muy amable de tu parte.
Su nana cambió de tema abruptamente después de echarle una mirada a Bella. Supe que había dicho algo malo, aunque no entendía el qué, pero el humor de Bella había cambiando, tornándose oscuro y sombrío. El tema de las familias era un tabú para ella, y me sentí mal cuando supe que no le haría ningún bien escucharme hablar de mi infancia feliz en una familia unida.
Seguí la conversación de Doris, logrando que rieran cuando les conté alguna anécdota de mi adolescencia. El ánimo de Bella volvió a estar alegre y disfrutó de la charla tanto como nosotros.
Devoramos un riquísimo bizcocho de chocolate envueltos en una amena charla. Me gustó conocer a su nana, tener más acercamiento con ella, sabiendo por qué era tan importante para Bella y queriéndola desde ese mismo momento. Era una mujer dulce que te hacía amarla sin reparo.

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—Te he dejado unas toallas demás en el baúl de las tumbonas.
—Oh, gracias nana, iba a hacerlo ahora mismo.
—Tranquila cariño, no te preocupes de eso mientras yo esté aquí. —Bella depositó un beso en su mejilla.
—¿Vas a algún sitio?
—Sí, quedé en verme con Lucy y unas amigas más para dar un paseo y cenar fuera. Te he dejado algunos aperitivos para cuando venga el resto del grupo, no sé a qué hora regresaré.
—No te preocupes nana, diviértete.
—Vosotros también, ya nos veremos.
Abrazó a Bella y después se dirigió hacia donde yo estaba.
—Cuídamela, tienes todo lo que tengo en tus manos. —Asentí mientras le sonreía, realmente conmovido por sus palabras.
—Es tan sobreprotectora. —Susurró Bella mientras se sentaba en el reposabrazos del sillón.
—Ella te quiere mucho amor, es normal que se preocupe.
—Sabe que estaré bien contigo.
—Deja que se acostumbre a mi presencia, después le será más sencillo confiar.
—Ella confía en ti y le gustaste desde el momento en el que supo que yo me sentía feliz por haberte conocido, sólo que tuvo que cuidarme desde que era muy joven y hemos convivido por mucho tiempo sólo nosotras dos.
—Entonces le será un poco difícil adaptarse, pero con el tiempo irá a mejor. —Atraje sus manos hacia mis labios y deposité un beso en su palma derecha.
—Eres tan comprensivo. —Sonreí.
—No quiero que piense que acapararé su lugar.
—Le caes realmente bien, créeme. La he visto actuar cuando alguien no le agrada y es completamente diferente.
—Me siento privilegiado.
—Chistoso.
Me atrajo hacia ella y abrazó mi cintura desde su misma posición, posando su mejilla en mi abdomen.
—Se siente tan bien estar así —suspiró y yo pude percibir su sonrisa incluso sin verla—. Me hacías tanta falta.
—No eres la única que tenía la necesidad de amar y ser amado.
—Es diferente.
—¿Lo es?
—Tú tuviste hace poco a Sophie.
—Pero jamás llegué a sentirme como me siento contigo. Con ella ni con nadie.
—Hay muchas en tu lista, ¿eh?
—¿Novias?
—Conquistas en general.
—Emm bueno, lo normal.
—¿Qué es lo normal? —Elevé su rostro.
—Ni mucho ni poco.
—Estamos hablando de chicas, no de dinero.
—Es algo similar. He tenido unas cantas novias en el instituto, un par más en la universidad. La última fue Sophie, lo cual acabó en desastre, las anteriores no fueron mucho mejor. La comparación está ahí. Ellas fueron como tener unos cuantos dólares en el bolsillo. Te salvarán de tus necesidades básicas pero jamás lograrán rodearte de lujos. No me malinterpretes, no quiere decir que las esté despreciando, sólo intento demostrarte que tener una, dos o una docena de novias antes de ti no significa nada cuando ellas han sido una historia más en el camino. Una buena historia en su momento pero de rápido olvido en el tiempo. Encontrarte a ti fue como abrir la cartera y ver que está llena de billetes y saber que no se acabarán nunca. Los demás no valen nada frente a estos y definitivamente querrás conservarlos por siempre.
—¿Soy un buen billete entonces?
—Eres un billete único, que no tiene copia y que me pertenece sólo a mí.
La levanté entre mis brazos y la presioné contra mi cuerpo, sintiendo su calor envolverme en suaves hondas y después sus labios buscar los míos con suavidad, como pidiendo permiso para acceder a ellos.
—Los antiguos billetes te dan experiencia para saber usarlos, no puedes olvidarte de ellos como si no hubieran existido.
—Es cierto, de un modo u otro siempre permanecerán en tu cabeza, pero no tienen comparación alguna. De nada me sirve conservarlos si puedo tener uno sólo que vale por todos ellos.
—No estés tan seguro de eso.
—Estoy completamente seguro de lo que digo. Preferiría mil veces tenerte a ti desde el principio.
—No sabes lo que dices.
—¿Por qué?
—Porque yo no soy un billete único e inigualable, soy el billete más roto y desperfecto de la colección.
—Necesitas un oftalmólogo urgentemente.
—No es gracioso.
—No es gracioso que hables así de ti. Eres todo lo que necesito Bella y no me importa tu pasado, tus errores o nada de lo que crees que está mal en ti. Te amo y no puedo verte como menos que mi perfecta mitad.
—Me gustaría creerme todo lo que dices.
—¿Estás dudándolo?
—No dudo de tus palabras, simplemente no es algo que concuerde conmigo. No puedes verlo ahora, pero con el tiempo verás el grado de mi destrucción.
—No me importaría quemarme contigo Bella, siempre y cuando permanezcas a mi lado. No habrá nada ni nadie que logre hacerme cambiar de opinión para contigo. Si cometiste tus errores sabré aceptarlo e intentaré ayudarte a superarlos como mejor pueda. Pero jamás, escúchame bien, jamás harás que me separe de ti a menos que tú ya no me quieras a tu lado.
—Sabes que te estás condenando, ¿verdad?
—No me importaría y sé que no lo hago porque encontré mi punto máximo en ti.
—Guardaré esas palabras por siempre.
—Mi pequeña testaruda… Te amo, tendrás que acostumbrarte a ello.
No la dejé decir nada más, la atraje hacia mí y la besé con toda la fuerza de mis sentimientos.
Pegué más su cuerpo al mío, enrollando mis brazos a su alrededor con fuerza, sintiendo que de esa manera era más real que nunca. No me importaba nada de ella, nada de todo lo malo que aseguraba tener. La amaba como era y lograría hacerla entender de que no estaba engañándola y que sería incapaz de separarme de su lado aunque me lo implorara. Había encontrado mi lugar junto a ella, mi hogar en su presencia y me aferraría a su lado con todo lo que tenía.
Sujetando sus caderas la elevé hacia mí, haciendo que enredara sus piernas en mi cadera y sus brazos en mi nuca.
—Lo único mal que hay en ti es la poca credibilidad que tienes hacia mí.
—No es eso lo que quise decir. Creo en tus sentimientos, en tus palabras, pero me cuesta asociarlas hacia mi persona.
—Te lo repetiré cuantas veces haga falta, hasta que estés tan cansada de escucharlo que acabarás sabiendo que no hay nada mejor que tú para mí.
—Eres único.
Intenté profundizar nuestro beso, sintiendo la coherencia abandonar mi cuerpo y un frenesí devorador apoderarse de mí. La apreté contra mi anatomía y degusté sus labios con ansias, no teniendo suficiente de ella nunca. Recorrí el perfil de sus labios con mi lengua, delineando su boca y embebiéndome de sus suspiros. Cuando me permitió el pase entre sus labios y sentía que la necesitaba tanto como respirar el molesto timbre nos hizo brincar, y yo la agarré fuertemente para que no perdiera el equilibro.
—Inoportunos. —Siseó Bella entre dientes, bajándose de mí.
—¿Por qué no los hacemos esperar un poco? —Mordisqueé el lóbulo de su oreja.
—Ellos acabarán tirando la puerta y definitivamente no quiero que nos encuentren en una situación comprometedora.
—Maldita sea.
—Tendremos la casa para nosotros solos cuando se vayan.
—Oh mujer, te amo más a cada momento.
Riendo se acercó hacia la puerta cuando el timbre fue pulsado por unos largos y molestos segundos. Cuando abrió todos entraron en avalancha, como si los siguiera un asesino en serie cuchillo en mano.
—¡Ey, estábamos envejeciendo ahí afuera! —Dijo Rosalie mirando su manicura desinteresadamente.
—Todos ustedes son una panda de exagerados.
—No tenemos la culpa de que sean unos lentos. —Alice besó la mejilla de Bella mientras hablaba.
—Déjalo Al, ellos seguramente estaban ocupados.
—Oh, cállate. —Bella picó el pecho de Emmet mientras este reía estruendosamente.
—Venga, no te enfades. —La envolvió en un fuerte abrazo que me hizo creer que verdaderamente sería capaz de romperla por la mitad.
—¿Cómo has estado Edward?
—Increíblemente bien. —Estreché con júbilo la mano que me ofrecía Jasper.
—Claro cariño, ellos aún están flotando en su nube de amor. —Alice se acercó a mí para dar un beso en mi mejilla mientras le hablaba a Jasper.
—¿Qué tal colega? —El golpe amistoso que Emmet dio en mi espalda me hizo corroborar mi teoría: Él sería capaz de romper a cualquiera.
—Todo bien Emmet. —Todos rieron disimuladamente cuando mi voz salió entrecortada. Carraspeé.
—Un gusto volver a verte Edward. —Rosalie dio otro besó en mi mejilla y yo le sonreí.
—Igualmente.
Cuando al fin todos habíamos saludado a todos Bella los condujo hacia el salón mientras agarraba mi mano y se apoyaba en mí. Atraje su rostro hacia el mío y la besé fugazmente antes de seguir al resto.
—Les traeré algo de tomar, esperen.
—Te ayudaré. —Jalé de su mano antes de que pudiera protestar.
—Mi nana hizo daditos y flautas. Esta mujer es única.
—¿Daditos?
—Sí, son bocaditos de hojaldre con queso, jamón york, paté… Lo que se le ocurra. Están deliciosos.
—Vaya que sí. —Disfruté de uno de queso fundido y otro de jamón.
—Vamos. —Bella llevó dos bandejas con los bocaditos y yo los vasos y una jarra de limonada.
—Amo a Doris Bella, que no te sorprenda que algún día me venga a vivir contigo. —Emmet habló devorando unos tres daditos juntos.
—Eh, ¿y qué pasa conmigo? —Rosalie se cruzó de brazos y lo miró entrecerrando los ojos. Emmet tragó fuerte, sabiendo que estaba en problemas.
—Tú eres la mujer de mi vida. —Rosalie ni lo miró.
—Oh vamos osita, sabes que adoro tu comida también.
—Pues te harás tu propia comida esta semana.
—Rosalie… —Protestó Emmet.
—No hay peros que valgan.
Observé expectante su discusión, no sabiendo por qué los demás ni siquiera se inmutaban.
—Ellos siempre están así Ed, verás que se reconcilian en menos de diez minutos.
—Parece que Rose no está muy dispuesta.
—No te preocupes por ellos, acabarás acostumbrándote a sus discusiones. Emmet adora hacerla enfadar.
Los observé por un par de minutos. Alice y Jasper disfrutaban de la fresca limonada, Bella comía un dadito de queso y Emmet intentaba persuadir a Rosalie con un montón de tontas explicaciones. Pronto vi como Rosalie sólo intentaba no reírse y supe que Bella tenía razón. Me relajé inmediatamente.
—Okey, ahora que tienen sus estómagos llenos explíquenme por qué han estado tan misteriosos esta mañana. —Bella señaló a Emmet y Alice.
—¿Misteriosos?
—No intenten distraerme, saben perfectamente bien de que les hablo.
Ambos se miraron por unos segundos y rieron. Alice susurró algo en oído de Jasper y él asintió, mirándose derrotado.
—¡Deténganse! —Bella exclamó cuando Jasper intentó susurrarle algo a Rosalie.
—Calma fiera. —Emmet explotó en risas.
—¿Por qué tanto secretismo?
—Promete no enfadarte si te lo decimos.
—¿Qué hicieron?
—Promételo.
—No lo haré hasta que me den al menos una pista.
Alice suspiró.
—Testaruda.
—Estoy esperando.
—Sabes que nos encantan las apuestas… —Emmet comenzó diciendo.
—Oh no, ¿qué apostaron ahora?
—Nada malo, lo juramos.
—Bueno, pues díganmelo.
—Primero tienen que responder a algunas preguntas.
—¿Qué preguntas?
—Nada del otro mundo, son muy sencillas.
—Bueno pues empiecen antes de que termine de desesperarme.
—Tranquila, no tenemos prisa. —Bella bufó y yo apreté su muslo con cuidado, intentando que se relajara al menos un poco.
—Antes de nada —Alice sonrió como el gato de Alicia en el país de las maravillas—, saquen sus carteras en donde yo pueda verlas.
—¿Cómo?
—Ustedes no, sólo ellos.
Miré atónito como le hacían caso y dejaban sus monederos y billeteras sobre la mesa central de café que ocupaba la sala.
—¿Qué se traen entre manos?
—Primero responde, después les explicamos todo.
—Dense prisa, estoy perdiendo la paciencia.
—Se hicieron novios ayer en la noche, después de que todos nos fuimos.
—Sí. —Respondí a pesar de que las palabras de Alice habían sido más una afirmación que una pregunta.
—¿Quién dio el primer paso? —Tragué saliva, sintiéndome avergonzado de hablar sobre ello.
—Alice, eso es cosa nuestra. —Dijo Bella.
—Oh vamos, no sean tan modestos. Estamos en confianza.
—Fui yo. —Respondí.
—Era tan sencillo. —Alice murmuró entre dientes y los demás, excepto Emmet, resoplaron con fastidio.
—Yo confiaba en ella. —Jasper siseó.
—¿De qué carajo hablan?
—Nada, continuemos.
—Pero…
—Así que fue Edward… bien. ¿Te lo dijo directamente o primero te confesó todo lo que sentía durante todo este tiempo desde que se conocieron? 
Me removí en mi sitio, sintiendo que me coloraba como nunca lo había hecho.
—Definitivamente es algo que sabré sólo yo. —Contestó Bella.
—Uff, ellos son unos amargados.
—¿No van a decírnoslo? Es importante.
—Lo segundo.
—Choca esos cinco. —Emmet y Jasper estrellaron sus manos.
—¿Lo aceptaste directamente o dudaste Bella?
—¿Qué?
—Venga, no seas tímida.
—Dudé.
—¿Se besaron en ese momento o esperaron a que surgiera como un accidente?
—Basta ya Alice, todo esto es muy personal. —Bella apretó mi mano con fastidio.
—Oh venga ya, no se comporten como niños pequeños.
—¿Por qué quieren saber cada detalle?
—Te lo diremos ahora, sólo responde. —Resoplé.
—En realidad nosotros… ya nos habíamos besado antes.
—¿Cuándo? —Rosalie preguntó completamente interesada.
—¿No quieren saber lo que comimos la semana pasada también? —Bella habló entre dientes.
—Oh venga, esta será la última pregunta. Lo prometemos.
—Fue cuando estuvieron la última vez aquí y nos encontraron dentro de la piscina, ¿contentos?
—Nadie le gana a mi mente prodigiosa. —Rosalie elevó sus brazos y los sacudió con ímpetu mientras reía.
—Jamás lo hubiera imaginado.
—Ellos tienen mucha química osito, fue fácil saber que no estarían jugando a las cartas todos los días.
—¿Qué quieres decir? —Pregunté.
—Que era obvio que terminarían teniendo algún acercamiento antes de tiempo. Han sido bastante pacientes en realidad.
Miré a Bella un tanto desconcertado.
—¿Qué es lo que están insinuando?
—Desde el primer momento que los vimos juntos sabíamos que terminarían siendo pareja, era muy sencillo adivinarlo. Pero somos adultos, no crean que hemos pensando que todo el tiempo que estuvieron juntos sólo mantenían largos paseos charlando.
—Éramos amigos, ¿qué creen que hacíamos?
—Iugh Bella, podrías dejar salir tu lado astuto. Relaciona.
—Oh no, por supuesto que no. —Bella respondió alarmada después de pensarlo unos segundos. Yo ya sabía a que se referían, pero me negaba a admitirlo.
—¿No?
—Un rotundo no. ¿Es tan difícil entender que sólo era amigos? No hacíamos nada perverso como ustedes piensan.
—Ya déjenla, sus mejillas van a explotar. —Emmet se carcajeó.
Bella escondió su rostro en mi pecho. 
—Está bien les creemos. Es extraño pero les creemos.
—No responderemos a nada más. Ahora les toca hablar a ustedes.
—No hay más preguntas.
—Eso espero. Ahora digan a qué viene todo esto.
—Era realmente exasperante verlos juntos intentando actuar como amigos, como si no sintieran nada el uno por el otro cuando sabían que se morían de ganas por ser algo más.
—¿Qué?
—Todos nos dimos cuenta desde que los vimos por primera vez. Siempre había atracción entre ustedes pero no eran capaces de confesárselo.
—¿Y eso qué tiene que ver ahora?
—Cada pregunta que les hemos hecho vale cincuenta dólares.
—No lo entiendo.
—Déjame terminar. —Alice resopló.
—Como iba diciendo. Les hemos hecho cinco preguntas, lo que quiere decir que la suma sería de doscientos cincuenta dólares. —Asentimos.
—La apuesta de antes consistía en esas preguntas.
—¿Qué?
—Planeamos esas preguntas, y cada uno de nosotros dio su opinión sobre cuándo o cómo ustedes lo harían.
—¿Apostaron cuándo seríamos pareja formalmente? —Pregunté.
—Bien, él ya lo ha entendido.
—Esperen, esperen —Bella elevó su mano—, ¿han apostado sobre nosotros?
—Así es.
—No puedo creerlo. ¿Con qué derecho lo hicieron?
—Sólo fue un juego Bells. —Jasper intervino sintiendo la irritación de Bella.
—Mi relación con Edward no es un juego.
—No es eso a lo que nos referimos.
—¿Por qué lo hicieron entonces? —Bella entrecerró sus ojos.
—Era bastante frustrante verlos todos los días, sabiendo que se morían el uno por el otro y que no eran capaces de admitirlo.
—¿Todos lo intuían?
—Era muy fácil hacerlo. Lo que no entiendo es por qué se demoraron tanto.
—Esperábamos el momento adecuado.
—Nosotros apostamos fundamentalmente porque dijimos que si no lo hacían hasta que acabara esta semana se lo diríamos nosotros mismos. Planeamos encerrarlos en algún sitio y no sacarlos de ahí hasta que se hubieran confesado todo.
—¿Hubieran sido capaces?
—Oh, todavía no nos conoces lo suficiente. —Rosalie rio mirándome.
—Entonces ¿quién ganó?
—Alice y yo apostamos a que se lo dirías después de la fiesta, y ganamos. —Chocó su mano con Alice—. Jasper pensaba que lo harías antes y que se presentarían en la fiesta como pareja y Emmet pensó que se lo dirías durante el trascurso de esta. Son unos perdedores.
—Admitimos la derrota.
Ambos les entregaron a cada una cincuenta dólares.
—¿Y el resto de preguntas?
—Alice y Emmet apostaron a que sería Edward quien daría el primer paso, por lo tanto ellos ganaron —explicó Rose—. Emmet y Jasper afirmaron que él te diría que llevaba enamorado de ti todo este tiempo y que no sería directo.
—Conocemos como piensan los hombres. —Los dos rieron.
—Todos afirmamos que tú dudarías en un principio, por lo que esa pregunta queda anulada.
—Gracias. —Bella gruñó.
—Eres fácil de intuir Bellita.
—Y yo fui la única que apostó a que ustedes ya habían tenido algún acercamiento antes de la fiesta, aunque nunca imaginé que hubiera sido sólo un beso.
—Pues fue así.
—Lo sé ahora.
Terminaron de hablar y comenzaron a repartirse el dinero.
—Es horrible verlos haciendo eso. —Bella gimoteó y ellos se detuvieron.
—¿El qué?
—Repartirse el dinero.
—Sólo queríamos darle un toque de diversión.
—Yo aún no se la encuentro. —Se presionó sobre mí, carente completamente de diversión alguna.
—Oh Bells, no te pongas triste, no lo hicimos con mala intención.
—Sí, como digan.
—Mierda, no queríamos hacerte sentir mal. —Guardaron todo el dinero deprisa y de cualquier modo y la miraron fijamente. Yo me dediqué a masajear su hombro, reconfortándola.
—Lo sentimos tanto. —Alice y Rosalie se acercaron a ella corriendo, la jalaron de mi lado y la abrazaron con fuerza.
—Júrenme que no volverá a repetirse.
—Lo juramos.
Jasper y Emmet se pusieron de pie también y la abrazaron por turnos.
—Somos idiotas.
—No voy a negarlo. —Bella les sonrió.
—Mi sensible y testaruda Bella. —La apretaron con fuerza entre todos.
—Oh Edward, no te aísles.
Alice se apañó para jalar mi brazo y unirme a ellos.
—Los adoramos a los dos y estamos muy felices de que estén juntos al fin.
—Los perdono sólo porque son mis amigos desde hace mucho tiempo.
—No seas mala, nos amas.
—Cállense ya.
Todos acabamos riendo y finalmente colapsando sobre el sofá, como niños pequeños, aplastándonos unos contra otros.
—Levántense, los quiero mucho pero aprecio mi vida.
Bella gritó al haber quedado debajo de todos. Nos pusimos de pie entre carcajadas y la ayudé a reincorporarse.
—Son unos animales.
—No seas cruel.
—Está bien. —La apreté contra mí y besé el tope de su cabeza.
—Lo ven, les dije que se veían muy lindos juntos.
Negué con la cabeza y sonreí.
—Ahora que me doy cuenta, ¿y sus bañadores?
—Lo de la piscina sólo fue una excusa, tenemos que irnos ahora.
—¿Tan rápido?
—No seas mentirosa, lo último que quieres es tenernos pululando por aquí. Los dejamos solos mejor.
—Yo no dije eso.
—Pero sabemos que lo piensas.
—Son exasperantes.
—Venga, no gruñas más que te saldrán arrugas. Ya nos veremos otro día.
Terminamos de despedirnos entre risas, besos y abrazos y Bella se apoyó en la puerta cuando finalmente todos salieron.
—Terminan con toda mi energía. —Bufó.
—Es difícil seguirles el ritmo.
—Perdona todo este numerito de las apuestas y demás. Ellos viven cada día apostando por todo, pero jamás por algo tan mío, tan importante.
—Resultó gracioso después de todo. —Elevé mis hombros, restándole importancia.
—Pensé que te enfadarías.
—No me molestó para nada. Fue un poco incómodo responder a todas las preguntas pero nada más. No te preocupes.
—Gracias por comprenderlo.
Me acerqué hacia ella con pasos lentos y decididos, sonriéndole en el trascurso hasta su posición. Se enderezó con velocidad y correspondió mi sonrisa.
—Estoy aprendiendo a conocerlos. Me divierten mucho sus locuras.
—Son unos payasos.
—No lo hacen con mala intención.
—Lo sé. —Rio cuando acaricié sus costados, provocándole cosquillas. —Espero que no vuelvan a hacerlo, son capaces de avergonzarme con sólo dos palabras.
—Sólo estaban desesperados porque yo no me decidía a confesártelo todo.
—Ellos querían vernos juntos más que tú y que yo.
—Buscan tu felicidad.
—Les estaré eternamente agradecida.
Acaricié los laterales de su cuello con dos de mis dedos, sintiendo bajo mis yemas como tragaba saliva con dificultad.
—Ummm… ¿qué te parece si dejamos esta conversación para después y continuamos con lo que nos interrumpieron? —Susurré en su oído, distrayéndome completamente con su aroma y su respiración que se hacía cada vez más entrecortada.
Atraje su cuerpo hacia el mío, sujetando sus caderas con posesión.
—Me parece increíble —depositó un rápido beso en mis labios y se separó de mí cuando quise profundizarlo—. No seas impaciente.
Agarró mi mano y me condujo hacia su dormitorio, descolocándome por completo. Quería dominar la situación y yo le permitiría hacer lo que quisiera conmigo. Era mi más grande adicción y no estaba dispuesto a rehabilitarme. La amaba con cada parte de mi ser y necesitaba de ella en ese momento como necesitaba el aire para respirar.

Hello People! :)
¿Cómo han estado? Espero que muy bien y que hayan disfrutado mucho de sus vacaciones a quienes las tuvieron. Para los que regresaron a clases ya, suerte en este año y les deseo que superen todo con facilidad.

Espero les guste el nuevo capítulo.
No olviden dejarme su opinión más sincera.
Gracias por soportar mi tardanza.
Un enorme saludo.
Kisses.
By: K. Crazy Cullen.

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